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Graciela Maturo

Escritora, estudiosa de las letras, catedrática universitaria. Investigadora Principal del Consejo Nacional de Investigaciones (CONICET). Ejerció las cátedras de Introducción a la Literatura y Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires y ocupa actualmente la de Literatura Iberoamericana en la Universidad Católica Argentina. Fundó en 1970 el Centro de Estudios Latinoamericanos, de amplia trayectoria en la investigación de las letras y la cultura de América Latina. Ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Cuyo, la Universidad del Salvador y el Instituto Franciscano. En 1989 fundó el Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad Católica Argentina. Fue directora de la Biblioteca Nacional de Maestros (1990-1993). Su obra publicada abarca la investigación y la crítica literaria, el ensayo y la poesía.

Libros publicados

Poesía
  • Un viento hecho de pájaros, 1958. Córdoba, 1960.
  • El Rostro, publicado en Cuadernos Herrera y Reissig, Montevideo, 1961.
  • El mar que en mí resuena, Ed. Ismael Colombo, Buenos Aires, 1965.
  • Habita entre nosotros, Azor, Mendoza,1968.
  • Canto de Eurídice, Ed. Ultimo Reino, Buenos Aires, 1982.
  • El mar se llama ahora con tu nombre, Ed. Ultimo Reino, Buenos Aires, 1993.
  • Memoria del trasmundo. (Plaqueta) Ed. Ultimo Reino, Buenos Aires, 1995.
  • Orfeo canta. (Plaqueta) Ed. Río de los pájaros, Concordia, 1995.
  • Cantos de Orfeo y Eurídice. Prólogo del Dr. Arturo García Astrada. Edición El Copista, Córdoba, 1996.
  • Nacer en la palabra. Recopilación de los tres primeros libros de la autora. Ediciones Culturales de Mendoza, 1997
  • (Inéditos) El bosque de alondras. Antología poética.

Ensayos
  • Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal. Mendoza, Azor, 1958.
  • Proyecciones del surrealismo en la literatura argentina. Buenos Aires, ECA, 1967.
  • Julio Cortázar y el hombre nuevo, Buenos Aires, 1967.
  • Claves simbólicas de García Márquez, 1972; segunda edición ampliada, Buenos Aires, García Cambeiro, 1977.
  • Introducción a la crítica hermenéutica. Buenos Aires, Tekné, 1979. Reedición, 1995.
  • La literatura hispanoamericana: de la utopía al Paraíso, Buenos Aires, G.Cambeiro, 1983.
  • Argentina y la opción por América, Buenos Aires, Castañeda, 1983.
  • Fenomenología, creación y crítica. Buenos Aires, García Cambeiro, 1989.
  • La mirada del poeta. Ensayos sobre la creación y la expresión poética. Buenos Aires, Editorial Corregidor, 1996.
  • La identidad Latinoamericana como problema y destino. Tekné, Buenos Aires, 1997.
  • América como recomienzo de la historia.

Antologías
  • Hacia una crítica literaria latinoamericana,1976.
  • La mujer, símbolo del mundo nuevo. Buenos Aires, 1977.
  • Mitos populares y personajes literarios. Bs As, Castañeda, 1978.
  • América Latina, integración por la cultura. Buenos Aires, García Cambeiro, 1985.
  • Sábato en la crisis de la modernidad. Bs As,1985.
  • Cátedra Marechal. Buenos Aires, Corregidor, 1985.
  • Literatura y Hermenéutica. Bs As, García Cambeiro, 1987.
  • Imagen y expresión: elementos para una teoría y una hermenéutica literaria desde América Latina, Buenos Aires, García Cambeiro, 1991.
  • (Inéditos) América Latina: Un proyecto en marcha.

Premios y distinciones
  • Premio de Poesía "Laurel", 1958 por "Un viento hecho de pájaros"
  • Premio Municipal Mendoza, 1960 por "El rostro"
  • Premio de la Sociedad Argentina de Escritores por "El mar que en mí resuena"
  • Premio "Bienal de Literatura" de Mendoza, 1966 por "Habita entre nosotros"
  • Mención de Honor de la OEA por "Canto de Eurídice", 1967
  • Premio Ensayo Provincia de Santa Fe, 1967 por "Julio Cortázar y el hombre nuevo"
  • Faja de Honor de la SADE, 1984 por "La literatura hispanoamericana: de la utopía al Paraíso"
  • Premio "Discepolín", 1983
  • Premio "Esteban Echeverría" 1995, instituido por la Sociedad Gente de Letras.
  • En 1995 fue propuesta por la Universidad Argentina John Kennedy para el premio Gabriela Mistral de la OEA.
  • En 1997 obtuvo el 1er. Premio de Poesía de la Asociación Santafesina de Escritores, por su libro Cantos de Orfeo y Eurídice, ediciones del Copista, Córdoba, 1996.

Cursos y conferencias
Ha dictado conferencias y cursos como profesora invitada en las universidades de San Marcos (Lima), Universidad Javeriana (Bogotá), Instituto de Artes, Ciencias y Letras (Montevideo), Universidad de Chile y Pontificia Universidad Católica de Chile (Santiago), Universidad Karlova (Praga), Universidad de Navarra (Pamplona), Universidad Complutense (Madrid), Universidad de Santiago de Compostela, Universidad de La Coruña, Universidad de San Agustín (Arequipa), entre otras.
Ha sido profesora invitada en las universidades argentinas de Córdoba, Catamarca, Salta, Universidad Católica de Salta, Universidad Nacional de Cuyo, etc., y ha dictado conferencias por invitación de numerosas instituciones culturales argentinas y de otros países.

Jurado
Jurado de concursos universitarios, y miembro de la Comisión Evaluadora de Filología, Lingüística y Literatura del Conicet.
Jurado en concursos literarios nacionales, municipales y provinciales.

Otras actividades
Dirigió las revistas Azor (Mendoza, 1960-1965) y Megafón (San Antonio de Padua-Buenos Aires, 1975-1989), y la colección "Estudios Latinoamericanos" editada por Fernando García Cambeiro.

Graciela Maturo

| la autora |



La fuente
(a Abel Posse)

Agua dormida y sola
no regada
agua escondida, resguardada, dulce,
cuerpo sin forma,
pez que te resbalas.
Agua que de tí misma te alimentas
matriz, pupila, llama,
plata líquida sólo por amor rebasada.
(Yo era la hoja polvorienta lavada por la lluvia.
El viento convertía mis huesos en un arpa,
y descubrí la fuente, muy adentro.)
Agua dormida y sola que en mí vives.
Naufragué para siempre en tu lago llameante
en tu seno de hielo.



La voz del agua en Compostela
(a Pierre Marcombe)

Fina es la voz del agua en Compostela.
Llueve un agua levísima
sobre la piedra gris
sobre la negra fuente
ensimismada.
Cuenta la lluvia historias
de peregrinos
que durmieron cansados
bajo los fríos soportales.
Canta la lluvia una canción de amigo
para el muchacho que se va
lejos
hacia las rías,
a la guerra.
Dice el agua que es suya esta ciudad antigua
que son suyos los atrios acariciados
las columnas
la plaza en que la tarde bellamente reposa.
Me dice Rosalía:
Chove miudiño.
Llueve en Santiago y lloran
suavemente las gárgolas.
Las campanadas miden
un tiempo sin relojes.



Del agua danzante
(a Fray Domingo Renaudiêre de Paulis) (Como el sol te entregabas a la vida:
de tu cuerpo nacían seres nuevos
con cabellos de miel)
Corazón de agua
..... cantante
en tu vocación de vidamuerte.
Quién dirá con su lengua tu luz de abismo
tu felicidad de otro mundo
tu canto de entresueño.
Agua pura y huyente
que alcanza las orillas de blancos cementerios
donde rezan oscuros los cipreses.
Agua-palabra, gracia cristalina,
lava mi frente fatigada.
Agua lejana y jubilosa,
danzante entre las viñas.
Agua adolescente de espumas
plena de sí, riente,
hecha de la sonrisa de un niño
agua que se deshacía por amor
como un rosario de perlas.



Aguas bravías
(A Marta Zamarripa)

Otras aguas me vienen a los ojos.
Son las aguas violentas del Paraná,
fuertes, verdes de selva, cargadas de resinas,
aguas que arrastran troncos, rojas flores,
bestias dormidas, coronas, osamentas,
astros caídos.
Ví las aguas bravías del Paraná
castigando coléricas la casa del hombre.
Vi sus brazos alzando los troncos del sauzal,
allá, en Colastiné,
donde sueñan salvajes las cañas bravas.
Aguas del furor y la pasión,
aguas sombrías despeñándose desde un negro centro,
esquivas, melancólicas,
destrenzándose solas en las orillas,
aquietándose lentas, cansadas,
envejecidas.
Aguas del Paraná, dolientes,
lamiendo el costado de Santa Fe, la antigua.
Aguas de amor y desamor,
aguas de trágico desencuentro.
Río que nunca vuelves al origen amado.



Agua de azogue
(a Hanna Houskowá)

Agua sinuosa y verde del Vildava
lenta, sombría, luminosa, sola.
Agua de azogue, densa de misterios,
detenida en la negra madera de los molinos.
Miro tus cisnes irreales sobre el mercurio
tembloroso de lluvia.
Tus cisnes negros, blancos,
custodiando el secreto silencioso del tiempo.
Agua majestuosa del Vildava
cruzada de puentes, de peregrinos.
Puente Carlos, lugar sagrado,
templo a la intemperie.
Volveré a esta ciudad que está en mi vida
para encontrar la llave,
las puertas del castillo.



Puertas del mar
(a Héctor Villanueva)

Mar abierto, redondo como el cielo,
pórtico de la muerte
muertemar.
Mar de vida que engendras la pureza del nácar
matriz del tiempo
cuna de corales.
Mar donde se destruyen los cuerpos y los tronos
mar biforme, cerúleo,
llano de infinitud.
Mar de puertas abiertas
suelo sin lápidas
donde los marineros descansan entre rosas.
Seno materno
cueva de pórfido sagrado,
origen, perla, tierra,
templo
................ puerto
...................... llegada.



La mirada del poeta (fragmento)

Partiendo de evidencias existenciales, que le muestran a un tiempo la insondabilidad y progresiva entrega del misterio real,el poeta se siente llamado a la receptividad y la donación de sentido. Despliega una "atención" sobre su entorno y su propia corporalidad, que le permite descubrir a un tiempo su yo y el mundo que lo rodea. Su afectividad le permite ahondar experiencias sensitivas para las cuales se halla especialmente dotado, y reconocer su significatividad.

Si el hombre puede ser definido como el ser que comprende, el poeta es aquel que contempla y crea para comprender. Su atención a la realidad pone en marcha todas sus facultades: sensibilidad, afectividad, memoria,fantasía creadora,intuición simbólica, intelecto, reflexión. Un mundo de formas y valores sensibles se ofrece a la mirada del poeta, esa mirada inaugural para la cual el mundo es siempre algo nuevo, un hoy virgen y bello, como decía Stephane Mallarmé. Es necesaria la mirada inocente del niño para captar emocionalmente la significatividad de las formas y percibir a través de ellas su relacionamiento oculto.

En nuestra perspectiva, el acto poético remite a la experiencia mística, que fusiona al yo con su causa última.Su meta es la conversión del yo que conoce en yo trascendental. Bien lo vio Novalis, revalidando lo afirmado por larga cadena de poetas."La misión del poeta es apoderarse del sujeto trascendental."



OSCAR PORTELA, UN CLAMOR EN EL DESIERTO
(Acerca del libro Claroscuro de Oscar Portela, Corrientes, Subsecretaría de Cultura, 2005.)

En la desmemoriada y decaída cultura argentina surgen todavía algunas voces que dan cuenta de lo mejor de nosotros. Y esas voces no son las de figuras repetidas en las pantallas, las escasas revistas, o las páginas de los más prestigiosos suplementos de los diarios, por el contrario vienen de rincones distintos del país, y a menudo carecen de la debida repercusión en las grandes ciudades.Entre ellas destaco la del poeta correntino Oscar Portela, voz escondida y silenciada, hace tiempo recluida entre los palmerales y las aguas de su provincia natal. Esa voz, a pesar de todo, se deja oir contra la estulticia y la barbarie de este tiempo atroz, en esporádicas publicaciones provinciales.

La poesía de Oscar Portela es intensa, esencial, reveladora. No recoge el ruido de las calles ni la pasajera atracción de la feria bulliciosa; nace de la interioridad profunda del hombre, esa interioridad que se relaciona con el destino y lo sagrado.

Por eso su decir toma el aire del canto, del llanto, de la elegía. Se lanza en versículos entrecortados, de ritmo irregular pero sin embargo fiel a una música interna, para decir la angustia de estar vivo, la trágica certidumbre del tiempo, los vislumbres de la eternidad. El combate con el Ángel, configurado en uno de sus poemas, es la instancia decisiva que ha marcado al poeta con una iniciación indeleble. Desde allí le es irrenunciable recordar a vivos y muertos, proclamar la orfandad de la criatura humana, reconocer la fuerza augural de su propio canto.

Portela se mueve en un mundo donde toda cosa visible se desmorona; persigue, sin embargo, el rastro de lo permanente. Sabe que su misión es la fidelidad a ese rastro, que se manifiesta en el mundo y más allá de él, en su palabra. Está destinado a auscultar incesantemente su propio corazón para ofrendarlo en las aras del sacrificio. Dotado de una lucidez espectral, se reconoce como oficiante en un final de época que tiene visos de catástrofe.

La palabra de Oscar Portela se eleva como una salvaje plegaria, mezclada de blasfemia, para decirnos el despojo y la destrucción que se inician en su propio cuerpo . Construye un arca para la salvación del mundo, como lo proponía el cristiano Dostoievsky. Intenta nombrar los restos del naufragio, tender el exorcismo de la memoria para impedir que el viento final arrase con lo que queda de humanidad sobre la tierra. Tal el contenido de estos poemas que nos avasallan y acongojan, pero también nos iluminan.

Graciela Maturo
joldan


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