de Bizancio bajo las aguas

Primer Premio a Manuel Lozano en Barcelona / España, mayo 2003

El escritor argentino Manuel Lozano recibió el "Primer Premio de Poesía del Grupo El Semillero Azul de Barcelona", por sus obras "La Expiación" y "Todo Animal Nocturno", pertenecientes a su libro "Bizancio bajo las aguas". Este Premio, consistente en la suma de 3000,5 euros y trofeo, se entregó el sábado 7 de mayo, en una ceremonia especial con la presencia de destacadas personalidades de la cultura. El alcalde -en representación de Lozano- recibió el galardón. Cabe destacar, también, que Manuel Lozano ha recibido recientemente la distinción de Miembro de la Comisión de Honor de la prestigiosa "Sociedad Mundial de Amigos de Borges", Comisión integrada por prestigiosos intelectuales del mundo como Woody Allen y José Saramago. También recibió un accésit especial en Muskiz, España, por su obra "Tatuaje en fuga de los cuerpos", que será publicada en breve en ese país.
Por otra parte, Lozano fue invitado especialmente junto al escritor Ernesto Jauretche, como escritores distintivos del Encuentro Internacional de Escritores", que se desarrollará en Posadas, Misiones, los próximos 12 y 13 de julio. En la oportunidad, disertará sobre "La Literatura Expandida en la Era Internet: Problemas, Desafíos y Perspectivas", además de realizar una coferencia sobre literatura fantástica argentina en la Universidad de Misiones.

Manuel Lozano




AQUEL ROBERT BROWNING SALIENDO DE LA HIERBA

Viento que has gastado el sol con tu secreta lámpara, apenas
el asco por el mundo
y ni siquiera el albor como un insuperable ramo de prodigios
que desde la pesadilla no llega.
Vengo a ti cuando soy nadie.
¿Cómo estará tu canción resplandeciente entre carbones fríos?
No se destruiría el espanto con esta posesión.
El viviente reclama agua arrastrándose en un cuarto de hotel
lleno de libros y de sombra caníbal, mis testigos.
Es insostenible tu amor reclinado para siempre entre los muertos,
el curvado rostro derritiéndose en su hoguera,
agravado quizás en la pasión sin sosiego de los días.
Has vuelto a arrojar sombra donde hubo tinieblas,
a quemarme el corazón con esta sangre.
¿Qué carne, vieja criada de las telarañas, riendo a solas?
No hay terrazas para ver la tempestad.
No hay pleamares, furiosas danzas de escarnio.
No hay impaciencia de fruto en este infierno.
So is the murder managed, sin conceived
to the full: and why not crowned with triumph too?
Why must the sin, conceived thus, bring forth death?
Vengo a ti cuando soy nadie.
Señor inacabado en el hambre, acógeme.



DE UN MENDIGO EN WASHINGTON SQUARE

...Y viendo el humo de su incendio, dieron voces,
diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad?

Apocalipsis, 18:18

Habría mirado las bóvedas multiplicándose
en alargadas filas contra la lluvia.
¿Cuál es el arroz, cuál ese conejo alado de Cimabue,
dónde está el yeso que trajeron de Umbría las intercesoras,
aquellas madres primeras de mi especie?
Era una mesa blanca, casi traslúcida,
vestida para la exageración y el desprecio.
Podría ser nebuloso patíbulo,
aunque nunca tablón ritual de aniversarios.
Un opulento pasajero enciende las lámparas.
Los comensales -mis hermanos- han muerto ya.
El arco solar se ha derribado.
¿Qué carpintería nómade para esta bacanal de Narciso?
¿No miras sumergirse la casa? -pregunta la figura-.
Del robo de las pieles nace el vuelo.
Y así empieza la historia.
El musgo ofrece un ácido perfume
a patio de destierro, a caireles dispersos
entre los matorrales donde juega el niño del triciclo rojo.
(Ahora reconstruye risas en mitad de su cráneo.)
¿Era la distancia de la diferencia?
¿Los harapos de la más cruel cercanía?
¿O la abisal condición para destituir a su rey,
el valimiento de un iluso crucificándose?
Rotan las cláusulas.
Se instalan en éxtasis de Pound todos los enunciados.
Pensó en la cabeza comida por insectos de su padre,
en el jugo incalculable, ahora seco,
rondando entre los dientes del pequeño difunto.
Fuiste un agujero, la grieta de mi corazón -afirma la figura-.
No habla.

Aun antes de acostarse del lado del vacío, gesticula.
(Un llamado de hidra ha regresado a la cueva.)
Brevísimo, respiran todavía sus membranas.
Nada es legendario en la dársena sacrílega.
¿En qué madejas del segundo tiempo merodeará
esta geometría del verdugo?
Va adentrándose en la palabra carente:
palabra sin inicial; juzgamiento de vigilia.
Grazna y husmea.
Que no suplique ayuda con un arpón en la boca.
Se abrieron las sienes de mi escalofrío.
Cavidades lechosas donde hubo un pasado,
¿por qué duermen así, junto a la espuma?
Son los habituales.
Son los faústicos delatores.
Son los imaginados.
Son los que agitan la lepra bajo pieles fastuosas.
¿Retornarían desde un mísero exilio?
Muerdes madera en el poema, invención extremada.
Fermentan las hojas.
Desciendo los escalones y aspiro en cuclillas
el temible torbellino de la idolatría.
Es el ruinoso chacal de esta profanación.
Lanza increíbles objetos.
Al reflejarse en el revés de un espejo de bronce
-mira paciente, hiberna con traidores-,
dibuja la espantosa raíz del simulacro.
New York, 22-IX-2000
(de su libro Navegar por el enigma)



COMIENZO DE LA LLUVIA EN HARLEM

But I have that within me that shall tire
Torture and Time, and breathe when I expire.

Lady Byron

para Cecill Villar

¿Y dónde se escondía el lóbrego sol de las derrotas?
La fábula urde en los muros la plegaria,
reconoce al visitante deformado en atavíos de sangre
y con monedas de bronce siempre indemnes por la ausencia.
El maderamen está listo.
No insistas con el decorado de los frágiles.
Parezco caer junto a estos muelles
donde yacen las lágrimas de Adán y su heredero.
Me congelas en el cuerpo de prometida arcilla.
Las caravanas llegan al festín.
Borradores del relámpago, siervos de una antigua potestad,
sellarán con luto la habitada mordedura de tu especie negra.
Nadie puede abrir -ni siquiera rasgar- la feroz tapicería
de mi duelo milenario con el agua.
En esta playa se desnudan los lobos.
La cicatriz amargará hasta la náusea lila
los colmillos de su máscara de iniciación.
Ya era tarde cuando me amamantaron.
¡Piedad!
¿Alcanzas la húmeda carne de tus hijos
como filo imborrable de navajas?
¡Despréndeme, atestíguame por la transubstanciación
de aquel reino sepultado!
¿No era atroz el amor en esas caras que ya han visto
el infierno desde el fósil de mi soledad?
En la humareda fui el primer huésped.
Ensimismado o errátil, se quiebra el sudario debajo de mi efigie.

Llueven sudarios en esta rajadura donde tiemblas huida,
donde guardan los restos de otro viaje encantado.
¿Qué nocturna Medea en esta anunciación de peligrosa alabanza?
¿Quién sobrevive a su paso por los tibios jardines?
Canta el niño ciego su dolor de pronunciarse
allí donde los ríos y el mar recogen vidrios de mi historia.
Inevitable este renunciamiento consagrado a un golpe de tinieblas.
Debajo de la piel, los huesos cantan.
Los huesos me ven.
¿Y hay catecismos de pavor que detengan a los desolladores?
La tribu arrastra los tentáculos del brujo.
Lloré hasta la lejanía del miserable en el umbral de una iglesia;
lloré hasta vaciarme los ojos en las islas del hambre y de la peste.
¡Bienvenidas memorias de tu transparencia en Orión!
Les di de beber el deseo y también la impostura
del disfraz más hermoso de este mundo.
Cada huella es un tajo de abismo, les repites.
Alrededor del camino sólo encuentras ataúdes
cubiertos por guijarros.
El emigrante perderá los vestigios de su recién nacida.
La anamorfosis del retrato inundará la hierba.
Yo he buscado la entrada, cumbre de los sortilegios.
He comprendido.
¿Por qué no cesa este llanto contagioso en las ventanas?
La letanía multiplicará mi silencio.
¿Y por qué no sube hasta aquí donde me nazco esfinge?
Mirada de trasluz. Hoy es la noche.

New York, septiembre de 2000



GLOOMY SUNDAY

para Billie Holiday

Los domingos tienen la boca abierta
como la de un cráneo de vaca sobre los basurales.
¿Qué ilusión es ésta de ser herido
hasta el infinito de mi especie en niebla?
(Un charco alrededor del cuerpo sanguinario,
el reguero de hormigas subiendo la corteza.)
Cuelga la carne que era yo frente al desierto,
apenas se irisa con la muerte en el costado lila.
¡Y adónde un lanzazo que presagie el agua de un dios
que clama por su sueño y su gangrena!
Se derrite la cera entre tus dientes.
¡Qué monstruo has parido, Astarté, hija mía!
Una guirnalda cuelga de su pico.
La cera es turbia y deshojada y se cubre de arterias.
Nunca terminan los domingos en el hocico del sapo,
derramados al igual que ataúdes para madres sin luna.
¿Por dónde esquivan tu disfraz, tu carruaje amarrándose
a un tropel de gusanos por los muslos?
El te pedía saliva, borrascas, pedernales.
¿En qué amarga merienda se grabaron sus perfiles,
aun cuando recoges del vientre las astillas?
He venido a advertirles.
Has regresado con tu boca teñida.
Los domingos tienen pezuñas deslumbrantes,
restos de cacerolas, tenedores de amianto, cucharas de azafrán
........................................................................../sapientísimas,
cruces de espejo desdobladas sobre un niño yacente.
Esta voz quema desde abajo.
Quienes entran en la feria lo saben.

PARIS, ENERO DE 1996-BUENOS AIRES, MARZO DE 2000






Oscurear la oscuridad:
Tal es la Puerta de Toda Maravilla.

Lao Tsé, Tao Te Ching

LA EXPIACION


...Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte
y no la encontrarán, y desearán morir y la muerte
huirá de ellos
.
APOCALIPSIS, 9:6

Fueron días y noches de heredar la lluvia,
de prolongar mis soles a diestra y siniestra en este reino de víboras;
alargados atardeceres en que hablaba con el hijo deforme
que mi carne ha entregado a la carne del mundo.
Mudez de cárceles, paredes indestructibles y la sombra del verdugo,
¿dónde agita la alucinación su herrumbre del principio?
Leerás: La carne fue segada en un minuto.
Entonces los ángeles arrojaban las uvas tenebrosas
en el Gran Lagar de la Ira.
Leerás: ¿Dónde quedó esa mancha entretejiéndose en la filosa,
desierta noche de tu vástago inútil?
¿En qué trono semejante a un cordero insaciable
que por su eterno fuego me abomina?
¿Bajo que recóndito árbol presenciaron el crimen,
la perfecta aleación de la sospecha?
He oído a los siervos.
Vi la cercana coronación de esta derrota antigua,
estudié cada idioma del futuro en el ojo del cíclope,
derramé mi simiente en el vacío para esperar su cara.
Los hombres lo han visto alguna vez, siquiera una.
¿Cuál es el rostro del amado en tanta oscuridad?
¿Cómo la piel con esta piel llegado el día?
Te arrodillas frente a una esfinge que no sabes.
Lavas un cuerpo llagado hasta las heces,
embriagando con sangre su sangre dulcísima
de barro del derrumbe.
Has oído a los siervos.
¡Ay, ay de ti, Babilonia, ramera impaciente por toda eternidad
de tus pródigos cercanos y tus esclavas ocultas,
porque en una sola noche vino tu juicio!
Se envenenaron las aguas ancestrales.
La tierra se llenó de gusanos.
Morían las plegarias.
No hubo honduras ni puertos para huir.
Todos fuimos distintos.
Nadie creyó por boca de profeta,
ninguno esperó el alba puntiaguda del fin.
Yo mismo dije con mi dios perplejo:
"Siega, pero siega aún más sobre mi carne helada."



CORTEZA DE GETHSEMANI

Traías en el viaje la tristeza mortecina entre las hojas blancas,
el obstinado desprecio.
La memoria hurga por los altos exilios.
El gato busca espejos que devuelvan
la ignorante imagen de un gato por tumbas infantiles.
Allí está el breve pozo borrando los tiempos
del que no podrá salir de su lastimadura.
¿Hubiste de herir a quienes te aborrecen desde el origen,
de alzar la voz inmensa como estruendo de muchas aguas?
Un cántaro de alfarero, verdoso, al pie de la columna,
detiene una edad de ultraje y delirio.
Moran en mí los restos de sangre que he llorado
con la cabeza devorada entre las flores.
¿Dónde ha de estar el sueño dividido en este dédalo
para que el cuerpo salga?
¿Nunca el amor no confesado entre los hierros?
Son lápidas quebradas por el rayo,
nichos de la ardida fiesta, inmensos pabellones.
Atrás quedaron las zonas de plegaria
cuando los habitantes del claustro apartan la corona.
Era el águila.
Era la piel seccionada en medio del estruendo.
Era el resplandeciente.
¿Cómo perderme ahora sin un sosías, sin un escolta,
sin el minúsculo alabardero, protector de la noche?
No entenderán quienes gritan a sus víctimas
como si gritaran en un sueño aún más ancestral
que los perdiera.
Lenta fetidez cayendo por la boca, madurando eterna
su llaga y su ostracismo.
Antes de llegar a la sed fuiste bisonte.
Enseñoreado de la sabiduría de las piedras,
feroz era el sello de tu absolución, tu acatamiento
a las leyes de una flor celestial hecha de espinas,
de consagrado azote por los imposibles.
¿Y siempre encuentras la miel en la boca de este infierno?
¿Y llamas al taumaturgo y lo bendices en nombre del crucificado?
¿Y oyes el himno jubiloso hundido en tu garganta?
¿Y alcanzas el áncora de quemada devoción quitando los peligros?
Porque allí sólo hay dolor, madre de los desamparados.
En la parte del día que nadie ya pronuncia
cierran la herida (su vicisitud más evidente) con aguardada derrota.
El pelaje se hiela bajo el sol,
recela torpemente hasta el sueño que lo anonada.
¿Pero qué hombre sin nido vienes engendrando?
¿Recuerdas en la cima del mundo todo el viento,
el único que nos salva del peso de la historia y de seguir
siendo un poco más de impaciente polvo enmarañado?
Desde tu nacimiento
hubo un cielo parecido a un jardín.



TODO ANIMAL NOCTURNO
Y dijo al varón vestido de lino, que
estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo
será el fin de estas maravillas?

DANIEL, 12:6


in memoriam Walter G. Weyland

Han excavado de repente en el dolor y no es posible,
la semilla ha crecido hasta la tarde
de cuanto era en el mundo.
¿Con qué fulgurante esplendor fue abierta la entrada
al templo cuyo pórtico entreviste?
Angel con espada de azucenas,
álzate del vértigo y ayuda al que tiembla con su voz en esta puerta.
No llores sobre esta red inconclusa, sustentada en humo
por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.
¿A qué cauce de cenizas arrojarás la herida de este hombre?
¿Qué cortejo increíble ocultará la pérdida?
Se sustituyen las máscaras de piedra, de desechar y de oro,
de cansada carne escuchando el llamado.
En la memoria del día duelen tanto los viajes al prodigio.
Ya no arrastres tu piel en la lenta fiesta del espejo.
El vallado se deshace y evidencias la desbordada, brillante
fortaleza de tu revelación.
La Rueda huye hacia otro llanto.
Una fotografía es un vidrio gastado como un muelle.
Debajo del sol (de un sol de escalofrío)
nos comen las langostas, trabajan sanguinarias
el despavorido corazón de los vivientes.
¿Cómo reconocerme en el antes si mañana despierto?
Ya no más.
Que no se les conceda vida a esas escorias.
¿Y quién terminará con su mal sobre esta superficie?
Oye las palabras del que queda.
Aunque el desierto se callara con gotas de sangre,
él cantaría.

( New York, mayo de 1995)

Manuel Lozano
fied_bsas@arnet.com.ar joldan


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