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Poesía
(Claroscuro)

(1 ... 16) Poemas anteriores
  1. Cuando yo estuve aquí
  2. Como Constantino
  3. La Ira de Dios
  4. Canto de orfeo
  5. Claroscuro
  6. Bodas con la luz
  7. El final
  8. Aguas Cristalinas
  9. La palmera
  10. El temor
  11. La distancia
  12. Corazón
  13. Círculo vicioso
  14. La Querella
  15. El lamento de Ulises en Argentina
  16. Argentina Despierta
  17. No
  18. Responsorio
  19. El Adviento
  20. Nosferatus
  21. APORIAS

Sigue

.

Artículos / Ensayos

Otros Artículos / Ensayos de O. Portela


YO NO SE NADA
- aire de milonga
para ser cantada-

Le tengo miedo a la vida
Cruel y Azaroso Misterio,
y a los designios ocultos
en la cruz de nuestra sangre.

De la soledad que vengo
tampoco yo no sé nada.
Voy y vengo de su noche
como vagabundo errante.

No sé si pago la culpa,
de otras vidas descuidadas,
solo sé que no le tengo
miedo a la muerte esperada.

Sola y cierta muertecita,
doncella desnuda y pálida,
que librarás de agonías,
las dudas de ésta mi alma.

Y liberado de todo,
sin pasado ni mañana,
sabré que nada comienza,
y nunca termina nada,

salvo el miedo de la Vida,
los sueños de horribles máscaras,
y se abrirá en el silencio
la Flor que no dice Nada.

(A Pedro Alfeca
Joldi, Estrella, Pat
y Pedro Martinez)


PALABRAS AL ABISMO

Vomitar palabras al abismo,
devolver gemas al vacío,
no eres tú mismo lava
expulsada de ti por el vacío?
Deja que los muertos
entierren a sus vivos,
como entierras deseos
en el profundo túnel del dolor.
Suelda grietas la lava
por donde entras ahora
a la noche del no saber.
Sepulta palabras en la noche,
devuelve gemas al vacío
donde naufragan las intensidades.
Dormir como se duerme
en la nieve
arder como se arde
en las blancas noches
sería más sencillo
que consagrar palabras al abismo.
Finalmente estás cansado.
Adentro es el afuera sin márgenes.
Antes de todo juicio
estamos condenados.
Arder aquí no significa
nada. Sucumbir tampoco
resulta suficiente.
En la iluminación, borrarse
como se borran las imágenes
de un sueño sería plausible
y luego arrojarse desde el
lenguaje hacia el vacío
que funda todo lenguaje,
toda gema, toda palabra
todo extrañamiento
de la muerte
en el desierto extremo del amor.

Oscar Portela

el autor



Cuando yo estuve aquí
(poéma inédito del libro "Claroscuro")

Yo estuve aquí: esta fué mi alma, mi altura, mi verdad,
el vendaval, la tempestad en la que zozobraron mis ansias, ay!
y el tumulto, las volcánicas lavas que arrasaron todo lo vivo:
el oro que sepultó tras sí todo lo índigo, las ardorosas manos
y los cielos caídos como píos de la rama más alta,
yo Calibos, yo Ariel, yo el Mago, también estuve aquí,
pero fué el otro, el otro, que despertaba minuto tras minuto
tras de las marejadas que las auroras dejan tras de sí.
Yo el otro de mismo, el que ahora se vuelve sobre sí,
-paso de danza que no alcanza el presente,
ni la sonrisa del querube-, pasado que retorna o
círculo vicioso que la visión perturba y torna todo
púrpura, la pasión ya agotada, pero viva en la muerte.
Ah niño mío,señor de los vientos del espíritu y el aire
que aún usurpas el no lugar -el no a lugar-, de un pasado
sometido al olvido y sin embargo, pura visión angélica
tras mis pasos que vuelven, como la aparición o el sueño
de encarnados espéctros -y dibuja, en mis cansados labios,
en el alma del alma, la sonrisa olvidada entre cipreses
y aguas más cálidas y turbulentas que la muerte.
Seré hoy un espectro? Será el adviento que un pasado
sin torna, prometido en los sueños?. Di tú, pequeño astro
que turbas el ansia que aún impulsan los signos
que me traes y el idioma del muerto.



COMO CONSTANTINO
(poema inédito de "Claroscuro")

Cuando los Dioses nos retiran el habla,
soplo por el cual el alma canta y da
calor y neuma -todo soplo de vida-,
el ánima, empalidece y calla.
Como podría ser en su mudez
la roca, y peparar encuentros
con la luz de nuevos Dioses? o
la luz tocar a diana, para " repatriándonos",
entrambos, despejar horizontes
y abrirnos al pétalo cerrado
que florece, como afirmaba Ekardth,
sin por qué?... La misma habla,
su naturaleza , muta y la cizaña
sembrada en nuestros huertos,
pone cerrojos a la espera.
Empero, como Constantino
frente a la adversidad, debo mirar
caer los muros sin desertar las armas.



LA IRA DE DIOS
(poema inédito de "Claroscuro")

Si el corazón como un durazno seco
y sin vitales sabias, y el verano, como un buitre
que sin cesar golpea las puertas del destino
para recordarnos, que sólo sombras errantes somos,
recuerdos de un pasado aferrado a la pequeña inmortalidad
del deseo ( ser no es querer perseverar en su ser Spinoza, no ),
sino desaparecer, trasponiendo umbrales, ir más allá,
del otro lado, porque siempre existe lo abierto y el
vuelo de lo abierto- lo sabe el pájaro, sí, lo sabe-,
y el deseo jugando en ese espacio, también abierto
de otra memoria más profunda que ésta.
¡Ay, Thanatos! Si Eros quiere profundidad
aún en tus pasadizos y sombras, por los que preferimos
pasar, y contemplar admirados a la doncella de rizos
de oro, sonriendo bajo las aguas y los saucos,
ofreciéndonos el cáliz del olvido, abriéndonos las puertas
a los cielos más leves y a los aires más puros,
mientras dos ángeles nos sostienen junto al abismo
que ya no es abismo sino caer levísimos hacia arriba,
mientras los dioses nos sonríen, a través de la pequeñísima
"inmortalidad" del deseo donde se disgrega el ser y el
tiempo deja caer sus dardos sobre nuestras almas.



CANTO DE ORFEO
(del libro inédito "Claroscuro")

Y el canto, el canto, oh Dioses, que religaba
al hombre con la tierra: la dulce y beatífica
que penetrará en tus huesos y abrirá tu esqueleto
a la luz de los cielos, al viento de las sierras,
al mar, al mar, sus infinitas olas y todas las estrellas
que marca EL destino de dioses y mortales,
el canto humano y celestial, demoníaco o santo,
El que ha huido del mundo
dejando tras de sí el desierto que crece,
la gran voz de los muertos,
las cenizas de la memoria que nada nombra
sino el precipicio que se adelanta de la nada:
Pronto Caronte, pon a tus remos alas
y que mi sombra y yo fulminados
seamos por el rayo que animó el canto
y es hoy solo negra mortaja,
solo hiedra ya seca sobre el muro que cierra
el desierto que crece, aquí en mi corazón
y en la voz de las zarzas hablaron a Moisés.



CLAROSCURO

El duro pan de soledad
El zarpazo del tigre agazapado en la noche
El invisible en el día,
La sed del infinito que se agota
En el infierno del desierto,
La sangre coagulada vuelta
A sus orígenes, el sudor y el miedo
Y el cansancio que el trivial comercio
Con la efímera eternidad del verbo
Se hacen oscuras obsesiones,
El yo condenado a sabiendas y el cobre de la
Campana del crepúsculo
Que llama a reunión de vivos y de muertos
Y qué harás hoy sombra de sombras
Que finges no conversar con las augustas
Sombras de los muertos
Tú que sigues el camino que termina
En el corrupto círculo que se repite
una y otra vez una y otra vez
"vox clamantis in deserto" y la campana
llamando al ángelus y la madre
traslúcida mirando desde la luna
la soledad donde se acunan las mortales
caricias de los sueños sigue sin embargo
sigue muriendo que en tu principio esta tu fin
aunque aquí no existan ni principio
ni fin sino la corrupción que los segundos
preparan en silencio para que el círculo
se cierre y nada como el alud de las montañas
se cierne sobre ti.
Difícil despertar, difícil entrar a la casa de
Las sombras donde los ángeles
Son los daimones que la obra puso
Para verter en ella el veneno que
El tímpano y los ojos la atávica memoria,
el gusto de la luz y todo aquello
Que extraviado está, hagan del duro pan
errancia del nonato, los dientes del vampiro
que lucen marfilíneos a la luz de las aguas.

II

Ahora que el camino es uno solo para muertos y vivos
Ahora, ahora, el asalto fatal
Pesa sobre las almas como el viento
Y la peste, como el beso y la llaga,
Que ignoran los que muriendo sueñan
Con la vida, enamorados del crepúsculo,
Enamorados de las hojas del verano.

III

Una rata en la nívea ingle de Jesús,
Un linchamiento en la esquina de París
Para Villón, un silencio cargado de presagios
Para el frágil Lenau, el duelo interminable de la suerte
Para quien lo ha perdido todo y ha muerto mil veces como Rembrandt van Jin,
dos tiros súbitos para Kleist y su amante Retrato, la buhardilla y la vejez,
el tartajeo de Holderlin,
Rabia, solitud, rayos, centellas para el último Dios
Que canta al universo y se llama Beethoven,
El si roto por demasiada luz de Nietszche,
Trino y uno demente Artaud y el tiro de Celan,
Espejos para mis manos y mi boca y el duro pan
De la agonía de ser el don, lo que se da,
El pez y el tiempo, el tiempo, el duro pan
Que los demonios han puesto en mi camino,
El lecho, la guillotina, la sangre convertida
En camino hacia un balbuceante abandonado
Niño en mitad de un jardín que nos conduciría
Al infierno de la vejez y el abandono.

IV

Cuando, cuando, madre, vendrás a mí
En luminosas mañanas
De praderas incediadas por gritos
de monos y balidos de terneros
tempranamente destetados como yo,
tu Ángel deyecto aquí, en ésta tierra
de nadie, baldía de deseos y de imágenes,
cómo no ser aquellas, fuera del tiempo,
murmurando, murmurios de suiriries
en los esteros que se devoran las temblorosas
ancas, los jadeantes belfos de los caballos
Ensillados para partir hacia auroras de oro.
Y las noches, a las noches madre, las abiertas
Madres cubiertas por las ubres de luz
Que titilan aquí en el alma, aún, fuera del tiempo,
Fuera de la incuria y la penuria de lo
Que nos devora penosamente como Cronos
A sus hijos, madre terrena, madre que nos levantas
Sobre la aurora y cuidas el torrente de la sangre
Que aún fluye, lentamente, lentamente,
Por las arterias donde el manantial ya seco
Se abandona a la muerte de la vida,
A la vida de la muerte que nos abría
Túneles, pasadizos radiantes, puertas de centelleantes
Cuerpos, manos, labios y grafías, cuando
Comenzábamos a partir en búsqueda de un
Absoluto que hoy, madre, es seca mar,
Salina de los ojos, y espera, espera, espera,
De un milagro, del prometido adviento,
Ya cerrado, ya amurado, y nosotros los presos
De aquellos luminosos jardines
Que fueron nuestros y sobre los que ahora
se cierne, sólo el desierto, sólo el desierto.

V

Y esperamos la muerte, ahora que dialogamos
Asiduamente con la muerte
Llevando la corona de los muertos
En la cruz del calvario del deseo de la vida,
-de Eterna vida y gozo eterno- nosotros, crucificados
por la palabra y en la palabra amor
secos como la mar de muertos dioses-,
fieles al designio de aquellos que se mueven
en nosotros, sigilosos, custodiando las horas
y los días que asignados nos llegan a nosotros
que seremos tasados como objetos
de un mercado macabro; cuánto cuesta la Eternidad
y la corona de aquel que agonizaba por el hombre?
Cuánto la locura que Zaratustra vertió en sus salmos
O las mudas cuerdas del piano de Holderlin,
La cuerda de Villón, el tiro con que Van Gogh
Saldó su deuda con el arte, el derrumbe de Poé,
La soledad de un niño triste agonizante
y solo en las perdidas "Iluminaciones" de un
interminable viaje, cuánto, cuánto, mercaderes
de llagas y luminosas mañanas, fariseos del templo
que conduce deste mundo al quiebre de otros
paralelos que nos conducen a ser más hombres,
a ser intasables por los contadores de los frutos
del espíritu donde la abeja, la reina del Estío,
continúa libando más acá de la muerte, más allá de la vida.

(Oscar Portela. 18 de junio de 2003)



BODAS CON LA LUZ

Un día temprano, súbitamente florecí con la luz
ese día la luz nació y se hizo carne, se hizo voz,
se hizo huella y amaneció noctámbula dormida
entre mis brazos como abeja sin madre.
Más tarde me desperté con ella y descubrí
en mi abrazo sus terribles abismos: fui su esposo,
su esclavo, su mutilado mártir, y en los naufragios
reinaba como la voz del miedo y la sombra
acudía a su encuentro, con la cruz invertida
de los vastos naufragios y las esquirlas que la noche
puso en su casto cuerpo de doncella indomable.
Fue la luz primigenia del día primero de gracia
donado al desterrado príncipe sin corona ni mirtos,
-el rapsoda voraz que canta ahora los crepúsculos
y el reino no conquistado de la luz vulnerada,
- destrozado por los litigios del día y de la noche-,
azotado por las llagas de la melancolía y de la
cuadratura del sol del mediodía, que escande,
llaga, y exilia a sal y amarga hiel de la melancolía,
y el abismo de aquella luz tornándose toda ocre.
Así, me perdí tristemente en el abismo de la razón,
en las blancas salinas y los desiertos paramos
del que no tiene patria, ni boca para nombrar
cenizas de palabras, señales de muertes innombrables
de aquella virgen del Estío primero, entre palmas
y abras solitarias, donde se filtran los fragmentos,
entre huellas de sangre y presagios- aún presagios-,
de mensajes de abriles que recuerdan
el día en que llamé a la luz, -encanallada ahora,
harapienta, arrepentida de sus delirios y los míos-,
buscando el nombre único, el exacto compás
y la tibieza exacta de una larga promesa.
Pobre niña, pobre patria expatriada,
pobre deseo inerme entre cruces y llagas-,
cuando ya nadie busca ser Dios, acariciado
por el viento del Éter más azul y más claro:
luego se aleja pensativa, dócil quizá, entregada
al escarnio de los días que pasan,
y marchitadas flores por corona-, alrededor
de túmulos se arrodilla ligera, para en silencio
buscar al vástago del día en que llamé a su puerta
y vino a mi sin preguntar por qué.

(corrientes- argentina- 2003)



El final

Antaño sobre el azul, la deriva del sueño voluptuoso
"el mundo interpretado es solo sueño",
y no el tempestuoso mar que ahora lanzo contra mi
para olvidarlo todo. El gran ojo del cíclope que me abandona
a los designios del azar. Antaño, las cinturas desnudas,
el agua pura que caía del cielo y no las pesadillas del circulo vicioso
que a ningún lado va. Nada puede la soledad
contra el azul que ayer me protegiera, y que desamparado
deja mi cuerpo hoy, azotado por la imaginería de la infancia.
Quién podría decirme continúa? No hay ya pasado ni futuro
en el presente que se deshace tras las iras del viento.
Oh, Calibos, rema en la noche de la Estigia y del pasado
que aún me requiere hasta hacer del instante, el vacío,
la opacidad, la dispersión, el Caos de antes del Caos:
Qué hacer con los minutos y los días. Vuelta mi sombra
contra mí, por qué no hacer de la nadeante nada,
sólo la sal de un pasado que se repite infructuosamente,
hasta perderse en la escritura de sí.

(oscar portela - 10 de julio de 2003. Corrientes. Argentina)



AGUAS CRISTALINAS
(a Zoe Arroyo)

Un murmullo de cristalinas aguas
oigo bajo mi corazón: bajo mi
corazón de niño y príncipe de
las verdes praderas que recorría
en mi caballo blanco, con el
cual atravesaba los sueños
de los cielos mas turbios
o de los deseos más azules,
allá, en la heredad perdida,
la verdadera patria que a veces vuelve
a gemir en mi,
ya destronado, y muerto mi caballo,
pero las aguas puras, cristalinas,
suenan en mis oidos y mis cantos,
arremetidos ahora por el ángel
que lejano, me dicta, continúa
la alabanza de vida, el puente
que conduce de esta puerta estrecha,
a las del amplio cielo que surcaba
alguna vez y va conmigo
aunque yo lo ignore. Eso me dice
Zoe, y a pesar de las hojas del otoño,
yo continuo.

(oscar portela. 31 julio de 2003)

LA PALMERA

Muere súbitamente muerte. Yo soy esa palmera
rodeada de montes, azotada por vientos
y por inclementes soles, perseguida por las
pacientes aguas subterraneas que pudren mis
raices, poseído por el cierzo del invierno y por la
soledad del pajaro que alimento de dátiles:
por la vida que alimento y elevo claramente
en el abra del denso monte, la vida se sostiene,
se sostiene el deseo que alimenta la muerte,
muere pues, subitamente y álzame, álzame
hacia lo intocado, incorrupto que ignora
el tiempo dentro del cual vida y muerte
se procrean y laudan. Muere súbitamente muerte.
En un claror de espasmos, el amor, muere
súbitamente y se lleva conmigo los restos
del naufragio: muere súbitamente y llévate la
vida que me diste, los ojos que pusiste
a mis manos, las manos que pusiste a mis ojos
y que huecos están desde que tú, profecía,
muerte, poesía que embriagaste con el
ácido zumo de la vida ausente estás, ausente:
aquí puso la boca todo abismo bajo las alas
del verano que me esposó al recuerdo
de la carne, cercanía desnuda, ensombrecida,
bestia hambrienta de muerte. Muere pues,
súbitamente, muerte: el aire es más azul,
cuando convulso, el aire trasparente
me suspende en sus aires y soy todo cenizas.



EL TEMOR

El temor de no poder morir,
consumirme como el ansia de vaciarme en la nada
y consumar las espectrales dichas, fantasmales memorias,
sangrados, pero sin despertar, recuperar lo inmemorial,
las huellas, las primeras visiones, el habla que llegaba entre
las brumas y los amaneceres, que son ahora espejismos
como el deseo de vaciarme en la nada,y sin embargo,
deshabitándome, como un extraño huesped,
pretende aún retener el sonido de los vientos, los colores,
y los olores el jardín de la madre:
¡ah, extraño pasajero!, adiós, adiós: deja que permanezca
el duelo interminable, las interpelaciones, las respuestas,
y la imposibilidad de matar al minotauro:
El temor de no poder morir. Cesarían los días abruptamente,
y las sombras caerían sobre mí: he aquí mi féretro,
aquí mi responsorio, el nombre soplado por las cañas
de las llanuras que me llaman. Maldición es la vida.
vasto, vasto desierto, totems que desaparecerán también,
sin temor de no poder morir: y ahora, es mi nombre de muerto
quien dice, soy yo quien habla, quen dice y quien recuerda
fragmentos de lo que fué, instantes, sólo repetidos
por el temor de no poder morir y la criptografía
de los sueños, los fantasmas y el sonido del viento por
el cual se entra a la nada de la nada que yo espero.

oscar portela agosto.2003. Corrientes. argentina



LA DISTANCIA

La distancia entre tú y yo -la soledad- el trabajo del duelo
en donde todos los rostros se confunden y la memoria
se hace añicos en los espejos: los años y el compromiso
de la fidelidad a lo sagrado, corazón ultrajado, débil urna,
ya seco como los granos de la mazorca mancillada por siglos:
el Dios que no aprendí a cantar aún, la danza de la gran
ausencia de la aurora, las visiones del gran desierto donde
los ángeles mueren de sed en medio del desierto y las
visiones que morirán contigo, allí, al borde de la nada
del cual tejes los sueños del sueño inteligible que inundaba
la vida - el sol, el sol- la espada de Gabriel y la belleza de
Satán, antes de la caída, y la serpiente de la soledad
que inyecta su veneno en las almas, y el gran oceano
donde se dispersan los fragmentos de las visiones
de David y sus fantasmas, tú y los tuyos, en el estuario
de los muertos,apenas el gusano, la distancia entre tú y yo -
la soledad y el duelo donde todos los rostros se confuden
en la memoria donde se hacen añicos los espejos,
los años y el fiel compromiso con la fidelidad de lo sagrado.

oscar portela- Corrientes- Argentina
septiembre 2003



CORAZÓN

Humo, cenizas,imagenes transoñadas,
oh corazón, cansado, corazón
al cual la cizaña, la soledad, la luz
vitriólica del poder, la hipocresía,
lo han marcado para siempre, para
siempre marcado, ya no iluminado
corazón por abras donde la dulce
luz permitía emitir silenciosas plegarias,
al principe de los manzanos, al
apasionado amante que ceñía
con sus brazos el mundo de tu cuerpo,
ah corazón encenizado, gris, girando
alrededor de las traiciones, olas
de un mar que se repite, oh corazón
al que puede llegarle la hora, la hora
que caerá como una hoja,
silenciosamente, alumbrada por la
luz de la luna que nos vistiera y
desvistiera a orillas de una niñez
marcada por el oro hoy transfundido
en gris, en humo, y en cenizas,
oh desolado corazón.

oscar portela- Corrientes- Argentina
octubre 3, 2003



CIRCULO VICIOSO

Y bueno, aquí estamos. En un no"estar".
Y bueno, aquí y hacia adonde
si desconocemos el rumbo?
Soles de amaneceres ácidos,
crespúsculos vacíos,
noches repetidas como las olas
de la mar y la misma búsqueda
por estrechas veredas- las
mismas cinturas deshaladas
asfixiadas por la pasión del absoluto-,
el mismo estéril eratico goce
y el espasmo que comunica
con los latidos vitales
al despertar de un sueño circular
como el de un ave depredadora,
sobre su presa y pasa el tiempo
y pasamos nosotros, el mismo
instante y bueno, aquí estamos,
a ningún lugar hemos ido,
-la esquina muda y "muda"
tiembla bajo la mano
de los hombros,
pero tus piernas, tus ansias
.........................de volar,
tu espantosa sed,
que es la sed del vampiro
que aspira a ser el Otro,
alcanzarse a si mismo
y ser cenizas
llevadas por el viento- el mismo
ser que de la nada hace,
espacio cósmico y morada
se pregunta: y bueno, aquí estoy,
inmóvil frente a la eternidad
y el vacío del tiempo
que no redime ni al amor,
ni al espanto, ni al vacío
mas hondo que el vacío.
hsta aquí hemos llegado
y de aquí hemos partido.
Sólo los mafilineos dientes
son fulgentes reflejos
de iridicentes lunas
que hoy sangran preguntas
como aquella que dicta:
y bueno, que hacemos hoy
hermanos?
hasta aquí hemos llegado.

(Oscar Portela, Corrientes, Argentina
20 octubre del 2003)




LA QUERELLA

Silencio y soledad
pez untado en mi boca,
proferido destino
que no abandona el habla.
Habla por mi desierto
donde ninguna huella
existe: dí el vacio del
mundo, del alma su querella.
Contra todas las cruces
aún se alza el velamen
que levanté en las horas
de un claro mediodía.
Si la noche se cierne
sobre mi cuerpo expuesto
al vértigo del tiempo,
si el pesar se desploma
sobre mis tristes ojos
y las cenizas vuelan
un postrer salmo abierto
a las luces del mundo
cantaré en alabanza
de una patria olvidada:
origen del origen
que siempre ha estado
ausente, sueño por el
que todo fué anunciado
sin serlo. Así surgen
las notas de mi rota
garganta, con la sangre
vertida y el sacrificio
a cuestas: A pesar
de lo que Habla
sin callar ni el silencio,
seguiré hablando
en sueños cuando
trigo y guadaña
profieran en mis sueños
el decir del olvido.

(Oscar Portela, Corrientes,Argentina
Noviembre de 2003)



El lamento de Ulises en Argentina

¿No era éste mi laar? No miraban mis Ojos a través de sus días
y la naturaleza animada de Dioses no cantaba en las entrañas
y las concavidades de los espejos de mi sangre, animando el ritmo
de los días, floreciendo en los maravillosos ciclos de la vida?
El viento, y el olor de las aguas, el indigente invierno y el verano
rapáz, bajaban serenamente durante las noches desde los cielos
hasta mis asombrados ojos el entero universo: ¿No era pues este mi lar?.
Los rostros tatuados en los sueños y los fantas y espectros
que aún latían bajo la tierra virgen como ua abeja de estío,
una y otra vez fecundaban el nacimiento de los Dioses y los
tinaes aún me hablaban en sueños: ¿No era éste mi laar?
Los ecos del horror, la lascivia y el luto que ensombrecen la tierra,
y los voraces llantos no moraban aquí, mientras los principes lucieron
las principescas galas y las rizas santificaban los sacrificios y
sahumaban templos hollados luego de desconocidos iconos.
¿No era éste el lugar al que Ulises partió y ahora nadie recuerda?
¿Y donde se hallan las nobles danzas del deseo? ¿No era este mi lar?
¿Que ha pasado en mi tierra que oscuros soles se han apoderado de
todo?. Ahora sólo me queda la vagabunda eranica del conterrado,
y las cenizas que borrarán mis huellas sobre la tierra, muerto el jardín
donde mi alma jugaba cuando niño. Sé que Penelope teje la iridicente
llama que alumbra aún el dintel de mi casa, la eterna vuelta
y el círculo del laberinto que no conduce a ninguna parte,
salvo al cautiverio del desconocido en su propia patria, llena hoy
sólo de coronas y espinas.

(Oscar Portela. Corrientes - Argentina- diciembre 2003)



Argentina Despierta

"Me duele España" (Miguel de Unamuno)

"El desierto en el que se ha adentrado la Argentina no tiene retorno"
(poéma inedito de Oscar Portela)

(Subtitulo: Pavana para una infanta difunta
(A Julieta Jantus Portela, Abril Diaz Portela y Delfina Diaz Portela)

Ay patria mía, matria andrajosa y vejada,
no abandones ahora el alma de tus hijos:
los preclaros varones que mecieron tu cuna
reclaman desde lejos tus cantares de gesta:

ahora que aquel niño en su portal se adormece
velemos en silencio tu entresueño profundo:

como en un buque en tinieblas que avanza entre
las brumas, con espectros que fueron tripulación y maestre
patria mía extinguida entre "cardo y ceniza",
"despertaremos todos para cantar con júbilo?"

Venid nuevas estrellas, nuevas costelaciones,
lo natal os espera en pesebre de heroes,
Argentina Despierta, tus raices aún viven,
no las disperse el viento, ni disporas de frio:

Un pueblo redimido por titanes y Dioses,
no hollará así el desierto de los tiempos oscuros:
el adviento esperado soplará todo espanto
y en alabanza extática himnos entonaremos:

Bienvenido nuevo año en cuna que gestará
otros nietos, digamos sí a la nada,
cuando el poniente anuncie nuevas constelaciones
y otos soles nuevos advengan para el mundo:

Para todo vinimos a fundar tierra nueva
a bajar hasta el huerto, agua, mar, tierra y "cielos",
la dina cacería aún no ha terminado.
la jabalina espera antes que caiga Troya.

Oscar Portela - Corrientes- Argentina
12 de diciembre del 2003


No

Ni el árbol alumbrado en mitad del abra,
ni el empinado pino en la densa colina,
ni el banco oscuro en su espesura
donde un hombre piensa en solitario
sobre el destino del alma errante
sobre la tierra, oculto a las miradas
indigentes, en el sendero oblicuo
que conduce a una umbría cabaña,
ni madre sentada en el"claroscuro" de un patio
en sombras, sitiado por jazmines
que deslumbran las miradas del alma, podrían ya
redimirnos de la deriva y el exilio
de la intemperie y el lamento de Hecuba
conterrada en su patria, de la tempestad
del insomnio sin amor y el desasosiego
de ser y hacer hacia lo ilimitado sin nombre,
aúnn sin nombre: no hay moradas,
solo espejismos de la escritura, cruz invertida
y la memoria de los muertos que alimentan
la mano en voladura: atrás el blanco
plumaje de una garza y su gracia en volandas,
deseos engendrados en el espacio aereo
de una vasta llanura y de cálidas aguas,
atrás, atrás, Sólo nos queda la improba
tarea de limpiar nuestras huellas y desecar
el mar -el mar, el mar-, con la espera sin duelo
de un adviento de mundo.

(Oscar Portela- 2004.
Corrientes. Argentina)



RESPONSORIO
(a Estela Guedes, con afecto y admiración)

Alma olvidada, pliegue donde se oculta
el sangriento rastro de Minos, ay de ti,
frente al fulmíneo rayo del espíritu
que sólo lava deja tras de sí, tú, ánima
sin morada, extraviada y errante, sola
en la espera de la tríada del imposible
origen, sólo esperar puedes. Aguardar
como se espera con los oídos puestos
sobre la mansa tierra, con el corazón
hundido en las tinieblas de un aura
donde juegan las luces y las sombras,
sola con los ojos puestos en los lejanos
astros y en perdidos senderos. Ay de ti,
alma, aliento vivo de la sangre de la
memoria, y eso es todo para ti, vestal
pequeña como los mortales pasos del
mortal en el infinito circulo del Universo.
mas el guardian vela tras la cerrada puerta
entreabierta, pero velada para ti, hoy,
alma mía viajera. Así la dolorosa mano en
voladura, que inerte yace ahora sobre
el sepulcro pálido de una aurora perdida,
y de los Dioses áureos que nos dieron el habla.

(Oscar Portela
enero 2004- Loreto - Corrientes)



EL ADVIENTO
(A Javier,Marina, Corina, y Humberto G. Portela
que seguirán abriendo inextricables senderos de la sangre.)

Finalmente transfigurar la muerte
( ay de vosotros , pálidos astros
que iluminan mi noche ):
para mudar el alma,
las miradas del alma
y el cuerpo de la vida: Y ello
es todo, recuperar moradas
donde se ocultan dioses
a miradas mortales, enceguecidos
nosotros, por el invierno
del creciente desierto,
venido para quedarse-,
llagados, por el silicio y los
hielos confundidos en un
inmenso abrazo. Extranjeros
en la tierra de nadie,
vagabundos, andrajosos, desnudos,
con una muerta antorcha entre
las manos,pues sin el
dolor que salva somos
invocado por el Aguila
aquel, envio de los Dioses,
oh advertencia divina!,
hijos de una profunda noche,
perdidos en cavernas y reflejados
en los ríos donde cantan
santos tritones, melodías lejanas
al oido de nadie: tú , nada flamigera
que iluminas y matas.
Y eso es todo, para mañana todo.
Sobre las tumbas de los heridos
sueños y las sombras del triste
caminante, hacer brillar estrellas
que no marcan senderos
y esperar -esperar-, la abierta
mano en que dejar la lágrima
de quienes huyen entre pliegues
de pasadizos y de trampas:
transfigurar, sólo eso, transfigurarnos,
y las resurrecciones, el infinito
duelo de una escucha perpetua,
en sigilosa espera del adviento.

(enero 2004- Loreto - Corrientes)



NOSFERATUS
(a C. Theodor Dreyer, Whilelm Murnau y Wernerg Herzog,
que tan bien supieron unir las pesadillas con la
intensa vigilìa de lo diurno y a mi buen amigo Luis Polo)


Antes de toda huella, del primigenio Caos y la Noche,
antes del Verbo y antes de la Nada, antes de las Tinieblas
más profundas o del Alba Primera, antes de la Escritura y de la Voz,
antes del Grito, antes que Cronos desobara sus crímenes,
antes de todo quiasmo
y todo abismo, antes de todo pneuma y todo antes,
antes del antes y el después yo viajaba
sin movimiento alguno - señor del circulo vicioso- y la tierra Profana
que se repite en sumulacros y en espejos,
donde nada refeleja nada, ni el primigenio flujo de la bestia,
yo viajaba, muerto sin muerte alguna, viajaba,
vacía Eternidad sin forma, viajaba,
increado, lacerado y sin sombras, viajaba,
antes de todo viaje y movimiento, viajaba,
sin el beso que salva y sólo absuelto, por las ratas
inmundas, viajaba: soledad del nonato que espera de la muerte
el don precioso que redime con el cauterio del amor
el sueño, que despertar a vida no podría,
salvo que alba venga en pos del gallo, a deslumbrar los ojos y veletas
que chirrian en tierra devastada: a pestilencia torpe
del origen, donde todo se pierde sin condenas, porque no estaba
El cuando yo estaba con el absurdo anhelo de extinguirme
más allá del Vacío y de la Noche! Carcoma de Carcoma,
sepultado insepulto tras la tortola, crucificado sin advenimientos,
sin aguas ni duermientes ni asfodelos,
yo el hereje supremo sin condenas,
porque soy la condena de lo humano,
de lo mortal que a la afligencia torna,
yo antes de la nada de la nada o de las Formas,
persisto aún en la latencia oscura.



APORIAS
"Después que me hubiereis descubierto,
imposible sería ya el perderme"

(Cartas de la locura: de Friedrich Nietzsche a George Brandes.)

Y ahora qué hacer con los llamados
que las hadas pusieran sobre mis hombros
como lápidas? Desnudo y sin mañana,
mudo como la roca que ignora las súplicas
y bendice el negro del abismo del buitre,
el tiempo como la roca, nos ignora también,
aunque las diademas nos coronen de luces,
pues somos la catástrofe antes de la catástrofe,
qué hacer, qué hacer aquí, cómo hallarme
a mi mismo despues de la batalla
y de la sangre, en tanta oscura soledad
de camelia, en medio de tanta indiferencia
de mutilados miembros y sordera infinita,
oh patria amada, tálamo, lecho de infinitas
promesas que proveyó a mi lengua
de las mismas estrellas que hoy sangran
sobre el tímpano de los que aun esperan?
Dónde estoy pues, donde han sepultado
a mi hermano, la juventud perdida,
las medidas perdidas, mírame ahora, mírame,
desorientado tras el huracán del extraviado origen,
y los talentos como lápidas que gimen sobre
mis hombros, los espectros que alumbran
el pasado perdido, el hoy perdido y el mañana
fantasmal del invierno, aquí, aquí, donde
se pudre el cadaver del fantasmal hermano
y mi voz se apaga lentamente, cuando
el mañana habla por boca de los fantasmas
y el invierno - tal vez-, venga para quedase
................................................definitivamente.

Oscar Portela
portelao@hotmail.com

joldan
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