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Poemas

Remisson Aniceto



Áurea

Hago poemas
en versos negros
y versos blancos
para que todo poema
sea libre.



Insurrecto

Misérrima
vida
de favela
que viví.
Desvalida
vida ávida
desprovista,
vida sin brío,
bajo puentes,
sobre ríos.
La vi vil,
hostil,
dividida.
Quisiera verla
a la luz de velas,
vajillas...
¡Ah! Vida vil,
vil vida.
¿Vio vida más vil?
¿Vio?
¡Oh Orco!
Al verme
vil gusano,
osaré verla
in extremis
a la luz de velas!



Envoltura

¿Idiota! ¿No ves que nada eres?
Apenas fina capa mohosa te protege
de la podredumbre. Gusanos hambrientos te rodean.
¿Ignoras que en un pase mágico, en un segundo apenas
cae por tierra toda la altivez y el bello
papel de regalo revela la fétida masa?
El gusto amargo de la hiel, la visión incierta,
el torcerse de las piernas, el descontrol total...
todo es inevitable!
Cualquier día serás presa fácil:
el tiempo es impiedoso.
El trágico fin no depende de tu voluntad.
La arrogancia que derramas no pasa
de ser faceta inútil de tus diversas faces
vanas y mundanas.
Al sol poniente, el rostro marchito y los huesos corroídos
dolerán más que en aquellos que tuvieron
la precaución y el buen tino de ser
simples y ocultos.
Quedarán tus lindos cabellos...
¿Y qué utilidad tendrán tus cabellos, hilos
huérfanos y subterráneos, dispersos, opacos
sobre los huesos?



Transición

Es tan frío el hueco y tan oscuro el huerto
donde depositan mi cuerpo doliente!
- ¿Como el hueco es frío si el cuerpo está muerto?
A partir de ahora sólo el alma siente...

Ah! Esta cama tosca donde estoy echado
y este cuarto oscuro y tan bien cerrado!
Quiero levantarme, pero estoy cansado...
¿Que rumor es ese en el cuarto al lado?

Hay un jardín cerca: siento aroma a flores.
Quiero levantarme, pero estoy cansado...
Estoy tan cansado pero sin dolores.
Y el rumor aumenta en el cuarto al lado.

- ¡Bajen el cajón! - dice alguno ahora.
¿Quien murió en tanto estuve durmiendo?
Cercano a la puerta oigo alguien que llora,
lamenta la suerte de quien va partiendo.

Quiero levantarme, con fuerza tamaña
inertes mis manos y mi cuerpo duro.
Reza el sacerdote en una lengua extraña,
mientras quedo preso en este cuarto oscuro.

Va cayendo tierra sobre el tejado.
Parece que el mundo se está derrumbando...
El aire me falta en el cuarto cerrado
y una multitud está afuera llorando.

Siento un temblor leve, un escalofrío...
Ya casi nada más estoy sintiendo.
¿Por qué no me sacan de este cuarto frío?
Alguien murió mientras estuve durmiendo.

Es tan frío el hueco y tan oscuro el huerto
donde depositan mi cuerpo doliente!
- ¿Como el hueco es frío si el cuerpo está muerto?
A partir de ahora sólo el alma siente...



 

Remisson Aniceto

joldan
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