Jorge García Sabal

(Balcarce, Buenos Aires, 1948- Buenos Aires, 1997). Obra publicada : El fuego de las aguas (1979) ; Figura de baile (1981) ; Mitad de la vida (1983) ; Lugares propios (1987) y Tabla rasa (1990).

Charla del viejo

Habla de aquello que no hizo,
lo que estuvo al alcance de la mano
y no pudo tocar.
Es confuso ese parloteo que sólo él entiende,
es áspero cuando dice ¨eso sí valía la pena¨.

Habla de aquello que no hizo,
como esas tortugas al revés,
expuestas al sol, la panza blanca,
las uñas arañando el aire.

Insomnio

Sálvate de tu madre y del padre de tu madre
y de la madre del padre. Sálvate de tus hijos
y de los hijos de tus hijos. Sálvate, de la traición
de la escoria. Sálvate por el hallazgo, por la ambición
de entrar solo por una puerta que da a un lugar solo.
Sálvate y queda mirando ese desierto : ciénagas de hambre
ciénagas de sombra:

sé un sueño solo sin voces ni gritos: tu huésped.

(No publicado en libro, de: 70 poetas argentinos,
 1970-1994, selección y prólogo: Antonio Aliberti, 1994)

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Dolores Etchecopar

(Buenos Aires, 1956). Obra publicada : Su voz en la mía (1982) ; La tañedora (1984) ; El atavío (1985) ; Notas salvajes (1989) y Canción del precipicio (1994).

La mujer sigue agitando su vestido huérfano
en la milenaria colina
ya se dormirá con los pastos
y las hondas hormigas joyeras de la muerte
dijeron
nadie supo por qué quiso esa noche tan fría
cantar en el coro de los perros
nadie sabe por qué esa noche sin consuelo
ella estaba sentada
abierta en la parte inesperada de su alma

                      *.*

grandes ríos efímeros
han hablado
        palabras desalojadas
entran al parque
          se arrastran por la nieve
han perdido algo tan leve y desolado
en el vidrio de los árboles
             los monos y la luna se abrazan
dónde viven estos párpados
que con un poco de agua se alejan
y para siempre tus cabellos
               irradian mi pena
cubren el sol de mi rumbo
estoy perdida en la nieve que cambia de país
las hojas me hacen cantar
tu risa se levanta
cansada de arrodillarse en mi corazón
                     la mañana golpea con sus remos
la sombra de un caballo 
             estoy perdida asida al silencio que huye
con su horrible carta
los pájaros sangran al pasar por mi memoria
y no me acuerdo dónde estuve qué decían las palabras
las monedas trabadas en la máquina que engulle
el clamor de lo que muere

                (Canción del precipicio)

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Víctor Redondo

(Buenos Aires, 1953). Obra publicada : Poemas a la maga (1977, 1985) ; Homenajes (1980, 1985), Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984 (1985, 1991), Mercado de ópera (1989) y Familias secretas -novela- (1985).

Tráfico pesado

Un pájaro con un cajón en la boca.
Un galeón de oro tripulado por ratones blancos.
Un pez que cuando nada a dos aguas desgarra
                           (el casco de todos los barcos.
Una hora de nuestra vida que no lograremos recordar.
Una botella de whisky vacía con la lengua de un náufrago.
Una palabra que no podré decir cuando me vaya.
Un vagabundo durmiendo bajo un puente.
Un barco cuya tripulación no conoce el mar.
Un error que volverás a cometer.
Una fantasía homosexual que te obsesiona.
Un verdugo aterrorizado afeitándose con una navaja
                                    (frente a un espejo.
Un vagón del subterráneo donde ella murmura:
                                   (¨Todo está perdido¨.
La soledad de un hombre que viaja por sus venas
                           (y se pierde antes de llegar.
El dar vuelta los relojes para evitar el degüello.
El espacio interior vacío de un ataúd y el espacio que lo rodea.
El imán que no atrae ni a su sombra.
Una iglesia de sillas eléctricas.
El abanico fantástico con el que podrías
                      (atraer planetas hasta tu ventana.
Todo lo que cabe en un espacio similar al triángulo
                  (formado por el ángulo de inclinación
        de la Torre de Pisa.
Nunca asesines a quien no amas.
Trafica tus segundos con la eternidad.

            (Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984)

Ópera prima

Dos mujeres bajo la luz conversan
cinturón de plata ciñendo
nadie habrá entre plata y piel
dos mujeres conversan bajo el abanico dorado del aire
palabras similares para cinturón y piel
¨nadie como el oscuro¨
bajo la luz conversan

y de lo cierto incierta palabra dará testimonio

dará una hermana muerta
envuelta en el collar de sus ojos

cuando acuerden será sobre algo que no existe

las dos mujeres que conversan
abren en el aire del dorado abanico
a ese nadie que plata y piel transita
buscando no repetir lo irrepetible

simulaban siempre otra existencia
la que era otra y otras en las que eran
El sentido de las canciones
¿pero dicen visión ?
Dicen lo que dicen.

Dos mujeres.
O dos.

           (A D.B. y M.D.)

           (Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984)

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Liliana Lukin

(Buenos Aires, 1951). Obra publicada : Abracadabra (1978) ; Malasartes (1981) ; Descomposición (1986) ; Cortar por lo sano (1987) ; Carne de tesoro (1990) y Cartas (1992).

Mudanzas

                             a S. Szwarc

para que estés más cerca de tu preocupación
decidí cambiarme de lugar:
                         tu preocupación
merece que duermas a su lado

una luz (como en tantos poemas
hay) una luz fraccionada en la idea
del poema:
        cae sobre tu rodilla o sien
y cae sobre el lado claro de tus plumas
que tu almohada añade al preocuparse

para que estés
más cerca de quien merece
hay un lugar:
            cambiar estas palabras
hacer un edredón con las ideas del poema
apoyar sobre él la triste la cansada
cabeza.
                           Que duerma.

Destapado de mí.

                      (Carne de tesoro)

carta IV

mi querida: medio ojo de un hombre me mira a mí
que aún no salgo de lo turbio de un sueño con otro
hombre cierto en la historia falso del soñar

hubo allí una bella escena que no había vivido
con él y la pregunta en la vigilia es también bella
pero imposible de responder sino soñando

ahora este sujeto (su ojo a medias espiando)
no hace más que recordarme un placer
vivido antes del despertar
antes aún de saber  ¡oh saber !  que dormía

medio ojo es sin embargo lo que escribo
y ese hombre que mira es como el ojo del sueño
falso y verdadero

mi querida: como un ojo sobre mí
el sueño lanza sus círculos concéntricos
un ojo de agua para asomar la mano
en ese gesto de soledad que en las películas
ocurre cuando el fango se cobra otra víctima.

                                        (Cartas)

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