Piecitos de hambre
piecitos de niño
Piecitos humanos
pequeños y ufanos
pidiendo mojados
tocando mi mano.
Descalzos de amor
y llenos de espanto,
De miedo
De asfalto.
De sangre
Y de llanto...
L. E. Muñiz
PoeSite (principal)
¿qué has hecho?

Padre, si tu mano
fuese gentil
en estas horas...

Ayúdales.
Míralos. Miles,

recorren el camino
de sus muertos.

Cómo no llorar
sus lágrimas.

Cómo no ser ellos.

Cómo no buscar sus hijos.

Los tuyos, los míos.
Los nuestros.

Y cómo no decirte,
Dios mío, Padre.

¿Qué has hecho?

A modo de presentación



Eres la costumbre del crepúsculo
que cae sobre las tardes de otoño.

La sombra del silencio manso
que recorre las mañanas del parque.

Ahora eres todo el espacio. Interno
a las cosas que rodean mi mundo.

Pequeño.

Quien era yo,
quien era.

Antes de buscarte en cada momento.

Antes de ti,
antes de tu sombra.

El eco triste
de un amor abandonado.

En la mitad de la noche
mi alma pregunta si te amo.



He de enamorate
aún en la distancia

La soledad se acongoja
al sólo murmuro de tu nombre.

No me posee ya, no pertenezco
más que al deseo

quimérico, radiante.
Encendido.

¡Qué poderoso es el recuerdo
de lo que no ha sido!

"La Quimera"
(febrero, 2005)

  1. Tu cuerpo es una vasija de éxtasis
  2. Grávida tu mirada ...
  3. Mi amor tan sólo roza tus raices ...
  4. Cuando todo en mi ...
  5. Hoy estoy tan triste ...
  6. Morir en primavera ...
  7. Sólo tú y yo
  8. Oh Dios,
  9. No hay nada mas poderoso
  10. Este sentimiento que llega
  11. Por esta locura del deseo
  12. Tú sabes
  13. A la tarde, a la noche ...
  14. Llueve y las gotas cantan ...
  15. Hoy has muerto ...
  16. Mi amor no sabe del alma mía ...
  17. A lo lejos mi angustia ...
  18. Sentir la soledad ...
  19. En la noche ...
  20. Y eras pequeño ...
  21. Era verano ...
  22. Nuestro tiempo ...
  23. Ahora que ya sé ...
  24. De mi no se dirá ...
  25. Infierno
  26. Qué será de mi?.
  27. Te dejo
  28. Mi corazón no tiene memoria
  29. Otra vez
  30. Tu corazón y el mío ...
  31. Refugio, mi alma ...
  32. Para vivir
  33. A las dos ciudades de la guerra
  34. Nunca nada ...
  35. Un sonido en la incesante pradera.
  36. A ti ...
  37. El sueño
  38. Piecitos
  39. A mi lado
  40. Luna Nueva
  41. Me tienes
  42. Ahora
  43. Por qué?
  44. Mendicante
  45. Despierta
  46. Cuado te miré
  47. La derrota
  48. Penitencia
  49. Tamara
  50. No me distraigas
  51. Antes
  52. Antaño
  53. Amor...
  54. El Silencio
  55. El Pecado
  56. El Miedo
  57. Mi niña
  58. Fantasma de amor
  59. Mis vidas
  60. Déjame que muera en tu noche
  61. Ribadavia
  62. Tenue respiro
  63. A mi hermana
  64. Av La Plata
  65. Marea
  66. A Gustavo M. Sosa
  67. El diálogo perfecto
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El Ricón de Poesía de Lucía Muñiz

Lucía E. Muñiz: belleza y sentimiento, de la mano con una técnica intuida que se perfecciona palabra a palabra.

En una pequeña hoja de papel blanco, un recorte cuadrado de esos que usamos para escribir notas y recordatorios en la oficina, copié uno de los poemas, el más corto, diría, de los escritos por Lucía. Se lo di a leer a la primera persona conocida con quien tuve la oportunidad de conversar mientras tomábamos un café. Vi que lo leyó con interés y, al terminar, pude notar algo parecido a una lágrima reprimida en su intento por conocer el mundo exterior. ¡Ah!, la voz universal de los poetas que cuando creen que cantan sus alegrías y tristezas no hacen sino repetir los gritos silenciosos del mundo entero.

En otro papel de igual tamaño, había copiado un poema de un excelentísimo poeta tomado al azar de un libro de mi biblioteca. Se lo di a leer y al terminar me dijo "no lo entiendo" y agregó "mira, yo no soy buen juez en esto... no leo poesía porque no la entiendo". "Pero, este poema te emocionó -repliqué, señalando al primero- pude notarlo" y terminó diciendo: "Sí, pero eso no es poesía, es un fragmento de vida que puede ser la tuya, la mía o la de cualquiera". Hay, sin duda, una cierta diferencia entre la palabra estática, la que tiene igual significado para todo el que la lee y la palabra viva que se adueña del alma del lector reescribiéndose en cada uno cada vez.

"Con buenos sentimientos se hace mala literatura" (¿Heidegger? ¿Gide? ¿Gide parafraseando a quién-sabe-quién? ¿Heidegger parafraseando a Gide?). No es mi intención "desmenuzar" la frase ni tampoco citar a nadie -sería reconocer que "nadie" tiene más razón o sabía algo que nosotros no sabemos-; sólo me referiré a ella para decir que sin sentimientos -buenos o malos- se hace demagogia, discurso, retórica, campaña publicitaria y si a ello añadimos técnica (siempre asumiendo la ausencia de sentimientos "buenos" o "malos"), lo que obtenemos es alimento para el oficio del crítico que es crítico porque de eso vive, pero ¿eso es poesía? ¿qué es literatura? ¿quién decide cuándo la literatura es "buena" o "mala"? ¿Bajo qué parámetros objetivos?. Discútalo quien quiera discutirlo. No entro en la discusión: sin sentimientos -buenos o malos- no hay poesía.

El poema no lo hace quien lo escribe ni quien lo juzga, ya sea objetiva o subjetivamente, sino quien lo lee y, más que "quien lo lee", quien lo intrepreta y después de interpretarlo lo aprehende para sí mismo y lo conserva como parte de su memoria (lo cual nada tiene que ver con recordar cada uno de sus versos sino con conservar su esencia, el mensaje, la vida de cada imagen recibida cómo si más que un poema leído fuera parte de la historia personal). A veces sucede, incluso, que el lector convierte en una joya aquello que para el escritor no era más que un pedazo de carbón que se le cayó del saco en algún rincón del camino y ya no importa lo que quiso decir el poeta sino lo que el poema dijo al lector.

Para presentar a Lucía -o más bien para que nos hable de Lucía-, me basta, pues, el más corto (que no el más pequeño) de todos sus poemas (aquel que todavía llevo escrito en uno pequeño papel cuadrado, doblado entre el teclado y la pantalla de mi vieja "Casio Digital Diary SF-4300R):

Cuando todo en mi
se quiebra al verte
Cuando mi cuerpo es esclavo
de tu memoria inerte
Cuando el suplicio de amarte
es igual a vida,

poesía, mi amor
es igual a muerte.

Ocho versos cortos: la cantidad estrictamente necesaria, sin más longitud que la estrictamente necesaria ni más adornos que los estrictamente necesarios, -en un lenguaje cuya comprensión no necesita alardes de erudición ni visitas al diccionario-, para formar un todo en que la Lucía-mujer se sintetiza como mujer y la Lucía-poetisa nos entrega su intimidad para que la guardemos junto a nuestra propia intimidad. Esa será, en todo su hacer poético, una constante: síntesis, claridad y libertad para entregarse en el decir, sin ningún tipo de reservas.

Este es el prólogo más anticipado que se haya hecho a un libro (el que necesariamente habrá de imprimirse más tarde o más temprano, aunque, una vez impreso, no contenga este texto por ningún lado) y la más tardía de todas las presentaciones (cuando ya sus poemas, aún inéditos, han hablado tanto que cualquier presentación que yo pueda hacer es absolutamente innecesaria); en cualquier caso, aquí queda, para ti, Lucía, mi saludo y mi reconocimiento.

José Luis Dasilva.

Caracas, noviembre,2005

Lucía E. Muñiz


 

.  
Tu cuerpo es una vasija de éxtasis
en mis manos de orfebre

yo te recorro vacilante
con el temor a los caminos inciertos

saboreando tus gemidos,
en el silencio, dispersos

mientras tu piel se abre en delicias prohibidas
le doy forma final a tu figura

y en medio de la noche húmeda

te enciendes
te quiebras
y estallas

empapado de ternura



Grávida tu mirada
de ternura,
esconde mi respuesta
tan buscada

Grávida mi alma
de locura, te pregunta;
¿Tú me amas?

Donde tu nombre
encendió llama
y tu cuerpo,
poesía

tu silencio,
fue agonía



Mi amor tan sólo roza tus raíces.

Dentro del bosque de los grandes árboles,
yo elegí amar aquel que estaba prohibido

y bajo tu sombra grandiosa
florezco indefinidamente

Hacia lo alto te observo,
hermoso, infinito y creciente

Y no te envuelvo con mis besos,
para no detenerte...



Cuando todo en mi
se quiebra al verte

Cuando mi cuerpo es esclavo
de tu memoria inerte

Cuando el suplicio de amarte
es igual a vida

poesía, mi amor
es igual a muerte



Hoy estoy tan triste como un suspiro de la noche
si las estrellas murmuraran dirían que me vieron irme lejos
el viento se lleva mis lamentos, quizás por eso nadie escucha
que hoy soy un suspiro como esos del final de la vida
o como la tristeza con la que vibró mi cuerpo al sentir tu deseo
sabiendo que jamás podría cubrirte de besos

Quizás estoy así porque te fuiste sin habernos mirado
por no quedar envueltos para siempre en el reflejo.

Ahora sé por qué estoy tan triste.
Estarás escuchando lo que que el viento dice?
Lo que callé alguna vez. Gracias por irte.
Porque quizás te amo.



Morir en primavera
o morir en invierno
sobre tus ojos negros
yo construí un infierno

Morir dentro del frío,
de tu ausencia, del sollozo
morir amando tus brazos
sabiendo que no habrá otros

Cruel y agónica cobardía!

Querer vivir todo en un día
para no morirme de a poco.



Sólo tú y yo
mientras la noche observa,
solo tus manos blancas
pequeñas e inquietas

Respira, mi vida,
mi sueño, mi anhelo,
yo beso tus pies
como dos caramelos

Si respiras, mi niña
yo respiro contigo.
Ahora somos dos
en este largo camino

Si respiras, mi niña
se estremece mi cuerpo.
Ahora esta lleno
con la miel de tus besos

Si respiras, mi niña
se cura mi herida
mientras susurro tu nombre
mi dulce Agustina



Oh Dios, si donde ella fuera...
.........tras esa línea, esa frontera
.........de la mano yo la llevara
.........para que el cruzar no le doliera

Oh Dios, si tu hicieras...
.........que donde vaya no exista pena
.........no más angustias no más tristezas
.........para que volver ya no quisiera

.........porque tras esa linea, esa frontera,
.........queda un corazón triste que la extraña
.........corazón que es tan suyo que aún la llama
.........y que sólo puede decirle adiós en un poema.

Cúbrele el cielo de gardenias.



No hay nada mas poderoso
que tu cuerpo desnudo
bajo su tremenda sombra
mi alma reposa.

Divides la luz
en cada suspiro
moldeas el aire
en cada gemido
exudas volcanes
y estando dormido

aun pareces dueño de todas las cosas.



Este sentimiento que llega
cierra la mente y posesiona
a mi duro cuerpo castigado
por un fuego incontrolable que desborda

Borbotan las palabras en la tinta
y llora el papel en la blancura
tiernos amantes condenados
por mi mano que tiembla en la penumbra

Nace, vive y perece
se deshace en el vacío
de mi alma que no ha aprendido
a vivir con lo vivido



Por esta locura del deseo
desvarío inútil que poseo
voy recorriendo espacios muertos
en busca del aroma de tu cuerpo

por esta locura de quererte
trepo la montaña nuevamente
de tu firme rechazo y humillada
vuelvo a suplicarte, derrotada

más locura!
más deseo!
más encendidos desvaríos!

mi corazón recobra bríos
en la fría huella de tu sendero



Tú sabes.

que estos espacios entre segundos
se llenan con tu nombre

que el desvaído de estas tardes
no hacen otra cosa que invocarte

y aunque las brisas de domingo
me distraen con suspiros,

trato aun de recordarte,
mientras de a poco te olvido,

para no pedirte que me dejes,
ahora que ya me he ido.



A la tarde, a la noche
entre el tiempo que transcurre
entre la prisa, entre la gente

entre el silencio y el sonido
de tu cuerpo y el mio

entre tu distancia y mi recelo

amor,
amor,

te espero...



Llueve y las gotas cantan,
cantan, en mi ventana

como un coro de infinitos besos
susurran, y se abrazan

como espúreos amores caen
y mueren, en la nada

o como el deseo y tu infinita ausencia
sobre mi cama, derramada.



Hoy has muerto.
Finalmente.

Agónico amor, muerto en porfía,
sobre esta tumba fría,
de tu ausencia
y del deseo.

Sobre el vacío de tu alma,
desaparecen mis últimos besos.

¡Inútil y estúpida agonía!

Si alguna vez hubo un día
en que te amé, enloquecida
...............hoy... ya no lo recuerdo.



Mi amor no sabe del alma mía
nada sabe, él, sobre mi vida
Nada sabe de las flores,
de soles encendidos, de viejos temores

Mi amor no sabe nada de amores

Sólo sabe que los días vienen con las noches
y que las noches son suaves si se comparten

El no conoce la vida en lo profundo de la vida.

No sabe de sentimientos hechos desalientos
ni del dolor profundo e inquieto.
Jamás deseó la muerte por despreciar la vida

¡Mi amor no entiende las poesías!
..............y jamás pregunta...


A lo lejos

A lo lejos mi angustia recorre tu figura.

A lo lejos,
como si este suspiro
aun pudiera acariciarte

Ahora que mis manos ya no te imaginan
solo se contentan con la tristeza.

Y dejan morir estos versos,
para que no puedan evocarte



Sentir la soledad
después de tanto tiempo.

Sentirla y odiarla
por estar tan dentro.

Sentir el vacío
de este amor perdido,
la confusión,
la ira y la pasión
muriendo lentamente
dentro del corazón.

Sólo querer hablarle
para volver a empezar

Sólo querer amarle
para sentir amar.

Sentir el cielo,
la tierra y el viento
para no sentir la soledad.

Y saber que él ya está muy lejos
y que no volverá a llamar.


En la noche

En la noche

Te buscan mis ojos con locura
entre sílabas y palabras ya olvidadas
entre la ausencia y el deseo que persisten.

Tan tristes.

Ahora que todo y nada nos separa
te imagino en la luna jugando con mis versos.



Y eras pequeño

pequeñas las manos
los pies y los dedos

pequeño tu cuerpo
diminutos tus besos

pequeño el eco
de mi voz
en tu alma;

de hielo.



Era verano.

De aquella primera vez
guardo la imagen virgen
de tu cuerpo

Tarde de sábado.

Y estaba yo ardida de esperarte.

De blanco, húmeda de tus manos.

Aun recuerdo cuando descubrí tu boca,
de miel y estaño.



Nuestro tiempo,
pasado y perdido

es ahora presente,
futuro y vacío

Infinitamente vasto,
e infinitamente mío



Ahora que ya sé

Ahora que ya sé,
que todo lo que tú eras,
fue tan sólo mi amor
esbozándote en la bruma

Cómo le digo a mi corazón
que deje de esperarte?
Cómo le digo a mis ojos
que dejen de buscarte?

Cómo le digo a mis manos
que mi piel y que tu cuerpo
fueron pálidos reflejos,

de un oasis; mi deseo,
nacido en el desierto
de tu alma y de mis besos?


De mi no se dirá

De mí no se dirá
que no presenté batalla.

Que ante paredes de acero.
no alcé ballestas

Que no fui al mar
de noche y a tientas.

Que en los restos no hallaron
mi alma enhiesta.

Que no encendí el fuego
que ahora se apaga...

Porque en la vida yo quise,
ser al muro, el viento

el sol, al agua
sombra y barricada.

De la lápida de mi tumba
ellos borrarán mi nombre.

De mí no se dirá
que no presenté batalla.

Mientras tú, entre las piedras
tus palabras guardabas.


Infierno

Sobre la tierra, tus pasos
en la brisa, tu sonrisa
bajo el sol donde tú brillas
mi piel es una cáscara amarilla

y mi agonía, son recuerdos
amargos herrumbres de tu nombre.

y el futuro que merezco
por este anhelo, es el infierno
por no perdonar lo que debiera
por ser ahora lo que tú eras

Porque vivo del deseo
del cruel futuro inevitable,
cuando la tierra vengadora,
se apiade de mi alma y te reclame.



Qué será de mi?

Te amo como se aman
las cosas que ya no existen.

Empapada en las nostalgias
y en las viejas alegrías

Te amo con los recuerdos
en sueños de agonías

Arropada con mi pena,
tibia de melancolía.

Que será de mi cuando
me olvide de la tristeza.

Que será de mi cuando
esta costumbre tan mía

Aferrarme a tu esperanza
que me retiene en la vida.

Desaparezca.


Te dejo.

Del castigo ardiente de mi amor
te he liberado

Del cielo huracanado del deseo,
de la bruma cálida de mis besos...

Libero de mis manos
y de mis versos.

De mi amor; cruel flagelo
del que eras reo.



Mi corazón no tiene memoria

Hay algo mas fuerte que yo
que me impide volver

No me preguntes que es
ni porqué.

Tampoco me pidas que olvide
Cómo podría?

Mi corazón no tiene memoria...



Otra vez

Otra vez, amor,
será otra vez

Ahora sé que tu amor no pudo bastarme
como sé que mi voz no puede alcanzarte
donde quiera que estés.

En otra vida, en otro mundo
amor, el amor será otra vez.

Yo te estaré esperando
espérame tú también.



Tu corazón y el mío
por el mismo camino

Hacia donde van?

Inmóviles de frío,
cargados de hastío.

Morirán.

Nuestras dos soledades
envueltas por siempre,

No saben ser más.


Oasis

Refugio, mi alma
te busca antes del despunte
del alba.

Voy hacia ti en la noche
cuando el desierto irascible
se apaga.

Oasis, instante único
cuando tus ojos y el silencio,
me aman.

y me olvidan, y te olvido
para no recordar nunca
como volver mañana.



Para Vivir

Me aferro a lo pequeño
lo diminuto, lo significante
de las partículas del tiempo
que, como el aire

Son sin verse.

Del beso tomo el roce
de la caricia, el viento
me aferro a lo que sólo tengo

que decae.

Y sigo, y persisto
continuo en el frío
de la inmensidad
y el vacío;

mi amante.




A las dos ciudades de la Guerra

Duerme la niebla de azufre
a la ciudad ensangrentada
duerme en húmedo silencio
y lentamente se calma

Duerme la niebla profunda
en la tibia noche azulada
cae entre los antiguos altos espacios
y se desgaja

Caen las ciudades deshechas
entre historias pasadas

Como duerme la memoria humana
impasible y apagada

Y se muere la verdad eterna
entre las conciencias apagadas




Nunca nada
volverá a ser igual

Aunque lo pida,
aunque lo ruegue

Estoy inmune a
la realidad perenne

Estoy lejos
más lejos que mi mente

No me preguntes
qué es lo que tengo

No me preguntes
si me voy o me quedo

El camino está hecho
Y hoy tengo nostalgia del cielo.




Un sonido en la incesante pradera
un aroma a frescura,
.........que brota de la tierra
empaña la tristeza que surge de las tierras
en forma de bruma

Y el olvido, y el recuerdo
y el paisaje que se mezclan,
en confusa y dulce mixtura
con un hondo sentimiento de ternura

por el amor que se me escapa
más allá de las llanuras.



A ti,
el de la palabra suave como el viento,

dime,
por qué me haces esto?

tú que no sabes nada del dolor
y las soledades largas

y dices ser todo de alegrías..
dime por qué me siento vacía

aun si tú me acompañas...




Piecitos

Piecitos de hambre
piecitos de niño

Piecitos humanos
pequeños y ufanos

pidiendo mojados
tocando mi mano.

Descalzos de amor
y llenos de espanto,

De miedo
De asfalto.

De sangre
Y de llanto.


A mi lado

Mi esencia es un eco plácido
de tu sonrisa

Me despliego como un gran arcoiris
bajo los colores de tus manos

Como un eterno sol olvidado
que al fin brilla

Por qué mi cuerpo irradia
y voy inventando la brisa?

No lo sé.

Habrán sido quizás
tus ojos soberbios y claros.

O ese beso,
descuidado.

Y tu voz,
tan hermosa!

A mi lado.


Luna Nueva

Mi corazón te espera.

Cuento espacios
acaricio segundos

la piel tiembla
el alma contempla

la materia se detiene
el ritmo se apaga

el sonido es silencio
mientras todo te llama

Sin que nadie escuche.

Primavera y verano
otoño y espera

los meses son cuentas
de un rosario de ausencia.

Los centímetros de la tierra
de tus pasos me cuentan.

El cielo te vigila.

El viento me susurra,
habla de lo que murmuras.

La noche oscura
sabe del amor que me despierta

y le dice a la luna
que apiadándose de mi espera

cómplice, te busca
invisible sin que la veas

y sólo por encontrarte!
Se vuelve luna nueva.



Me tienes.
Me tienes.
No te hacen falta más palabras
Me tienes con la mirada.

En el valle, en la montaña.
Voy donde tu vayas.

Sólo existen tus pasos.

Tu sombra es mi trampa.

Me tienes.
Te adueñas.
Me silencias.

Acaso no te das cuenta?

Quiero ser el eco de tu existencia.

Ahora

Si he de olvidarte
será mejor que te olvide
ahora.

No hay tiempos adecuados
para esto de dejar de
quererte.

No hay excusas.

No hay retrasos.

No hay espacios ni
reemplazos.

Como nunca y como siempre.
Hoy tu muerte será corta.

Mañana sería batalla,
y otra eterna derrota.



Por qué?

Te creí valiente
y te creí osado

Creí que cruzabas
los mares a nado

De ti se decía,
con miedo y susurrando

Cuidado!

Es aquel que destruye
muros con sus manos

es dueño del miedo
y amo del pánico

y que todo sentimiento
lo habías llevado

como tu arma
a la batalla.

y que por haber perdido
y por haber ganado,

señoreabas la muerte
con tu espíritu bravo.

Ni cuando te amé te detuvo,
el querer ser amado.

Porque ahora me dicen
los que te han mirado

que yaces ante la vida
triste y derrotado?


Mendicante

Tu ahora me pides
cuando ya lo di todo

Desparrame flores
por los campos de lodo

Cruce mares y desiertos
con una carga de dones

y regalé oro.

Ahora que me pides
que puedo darte?

Tengo el alma descalza.

Cansada.

Y mendicante.


Despierta

En el concierto de la noche
solo suena un reloj antiguo
y persistente.

Su sonido, preludio del presente,
compone notas sincrónicas
del silencio que me aguarda.

Ahora despunta el alba.

Cierro los ojos y aun veo,
aquellos deseos que no fueron.
Promesas, palabras y recuerdos.

Partitura de un amargo derrotero.

Adagio de compases frustrados
incluidos en el armónico de mi vida.
Como los amantes. Habrán querido.

Vivir sólo una andante alegría.

Amanece y una cómplice estrella
tararea esta melodía siniestra
Dios mío, empieza un nuevo día
y yo, como siempre.

Despierta.


Cuando te miré

Cuando te miré

fue como
si no te hubiera mirado.

Y recordé.

Tus sonidos.
Tus espacios.

El sentido
mágico

de mi mundo
a tu lado.

El ritmo
frenético

de mi corazón
enamorado.

Pero fue tan sólo
un segundo;

un universo último

de nostalgia
y de llanto.

Un duelo silente.

Al fin.

Terminado.


La derrota

Heme aquí bajo
la mas cruel de
las derrotas.

Otrora hubiera
sido feliz.
Ahora.

Que no soy más
esclava de la verdad
o la mentira,

Y enarbolo la
realidad como
mi honra

Nadie podrá
otra vez
decirme

Que lo que quise
no debió
ser querido

Que lo que amé
no debió
ser amado

O que peleé
por lo que debió
ser perdido.

No hay testigos
del despertar
que me acongoja.

Otrora hubiera
sido feliz.
Ahora.

De rodillas
sucumbo
herida

ante el
dolor moral
de la victoria.


Penitencia

En este encierro
no encuentro consuelo

En estas paredes
guardianes del alma

las vigas se acercan
semejando dagas

No existe una puerta
No existen ventanas

El resto de la casa
es fría y helada

en la noche al menos
la paz que anhelo

condensa el silencio
en rocío de sueños

Y en palabras.



Sueños de jardines
de tardes soleadas.

De risas, de besos
y lenguajes secretos

De ojos soberbios
de abrazos eternos

Una brizna de pasto
escondida en el pelo.

Un bebé en los brazos,
regalo del cielo

Un barrilete enredado
en un árbol cercano.

Un hombre amado.



Así será mi vida,
una casa vacía?

Deseos perdidos
en noches de frío?

El sol me huye.

Deberá tener miedo
de mi alma cansada.

De mi esencia alocada
de palabras frustradas.

Si Dios me observara
me vería callada,

en dura penitencia
olvidando y olvidada.



Tamara

Con la elegancia
de la armonía

Tamara, caminas.

Tu cuerpo es música
y salvaje melodía.

Solo un Dios podría
haber diseñado

misterio y ternura
en tan pequeña criatura.

Y esconder el secreto
de todo un universo

en tu mirada gatuna

Tamara, de noche
te pierdes bajo la luna.

Qué habrán visto
tus ojos amarillos

en mis manos humanas

que traicionas tu esencia
durmiendo en mi almohada?



No me distraigas

Ahora voy en busca de mi.

Desciendo profundo.

Bajo lo escindido de la mente,
derrotada y resiliente

vuelvo a lo que fue
y no debió haber sido;

desde el dolor de ser
hasta la traición de la muerte.

Vuelvo a mi.

A luchar con lo inerte

Buscando lo perdido
y erigiendo lo caído

Vuelvo a nombrarme.

Desgarrando la simple
sutileza de la carne,

reconstruyo la realidad

Por favor.

No me distraigas.




Antes

He de reflejarme en ti
amor, como la luz del
día en el nimbo plácido
de las tardes.

He de ser parte, y todo
de tu voz, de tu cuerpo
erguido frente al viento.

Ahora mi boca no se sabe
mas que tuya y mi piel no
tiene mas recuerdo que
aquella vez primera.

Porque antes de ti, amor
sabiéndolo y sin saberlo.
Yo no era.




Antaño

El aroma de la
flor que alguna
vez fue mía

perece.

Antaño,

el amor infatigable
persistía agazapado
ante mi puerta.

Esperando,

el roce

las manos
la piel, los ojos

o la boca.

Buscando arderme
y atraparme

para darme forma,
una y otra vez

en este juego nocturno
e incansable.

Otrora fue.

Antes,

que el tiempo envejeciera
en mi regazo

y mi corazón se hiciera rancio,

en algún estante.




Amor.

Yo sé por qué te niegas.

El vacío de estas manos
es reflejo del pecado

de ayer. Mis ojos,
no saben donde buscarte;

son cuencos que ahora drenan
la tuya, única esperanza.

Y muerta la metáfora
que entibió la tinta de mis dedos

en la rutina del calmo olvido
espero la última de mis tardes.





El silencio

Mi piel es el silencio.
No cualquiera, no aquel
que espacia las sonrisas
y los momentos.

O aquel que hermosea
los jardines.

Mi piel ya no es eterna.
Distante. Serena.
Espera.

No fue amada, mi piel.
No siente.
Y no sabe amar.

Y silente, es ajena.
A cualquier pertenencia.

No fue albergada en ningún regazo.

Es traslúcida al amor.
Al abrazo.
Y no merece ser amada.

La felicidad de los otros,
se vuelven dagas que atraviesan la herida.

Donde desangró mi ternura.

No hay significado para el consuelo.

Por el futuro,
negado.

Por quien debió haberme amado.





EL PECADO

El viento recorre el alma,
la noche devuelve el silencio.

El segundo decae. Cierro los ojos.
Es que corren los relojes del tiempo.

Recostada en mi parque dormido.
Sólo la tierra me habla.

Protestan los musgos,
Sisea el retoño.

Bosteza un árbol dormido
crujiendo un reproche.

Ubicua en el rocío.
Sólo la atmósfera me contempla.

Y no me juzga.

Todos aquí escuchan.

Olvidan.

Perdonan.

He pecado. No he sido.

He apostado mi vida a la soberbia.
Y he perdido.





El miedo

Ayer estabas,
dulce como la noche,

verde del parque.

Ayer estabas
y te tuve un segundo.

¡Amor, amor, que tu sino
me proteja y me ampare

de su boca,
de sus labios

cuando al fin
dejen de ser lejanos!

Ha de morir una parte
mía, esa que dice

que no existes.

Quedaré desnuda
ante sus manos.

¡qué desazón!
¡qué agonía!

¡esa de quererle
y no quererle!

¡de temerle más
que a la misma muerte,

porque más que la muerte
me atrae!

Despiertame.

Llévame al parque.

Déjame brotar entre tus raíces
para que se me contagie la vida.

Háblame hasta que sepa.
Cómo escucharte.

Búscame incansable.
Mas allá de mi alma

Quiero encontrarte.



Mi niña

Tus ojos transparentes
me reflejan,

el no ser de tu cuerpo
es ahora mío.

La blancura de tu rostro
me vuelve un fantasma

que quiere velar
por siempre tu cuna.

Entre dos segundos
te rozó la vida

ahora te elevas
mas allá de mis manos

y te vuelves tenue
como la brisa del parque

donde te dejé dormida
la última tarde.

Ya no puedo abrazarte,
amor, ya no puedo.

El dolor de tu nombre
es un horizonte infinito

hacia donde debe partir
el resto de mi vida.



Fantasma de amor

Fué tu amor,
un instante.

Imaginario e imaginado.

Sombra de estrella.
Suspiro del suelo.

El más silente del parque.

Te amé porque necesitaba amarte.

Y ahora irme
es mas que olvidarte.

Es deshacerme y recrearme.

Porque mi alma sólo ama
vacíos e ilusiones.

Sombras de estrellas.
Espíritus de fantasmas.

Esculpirán en mi lápida
"ella, que no vivía".

Cuando sucumba, algún día
de otra mortal fantasía.



Mis vidas

El filo de la noche
despunta un recuerdo.

Oscuro de frío, intenso
como la luna del parque.

Una rima de colores verdes
descansa silente.

Acarician mis manos.

He perdido tu nombre
y la sabia de tu cuerpo.

Eres como el crepúsculo.
Desvaneces con el tiempo.

Y lejano,

te pierdes en una sinfonía
de matices extraños.

Hube de amarte alguna vez.

Dice mi cuerpo que te ansió
con locura, que te buscó

como el sol a esta luna.

Que hizo de tu aroma
una piel que envolvía

la mia como bruma.

Y que hizo de mi cielo
un infierno.

¿Cuántas vidas he vivido
desde entonces?

Tantas como he muerto.



Déjame que muera en tu noche

Deja descansar la noche.
Se arremolina a mis pies

el viento que lleva las hojas
y dispersa el tiempo.

Deja descansar la noche.
Resuena tu voz,

en la noche del parque
bajo el ombu encantado.

Deja que muera tu noche.
En la cual duermo.

Cuan hermoso tu sueño.
Tan sereno

Y ahora el silencio.
Olvídame, mi amor.

Olvídame.

Déjame que muera en tu noche.

Es hora de otro despertar.



Ribadavia
I

Rivadavia. Le diste
una vez a mis noches

el verde azulado,
y la luz mortecina.

Donde estaban entonces
Tus amaneceres musicales de pájaros.

Sólo la luz cansina
Que se desgaja entre las copas.

II

Rivadavia,

tardes llenas de lonas, sillas
personas y más personas
en voz alta.

El canil de los perros
que juegan al amor descubierto.

Mi ombu encantado,
una vez alimentado

de historias de la casa vieja,
ahora enredado con niños.

El patio de juegos y sus madres
Los titiriteros que saben a arte.

El ruido de la vida
Vibrando en risas pequeñas

III

Rivadavia, mi parque.
Eres el placer de mis tardes.



Tenue respiro

Cae una gota de agua
furtiva. Estas sola.

La noche no tiene sonidos.

El aroma de la tarde aun perdura.
El frío. La altura.

Los árboles se mecen como
Silentes barcos dormidos.

El mar a mis pies, verde
resplandece ante las luces

mortecinas del parque

Otra noche. Un suspiro.
Canta un pájaro dormido.

Dios también esta solo, dijo el poeta.
Y derramo una lágrima en forma de libro.

Quisiera llorar ese llanto divino.

Pero no puedo. No estoy sola.

Me acompaña el olvido.



A mi hermana

Eres yo y te había olvidado
No te vi. No miré

mi piel tuya más blanca,
mis ojos más pequeños.

Las manos largas de la abuela.

Las fórmulas matemáticas
de algún pariente lejano.

y ese hábito tuyo de acomodar las cosas
ordenadas por colores y por formas.

Eres parte de mí.

Parte de lo que soy
Y de lo que no seré nunca.

Parte de lo que fui.
Arcón de mis memorias

Te tuve entre mis brazos
cuando eras una brizna de ternura

En algún momento decidí olvidarme
de aquellos juegos que nos unieron.

De las mu&netilde;ecas rotas,
De los fantasmas de la noche

llenos de miedo a la sombra de la muerte
que te amenazaban desde la altura.

los sonidos tristes de la pieza húmeda
de la casa vieja de Pompeya.

Tú dormías y yo despierta.
Contando los segundos de la negrura.

Cultivé la tristeza sin saberlo
Heredé el hábito del silencio.

Y el amor empobrecido por la locura.

Ahora que conquisté la fuerza de la memoria
Y sé cómo renacer cada mañana.

Quiero irme contigo donde quiera que vayas.
A jugar el juego de la otra mitad de la vida.

Y aprender a ordenar mis cosas.
Por formas y colores.



Av La Plata

A solas en el comedor
desgastado de la casa

vieja,

cubierta de arrugas,
arrullada por recuerdos

años y años cubiertos de polvo
y libros cansados

apenas me atrevo a mirarte.

Este es mi lugar,

en donde transcurrí sin saberlo
donde heredé más de una historia

los patios cansados del sol de Buenos Aires
angustiados de humedad y lluvia,

envueltos en plantas
grillos y gatos perdidos.

Desde mi habitación, la pequeña
me llama un recuerdo.

¡Ah, el miedo!

Volver todos estos años
y no encontrar otra ternura

más que la imaginaria.



Marea

No ceso de contemplarte.
Me recuerdas al mar nocturno.

Pletórico de estrellas
escondidas en lo profundo.

Es mío tu resplandor
y el suspiro de las olas,

que decaen en mi orilla.

Una caracola dice tu nombre.
Dulce como una noche de río,

acariciada por el viento
teñida de espuma y silencio.

¿Como será amarte?

Envolverme en la marea
poderosa de tu cuerpo.

Zozobrar en la pleamar
De este deseo prohibido.

Y ahogarme una y otra vez
en el horizonte de tus ojos.



(A Gustavo M Sosa)

I

No quiero dejarte,
no quiero perderte en la memoria

dejar que te desmembres entre la rutina
de las fijas tardes de mi vida,

quiero ser parte de las calles acaloradas
custodiadas por el río; manso, dulce,

este río que se me mete en la piel a cada momento,
que me hace llorar en secreto

que me hace extrañar el amor nocturno,

ese amor de hombre que resuena
en cada una de tus riberas.

Como mirarte y no desear ser amada de esa manera profunda

distinta,
.........imponente,
..................segura.

como no desear que me lleves bajo el cielo o la lluvia
perder toda voluntad bajo el color gris de tu superficie

para no ser más

que parte de tí, y así saberte
hasta lo más profundo del limo.

II

El Paraná es un hombre hecho de miles de amantes.

Como no querer ser amada en una noche ardiente,
sumida en la oscuridad y la confidencia,

cuando no existe más que el río,
la noche, y tu palabra

y la vida que se me agolpa de repente ante tus ojos.



El diálogo perfecto

Se deslizan las palabras,
una tras otra,
cadenas de recuerdos
pedazos de vida

El diálogo se establece poco a poco.

Los aromas intercambian sílabas silentes,
en una canción suave que no sabe detenerse.

Mi piel no conoce otro lenguaje más que el aroma.

No digas nada. Escucha,
deslízate hacia mí,

Junto al silencio.

Donde significan todas las cosas.

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Lucía E. Muñiz
lucia.muniz@gmail.com

joldan
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