Pluma del gansoLeonardo Schwebel


Poemas sin título para una mujer con nombre propio

Nunca nadie

Hoy por primera vez me siento en amor. Disfruto de esta madrugada. Fumo sin toser, sin filtro. A la izquierda está Pink Floyd. Es Learning To Fly. Acabo de escucharte. Algo triste, quizás nublada. Sólo sabes que me extrañas. Sólo sé que te amo. Hasta hace rato creí que el corazón no sonaba. Me revienta las entrañas tenerte lejos. También te extraño. Desde ayer somos diferentes. Más nuestros. De la discusión vino la reconciliación. Somos dos que se quieres, se abrazan, juegan, ríen. Somos dos confinados. Dos en una historia que apenas comienza. No sé ahora si serás mía. Me reconforta el saberte ahí. Seguro Duermes. Tal vez tus sueños se parezcan a los míos. Insomne, te sueño. Sueño contigo. Quisiera recuperar el tiempo perdido, darme calme, detener la prisa. Te pienso. Hace tres horas hablamos quedo. Pediste que no colgara. Pedí escucharte, otra vez, un "te extraño". No espero por el momento más. Quiero solo verte, platicar de lo nuestro, imaginarte en mi futuro. Tú estás y no estamos. Juntos en la duda. Sé que no soy el mismo después de ti. Recupero la memoria. Te quiero compartir esta música, un refresco, algunas letras. Sólo sé que delante de ti fumaría menos. Quiero estar limpio de culpas y perdones, de alientos y sabores. Tal vez, ahora mismo, quizás dormida, piensas que te pienso. Te doy lo que hay en mí. Cuerpo y alma, muerte y tiempo, en aleaciones sin humos. Quisiera leerte un libro, ganarte en el dominó, desvelarte con mis sueños de escritor. Tal vez estaríamos viendo la tele. Cualquier imagen a nuestra semejanza. Te miraría dormir. Tus ojos han detenido su brillo. Aún así, te rastreo. No mueves la boca. Me gusta cuando hablas porque tu labio inferior como que se arquea. Dejas que las palabras entren gota a gota. Tus manos perfectas no vuelan. Eres una mariposa nocturna, Una muñeca. Desde hoy te digo muñeca. Quizás no te guste. Quiero un nombre propio para los dos. Eres la mujer que me despertó. Deja soñarte. En este insomnio estás sentada a mi lado. Tus piernas firmes, tus cabellos estratégicos. Alabo tus nubes y tu superficie. Conmigo, estoy seguro, nadie te hará daño. Ni yo mismo. Jamás nadie volverá a rasguñarte, a empolvarte. Así, quieta, como estás ahora, afirmo lo que he dicho. Algún día sabrás cuánto te amo. Como sea, a nadie he amado como a ti. A nadie. Estaba -cuando te fuiste- lleno de coraje, celos y preocupación. Gracias por cumplir tu promesa. Ya nadie te hará llorar. Leo a Cortázar: "el sueño estará al fin completo". Nunca nadie.


Lo que sé

Lo sé todo. Pasaré la vida contigo. Serás mi pareja ideal, mi mujer, mi cuerpo total, mi grao. Tendremos solsticios y equinoccios. Tus lunas llenas harán que aúllen mis manos cada noche. Comeremos las mismas comidas. Haremos el mismo amor. Cantaremos besos y alucinaciones. Sabremos qué decir en los párrafos. La noche de al menos un sábado, tendremos tiempo para lo que nos plazca. Pronosticaremos las lluvias que llevamos dentro. Se alguien te ama, sé inmediatamente que soy yo. No nos prohibiremos alguna clase de caricias, y debajo de las próximas mesas, nuestras manos tentarán apetitos que nos debemos. Viviremos juntos estas vidas con nuestros propios dioses. Jamás beberemos cerveza. Y hasta nos permitiremos ser como nosotros mismos. Veremos todas las películas que nos faltan, y una noche de estas, nos aburriremos porque se nos da la gana. La vida se me reveló la primera vez que nos jugamos la suerte de amarnos hasta irritarnos. Sé que me eres y sabes que te soy. La vida es tan simple como tú y yo haciéndonos magia y realidades. Lo sé todo. Eres mi vida, mi planeta, mi ecosistema, mi ángel de la guarda, mi lectora, mi canción, mi rezo, mis letras, mis deseos, mi vicio. Entre tú y yo, tú en mí. Eres mi mujer, mi novia, mi amante, mi amiga, mi compañera, mi ilusión, mi cielo, mi sexo, mi nombre, mi familia...¿quieres irisar ésta y las vidas que nos quedan?


Ayer

Ayer estuve feliz. Como quiera que tal suceda. amé y me amaron, tanto lo uno como lo otro en el mismo lugar, la misma hora, el mismo espacio. Ayer, mientras afuera llovía, nos encendimos frotándonos cuerpos, labios y vehemencias.

Ayer, en sigilo y oscuros, fuimos nuestros sin repetir concesiones, alocándonos con las manos escondidas dentro de los secretos.

Ayer, recorrimos el mundo mirándonos.

Ayer, trescientas mil veces a trescientos mil kilómetros por segundo, llegamos sofocándonos.

Ayer, me hiciste de comer, me hiciste el amor, me hiciste cierto.

Ayer encontré la memoria: se puede ser feliz en tres metros cuadrados de cuerpo y alma.

Ayer, desnudos, convocamos el Olimpo. Serpientes y escaleras nos enseñaron el camino. Nos quedamos hilados, con algo de dioses en nuestros recintos. Ayer, tuve entre manos: tu cabello despeinado, tus lunas de octubre, tu constelación asimétrica y perfecta, tu glíptica de princesa. Ayer, sencillamente, todo salió bien. Entramos uno en el otro sin que nada sobrara, con el viento a favor, sin zurcir contratiempos.

¿Qué hacían los demás mientras nosotros nos hacíamos felices? Sólo sé que llovía y nosotros nos provocábamos tormentas con nuestros propios rayos y centellas. Nos mojamos en nuestras propias mareas. Inundamos los cuerpos cabiéndonos. Sí. Ayer nos dimos todo el amor que traíamos dentro, con algo de uno que otro miedo.

Ayer, desde el mediodía hasta la medianía, supimos de uno sobre el otro, nos miramos de frente, de lado, por arriba, por abajo, por atrás. Cerramos también los ojos. Nos acariciamos estrellas e inquietudes. Bebimos insaciablemente pieles y misterios. Fuimos dos cuerpos exactos. Dos almas gemelas. Dos estrenos en los mismos besos.

Ayer, se hizo mi mujer. Me hizo de comer. Me hizo reír. Me hizo sentir. Me hizo trizas. Ayer, simplemente, fui feliz.


Ideología

En mis manos hay un cierto idilio: eres tú vestida sin ropa, desvestida del ánimo. Ambos tenemos las insanas intenciones: el amor nos hace. No caemos en cuentas ni distracciones: abdicamos en nosotros sin desperdicios. Se vale todo: desbaratar labios arriba-abajo-adentro, acariciarnos sin permiso. De una vez por todas decidimos quedarnos toda la noche. ¿Te acuerdas que arriba de nuestros cuerpos estábamos otros dos como nosotros amándonos igual? Sé que despertamos: juntos, abrazados, quizás soñándonos. Sé que no desayunamos pero...mi hambre desapareció al comer y beber de tu cabello mojado hasta los pies; de tu Norte a tu Sudoeste; de tu Atlántico al Índico. Pudimos estar despacio quitándonos mutuamente todos los polvos. Antes, durante la madrugada, recuperé aliento al sentir tu beso durmiente. Nos desvelamos con la idea clara que jamás nos desharemos, que siempre habrá amor para nosotros. Hay quienes apuestan que entre uno y otro, no hay eso de lo eterno. Pero no hagamos caso: a estas alturas, en estos meses, en este año, todas las verdades son mentiras. Sí, tú y yo nos amamos para siempre; para demostrar que dos que se aman es mayoría poblacional en este país. Dejemos que los otros se hagan bolas, que sigan echando a perder lo que les queda. Tú y yo hacemos lo que ellos no hacen: hacemos el mismo amor. En mis manos hay una cierta ideología: ambos una noche completa y toda la vida.

Leonardo Schwebel
schwebel@prodigy.net.mx

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