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Luis Miguel García de Amézaga
(Mickel)
Barruntos


¿Infiel?

En noche cerrada
como la puerta de tus aposentos
cuando el desinterés congela el mimo,
me he fijado en otra;
no por revancha,
sino porque nunca vi al negro centellear
hasta que sus ojos se posaron en mí
saliendo muy despacito de sus covachas
como la evolución de animal salvaje a doméstico.

Me he fijado en ella;
no víctima del despecho,
sino porque es invierno
y no tengo quien me abrace.
No abulta dos palmos más que una niña
y me sobrecoge la idea de sumergirme
en el charco virginal de su saliva.
¡Qué ondulaciones en el andar!
Bajo la camiseta dos pezones me señalan
con un descaro que me hace reír.

Es la estación inclemente, el mercurio encoge,
las plantas languidecen
atrincheradas en la mísera greda,
y mi apéndice copulador
moquea en las sábanas solitarias.
Por eso me fijo en ella,
porque sus labios enardecen ternuras rojas
y su piel desnatada invita.
Pero sé que me desprecia
por parecer lo que soy: Patético;
incluso quizá sienta una pizca de asco.

Me he fijado en ella
porque ya no sé qué decirle a tu espalda,
porque su cara es la tuya
antes de que mi amor la estropeara.


AL FINAL...

Apunto con la palabra y disparo.
Su arista da la impresión de haberse clavado.
Salta la pavesa, es casi magia.
La niebla se diluye,
la diana estaba dada la vuelta
y la perforación por el envés frustra al arquero.

La palabra desciende un peldaño su objetivo
al no transportar al viajero hasta su destino.
Sutilezas y finuras expresivas
nos invitan a pulular por las cercanías,
rondar bandurria en mano el balcón de la pretendida.

Escribir se escribe
haciendo continua referencia a lo no mencionado
con tartajeo en la plumilla
al borde del abandono.

Escribir atronando el segundero de las sienes
y taconeando un ciempiés en las ingles.
Se escribe para que una vez descubierta la sabiduría
tenga más realce la omisión de palabras.


Individuos

El pequeño se hace grande
          Creciendo.
Cómo se hace pequeño el grande…
          ¿Recordando?


Vidente

Canturreo melodías de anuncios televisivos.
Cruzo la carretera por donde las cebras no circulan.
Me desvelo a las cuatro de la madrugada
y doy cabezadas en la barra de un bar.

Leo periódicos, revistas, cartas, poemarios.
Leo posavasos, manuales, ensayos, dietarios.
Leo novela histórica e historias noveladas.
Me leo en lo comentado
por miedo a descubrir que mi cerebro
ocupa un lugar minúsculo
en la papelera de reciclaje social.

Me afeito una vez por semana.
Me ducho sólo tras el fornicio.
Qué guarrada será en mí la opción casta.

Mi sartén es el teléfono: "tele pollo" "tele pizza".
Comida preparada, entregada, casi digerida.

Tropiezo con un hombre tirado en la acera,
roto por dentro, panza arriba,
y visualizo el futuro, fosa común.

Sufro un ataque de euforia
y quiero tragarme las vidas a minutos.


Escenas

¿Qué avizora la serpiente desde el polvo,
y el topo desde el intestino grueso de la tierra?
¿Qué otea el águila en su volar por encima de las nubes?
¿Verá el periquito codificados los árboles
por entre las rejas de su jaula?
¿Tendrá visión de príncipes concéntricos
el sapo en la charca?
               Cuentos, fábulas, parábolas, mística, poesía.
               Prozac, éxtasis, anfetas, diseños de plástico.
               Valium, sueños, hipnosis, tu abuelito
               te puso la mano entre las piernas cuando eras mancebo.
               Todo en un mismo saco
               del cual el Olentxero extrae los regalos.

¿Qué desea ver el famélico niño
a través de las moscas cojoneras?
¿Qué suspira contemplar el vendedor de cupones
aparte de las variedades de lo oscuro?
La niña sobre los hombros de su padre,
salvando la multitud, ¿divisa la ilusión?

El feto en su nido acolchado
se mueve porque anhela ver mundo,
¿o porque quiere conocerse en su espejo?
¿Qué espera encontrar el espermatozoide
en su frenético nadar contracorriente?:
En la mayoría de las ocasiones, un aborto
ni tan siquiera contabilizado por las estadísticas.

El loco pretende estar cuerdo,
y el cuerdo, un algo de loco.
Por qué no abonamos la sabiduría
en las circunstancias que nos tocan
en vez de empecinarnos en cultivar la estulticia,
de creer que las demás situaciones nos serían más beneficiosas.


Violencia sentida

Cegado por la ira
asesto cuatro cuchilladas
de acero puro en su primer escarbado
en el abdomen de un hombre
cuyos ojos han escapado de los huecos
que los albergaban.
Hipidos de sangre escaldan mis ropas,
una lágrima roja corre por el filo plateado.
La ventana de la garganta se cierra
y un bronco gemido de los pulmones
revienta el sueño pesadilla.
Me incorporo sin reconocer las paredes,
aturdido por la culpa de una fechoría
no cometida.
Me suda el rancio vaho de la noche
por la cuenca de la nariz.

Juntar palabras no hace importante a nadie,
ni siquiera dominando la química del enlace.
Si no son las palabras,
quién y para qué me despiertan intempestivamente.
Ayer mi sobrina, espectadora de pocos calendarios,
me contó la historia del fantasma de las bragas rotas.
Esa escena sí que tuvo suficiente peso específico
para englobarla en el anuario biográfico.

A patadas me libero del tapujo de sábanas.
Ser como el interior del jarrón
que descansa sobre la cómoda
y que con arcaica ciencia, florece.
Ser, pasar, no dejar miguitas de pan
asegurándote el no regreso.
Apenas cumplidos los veinte
acabé mi aprendizaje;
después, prórrogas sucesivas
destinadas a comprender que la Vida no es suficiente.
Pongo primero el pie izquierdo sobre el suelo
en acto de rebeldía contra la suerte.
Largas pestañas de la alborada
entran por las ranuras de la persiana.
¡Quién me ha birlado el sueño!

Me avergüenza dar lo que me sobra,
me enfurece no tener para dar,
y me irrita recibir lo que necesito.
Escribo por el día mis vigilias
aunque bien podría no escribirlas.
Sinceramente, no veo la diferencia.


Claves...

Códigos a descifrar
        llaves maestras
               paraísos perdidos.

El caso es que algo no encaja
en la vida de los moradores del primer mundo:
sobradamente abastecidas nuestras barrigas
y sobreexcitadas nuestras mentes,
nos da por barruntar estados prodigiosos
o apocalipsis enlatadas.

Aprieta el horizonte
cruzando un vendaval el meridiano de los oídos.
Restringe la pupila hacia un negro punto;
agujero sin salida.
Juntamos dos cuerpos
con los que alcanzar un placer cegador
de diferencias hirientes.
Millones son las posibilidades a elegir,
la gruta que nos lleve al centro del Planeta.

Asientas la cadera,
tensas los tendones de los muslos,
te ofreces con nada que ocultar.
Agarro mi apéndice firme,
lo sacudo un poco,
su cabeza tiembla azorada
y la dirijo a tu encuentro.
Llamo en tu puerta de doble filo,
acaricias mis bolas flotantes y velludas.
Música en las venas,
redoble de tambores.
Unas babas incontroladas caen
por las comisuras.
Hay punto final y existe la paz:
Delicada, breve, pero existe.

No estamos solos afirman las pruebas
de rabinos y científicos, visionarios y eruditos.
Quizá la esquizofrenia
sea una inteligente percepción
no asimilada.

Qué grande es el amor
que sacrifica a los amantes.
No somos tú ni yo.
Somos abrazo. Suave camisón de seda.
No pensar para poder ver los pensamientos.
Caleidoscopios. Hologramas.
Escribir en pasado al hablar del mañana.


Esquizofrenia...

Apenas ocurren sucesos.
        Sólo un dolor zumbón
               me parte el cráneo en dos.

Temo la parálisis de la noche
desnudando mi zafiedad de abalorios.
Un rayo helado se dobla y desdobla
entre las costillas
y una calentura abrasiva me ofusca el entendimiento.
Se disgregan las partes de un físico descentralizado,
se funden las células en disolución incalculable.
Soy varios
apostados estratégicamente por la habitación.

En tropel invaden las ratas
en pos de su merecido desecho.
Nos subimos a las sillas
pero sus tripas engordan y explosionan
salpicándonos bazofia psicodélica.
¡Qué terrores me asediarán hasta el amanecer!
Cederé a la autodestrucción
si las órbitas dejan de girar.
El frasco de cristal que contiene cannabis
no agudiza la visión, la creatividad, ni la locura.
Es el cerebro la mayor plantación de drogas del universo.


Mundos...

Un elefante ha pasado por el ojo de la aguja
subido en una pompa de jabón.
La loba amamanta ovejas.
Un tal Jesús resucita muertos.
El lama se transfigura aburrido de su envase.
El rico accede a los paraísos artificiales de Baudelaire
a través de L.S.D.
Las hábiles caricias nos transportan al éxtasis prometido.
¿A cuánto está el milagro?

La magia en su eternidad no dura
o no duramos nosotros en ella.
Enseguida torna la burda y cerril cantinela
con resaca, nostalgia, y bolsas de canguro bajo los párpados.
No es la experiencia la que inviste categoría,
sino las obras de ella resultantes.


Proletariado...

Menosprecio el pan logrado
con el sudor ingrato de la frente.
Reniego del trabajo que estrangula el alma
izando la enseña del honesto "ganarse la vida".
Lo digo como esclavo que soy de este siglo,
como cobarde empedernido
que prefiere morir poco a poco
a correr el riesgo de vivir para siempre.
Mejor haría en dejar de escribir
y poner en práctica la mitad de mis palabras;
pero aunque soy un vicioso de la dialéctica y el deseo,
soy un minusválido de los actos.
¡Lástima!


Un dios sin nombre

Si dios satisface la mitad de expectativas que levanta,
cómo considerar fortuito ningún acontecimiento.
Los designios que no responden
a la deducción de la mente pragmática,
son inexorables.
Esta aparente fatalidad o voluntad superior
es muy de agradecer,
puesto que si todo dependiera de visiones parciales
de numerosos y reconocidos pedantes, bobos y pretenciosos,
la Historia estaría condenada a lo fútil.


Manías de escritor

Derribo pirámides sintácticas
levantadas con el empeño del ínclito arquitecto
y el sudor mal remunerado del albañil.

Aniquilo aquello que más quiero,
niego a postergarme en una obra inmortal
que sea reverenciada con pomposos signos de admiración
bailando esqueléticos sobre mi tumba en barbecho.

Destiño las letras que yo mismo escribo
porque no las entiendo cuando leo.
Qué maligno proceso sufren
las grandezas al encarnarse.

Cesa el último acorde,
se tapa un hoyo en la estructura interna.
¿Dónde va a parar la música,
esa bella indomable que escurre los títulos?
¿Por qué siendo tan implacable en su cópula
tengo dudas de haberla penetrado?

Cabalgo, cabalgo por la madrugada
hacia horas que no me interesan
pues he de apagar la candelilla
y disimular las ojeras ante los despiertos
que creen saber, ¡idiotas!,
sin ponderar ni de lejos las vigilias.

Descabello a la fiera
porque sólo terminar de escribir
puede ser exitoso.
Los que somos prolijos
representamos la imagen del fracaso;
engañamos con profusión aberrante.

Decapito las consonantes
con una honradez que no me atribuyo
desde los infiernos de alcohol y hedor testicular.
Ojalá no existiera la tinta
y todo fuera una papelera sin fondo.
Si alguien ha llegado hasta aquí
lamento la pérdida de su tiempo.
Ojalá cupiera mi vergüenza en los escombros.

Muerto,
otro se consagrará como el ser más tonto.


Famas...

El fruto se desprende de uno en uno
taconeando en el tablado del silencio
para sorprenderte antes de lo esperado
o cuando ya no lo esperas.

El éxito en el momento justo
te cangrena el espíritu
y reclama la exclusividad de la atención.

Cuando todavía no lo reconoces,
te cachondeas de su rimbombante "gongg".
Cuando ha perdido para ti el interés,
desfila tétricamente, emperifollado,
y apenas izas la mirada para verlo.

Llamaste al hombre del éxito para una postrera cita
atragantada por mi monotonía,
por ese desapego con el cual engraso los días,
por la ambigüedad con que impregno mis palabras,
por ese mi aparente don de la ubicuidad
que me traslada a un hogar lejos de tu hogar.
Llamaste para verificar que no era un sueño,
porque a pesar de los años curioseas a tu alrededor
y no ves nada mío.
Mansamente recogiste tu falda por encima de la cintura.
Lloraste al abrir las piernas con fatal ternura.

Sollozaste al mostrar el interior de tus muslos,
esa piel más sensible.
Despegaste tu húmedo abanico de esponjosos rizos
y boqueaste con tus íntimos pliegues de gelatina.
Me besaste con un gemido y me echaste de tu casa.
Acababas de estirparme como un cáncer
de tus tetas que pendían separadas del pecho.


Por la calle...

Paralizado
como la sirena de fábrica entumece la risa.

Paralizado
como si descubriera el cadáver de la madre en la cocina.

Inmóvil en el bordillo
frente a la cebra despachurrada en la calzada.

Se turnan el rojo monigote hierático
y el andarín monigote verde.
Se detienen los coches y arrancan
a intervalos exactos.

Contemplo una reproducción en las ventanillas
de la presencia que me traigo conmigo:
Pequeña cabeza y amplia manta de agua como gabardina.

Rebobinadas escucho las frases en los auriculares.
Frases que cuando fueron emitidas
no contaron con la recepción correcta.

Noto el agua penetrar en las raíces del cabello,
pita el semáforo para ciegos.
No hay mandato nervioso que haga andar a mis piernas.
El tiempo trae comprensión, incluso a los obtusos.

Es más seguro el paso de quien mide distancias
sin alelada pasión, con calma,
atendiendo a la orografía de playas desiertas:
Gestos que nos rozaron la cara,
voces sin la debida resonancia.
Saberes de los que no se ha hecho ciencia.

Empujan. ¡Circule, por favor!
Paralizado.


Tragedia casera...

Pegado al periscopio de la puerta
como lengua al hielo,
algo inclinado
soportando la penumbra en los hombros,
veo porque veo, directamente penetrarme
una ráfaga de luz en la pupila.
Luz mosquitera
nacida en la sórdida escalera
de construcción antigua, sin ascensor,
con escalones de granito y traidores recodos.
Me fijo en el descastado pasamanos
temiendo la aparición de los nudillos.
Atenazado en el palco de la mirilla
apenas respiro, laten las sienes.

Retumban las pisadas etílicas,
las risotadas incongruentes,
se tambalea esa mata incontrolada.
Lo veo porque veo, aunque no quiero ver
ojos inyectados,
papada grasienta con rojas islas
apuntando hacia la cerradura.
Corro y me escondo
bajo un seguro de sábanas y mantas.

¿Tocarán hoy las babazas y la llorera aceitosa
o los golpes, gritos y violencia gratuita?
¿Cómo prever el carácter sin carácter de un alcohólico?

Aprieto los dientes,
emito mugidos para no escuchar,
me araño los brazos para sufrir por fuera.
Me fuerzo a dormir
y rezo para no despertar.
La vergüenza vence al miedo
en la noche inacabable
donde los dioses no me permiten huir.

Es de mañana y me levanto
invitado por el silencio.
Estoy solo,
soy un niño muy mayor para mi edad.
Abro el frigorífico
y con la misma lo cierro.
Sólo hay frío envuelto en celofán.


Experimental...

Quiero revisar la muerte
desde la posición del muerto
pero sin morir, claro está.

De niño no escribí cartas a los Reyes Magos
y me deben unos cuantos regalos.

Enigmáticos y paternalistas
viajan en camellos desiertos
con alforjas de mentiras.

Yo creo por si acaso…
no vayan a existir los milagros.


Las cosas hablan...

Ahorcado con un pellizco en el cuello
pendo del tenderete de patio trasero.
Chispea, llueve, el agua sacude
las bragas navegantes, los juncos de colada.

Chorreo el sudor de nubes maratonianas,
soy trapo empapado, trapo trapero
que se balancea
en un fatalismo de cuerda horizontalmente dispuesta.

Gira la tierra a su lado mocho,
duermen los verdores de hierba en sus ataúdes parduscos.
Gimo temblores de hilo
amenazado por el bramido de gotas invisibles.
Rezo despacio, deletreando…

Hoy el encargado olvidó colocar las estrellas
como fondo de pantalla,
y apenas distingo el firmamento de mi tela.

Qué cansancio con la suciedad impregnada.
Qué recuerdos de montaña rusa
en el tambor de la lavadora.
Ahora agonizo, preámbulo de mortaja.

La ventana se ofusca en la cerrazón,
el cálido hogareño arrulla al amante y a los niños.
Me posterga como trapo de cocina,
limpia grasas de cacerola.

Víctima de homicida pinza
respiro suspiros
y cito al anónimo que estuvo antes de mí,
que se pasea por las sombras con chubasquero de plata,
que me guardará en su memoria
cuando la helada pase factura
con rigidez de estaca.


Pedorreta...

Cayó en cama
mutilado con el mal de gases:
Colapso en el colon, presión de barias,
como un muñeco hinchable
que por culpa de la morbidez del dueño
se vio demasiado soplado.
¡Qué reventón de látex!


De paso...

No tengo de quien despedirme
y me irrito al dar explicaciones.
Las cuatro paredes inspiran
los humores de los inquilinos.
Somos permanentes arrendatarios
aun con título de propiedad.
La bilis humedece la barbilla
y el culo reverbera cuescos
en el sofá de leopardo.

Mickel es editor y responsable de la revista electrónica El verso que viene Siglo XXI El verso que viene
mickel35artista@wanadoo.es

joldan
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