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Graciela Kiriadre



AMOR EN UN RECUERDO

Oscuridad de paredes que inspiran reproches,
latiendo sin cesar temores ausentes.

Quietud, silencio, ternura,
esperanza incierta preguntando al aire.

¿Dónde has ido, que dijiste amor eterno?.

Quisiera encontrarte, y no te encuentro.


Ecos de pasos de mente disconforme,
angustia templada de imágenes inertes.

Soledad, vacío, sueños,
creando un nuevo hoyo negro.

¿Dónde has ido, que dijiste amor eterno?.

Te sigo esperando, serás amor guardado dentro.




UN SEGUNDO DE AUSENCIA

Déjame que valla
solo unos días,
presencia extrañarás
al ver mi partida.

Déjame que valla,
extráñame un poco;
es mi fantasía
que te pongas loco.

Levantarás tu mirada al cielo,
esperando por fin el regreso;
evocarás el perfume mío,
la ternura suave de mis besos.

Ven, el tiempo corrió, ya he vuelto;
abraza fuertemente mi cuerpo,
que tus besos son intensos, bellos;
con tu amor y mi amor hay encuentro.

Sigamos queriéndonos al viento,
amándonos tal cual, como siempre;
esparciendo libres nuestros sueños,
exaltando tu cuerpo, mi cuerpo.




AMOR SINCERO

Quisiera que un cuento me ayude a dormir,
quisiera una poesía para soñar;
mas quisiera amor invite al despertar,
y su mano estreche ternura al andar.

Andar caminando suave, desnuda;
sin necesidad de disfrazar, solo andar;
confiando en la diaria salida luna,
que al amor iluminado abrazará.




¿QUIÉN DIJO QUE ES COSA
SOLO DE HOMBRES?


Para que no quieras llorar
para que no duermas sola
para usar tu mano
sobre tu cuerpo un rato
para que la cama calme
tus horas encantadoras
haciendo de tu sueño
una gloria amansadora
con éxtasis alocado
propongo un rato
de invitación auto proclamado.

Para sentir,
para volver a transpirar,
tal vez
tenga un poema que quiera encender
en tus mejillas blanquecinas
perdidas arrugas
perdidos años joviales
que busca entre películas
el amor de un grande.

Despeina tus años
escapando un nuevo movimiento
mano tímida, gruesa
que el frío del día
hierva esperando
sabiendo de roces
de bienvenidas.

Para concentrar el encuentro
la experiencia me enseñó
a desconectar el teléfono
apagando el televisor
de las moscas y mosquitos
que distraen en vos
que molestan en esta situación
dos pequeños toques
de repelente
adelantándose al problemón.

Para disfrutar el momento
tu momento
mi mejor consejo
cierra los ojos del dormitorio
boca abajo escuchando tu respiración
creyendo estar frente a ti
un retoño
brazos esculturales
piel acaramelada
un fuerte joven grandulón.

Siento que ahora estas más cerca
de reír que de llorar
no sé, si carcajadas tendrás
no sé, si reirás
pero, en las esquinas de tu barrio
charlando con doña Rosa la quejosa
mientras ella refunfuña
de su esposo lento
alardeando no usar bolsa caliente en invierno
refregando sus no solitarias noches
recalcando tu soltería envejecida
recordarás aquella noche
que entre sueños y sin reproches
disfrutaste tu mejor
auto compañía.




Esperando el reencuentro

Aquel día en que dejé de verlo,
mi corazón se deshizo en pedazos;
tomar su mano era mi deseo,
pero ni siquiera eso me dejaron.

Me quedé quieta, observando
con esperanza por si despertaba;
mientras cubría de caricias
un rostro que ya no miraba.

Al principio, todos los domingos,
le cantaba historias y baladas;
al cumplir años me fui callando,
se iba oscureciendo mi mañana.

Apenas puedo ya ir a visitarlo,
me duelen todos los huesos;
es que son ya muchos años,
pesando en mi menguado cuerpo.

Sola me quedé con los recuerdos
ya deslucidos por los años,
la soledad detuvo en el tiempo
los momentos que pasamos.

Escúchame bien, querido viejo,
ayer cumplí 90 años cansados,
queda poco para ésta soledad;
tal vez, muy pronto nos veamos

(Poema Ganador -2003-
Memorial Tomasa López
Convocado por EDICIONES O-LIMACO,
de Constantí, España)



LEVÁNTATE sin mirar el mal de los demás

A pesar de no saber
qué camino he de seguir
que algunos señalan mi andar
tengo que sobrevivir
mi alma errante algo sabe
que no es necesario morir para caminar.
A pesar de creer en la existencia de injusticias
que a menudo un juez dictaminó
tengo que valorar mi lucha
mi semblanza
y mi dolor
que me deja sin fuerza algunas veces
pero demuestra, no ser en vano
cuando, no acallo mi voz.
Creen los malvados
que alardean
que en cada día
de mis sueños se adueñan
sin ver claro el horizonte
sin ver los jardines de mis flores
creciendo estrepitosamente
ya que tienen lo necesario
el roce y la brisa diaria de esperanza
diciendo
—Presente, aquí estoy.
Gritáis todos al viento
a los que viven y se desviven
al amigo y al enemigo
a los hijos y a los sueños
a la hipocresía y a la decepción
¡Yo, me levanto cuando quiero!
Por creencia y con pasión



—¡Loca!
— Me han gritado
unos cuantos
sin ver claro mi dolor.
—¡Aquí estoy!
—Yo les digo.
—¡Aquí estoy!
Yo, mi amor y mi dolor.
Porque en mi dolor, creo
con mi dolor, sueño
y convivo sabiendo
que es impropio
enterrarlo, por precaución.
Prefiero colocarlo frente a una mesa
mirarlo, sin pestañeo y observarlo;
observando y mirando aprendo
que todos somos su creador.
Desde niña supe
de igualdades y parecidos
de temperamentos y características
de virtudes y de flagelos
de maldades y de bonanzas
creyendo yo ser la buena
y los malos ellos;
hasta que crecí
y pude ver, mi no-razón.
Todos poseemos un jardín
con flores blancas y olor a jazmín
con bellos pimpollos y gladiolos
con arañas
y algún malvón.
Todos poseemos un jardín
con hierba seca
yuyos
moscas y mosquitos
con ortigas
con pulgones
babosas y caracoles
y alguna hormiga
adueñándose de las hojas del verde pimentón.
Todos poseemos un jardín
sufriendo largas lluvias y sequías
penando escarchas
soportando quemados calores
suplicando días mejores
colocando nuevos brotes en estanterías
sin destruirnos
sin llorar
resignando y amando
sin dejar de trabajar.



A pesar de no saber
qué camino he de seguir
que algunos señalan mi andar
tengo que sobrevivir
mi alma errante algo sabe
que no es necesario morir para caminar.

Y todas las noches
salgo para ver, mi jardín
sabiendo que la lucha es larga
penosamente larga
porque detrás de un pimpollo
rojo, rosa, blanco o celeste
el enemigo se refugia en su guarida
esperando por mi partida.
Yo, les digo
—¡Aquí estoy!
Luchando por embellecer mi jardín
sabiendo que unos cuantos
no luchan, por un tan sano y benéfico fin.

Graciela Kiriadre
oficina2004@yahoo.com.ar

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