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Jaume d'Urgell



¡Qué bueno!

¡Qué bueno que existas!
que hagas las cosas sencillas,
que te pueda contar el día
y besarte sin parar.

¡Qué bueno que existas!
que bueno saber que me quieres;
que estás ahí, que no te irás
y abrazarte al regresar.

¡Qué bueno que existas!
que aparezcas en mis sueños;
que aparezca yo en los tuyos
y éstos sigan al despertar.

¡Qué bueno que existas!
que tu ilusión sea la mía;
que mi vida sea nuestra
y ya no esperar más.

¡Qué bueno que existas!
que me hables con la mirada;
que te responda sin palabras
y no se vaya a terminar.



Venganza

Maestro en el arte de la espera,
adueñado y sometido por mi odio;
cada paso es un nuevo episodio,
que me aproxima a la acción certera.

Permanezco tranquilo a tu vera,
se diría, soy tu ángel custodio;
mas pensar lo cercano del podio,
exalta mi sangre sobremanera.

Me revuelco entre mi propia ira,
y llego a llorar de satisfacción,
viéndome arrancarte la vida.

Destello de rabia en mi corazón:
lento estoque y obscena herida,
derrama tu suerte con mi punzón.



Soy libre

Afirmación serena,
resuelta y sencilla.
Efecto sin causa;
irredento singular.

Situación obscena,
erupción sin ira.
Certeza en la duda
y criterio por luz.

Realidad sublime,
desnuda y frontal.
Mitad perfecta,
pasión sin más.

Estado de calma,
sin Ley ni dios.
Destello fugaz;
naturaleza brutal.

Bondad consciente,
inocencia ilustrada.
Furor de bestia,
lujuria ilimitada.

Sobriedad contenida,
sin porqué ni perdón;
sin vergüenza alguna,
de ser el que soy.

Triste y feliz,
persona y carne.
Como otros, soy yo,
como todos, como tú.



Los Otros

En los océanos de la mentira,
donde apenas alcanza la mirada,
se encuentra una nave extraviada,
repleta de almas a la deriva.

El pequeño Hadmed ya no respira,
y su madre llora desconsolada.
Ojos tibios y expresión helada
apenas una lágrima escondida.

Tragedias griegas en el desayuno,
noticias que no hablan de nosotros:
huevos fritos con bacon y un zumo.

Laderas verdes, caballos y potros
Por nacer en el lugar oportuno,
casi olvido que soy como los otros.



SILENCIOS

Escucho a oscuras los silencios que has dejado,
tan fríos y azulados que se antojan irreales.
Silencios que de noche parecen desiguales,
silencios alejados, como ecos del pasado.

Escucho a solas los compases que hoy no tocas,
parecen tristes olas, que añoran sus luceros.
Noche-nueva oscura, de semblantes insinceros,
quebrantas mi cordura y los sueños desenfocas.

Escucho en la noche tus matices inaudibles,
redobles que son broche de mágicas canciones;
sonidos de antaño, hoy regresan impasibles.

Escucho en mis recuerdos rogarte mil perdones,
y respondes sin palabras, palabras terribles,
palabras que no saben que tú eres todas mis razones.



HOY

Hoy he sabido que ya es mañana.
Siempre supe que algún día sería hoy,
pero me negaba a saber tal cosa,
como si cada día empezara un nuevo ayer.

Ahora sé lo que ya sabía:
que los "ecologistas" tenían razón.
Mas, ¡cómo podía ser cierto!...
¡si hoy es como ayer!

Diecinueve noches, veinte días,
diez minutos, quince horas.
Y en sólo diez segundos... qué más da:
ya es mañana.

Hoy he sabido que iba a escribir esto,
lo había pensado antes -no de veras, claro-,
pero es verdad.
Mañana, no habrá Sol.



Soñarte

Cerré los ojos y te soñé.
No esperaba dormir
-y mucho menos soñar-,
tan sólo cerré los ojos
y te soñé.

Ni siquiera era de noche
-dormitaba por hastío-,
cansado de sólo imaginarte,
harto de tu vacío,
recordando este futuro.

Llegué incluso a creer
que así como yo a ti te soñaba,
me soñabas tú también...
que nuestros sueños tenían lugar,
aunque sólo fuera entre tu y yo.

Habré soñado tantas veces
tu mirada, tu ternura y tus abrazos,
tu palabra, tu cariño y tus cabellos,
que si algún día llegaran a faltarme,
no volvería a despertar.

Cerré los ojos y te soñé.
No esperaba dormir
-y mucho menos soñar-,
tan sólo cerré los ojos
y te soñé.

Jaume d'Urgell
jdurgell@hotmail.com

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