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Sergio Verduzco



Sin ti
     

Sabiendo que te fuiste detuve mi aliento, herido de tu ausencia...

Hoy encuentro vía crucis por vida 
      como único camino al olvido de ti.

Mi bálsamo es borrarte 
con todo el dolor que tu ausencia me deja.

Por ello es que incendio todos mis recuerdos en cenizas de ti
        arrasando con mis flamas todos los vientos de tus presencias.

Hoy siento vivir una plaga de instantes idos, 
                                  que me raptaron de mi 
dejándome un  peso 
que cargo en mi ser cada día, apenas soportado
con este dolor  sin fin 
de no estar contigo.

Me llenan de ti mis recuerdos contigo, me atacan
obsesivos, porque me acosan y persiguen 
y   me dejan exhausto, 
               clamando por tu presencia ida.

Sabiendo que te fuiste me hiciste tu enemigo
porque me obligaste a luchar por tu olvido
como receta única posible para volver a vivir.



La vida es un concierto. A elebro, again. Sucede entre millares y millones de ejecutantes instrumentos. Vivir es una explosión acordada de hechos sonidos; armonizados socialmente como teoría y distribuidos por instrumentos y oficios. Todos somos pues tocadores y hemos de aprender a manejar un instrumento... porque la música fluye, es y sigue; ¡se va! Y se continúa. Y con ella pasamos, nos vamos..., tornados en melodías, en historia de partes del gran concierto en que participamos con vivir. Y brota porque la emoción es música del alma que siente y reacciona y está compuesta desde el espíritu, donde se piensa, aprende y recrea. La vida es un concierto de emociones que nos involucran, entre pensamientos ideas, sensaciones, tendencias y recuerdos por los que tomamos conciencia de nosotros como explosión y armonía. Vivimos mientras ejecutamos nuestra parte del gran concierto al que llamamos historia como recuerdo de nosotros mismos. Y llegado el momento nos toca callar, para siempre, o bien permanecemos eternamente como hechos sonidos recuerdos; añoranza melódica del participante que calla en la sinfonía que transcurre.

 

Falsos Versos
Escrito con la entrada del 2001 del 2 al 12 de enero
a Pepi Fiol, con muchísimo cariño


UNO

Estábamos por avanzar ayeres,
consumiendo futuros
en un hoy interminable
cuando un recuerdo secuestró al futuro
                                                        y
¡se abrió ante nosotros un reencuentro que ignorábamos!,
¡fue reconcebir
a un ser     hecho pedazos de vida!

Andábamos. 
          Y andando fuimos caminos.
Pero la ausencia de un recuerdo
borró de un soplo todas las rutas... 
  y ahora:
    ¡no somos!
                                    Fuimos hechos
                                    cachos de tiempo, 
reintegros de una esperanza
que  nos aguardó siempre
sin decirnos nunca nada;
                                    más que nada...

Entonces avanzábamos
   hablando harto y con fuertes voces;
pero comunicándonos sólo  silencios,
murmullos de un lenguaje perdido.
Oscuridad   de voces que no quisieron mirarse
y con  las que nunca aprendimos a encontrarnos.

Dentro del estruendo, 
entre zumbidos de voces
                 y televisoras y periódicos,
 andábamos presos,
             tomados
                              de  noticias,
 briagos
            de  publicidad
                                  adoptada como presente mental.


Aunque
  al menos entonces estuvimos.
Aguardábamos mañanas
                            crudas 
de nosotros mismos.

Y es que esperábamos arrancarle
cada cual 
 "mi sueño" a la esperanza de todos.
                                  Soñábamos
infinidad de realidades subjetivas.
Y pensábamos que así
                            resolveríamos
el hundidero de nuestros conflictos,
los  desasideros de nuestras contradicciones,
el abandono de
nuestros ideales
                     de entonces.
 
¡Individualidad a porfía!

Y es que marchábamos
                                y   desavanzábamos;
hechos pedazos...

 
Nuestras almas vagaban
manoseadas como nalgas
                                por los caprichos del mundo.     

¿Qué éramos?
pedazos de universo
encadenados a una sola realidad  en individuos:
islas cautivas de su propio sistema de ideas,
 diseños de nuestra opinión;
con que cortábamos  el universo interior del externo
                                  con nuestra visión de la vida,
con nuestros intereses, 
deseos y afanes...



DOS

Y entonces pensé 
sacudirme al mundo de la mente
con el señor Quetzalcoatl.


Me concentré en aquel
quien antaño rescatáramos del placer,
 de ese delicioso infierno
que nos acontece por el sueño de ser
que nos endilga el mundo. 
 

¡Me interrogué en mí,
                           buscando al Quetzal
 para alumbrar mi Coatl!

Y una voz interior
surgió 
             armonizando un todo universal
en  acto interior de renuncia...
Esto me tornó en centro 
en consecuencia de mi desapego.


Brotaron entonces
           de mi mente 
cuatro reinos de demonios interiores
                        que me gobernaron  mientras fui.

Ahora que no soy ya los veo
porque ya no busco  hacerme  sus pensamientos:
             interna habla 
en la que me partí a mi mismo
hecho infinitas voces.

En ellas me escucho y encuentro,
             me pienso,
                        me deseo identidades
                                      y me sueño... y desaparezco.


                           Mas   mi yo, sin ser, aún desaparecido
y nostálgico de presentes,
se hace recuerdos
en los que me veo a mi mismo.
                                 Y hecho recuerdos
 me añoro,
 con  la sensación 
                       y al sistema.

Me incita la  aventura
de volar en la ilusión, 
de hacer el ser  de  la apariencia para vivir,
y donar mis fuerzas 
                        a la experiencia.

Y hecho actos
me veo imágenes...



TRES

Soy el universo de imágenes
en las que me identifico.

Comprendo
       que la razón griega,
                        su espíritu curioso
y la duda metódica de nuestro idealismo
                        se tornó en esencia
y está en ciencia,
                        comprendo
que  ésta nos aprisionó en reinvento, 
y éste 
en moda y sociedad de individuos modernos.

Así  que fuimos herencia, duda,
hechura  y consecuencia de la   exploración,                
descubrimiento, conquistadores y conquistados,
fruto del humanismo, reforma, puritanismo e ideal en busca de si mismo,
realidad  de guerras, de industria,  comercio y  liberalismo.

Y entonces fue
que todos quedamos convertido en dinero.
Y el capital se apoderó de todos nosotros
en nuestros deseos, intereses y necesidades;
justificando con el éxito 
                    al eterno atraso moral
                                          -social
para vernos entre nosotros mismos;
lo que nos habituó a  la culpa,
a la ignorancia y  olvido
con que  engañamos al tiempo.


Tal acto barrió al ser,
con la opción a sus    recuerdos,
con los falsos mitos sobre lo que somos,
sobre lo que fuimos y seremos...


El águila de oro  se tragó nuestro interior, 
para  cagarnos como  lo que somos:
capital       
          e
                        identidades.
Deseos e intereses que nos transformaron
en espejitos de payasos. Fantasmas de  imágenes,
clavadas en sí mismas
a las que se les incineró el presente
                                   a que jugaban vivir.


Todos dejamos de ser,
juntos
               en   el   instante   de   olvido.


 y aunque desnudos de ser
                                    aún fuimos;
pero sin ser ya lo que habíamos sido,
sin poder dar lo que nos tocaba hacer,
ni guardar ya esperanza 
                                 de futuros actos.



CUATRO

Supimos al fin lo que era  vida,
                                              porque 
sin tenerla es que se nos reveló lo perdido.

Así  como hay verdades sobre la muerte 
que se juzgan horrorosas,
como  la muerte por sed, 
o la muerte  sin luz,
también es verdad que
ya muertos
nacemos sin ser aquí.

Morir es cuando descubrimos al cuerpo
cual red que nos tejió en destino,
                                  acertijo
trampas a superar con trabajo de luz
                                 como destino. 

Morir es fraguar  en  instante
todos  los  presentes
que nos dan historia.


Morir es ya no pensar.
porque ¿cuáles pensamientos pueden existir
cuando no buscamos saber
tener o el gozo de experimentar?


Ahora,
                        m   u   e   r   t   o   s
tenemos porque no tenemos.
Somos libres
porque nada nos puede matar
                      ni  retener,
porque la distancia se quebró en añicos.


Ser
                                 fue.
                                 Hoy ya no es
ni la riqueza
                      ni el poder.




CINCO

Y fui  fuego porque fui al infierno
y éste resultó darme
                                libertad    
de mí mismo.

La muerte fue encuentro
                        conmigo mismo,
fue un hoy 
hecho de todos mis presentes.

Pero muerto el hoy fui 
                        al  infierno.
del cual
recuerdo solo      "gritos"
hijos de lamentos,
desesperación   
surgida, demudándome,
de las almas de nosotros
los   condenados   a   vivir.

Escuchaba gemir al dolor,
veía a seres  obsesos,
                                a  almas
que se desintegraban 
con   sus   i d e n t i d a d e s.
Sucumbían
relamidas por el fuego,
devoradas
                 por el calor
insoportable
de sus conciencias encendidas.

Vi derrumbarse,
consumidos por tal calor 
a los rascacielos de nuestras vanidades,
con nuestras     dudas y miedos,
con   las   abstinencias     morales.

Vi cómo nos consumimos todos,
con las ideas de lo que  supusimos ser.


Y vi cómo
                    muriendo
logramos vernos de frente.



SEIS

Ahora comprendo
que fuimos sólo estrofas,
                          desafine   
             en la oda
con que la naturaleza
              interpreta  la vida.

                Fuimos la espada
con la que el cerebro
cercenó su origen,
la contradicción a la natura
del que se enamoró de sí mismo
                           y se hizo dios.


Y por creerse dios el mono disculpó
su crimen.             
                   Alegaba
ciencia, industrias, bienes de consumo;
¡a r m a s 
para edificar el dulce infierno
                           de nuestro modernismo!


Ahora que     muerto           me miro de frente,
me traspasa
                  un silencio que no gozo,
m e  p e r f o r a  l a  n o s t a l g i a
                                 y me arrepiento,
en todo lo que de cósmico llevo en mí,
por mi pecado de negar al tiempo
                                 su derecho a transformarme, 
a cambiarme
y convertirme en algo
                                más allá de mí,
en alguien
origen de todo mi pasado
pero más allá todos los futuros del mundo.


Es algo bello esto de morir
                     y  traspasar  el  infierno,
para reconstruir el tiempo sin   la  pertenencia
                                               al mundo.


Ahora sé    que    sólo   se  vive  tras  morir,
que sólo el espíritu del fuego
encuera de todo a lo que fuimos.



SIETE

Sé que el silencio
es el mejor lenguaje 
               para hablar con uno mismo,
que escuchar es
                la mejor forma de dar,
que  reconocer el cambio
es aceptar
                          la destrucción del cuerpo
con que el tiempo esculpe la libertad 
                de nuestras almas.

Ahora que estoy y soy muerto
¡voy  a  negarme  a  mí  mismo!,
con todos los satisfactores
que no me son indispensables;
dando tregua a la naturaleza
para que se recupere
            de nuestros hurtos,
de  nuestros  clones arbitrarios
y las    atómicas neurosis nacionales.

Y si fui muerto
                      y fui al infierno
y aquí estoy,
viviendo futuros,
                       seré mañanas;
renaceré     c o m o      esperanza,
para hacerme nudo en piernas y raíces
de toda la naturaleza.
                                 Seré el perdón
para rogar por todos,   para que todos
mueran, vayan al infierno,
y purifiquen con el ciclo del fuego
                    sus estrofas.


                                             A la vida
se  le sirve con entrega, sin sacrificios fraudulentos
y sin cantarle
                 apasionadamente
                                           falsos versos.

Sergio Verduzco
oigres@unimet.net.mx

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