Jorge Luís Suarez

Cartas-1--2--3--4--5-Remansos

Retrato

Quieres saber mi historia?
Desde mi vida núbil he soportado espinas.
He estado solo y triste.
No hay frontera a la angustia de mi ser no sabido.
Del desván de mis ansias he despolvado ensueños
y transido de tiempo, de nostalgias herido
en la melancolía de mis noches eternas
desvelado y sombrío,
he dejado en mis versos la confesión sincera
que esta noche te digo.

Pluma del ganso Bajo el palio de un alma de mis tres, he recogido sombras
recortadas al marco de mi luchar de pinos.
He visto evanescente la mañana de un sueño
y en la urdimbre del tiempo, la noche misteriosa
me ha obligado a un nocturno.

Escancié el rojo néctar de atardeceres tantos
en fila de bohemios despidiendo la noche.
Mutilados quedaron por el sable del tiempo
sepultos mil recuerdos en mi interior dormidos.

El sortilegio incierto de mis días sobre días
cuenta besos en bocas inéditas de besos.
Ha llegado hasta el cénit mi deliquio de angustias
y ha descendido en sombras mi desmayo de olvidos.

Inerme ante la vida me encontré tantas veces
quedando entenebrido mi impulso de ser bueno.
Y medroso he luchado y valiente he perdido
ante el áspid de un sueño a orillas de mí mismo.

Soy maduro de angustias
y maduro de sueños. Y es flébil mi destino:
sentir el frío del alma (en bufandas de normas)
y aposentar mis ansias en horribles encierros.

El correr de las horas ha hecho que envejezcan
mis caminos de ensueños. Mis placeres, a escala
los he vivido. A veces he mirado mis lunas
como espejismos rotos en la angustia del tiempo.

Yo he desmembrado sueños,
he entretejido angustias y he marchitado cielos.
Y por eso en mis versos habrá un cantar continuo
y nunca habré sufrido mi dolor finigénito.

En mis labios hay huellas de besos sobre besos
y en mis carnes la marca fruncida de los años
es el signo indeleble de un caminar incierto.

Y no soy un retórico. Alguien ha visto lágrimas
descender de mis ojos cuando escribo estos versos.

El retoricismo, en su función de rebuscamiento es a propósito, pero la sinceridad y autenticidad del contenido es legítima y también el llanto que me produce la lectura de estos versos. Porque para el poeta cada expresión es una película vital de múltiples proyecciones.


Cuando tus ojos,
Inmensamente ávidos de vida y alegría
se cerraron al mundo aquella madrugada,
se borraron las hojas de mi viejo cuaderno
se callaron las cuerdas de mi alegre guitarra.

Mis labios se entregaron al silencio infinito
y una ausencia de todo recorrió mis entrañas.

Solo tu pensamiento llenaba mis recuerdos
tan solo tu presencia evocaba mi alma.

¡Y qué noches tan largas las noches de tu ausencia!
¡Y qué tardes tan tristes mis tardes desoladas!

Desde que tú te fuiste
se hicieron infinitas todas mis madrugadas.

Dime, hijo, en el silencio eterno de tu andar por los mundos
donde vagan las almas,
no escuchas cada noche la bendición de un padre?
no oyes el reclamo de mi voz angustiada?
No me ves cada noche mirando tu retrato,
presintiéndote vivo muy cerca de mi almohada?

Cuando te fuiste hijo,
todas aquellas voces de mi espíritu alegre
se murieron contigo aquella madrugada.


KAYZIM: Tu nombre tiene génesis en dos almas gemelas.
Apretadas sus manos, viste la luz del mundo.
Y cuánto amor te han dado, y con cuánta ternura
Zumo de sus anhelos, has crecido entre besos, entre risas y abrazos
Intimamente atada al amor de este padre, de tus tantos amigos, de tus sueños alados
Mientras te da la vida el sin par regocijo de vivirla a tus años.

Ya has entrado en la ruta de madurez, la ruta donde hay caminos cortos pero hay caminos largos.
Andando esos caminos encontrarás escollos, espinas, contratiempos, brumazos,
Días inconsecuentes, mares desenfrenados, tempestad, cielos negros,
Infinitos parajes de ansiedad y desvelos. Es la vida que asoma con todos sus desmanes.
Retando voluntades. Pero tú has aprendido por qué agitan los vientos
A qué ignotas razones obedece la vida cuando nos prueba tanto.

Sola cruzaste mares, sola izaste las velas de tu frágil barcaza.
Urdiste los caminos de la mar procelosa y amarraste tu nave firme sobre las olas.
Aprendiste el amor de Dios, de la tierra, del hombre. Tu palabra se hizo madura con el tiempo
Regaste de ilusiones y risas todo tu espacio tierno de juventud y nos diste alegrías.
Evocaste el misterio de todas las palabras que hacen vibrar las almas,
Zafaste las amarras de tu barca de ensueños y hoy navegas sin prisa.

Recuerda, hija del alma, que hoy, cuando celebramos estos dieciséis años que te ha dado la vida
Es el momento exacto de mirar a lo lejos, de fijar tu mirada allí donde la dicha
Y las desilusiones convergen el mismo refúlgido horizonte...
Es aquí que la fuerza del corazón impera. Amar y amar, es todo lo que importa.
Sea esta mi oración, sea este mi ruego:

que Dios te cuide bien, que no permita
en tu vida un espacio a la tristeza
y que guardes un poco de amor para este padre.


Qué verguenza Señor.
Pasar con mis zapatos de piel de lagarto,
mi ropa de pura lana virgen
mi corbata de seda,
por donde están los niños con sus caritas sucias
-con sus tiernos ojitos preguntando a la vida-
amarillos, desnutridos, frágiles.
Una frazada rota sobre el helado piso les sirve de cubierta a sus harapos.
No tuvieron ayer y no tendrán mañana.
Y hace frío Señor. Y yo voy a dormir plácidamente en mi mullido matre
en mi cuarto de señor importante,
donde no se siente frío ni calor y está decorado para olvidarse de la angustia del mundo
del hambre y la miseria.
Y esos niños errantes que llegaron al mundo
con derecho a la vida están desamparados Señor y yo pagué tanto dinero para estar hoy de fiesta
y mañana y otras tantas mañanas mientras ellos tiritan de frío y tienen hambre.
Qué verguenza Señor, qué verguenza.
Que pesados se sienten mis aperos de lujo
cuando miro la angustia de esos niños tan humildes y estoicos.
Y siento un gran dolor, como si fuera yo también el culpable de esta desigualdad
y esta presencia de esos niños durmiendo a la intemperie.
Ellos nunca verán esta infinita lágrima que esta noche me sirve de sentencia.


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