Mathias Brambilla





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LA NARANJA

Cada peca de tu rostro
un pétalo en el tulipán,
tu sexo polvos de polen en la extremidad
del abejorro.

Mi cuerpo se aleja de mi alma
y la mira desde su vejez.

¿Cómo reaccionar ante la corrupción de la noche
sino invocando a las raices de la inocencia?

El olivo que escribió ha perdido el tiempo
en las neblinosas callejuelas de los espectros,
en vez de mostrarse al torrente de voz viril.

Pondré una tela sobre su reflejo para que beba de la fuente
de la tierra de los muertos.

No puedo seguir suplantando a los lirios,
¡yo que miento sobre mi edad!

Ya no tengo nada que hacer con mi generación….
Prefiero las arrugas de la aurora antes que a un rostro terso,
mientras que Dios piensa en la creación de los gorriones.

A caballo me pierdo por las dunas de la poesía,
siguiendo la pista de Rimbaud.

No deseo continuar siendo el amante de una playa
a quien el océano espera desde el rompimiento de sus olas.
Soy amado por el rocío de sal,
nada más que una única gota
-por la mañana de los bohemios-
basta para abrir mis labios
y recolectar con mi boca las espigas de tu vientre.

En las trincheras del alba
los chacales se alimentan de sus propias pezuñas.

Un solo pétalo representa
el pensamiento amarillo.

Los ciegos han roto los bastones de la noche.
Apagaré todas las auroras para descubrir
tus senos en la oscuridad.

Olvidaré las sobras del mundo
contigo bajo la lluvia sangrienta de las nubes.

El relámpago de las cicatrices será mi palabra
mientras que el sauce se inclinará sobre tu rostro marchito
para implorarte que ofrezcas tu seno
a los cervatos del apocalispsis,
en la colina de los huesos.

Ya no soy el árbol en la conciencia del espíritu,
sino la imagen resquebrajada en el cuadro de los locos.

He dajado atrás
al viejo acurrucado en sus sábanas blancas.

La duna de mi sofocación estalla en el crepúsculo
para celebrar el ombligo de tu alma
desde donde parten las palomas.

Van a reunirse con el verano del espectro
y, mientras, yo temo la armazón
que no podré rozar con mi lengua,
y tormentas que me son desconocidas
en el hueco de tu falda.

Mathias Brambilla
mathiasbrambilla@hotmail.com

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