Carmen Bruna nació en Quilmes (Provincia de Buenos Aires, La Argentina) en 1928.
        Desde 1955, ha colaborado con diversos periódicos y revistas literarias; entre estas últimas, Clepsidra y Sr. Neón.
        Se recibió de doctora en medicina y ejerció dicha profesión como médica rural en humildes caseríos del interior del país (Salta, Misiones, Neuquén) desde 1956 hasta 1969.
        Su primer libro, Bodas (El Lorraine, 1980), recibió el Premio Lorraine 1979 de Poesía Argentina, instituido por la conocida Librería El Lorraine de Pedro Sirera; el jurado estuvo compuesto por Squeo Acuña, Juan Cané y Ernesto Lissarrague.
        A partir de 1982, perteneció al grupo surrealista "Signo Ascendente".
         También ha publicado Morgana o el espejismo (Signo Ascendente, 1983), La Diosa de las Trece Serpientes (Filofalsía, La Brujutrampa, 1986), Lilith (Signo Ascendente, 1987), La Luna Negra de Lilith (Libros del Empedrado, 1992), Melusina o la búsqueda del amor extraviado (Libros del Empedrado, 1993).
        Fue incluida entre los poetas seleccionados por Jorge Santiago Perednik para la antología Nueva Poesía Argentina (Calle Abajo, 1989).
        Participa regularmente en las Antologías del Empedrado).

Carmen Bruna

La selección de textos para esta página se la debemos a Alejandra Pultrone.


Jam Session

El sol ilumina los cantos rodados
atraviesa las aguas hasta el fondo
contempla la sombra de las truchas
que son almas en pena al atardecer.
El astro rojo se muere.
Ellas también se mueren.
En ríos extraños
en manantiales ciegos.
Los faros se apagaron,
la nave se estrelló contra las rocas.
Descalzos van los penitentes
sus pies sangrando entre las piedras
delgados son sus miembros de anacoretas.
Las bellas jóvenes lloran cuando ellos pasan.
Los olores alquímicos del azufre y el sabor del coriandro
conjuran el perfume de las ruinas
entre las tumbas anónimas de un viejo cementerio.
Y sirven en bandejas de plata
los mejores manjares a los sobrevivientes.
El lamento de las diosas es poco audible.
Thelonius Monk la revolución negra
el brillante Mississippi
la medianoche clandestina
no confiable
el piano que se vuelve loco a la luz de la luna
y rompe todas las camisas de fuerza
sólo un gigolo.
Las arterias estallan
la sangre borda los transparentes espejos viscosos
de las teclas y el saxo.
La lluvia pulveriza las estalactitas del corazón.
Los bellos gatos juegan a perseguir a las mariposas
con sus ojos hipnóticos.
La quimera clava sus uñas y muerde con sus dientes agudos
a los cuerpos enfermos.
Se padece el suplicio
se toleran todas las torturas
en el reino de las pesadillas
noche tras noche
en esa hora sórdida de los aparecidos
con sus órbitas vacías.

Soul on ice

Crímenes desesperados,
panteras negras acechando en la noche,
abrumadora luz roja
en el fondo de los viejos edificios de apartamentos.
Lianas entre las ruinas.
Extraños frutos, perfumes calientes
despertando a los niños ricos
que duermen la siesta en los palacios post modernos.
Relámpagos y tinieblas.
Todo el furor del resentimiento y del desprecio
reunidos para una última jugada.
Reconociendo cuán inútil es la razón
cuando la poesía es asesina.
La belleza de la muerte
en las corridas de toros,
la sangrienta arena de los desiertos.
El odio al diferente.
La intifada en el cruce de los caminos,
el fanático racial y religioso
y sus perversas oraciones.
La búsqueda de la verdad
en los abismos de la locura.
Los cadáveres destrozados por la metralla
en las calles solitarias.


La ceremonia

El odio feroz que se alimenta con el resentimiento
la enfermedad orgullosa del corazón
el resplandor de sus llamas
el asesinato que todo lo consuma
el brillo del metal
la comunión perfecta entre las víctimas
y los victimarios
en las comarcas nebulosas del crimen.

Noche de Walpurgis o Noche de San Juan

Oye la risa ebria de las brujas
ve sus fuegos crepitar en los bosques
contempla la miel caníbal de sus ojos
no te arrodilles
bebe sus pócimas
ve cómo las libélulas se suicidan
arrojándose a sus calderos
danza con ellas
en el círculo mágico
contémplate en el espejo negro
feroz, transfigurada,
inocente.


La danza de la muerte

Todos tendremos algún día
el mismo rostro terrible
la muerte ganará siempre nuestras partidas de ajedrez.
Todos danzaremos,
negras figuras recortadas,
contra el blanco horizonte iluminado.
Nos miraremos en el espejo,
sólo veremos una calavera y un puñado de huesos
entre las raíces secas de un rosal
cuyas flores fueron rojas
y latieron como corazones
hace ya mucho tiempo.


Estado de gracia

"La inocencia es una especie de locura."
Graham Greene

Los harapos de las máscaras
los palacios vacíos en el desierto
todo lo que queda expuesto después de los ciclones,
el corazón deshecho, la miel sobre la playa,
la ceguera sacrílega, la sangre en borbotones
anegando el pantano,
la piel dulce de la enemiga,
su malignidad inocente,
la pesadilla de la soledad,
todos los humores malolientes del abandono.
La lluvia tibia en las calles grises con un solo candil,
el espejo mojado donde llora
el espectro de mí misma,
la desnudez de la garganta,
la saliva sin dueño,
el sudor pegajoso de la ropa en los trópicos.

Ya no puedo devorarte.
Te has hecho un espacio temible
a pesar de tus cortos alcances.
Te has superado a ti misma
pero no lo sabes.
Y en la indiferencia atroz que hoy consagra tu victoria
hay un viejo perfume alcanforado
colándose por las alcantarillas.

Pero no te fíes.
Soy como Harry Lime.
No tengo muchos escrúpulos.
Creo que algunos muertos están más felices muertos.
Y, además, no simpatizo con la policía.
Tú tienes una moral.
Yo no la tengo.
Ésa es mi ventaja, la única.

Soy como los asesinos, la más bella,
porque estoy irremediablemente condenada.

En el "Evangelio según San Juan"
cuando María Magdalena fue a visitar el sepulcro
vio que la piedra de entrada estaba removida
¿Había Cristo resucitado o alguien había profanado la tumba
y escondido el cadáver?
Nadie conoce la respuesta a esta pregunta.
El estado de gracia es un don pocas veces logrado.
Sin él todas las virtudes son despreciables.


Autorretrato

Yo soy la cazadora furtiva,
la mujer hambrienta de conocimiento.

No tengo leyes
solamente el placer guía mis pasos.
Algún día moriré
abandonada,
sepultada,
en el cruce siniestro de los tres caminos.
Allí donde moran las almas en pena
de los suicidas y de los asesinados.

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