MACKY CORBALAN

La Pasajera de Arena
E-mail: mackycorbalan@yahoo.com.ar


INFERNO

1999
TIERRA FIRME




a LU...
porque El tiempo presente y el tiempo pasado
están tal vez ambos presentes en el tiempo futuro


Uno

El viaje




"Estamos en el mundo y con los ojos de la noche"
Jacobo Fijman


I

La carne se pudre, sin
estridencias, sobre
el ceniza ramaje óseo.
La ida eterna, el andar sin puerto,
nos ha vuelto empecinados: la opaca mirada
fija en una abertura cualquiera,
a toda hora de este todo nuevo, desconocido
concepto de tiempo. (Sin sol, sin oscuridad;
las luces se encienden,
se apagan,
siendo nuestro día, siendo nuestra noche).
El arribo es un sueño que se suma
a esa otra perdida ilusión humana, felicidad.
Definitivamente alejados de destino y vocales
y perros y árboles y aire,
andamos viendo un rostro
diferente tras otro en el propio.
Sin signos posibles de aliento, la desesperación es
el juego al que todos nos desafiamos, cada despertar.

II

No hay sol aquí, sólo luz de artificio para un día eterno.
Olvidadas las dimensiones,
semejamos maquetas inmóviles
que hipan secamente,
la ausencia de sombras que temer.
Todo es blanco, todo es negro,
un damero de inacabables giros.
Hoy creí ver un pájaro. Eran mis manos
intentando abrir, febriles, una ventana sellada.

III

No hay afuera. El afuera es un aire que mata.
Boqueamos, nos contoneamos posesos contra los
vidrios sucios de huellas dactilares,
de apenada mucosidad.

IV

No hay noche.
Una noche (luz apagada) desperté
bañado en lágrimas: en mi sueño, los árboles
azules, erguidos en el centro de un patio,
parecían haber enmudecido
justo a tiempo.

V

Tanto tiempo lejos de casa, nos ha traído olvidos;
pero sí recordamos el signo de nuestra humanidad:
reñimos hasta sangrar con el menor pretexto.

VI

Apenas los ojos
humedecen su pábilo, los objetos
recuperan el orden
de su universo sin gentes.

VII

La teletransportación podría llevarnos donde queramos.
Pero, no hay lugar donde ir. Paradojas de una ciencia impura.
Aparecemos
y nos
desvanecemos
de un
cuarto
al otro
de la
nave,
hasta
hartarnos.

VIII

HUMANOS

Leo en ellos como en páginas escritas.
Atravieso sus órganos opacos, su piel,
el susceptible hilado de los nervios.
Es lo de siempre, lo de cada época:
rencillas, acuerdos y desánimo. Una cosa
no entiendo: esa oscura,
repentina agitación
cuando recuerdan.





Dos

Las notas terrestres


"Todo su cuerpo con espinas
y a mí me siguen las moscas..."
Fito Páez


Voy a decirte lo que vi:
sobre la noche cayó el silencio
y cubrió los rostros dormidos,
mientras los perros aullaban
de clarividencia y frío, sumando
al sueño otro sueño.
Recorrí las calles y una luz blanca
desde el cielo lo alumbraba todo,
todo lo volvía visible: las delgadas siluetas
de los árboles tocándose en las sombras;
pasos apagándose de pronto en las esquinas; y
los duros hombros de las casas, unos contra
otros apoyados, dándose ánimo.
Sólo el miedo daba al sonido de mis pasos, eco.
El vacío del mundo.
Un grillo haciendo sonar sus alas.
Los brotes nuevos, bajo tierra, tocando
la música más maravillosa
que yo hubiera oído.




Lo poco que resta del día
apura a los pájaros que,
en instantes, pasan
de la luz a la tiniebla,
en una espiral de
diálogo frenético.
Justo como vos,
los pájaros.
Justo como vos,
el corazón se acelera tanto
que todos los latidos
son uno.

Amor, quién hubiera dicho
que el infierno
no era el fuego?




Algo clama por la atención del gato
que, desde su somnolencia, se yergue
y husmea el aire; como en el resto
de las cosas esenciales,
no hay nada allí que nosotros
podamos ver.




La tarde entera
bailoteando,
con los insectos ebrios,
en la ardiente
malla
del aire.




Fuera de esta habitación,
los perros inician su inacabable
perorata nocturna, los gatos se hacen
uno con el muro y crece, en el mundo,
una jerga animal que no me es extraña:
sube por tus ojos antes
de tocar mi cuerpo.




ABUELOS

No hubo entre ellos
más que las palabras
de la necesidad;
desconocidos compartiendo
amor e hijos,
viendo madurar los cuerpos
con los manzanos,
bajo el soberano sol de la siesta.




Cuando el ruido cesó,
llegó la lluvia.
La lluvia era el silencio
cubriendo las casas sucias
de una pátina
entre brillante y olorosa.




Un sonido de sirenas recorre
la ciudad, denuncia el crimen
o la enfermedad; las caras
preferidas de una moneda
que no deja de girar,
en el aire liviano de la tarde,
al final del verano.




Levísimo rumor sobre
la hierba en que,
acostadas, veíamos
al día moverse
con el sol
por el cielo.




LA PLAZA DE ROCA

I

La hamaca demora en detenerse
lo que la luz en pasar a la penumbra.
Del niño quedan unas huellas,
marcadas en el terreno de junto;
un silbo metálico.

II

Oscurecido por el follaje,
talla, con esfuerzo,
en la madera humedecida,
un nombre hace ya mucho
borrado de su cuerpo.

III

Encendida y sola
la luz de la esquina,
se torna apenada
alegoría
para el alma.




Miro por la ventana
con bobalicona expresión vegetal.
Nada podría sacarme
de este limbo fronterizo.
Aunque, una sensación de pregunta
que no alcanza a formularse
en la conciencia, me agita, un instante.
Y, ahí va.
Afuera, el viento insiste en
poner sus viejos discos.




Sobre el mapa de la ciudad,
otro dibujo; con calles
que, sin serlo, me llevan,

me llevan.




MUERTE

Sueño en el que
las ovejas saltan
y saltan
y saltan




FRESCO

En la mañana soleada,
los hombres hacen de las
paseantes y sus ligeros
atuendos, minuciosas
figuras de lascivia.




La noche va cubriendo el parque
con su selección de telas más oscuras y,
para completar el escenario, los huecos
ojos de los astros todo lo miran.
Las luces artificiales susurran al
que pasa: que se apure, que la cena,
que los dulces cobertores.
En el rincón más deshabitado, un borracho
con sus genitales expuestos, cambia
para siempre
la vida de una pequeña.





Tres

El mejor ser


"Antes de ti no hay antes"
Canción popular

"Ella junta todas las partes de mi ser,
y las une de la manera correcta
"
"Beloved". Toni Morrison


Los lamentos, las sirenas,
los disparos,
son el sudor de esta
noche ardiente.
Los lamentos.
Las sirenas.
Los disparos.
Dios respira con dificultad
en la cama de mis padres.




Un Don Juan en dificultades
orina detrás de los árboles
del parque oscuro. Maldice
las palabras que lo perdieron,
esa estúpida última frase; escupe
cada calle que lo lleva de vuelta
a su almohada de fundas sucias,
a sus 40 voltios de luz fría.




CUTRAL CÓ

I

Tuvo río sólo por un día. Arrastró
casas, perros y
gente por
kilómetros,
durante un marzo hecho
enteramente
de agua.




II

Un desierto lo rodea.
Por las noches, a un tiempo,
los pequeños animales que
lo pueblan,
abren sus ojos,
y otra luz se hace.


III

La leche por la mañana, las tizas
de colores, las rodillas dolientes, los
árboles sacudidos violentamente
en una tarde marrón de arena
y cardos rusos.
Ben Hur en la tele.
Mi temor al ridículo, sobre
el mantel de una mesa rodeada
de sonrojadas amigas calladas.


IV

Suena fuerte buena música
del terreno vecino. Ellos han sacado
sus sillas al fresco y charlan,
y ríen. Otros días, algo más malos,
se recriminan duramente
las horas opresivas, los hijos
inesperados.


V

Mis padres se amaron
un tiempo razonable. Luego,
se dedicaron a criar a sus hijos,
a trabajar, a pasar los años.
Ahora, teme uno la falta del otro.
Como suelen decir:
lo sobrenatural es
lo más natural.




PADRE

Fuerte, sonriente, con árboles
en segundo plano. Pareciera que
mueve la mano, queriendo decir: ¡ya
vas a ver!. Pero, no puede alcanzarme.
Está detenido en esa foto.
Y morirá muy pronto.




EL FARO

Todas las ventanas de esta noche
están a oscuras;
todas, menos una,
donde el dolor arde,
en colores de infierno,
y espera.




Estoy lejos,
en la orilla, pero aún así
alcanzo a ver:
camina sobre las aguas
encrespadas,
distraídamente. Un paso sucede
a otro, y su espalda se encorva
por el peso del milagro;
se nota.
No quiere no caer;
en la angosta calleja de
una sola dirección que es
su mente, desea
hundirse como cualquier cristiano,
hundirse,
hundirse. Y no tener que
pensar en duraznos,
dulces de frutillas,
mecanos de rosas,
chocolates con almendras -nunca con maníes-.
Algo más se agita en su alma
de tela rasgada: no debería hacer
sucumbir las leyes (las de la
física en este momento; las de la escritura,
más tarde, cuando se siente y escriba
del amor cuando aún sufre y no recuerda).
Qué más dá.
Tarde o temprano deberá
salir del agua,
y quizás sea la tierra la que
se la trague, para no tener que ver
en su habitación,
las velas que arden alrededor
de esos huecos en la almohada vacía.




Ya no hay ruidos en la calle.
Grillos, una brisa insistente a lo más.
Y el alma se mueve por la habitación
siguiendo las figuras que las luces
de los automóviles
dibujan en las paredes desnudas.

Fuera, las hamacas vacías
oscilan, felices en su movimiento.
Los árboles se doblan,
obstinados en su jerga silenciosa.

La gata se deja caer de la ventana alta,
aburrida de pedir entrada a la
casa cálida.

Las manos, los pies desnudos,
parecen de otra persona.

No hay ruidos.
Uno apenas, casi inaudible:
el mundo clisándose
un poco
cada noche,
cada día.




¿Quién se acerca
desde el vibrante labio del horizonte,
protegido por la cegadora luz blanca?

Quisiera creer que todos lo ven,
y lo esperan. (Pero ¿por qué lo pienso
en masculino? ¿Acaso mi mente puede leer
lo que se acerca y cuando esto es poderoso
lo imagina hombre?)
Miro a los costados,
nadie parece compartir mi digresión,
esta ansiedad, el aire de temor.

Se mueve detenido por la lejanía.

Aquí, en este lugar de la espera,
todo sigue igual: casas y tumbas se
chupan a los seres con igual codicia;
la piel se enciende en los sueños,
los sueños se acaban cuando empieza el día,
el día termina apenas abiertos los ojos.

Pero, ¿cuándo? ¿y ese gesto de los perros,
ese dejo de terror? Parecieran tener cajas en
la lengua y un movimiento
continuo en la cabeza
(dentro de la cabeza).

No hay nada: ni cámaras ni música ambientando
el final feliz. No hay final feliz.
No hay aliento, no hay afuera,
no hay siquiera UN intento
por anonadarse
con éxito.

Y quien viene,
sin llegar.




Entre morir
o vivir, elijo
callar.





FINE

MACKY CORBALAN

joldan
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