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  1. La Corrida Telúrica
  2. Condicionales
  3. Ruedas
  4. Brindis del novio a su esposa
  5. Sembrador
  6. Lumbre

Pablo Liendo




La Corrida Telúrica

Cuatro piernas. Tal cual una talla.
Vientos de terremoto, presintiendo deslizar la falla.

Las manos inquietas. Las trenzas atadas.
- Estaré yo a la altura? Estarán bien afeitadas?

La ella, sintiéndose a punto hasta de pedirlo.
El él, titubeando por el cómo decirlo.

- Solo digamos que, por un supuesto,
si teniendo ella aquello yo le ofreciera esto
.

A los dos tizones se les antojaba
que alguna tela subiera mientras la otra bajara.

Cada uno tornándose en fogata encendida
sintiéndose prestos para la corrida.
De remojar la poza. De enderezar el roble.
De rasgar el capote. De escuchar un pasodoble.
De brindarle a la arena la más recia faena.
De callar al silencio tan pronto sentir que una trompeta suena.
De lograr que una mañana se parezca a una noche.
De un desayuno servido con Luna y derroche.
Del abrazo por dentro. De las cien estocadas.
Que las sábanas albas se tornasen rosadas.
Que no quede nadie con algún resuelle.
Que venga el segundo, el del descabelle.

Pero sucedió... que no debutaron ni la una ni el otro.
El tal garañón todavía era un potro.
Ella, que presumía de mujer fatal,
retirose ocultando vestigios de portar un pañal.

Vientos de terremoto, esperando el deslizar de la falla,
día en el cual, aquellas piernas, esculpirán su talla.

(nov./2000)



Condicionales

Si yo encontrara las palabras
que describiesen lo que por ti siento,
trataría de olvidarlas para que no te contengan,
para que no te mermen,
para que no se las llevara el viento.

Si yo me topara con tus recuerdos,
con tus asuntos pendientes,
con tus pareceres,
trataría de distraerme en otros menesteres.

Si tu me dijeras cuáles son tus miedos,
me volvería más yo,
más valiente,
más eterno,
y seríamos más cómplices
a partir de estos versos.

Y si, restando lo malo,
sumamos aquellos detalles que tanto nos damos,
serían multiplicados tanto y tanto
que serían ellos mismos quienes, al dividirlos,
perpetuarían el seguirnos condicionando.

(feb./2001)




RUEDAS

Rueda que has ido rodando
como sorteando tu suerte.
Ora viendo, ora mirando,
siempre dejando de verte.

Esa tu infancia inocente
se te tornó complicada.
En llegando a los veinte
y casi no creías en nada.

Del hilo que fuiste al inicio,
la vida te volvió una madeja.
Cuestionaste al juez y al juicio.
Querías la miel, pero sin la abeja.

Quisiste probar otro cuerpo en tu piel,
un día, dieciocho noches o tal vez cien.
Perfumaste tu espada, tu balanza y tu fiel,
todo por conocer al Olimpo, al Cielo, al Edén.

Ahora eran ustedes, radiantes, al rojo, cual flama,
calentando al destino y al tiempo, hasta derretir su reloj.
Cada uno le entregó a su pareja: su música, su prosa y su cama;
recibiendo a su vez del otro: su Cuerpo, su Alma, su Diablo y su Dios.

Cada quien llegó a ser un ovillo. Ahora, en cada uno lo que se nota es el hilo.
Antes buscaban la lámpara. Ahora, al reconocerse, cuando se quieren, les sobra la vela.
Se les vio amaneciendo como si uno y no dos. Alternancia de noches en celo y de noches en vilo.
Se les antoja pensar en aquel buque que, allá en el horizonte, le da por añorar su propia estela.

Dicen que hasta sus mismas sombras se han estado abrazando.
Cada quien andando, soñando, sorteando su suerte.
Ruedas llamadas a seguir rodando,
incluso más allá de la muerte.


Pablo Liendo
(19-04-2001 )





BRINDIS DEL NOVIO A SU ESPOSA

Pablo Liendo Chapellín
Caracas, 11 de noviembre 1988

Todo es tan exigente y a la vez tan simple.

Sin saber definir bien qué es lo que he querido, me exijo el saber quererte a mi manera: el querer saberte.

Quiero que sepas que todavía ignoro, pero que voy en camino a conocernos tanto que quizás alguna noche pueda conocer cuánto no me ignoras, y algún día puedas ignorar cosas que te conozco.

Creo que mis ideas se están enamorando. Mientras mi cuerpo se entretiene contigo sin orden ni concierto, mi mente se desliza a la deriva en un torrente de fantasías y realidades. Mientras asciendo por tu cuerpo tu desciendes a mis confines, y cuando me entretengo descendiendo a mis confines tu te me subes a la cabeza. No sé si rodearte de cuerpo o cubrirte de ideas. No sé si incorporarte a todas mis ideas o idealizarte en todo tu cuerpo. Lo que sí sé, es que no quiero poner orden a tus fantasías ni concierto a mis realidades.

Me he propuesto el crecer contigo para que mires mi mirada.

Aspiro a que pierdas la cuenta de mis desvelos, hasta el punto de sumirlos en el más elocuente resumen, capaz de hacerte desvelar calladamente por mi cuenta. Quiero no desmayar en mi afán de luchar contra el equilibrio. Quiero que la vida nos depare toda clase de excusas para permitirnos vivir.

Quiero que sepas que si algún día me toca morir pueda decirte que te lo debo a ti. Que para morir tuve que haber vivido; y que para vivir -como de hecho lo he hecho- tuve que mirarte, admirarte, alcanzarte, tenerte, entretenerme, tropezarnos, rezagarme, adelantarte, detenerte, levantarte, caerme, comprenderte y reprenderme.

Finalmente, cuando siento que hemos llegado al Aquí y al Ahora, confieso ante nuestros hijos, ustedes todos y mi sombra, que me he propuesto el meterte en mi vida para que sintieras mi muerte y proponerte una vida que me incluyera en tu muerte.

Brindemos, pues, por todo esto y -sobre todo- acompáñenme en un brindis de confianza por la futura sensatez de los Dioses.

Salud!





Sembrador


Es tal tu armonía que en sembrador me convierte.
No en cualquier sembrador, ya que a este le es dado sentir,
que tiene la fortuna, la gracia, la dicha y la suerte,
de soñar que te respira al quererte y que te riega al vivir.

Me labro la piel, cual surco, para que tú puedas entrar,
te invito a sembrarte en mi alma hasta que decidas florecer.
Así, germinamos los dos, por las estaciones, juntos, sin hablar,
ahora y por siempre, desflorando, disfrutando, en continuo renacer.

¿Qué sentido tiene tener una piel, si no es el de querer sembrarla?
¿Para qué tenemos entonces el alma, si no ha de estar plantada?
Es por la siembra y por el alba que la noche se merece el esperarla.
Con perfume y dulzor es como la flor y la fruta agradecen la sembrada.

Estaba sembrando mis sueños cuando me vino el antojo de soñarte.
Soñé que tú te me plantabas para que yo te regara y fueses abonada.
Y resultó tan plena nuestra cosecha, que no he querido despertarte.
No por ahora. No es la época. Tendremos que esperar la madrugada.




Lumbre

Mi verso es como una lumbre
que se propaga en el agua.
A cada instante se funde
y aú así no se apaga.

Siempre contigo adelante.
Mis temores a la saga.
Cuando me miras me enciendes,
cuando callas me propagas.

Siento mi andar ardiendo
en este manantial del alma,
derretido entre tu sombra,
renovado con tu calma.

Y al contemplar tu mirada
- más aun si es a distancia,
esta lumbre de mi verso
se te prende en llamarada!
01-03-2004

Pablo Liendo
pliendo@cantv.net

joldan
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