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Eukene Lizeaga



Casa de cuatro pilares
los cuatro, mujeres
mirando los cuatro puntos cardinales
caminando las cuatro estaciones.

Erguidas las cuatro
la madre, la hermana, la esposa, la hija.
Ruegan las cuatro,
al aire, al agua, al fuego y a la tierra.
Para que fulminen las guerras de este planeta,
paralicen los brazos de cualquier verdugo,
disuelvan del vocabulario, por innecesarias,
las palabras pobreza, riqueza, opulencia, miseria.
Que las liberen del dolor y la vergüenza de parir hijos,
sin tener con que alimentarlos, ni sanarlos.

En el lar prendido de historia
de la inextinguible casa
pilares erguidos
son cuatro mujeres
que un día, quizás, serán escuchadas.



Tierra adentro

Un día fui tierra adentro
de espaldas al mar
me sorprendió una llanura
de sólida tierra y ninguna montaña que divisar.

Me sentí fuera de lugar
entre las olas doradas
que se quedaban
sin subir ni bajar.

Busqué en el horizonte
azul con azul
gris verde
busqué a las nubes peregrinas
de mi habitual mar.
Danza de espigas
aire que las peina
oro y azul constante
era hoy mi horizonte.

Tierra adentro
escuché el crujir del grano
la danza del secano
inhalé un aire seco
que me llenó de romero tomillo y espliego.

Y cuando el fiel sol rozó el suelo de la tarde
la retina de mis ojos tomó una foto para los sentidos,
y entre espigas que acariciaban la despedida
giré para volver hacia el mar, que me reclamaba.



Los ojos de la calima

En los ojos de la calima,
se escucha el reventado crujir de la hoja seca
encogida en tierra y recogida en fetal postura,
agonía detenida, sajada por alguna indiferente pisada.

En los ojos de la calima, se escucha,
el decidido grito de pescadores,
golpeando con rabia, las indómitas paredes de las olas,
que atraviesan los pilares de su nómada refugio sin ventanas,
engullendo la madera, sin masticarla,
arreciando en su intimidad sin respetarla.

Desnudas son las figuras,
de diferencias humanas, en los ojos de la calima,
son formas desamparadas de galones.

Donde el silencio es sordo, la bruma se alimenta con lágrimas
y la piel recibe un salino abrazo, es en los ojos de la calima.



No es justa, la vida

Hay días en que la vida me parece arrogante y me mira como si yo no fuera suficiente. Días en los que pienso que hay dos clases de semillas. Unas, son joyas relucientes que sólo algunos obtienen mientras los demás soportan su carencia. El resto, son plantíos invisibles, que hunden sus sombrías raíces en nuestra indefensión humana, en nuestra sufrida entraña.

Hay días que me niego a dar fe, me resisto a confirmar esa manida e irresoluta afirmación de que la vida es injusta, porque se opone a mi esperanza, porque me juzgo amarga o resentida, (y eso no me gusta).

Hay días lastimados en los que pienso, que Dios y la vida, no van por el mismo camino. Será por eso que la llaman el valle de lágrimas. Las redentoras, las dolidas, que navegan las punzantes aristas de los cristales rotos en el alma, para que se diluyan en agua salada, en vez de desangrarla.

Hay días en que el único rescate es rendirme al recuerdo de que cada segundo es elección, entre las opciones del mundo y las del Amor.

Aunque la vida sea injusta, y aparentemente favorezca al falso y perjudique al noble, será que actuamos como con las estrellas; nos quedamos con las que divisamos en primera fila grandes y deslumbrantes, y nos olvidamos de las otras, las más chiquitas y lejanas.

Por eso, aunque el sol que sale cada día, sea indiferente a nuestra privada aventura, bendigo la hora, en que otra Luz suplanta a cada una de mis sombras, validando lo ingenuo de la esperanza, rascando la porquería que se incrustó en la piel de la utopía.



En el tiempo de un misterio
caminó sus primeros recuerdos
y en el tiempo de tres misterios
había alcanzado su ahora.

Quedaron dos misterios
uno por el enigma futuro
y el otro para la cierta muerte.



Condensó en una palabra
todas las que no asía,
poesía;
explayada en la granate corola
de una hortensia que miró aquel día



Adiós a las hojas

rebosa de hojas el árbol
que mece el viento de septiembre
hoy su temblor es diferente y en el ulular hay un llanto
poco falta para que ese viento
sustraiga la fronda que abraza en lo alto



Sólo una

Se abrió camino
de pronto
una palabra

sólo una

acaparando para sí
todo el espacio
de la mente
de la boca

sólo una

osada protagonista
neutralizando
al bullente magma
de pensamientos
que partieron anónimos

sólo una

impaciente y apremiante
despreciando
la molienda reflexiva

pero al verse sola y desnuda
en el edén de la materia
sin Adán
sin árbol
sin serpiente y sin manzana
la osada Eva lamentó su efímera fuga


Eukene Lizeaga
m_euke@hotmail.com

joldan
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