Ma. Eugenia Rodriguez Gaitán


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Vigilia de Impaciencia

El sol poniente
caos irrepetible
definitiva línea de muerte.
con impaciencia velo
el desenlace ardiente
de un deceso inmenso.

El sol irrepetible
el del adiós
el desolado adiós
de un pasado destiempo.
¡Qué aterida impotencia!
¡Qué insana frustración!
con impaciencia velo
el desenlace
de un gélido recuerdo.

El sol frustrado
el del destiempo
cardenal que oculta
con liviano egoísmo
su pesantez convulsa y lacerada,
con impaciencia velo
el desenlace
de un dolor sobrehumano.

El sol poniente
vórtice en que se mezclan
las horas de un destiempo
con un recuerdo ingrato,
vanidoso ladrón de sentimientos
con impaciencia velo
el corazón que se consume en llamas
desgarrado en el cielo.


Como vigía nocturno

Entre sueño y ensueño
mis ojos corretean curiosos
por la ligera extensión
de tus músculos relajados,
en ese instante
se precipita mi asombro hasta la lasitud de tu pecho,
recorrido en la penumbra,
sabor a memoria ungida de noche.

Caja de resonancia y guardavida
de la flor carmesí
que no detiene su danza.

Tus labios se extiendes del norte al sur
y se desnudan hasta curvarse
extasiados en el valle de los encuentros fortuitos.

Entre sueño y ensueño
navego los instantes vencidos
hacia un paisaje pintado de asombro
que te rodea como vigìa nocturno.

En esta noche
sumas lo perfecto que nació del barro
hondas raíces de lejanos tiempos,
de ensayos inútiles
de otros ensayos que quisieron serte.


Equilibrio

Voy a corear
el canto de mi mismo
con el espectro de un presentimiento.

La luz persiste
en el embrión estrella
viste de color los negros soles
formando el titánico equilibrio
de los cuerpos.

Voy a corear
las voces silentes del desierto
a perseguir las pisadas
que dejó el desperfecto de una tarde
y a consumir la dicha de un instante fallido.


Torrentes

El espacio
se escurre por los dedos
y sin querer
se pinta macilento y flaco.
Tiempo sin trompetas
ni verdes logros en las sienes
y al final
la sonrisa mordaz
que se escupe entre líneas.

Fragmento de luna
en mi creciente cuarto
prometedores lances
a título de suficiencia.

Me bebo
el retazo de corteza
y lo impregno en torrentes
que la lluvia fugaz
construye en un momento.


Uno

Hoy extendí
los dedos calcinados
que una vez
quisieron medir
la longitud
de una estrella errante.

Pluma del ganso

Ma. Eugenia Rodriguez Gaitán
betop@df1.telmex.net.mx


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