Chelo Ponsoda Martín


Vuelo nocturno

En el camino de la oscuridad nocturna,
vuela el murcielago.
No choca, no sucumbe,
sobrevive su vuelo.
Sus alas juguetonas se mueven al ritmo
y el compas de esas notas lejanas de un violín,
su sonido es chirriante y a veces amargo, pero siempre, melancólico.
Y la sangre, roja perpetuamente, destinada a salir, a correr, desde lo profundo del ser humano, mortal y caduco.
Ahora calla el violín,
mas el murcielago sigue su vuelo.


Carmen

(En memoria de Carmen Palazón Martín)

Tus ojos azules han perdido el color.
Gris, triste, se ha vuelto tu mirar.
Como la noche negra, sin luz, sin esperanza.
Aquel cabello rubio que robó al oro sus destellos,
se ha eclipsado como el sol cuando la luna lo cubre.
¡cuanto sufrir en tu rostro!,
¡cuanto dolor en tus entrañas!.
Grita tu silencio, habla amargamente tu callar.


CISNE

Es tan hermoso, ¡míralo!,
mira como se refleja en el agua su belleza infinita
y como los jazmines se inclinan a su paso
y como el aire acaricia su majestuoso cuerpo.
Es tan hermoso, ¡míralo!,
mira como mueve suavemente su cuello
y gira la cabeza observandolo todo
con esa mirada tan profunda como la profundidad de su habitat.
Es tan hermoso, ¡míralo!,
es tan suave su cuerpo, es tan puramente blanco,
que las nubes lo envidian y el algodón no es suave al tacto si comparo.
Es tan hermoso, ¡míralo!,
plumas de seda, cuello alargado,
ojos oscuros, ¡cisne lozano!.


Dentro del silencio...

Dentro del silencio,
alejada de todo, inalcanzable, muda de ira.
Rojos los ojos de llanto y hiel,
envenenadas las venas por el odio:
odio que quema como brasas de fuego,
morir es poco, es nada.
Por que cuando uno duerme no hay sufrir.
Dentro del silencio,
encerrada en cristal, cristal duro, impenetrable.
¡Ojalá el Hades me abrazase!
¡Ojalá la muerte me besase!
Mas no es así
y viene a mi la vida a borbotones
y aborrezco tener luz en mis ojos.
¡Oh Dios mio!, agonizo y deliro, deseando perderme en lo infinito, mas todo escape es un intento vano.
Me hago sorda al dolor, por que mi corazón ya es nieve,
desesperadamente nieve helada.
Dentro, muy dentro del silencio,
la soledad me acuna, acaricia mi pelo, me canta.
¡Oh mi amiga!, cuanto te necesito y te deseo.
¡Ayudame!, no dejes que me pierda entre la gente,
no dejes que perciba ese olor a humanidad,
cobijame en tu seno y hazme tuya soledad.
Dentro del silencio, escondo penas, recuerdos que salen abofeteando mi conciencia, mi vida.
Si pudiese evadirme, si pudiese creer que fue un mal sueño;
mas es en mi carne donde siento,
es en mi corazón donde habita la amargura,
no obstante en el silencio me refugio.
Sí, muy dentro del silencio.


Soledad fuerte...

Soledad fuerte como hierro fundido,
como diamante en bruto que se pule con esmero para obtener toda su belleza, todo su poder.
Sí, ella me hace fuerte, me da valor y me infunde todo aquello que respiro, que vive en mí.
Absoluta, inmensa, mía.
Soledad fuerte, soledad amada,
tanto tiempo conmigo, juntas siempre.
Bella, impenetrable, mía.
Soledad que me acunas en tus brazos,
que me posees en tus lazos de seda,
que me retienes en tu seno de marmol.
Grande, adorada, mía.
Soledad fuerte como hierro fundido.


Que gran vacío...

¡Que gran vacío!,
Que inmensa puede ser la pena.
Oceano de dolor que agita su furia
en los corazones rotos por el llanto.
Ya todo paso, ya nada queda,
solo el frágil recuerdo se resiste ante la amenaza del olvido.
Alma que viaja sin retorno, final de un principio.
¡Adios!, ¡adios!, susurra el viento.
Y la nube llora
y el azul en gris se torna
y el oro pierde su brillar
y el rubí palidece como el mármol
y todo expira.
La tierra te llama y tú la abrazas,
acaricias su olor y su esencia te hace suya.
Te desvaneces, desapareces, nos dejas.
¡Adios!, ¡adios!.
Aunque yo se que un día volverás,
yo sé que un día te veré.


Día de playa

La orilla espera sin prisa el beso de las olas,
olas de sal, de blanca espuma.
Y los cúmulos del cielo como algodón de feria
se alejan suavemente mecidos por el viento.
El astro rey regala generosamente el calor de sus rayos
y le brinda a la gente un cambio de color para su piel.
Y esa arena, siempre tostada,
impregnada de yodo y sal,
de luz y sombras;
se introduce calladamente en cada pliegue de la piel,
en todo rincón del cuerpo humano.
Los barcos pasean dejando tras de sí divinas estelas,
acarician el mar y llegan a la isla,
que desde aquí se asemeja a una enorme ballena gris.
El puerto espera la llegada de sus hijos,
la brisa tranquila,
el chapoteo de los brazos y piernas en el agua,
peces que huyen temerosos,
risas, voces, pero sobre todo olas,
¡olas de plata y azul!.


Mariposas

Dejad las mariposas de colores encerradas en las cajas de música,
¡que salgan!,
que revoloteen por el medio, abrir las tapas negras para irrumpir en una explosión de colorido que flota, que resplandece y centellea.
El corazón se encoge, se comprime cuando todo esta quieto,
cuando todo está encerrado, guardado bajo llave.
Abrir puertas, ventanas, abrir, sencillamente, abrir,
dejar salir los sentimientos ocultos, dejar volar las ilusiones escondidas.
Mariposas, azules, verdes, amarillas y blancas,
impregnad con vuestros colores el cielo, mi cielo.
Sé que vuestra existencia es breve,
por eso os daré la libertad,
maravillosa libertad
que todo lo salpica con luz y con amor.


Camino

El camino es amargo, lento y tortuoso
pero pisamos firme los senderos que nos llevan hacia ti,
¿cómo reconocer que no vamos perdidos?,
¿cómo saber que llegaremos a la meta?.
Porque buscamos a tientas, en penumbra
y solo a veces, un rayito de luz resplandece ante nuestros ojos
y nos dejamos llevar por el destello reluciente que emites,
porque tú tienes luz propia,
porque como las estrellas brillantes
de los cielos se hace patente tu brillar.
Solo que a veces otros astros nos ciegan,
nos engañan con vanas ilusiones y ponen piedras
al camino para que nuestro pie tropiece.
Una mano entonces coge la nuestra y nos levanta
y la voz del viento nos susurra al oído
una dulce melodía que nos hace avanzar,
es sencillamente un canto bello,
un canto de esperanza y amor.


Laura

Luz, que nació para alumbrar mi vida
Amanecer que me da fuerzas y
Umbral que traspasa mis sueños e ilusiones
Risa de mis labios
Azul, inmenso azul de mi felicidad.


A Vila-joiosa

Son los campos bellos de mi tierra valenciana
los que hacen sentir el sol abrasador de mi mediterráneo,
y nos baña la luz y el verde,
el fuego de las fallas
y los trajes de fiesta.
Tierra que me viste nacer,
¿por qué te amo tanto?,
son acaso, tus naranjos en flor,
son tus brisas de mar
o tus buenos alimentos que generosamente
haces brotar de tus entrañas
para deleite del más exigente paladar.
Villa de las Joyas, pequeña perla
de la más linda zona Valenciana.
Cerca de ti vine a la vida y en tu seno
quisiera morir.


Un sueño

Reconstruir el tiempo en lo infinito,
desmontar los relojes y perderse en el espacio,
abandonar lo terrestre para pertenecer al cosmos
saborear el placer de ser liviano, de ser esencia pura,
transformar nuestros átomos en polvo de estrellas
y cambiar la energía en materia, ¿o acaso es la materia en
energía.?.
Divagar en las formas del universo
y pasear por las sombras de lo creado,
escondernos en una nube
y saturar los lienzos con espuma del mar.
Que todo quede blanco, que todo esté absolutamente como la nieve fría,
inmaculado y puro.
Sentir la levedad del ser, y reconvertir nuestro sistema
para cambiar lo negro por lo blanco,
lo oscuro por lo claro,
el llanto por el reír.
Asombrosamente el anhelo de la felicidad
es utópico, meramente un sueño.
Pero me gusto soñarlo
y quizá hoy, lo vuelva hacer de nuevo.


En los rincones...

En los rincones escondidos de mis sueños
te busco y no te encuentro,
ayer estabas hoy ya no estas,
¿por qué has desaparecido?
¿por qué te has esfumado?,
era tan bello soñar contigo,
era tan dulce que estuvieses conmigo,
que triste me siento al recordarte,
ya casi ni siquiera el recuerdo permanece de forma clara,
pero siempre querré sentirte,
siempre permanecerás en mi
por que jamas renunciaré al amor.


Oda a la Soledad.

Es la soledad un lazo que te atrapa
con su mordaz silencio,
que no se estremece por tu llanto,
que no se inmuta por tu dolor,
y... ¡ah, cuanto duele la oscuridad de mi noche sin luz!
¡de mi vida sin sol!.
¡Silencio!, sí, silencio,
como el del mármol frío de una tumba lejana en la memoria de un mortal.
¡Llanto!, sí, llanto,
como las aguas amargas de los ojos de una madre que ha perdido a su hijo.
¡Y dolor!, sí, dolor,
como de muerte en vida,
como de alma sin aliento,
como sin luz de Dios.
Y oscuridad, sí, por que la soledad es oscura.
Es entonces que,
en este tiempo seco,
acechándome el frío de la tarde nublada,
entre el olor a aceite de linaza
y al humo de tabaco que aspiran mis pulmones;
ante el impasivo lienzo inacabado,
respiro con aparente quietud, la soledad.
¡Soledad!, compartida con gaviotas
que alejadas de su mar revolotean
rompiendo el aire sobre mi terraza, sobre mí
y sobre todo lo terrestre.
Desde siempre acostumbrada a su callar,
a su no decir nada, a su infinito silencio.
También me es cotidiana su presencia
y no la alejo de mi por que ya casi la quiero.
Soledad que haces dar fruto a algunos sueños
a proyectos escondidos, a secretos.
Tú me cantas muchas veces,
tú me besas,
yo te siento.
Soledad, enigmática, llena de ojos tristes,
de pensamientos en vuelo,
de cristales mojados por la lluvia,
de barcos en naufragio, de veleros.
Soledad que te meces en las hojas de los árboles,
que te deslizas por los hilos que cuelgan los insectos,
que te duermes en la blancura de una nube,
que habitas en el cactus de un desierto.
Significas tú tanto, ¡significas misterio!.
Pero jamás traté de descifrarte,
nunca intentaré averiguar por que te siento.
Me conformo con saber que eres tú quien me posee y yo...
yo me dejo.

Visita El Rincón de Xelo Ponsoda Martín
xeloponsoda@ya.com
xeloponsoda@gmail.com


Lo más reciente en PoeSite
Ir al índice de PoeSite