Textos Descosidos




Luis Delgado Arria (Venezuela,1960)


Licenciado en Letras de la Universidad Central de Venezuela.
Maestría en Literatura Latinoamericana y Estudios Culturales. University of Pittsburgh. 2002.
Doctorando en Literatura Latinoamericana y Estudios Culturales. University of Pittsburgh. 2005.

Libros de poesía: Sombras/ Fulguraciones Premio César Rengifo UCV. (1985), Tarea de resaca. Premio Fernando Paz Castillo (1986), Navíos (1992), Casa de alambres Mención en Premio Ramos Sucre 2001, Por pequeños (1999), No me dejes caer, nena (1999), Atlántida para turistas (2000), Safari de museos (2000), Hollywood de cualquier modo (2003), Vistas panorámicas (2005,) Textos descosidos (2007).

Colaboraciones:
Colaborador de diversas revistas literarias, culturales y de comunicación de Venezuela.
Profesor universitario de estudios culturales, comunicación, artes plásticas y literatura en diversos centros académicos de Venezuela.


Luis Delgado Arria

| el autor |



Selección de poemas del libro

Textos Descosidos

(2000 - 2004)

apresto
(a Nancy Sarquiz)

tonsura de
tiempos y
colillas de cigarro y panes y
pedacitos de maíz por el suelo
arroz y avena y demasiada simiente para estas horas

en la acera, una rastra de sedales se cuece al sereno
en la vesícula una madeja de almendras juzgan que suponen

en las oficinas y tabernas alguno meticulosamente estima y promedia

en las habitaciones del futuro una
mujer difiere mientras varón fluctúa

en unos campos dorados un
pintor arranca el limonado al sol
y el sol, al limbo

en las pantallas de la infancia un perro anaranjado se muerde la cola y chirría
y chirría

en las puertas del averno un hombre de mote Hermes conversa con
imágenes de un ajusticiamiento de inocentes y enmudece sin empollar

al centro de la columna vertebral un hermano muta como queriendo difuminarse

en los bordes del agua yace, vive, resiste una providencia
en los flecos de los flancos un renacuajo
flambea, verdea, riza, afina tú sabes o
podrías sacar perfectamente qué


Llegó febrero
a Rebeca Vigil
a Norma Capriles

llegaron todas los meses y todos los pájaros y todas las acequias salvajes

llegaron
todas las fincas y zamuros y las infancias juntas

vino el tiempo de caracoles y bachacos y
muchos vieron el suelo
pocos, el firmamento
casi nadie, el sol

llegó febrero y llegará marzo y será una nueva oportunidad de asar el tiempo en un pozo seco
o de ponerlo a frescar al aire del arrollo.

la naturaleza no tiene sin embargo las respuestas sin mujeres y hombres

hombres y mujeres no tenemos sin embargo las respuestas
sin ver
nos
todo
desde todos

de pronto asoma una serpiente como una muerte tranquila
platica
con y sin iluminación
con y sin eso que es
y no es lejanía
y no dice asco
y no desconoce las cotidianidades/ nimiedades ingenuas

suena otra
cepa de
arrollo y multitud
silencio y vocerío

y oímos una espada, el flujo tibio de una corriente
y esta corriente nos lleva pero también nos permite
modificar un tanto el rumbo

-aunque no demasiado-

tensión entre lo que se permite y se impone
duelo y alegría de esos que por igual
duelen y alegran

exigen y dejan

imagen de un dios traslúcido salido de
desde el azul petróleo hecho de mar/ tierra/ cangrejos/ resoluciones/ ojos cerrados/ amiantos


más que casa o establo
a Elizabeth Schön, a su jardín

y tiene de carne lo que el cielo
de espadas

de flores
un labrantío de nueces

de campanas
pedazos de pasadizos y
ese volcán, colina de peces, bálsamos y helechos

y un poco de rastro-cobre entre aves
y un algo de vuelo-lluvia entre islas

tiempo entre sueños de infancia y
piel de edades diferentes

me siento horas en la celosía que da al patio a descifrar un recuerdo:

tonada vívida
jardín

ramaje posándose en el sitio del cielo, más que dama

pesebre más que casa o establo


digna rosa, literal
a Digna Rosa

nací en
cartagena, colombia,
barrio boston, calle 17, 35-b, número de
casa 39-26
era una casa de tablas grandes, paredes internas de cemento y
piso de cemento azul

tenía cuatro ventanas,
un patio grande,
matas de plátano, y
allí siempre se cultivaba maíz, yuca, plátano, naranjas, ajíes, mangos

recuerdo mucho los animales,
teníamos gallos y gallinas de cría en un patio grande

y teníamos a mi escuela emiliana alcalar romero
y mi aula azul con blanco

y a la maestra enedina díaz zenit lozano
la maestra más linda que había… cuando estaba, porque hace
catorce se fue a estados unidos a enseñar a otros niños de por allá

nuestro uniforme era azul turquí, incluyendo la falda
y el suéter era blanco, blanquísimo y la camisa también

allí todos jugábamos cuerda, micro-fútbol, voleibol y la peregrina
cometas y barriletes
y yo-yós

en el barrio los desaguaderos de aguas negras tienen canales superficiales
es bastante pantanoso

también siempre hay discordia
pero todo el mundo trabaja
todo el mundo trabaja de sol a sol

viví allí hasta los dieciséis años

luego me fui a baranquilla dos años a trabajar como aya, acompañada de una señora amiga de la familia

luego me fui a bucaramanga dos años, a otra casa de familia,
fui recomendada por la misma señora

luego, en santa marta estuve nueve meses con mi tía, aprendiendo
las cosas del campo:
sembrar café, cacao, guineo largo, piña, aguacate, malanga
aprendí a ordeñar, a hacer queso, a
montar caballo y a hacer bollos de yuca y de maíz

en san antero estuve un año estuve de niñera de un par de morochas:
laila daniela y lila marcela

después me fui a mandindga dos años, el pueblo de mi papá

luego pasé un año en cartagena trabajando como doméstica y
cuidando a las mismas morochas,
porque el papá de las niñas era teniente y lo trasladaron para allá

luego demoré otros dos años en el pueblo mandinga, allí
tuve a mis morochos: yoider josé y yoicer jesús

luego me vine a caracas… desde marzo a esta parte
me vine porque se me ocurrió y
porque me dijeron que esto tenía buenas fuentes de trabajo

me decían que acá las cosas eran diferentes
que uno podía cambiar…que tendría mejores logros

y sobre todo que había bastantes fuentes de trabajo

me pintaban algo bonito, galán de caracas,
que era chévere para vivir

me decían que aquí había poca violencia
pero eso no es verdad, porque yo veo que es más tranquilo en mi pueblo
aquí el hampa es como dormir, si espabilas, pierdes

me contaban que la colombiana que venia para acá era para sinvergüenzarse
pero no es así
no es así

que los venezolanos nos iban a tratar mal
y que cruzar para allá iba a ser muy difícil

que iba a pasar mucho trabajo
y que cuando uno llegaba a caracas, iba a correr más que colombiano en frontera

me dijeron que caracas era unos abismos, que
tenía partes muy altas
y ahora veo que es verdad, no imaginaba que caracas fueran tantos abismos juntos

contaban que caracas tenía muchas harinas y mayonesas sabrosas
y que el que venia aquí, aquí se quedaba

que a los hombres venezolanos no les gusta mucho trabajar
que eran simpáticos, atractivos, ocurrentes… pero que amor con hambre no dura

y que tomando y teniendo dos mudas de ropa, muchos venezolanos eran felices

decían
que las venezolanas eran tremendas, igualito que las colombianas
y que a las venezolanas les encantaba la calle, bailar y maquillarse

las navidades allá en mi pueblo son muy diferentes a las de aquí

allá uno se visita,
las reuniones son en familia,
y las decoraciones son mucho más coloridas,

tenemos el día de las velitas, que aquí no existe
y todo el mundo adorna su casa y pone velas de muchos colores

el presidente de la república siempre les manda regalos a todos los niños y
es de verlos cómo y cuánto los esperan y cómo los reciben

ustedes aquí no tienen semana santa como allá
ustedes aquí icotea no hacen,
arroz con fríjoles, y dulces de papaya -que aquí es lechoza-, de tomate, de ciruela, de pepino, de coco, de ajonjolí, de papa, de mamey, de papa que eso sí es rico…

veo que lo que
no logré allá en nueve años, lo logre aquí en un año y siete meses…

pero extraño la comida,
me hace falta mi suero, los patacones -que son muy diferentes de los tostones-
mi chocolate no light, mi café de leche
mi ñame, mi yuca,
mi malanga, mi batata… todo eso me hace falta

también los guineos, el pan hawaiano, los mantecados y las tortas de milky way
y las gaseosas cuatro, la cola román, el spray, la colombiana, -que aquí son refrescos-

me hacen falta mis padres, mis hijos, mis abuelos… que todavía existen
mis vecinos que todavía están, en partes,
y le doy gracias a dios por eso… porque todavía existen ellos

extraño las fiestas de mis universo, el 11 de noviembre,
uno participaba con grupos folclóricos, danzas, cumbias, poesía

del futuro yo pienso que las cosas se dan
nadie puede decir el destino
porque hoy uno puede decir una cosa y mañana cambia radicalmente de vida

al futuro le pido que dios me de larga vida, salud, que
me ayude con mis hijos

yo creo que ellos van a llegar mas lejos que yo
debo pensar más en el futuro de ellos que en el mío

y aspiro terminar mi casa allá, que ya la comencé…
y comprar unas vaquitas
para tener
un mañana
de qué valerme y
ayudar
proteger
velar por
mis hijos, aunque sea así, un poco llevando la relación básicamente a la distancia
por teléfono


catres en exteriores

camas que son unas aguas que son unas tumbas
crucifijos decoran las mantas cuidadosamente tendidas

la sobriedad de un cuarto como de hospicio tasa los objetos y la luz, mientras religiosamente salmodia:

camas idénticas en idénticos cuartos
camas idénticas en idénticos cuartos
negros y sepias gravitando sobre ocres y malvas
negros y sepias gravitando sobre ocres y malvas

aguedales antiguos como empozando
vidas
y naturalezas muertas


macarroni
a Yudith Devoe

la comida esta volando sobre las moscas

¿de lo anterior qué puede concluirse?

apenas que las moscas y la comida no vuelan dango el asco o que esperan los comensales

apenas que el
zumbido usual de un poco de comida sobre un plato de moscas
a la hora es más lógico


reclinatorios en el cielo

maderos
noches

los lechos estancados de ese otro
caño que viéramos embaular

ir siguiendo este hilo de aguas putrefactas
durmiendo o anegando
la placidez, el
confuso verde-suero de cielos que nos vigilan

Luis Delgado Arria
delgadoluiss@gmail.com joldan


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