"la gallina pica el plato / porque no lo pué lambé..."
(Golpe estribillo - trad. Venezuela)


II
Vestirá el roble pieles de azucena
algún otoño floreará su rama.
Despertará oloroso una mañana
a esencia de jazmín y yerbabuena.

Acaso tal vestir sea su condena,
que vistiendo el cuerpo desnude el alma,
que en tormenta trueque cuanto fue calma
y todo cuanto fue alegría, en pena.

Café servido a toque de canela,
es prólogo perfecto para el beso
de un suspiro pintado en acuarela

y mientras la razón se les rebela
el corazón tan sólo amar, anhela
y ser aligerado de su peso.



(parodiando a Lorca
en tres estrofas
)
-frivolizando la realidad
por si, quitándole seriedad,
se nos hace más sufrible
-

Aunque tenía marido
y teniendo yo mujer,
ella quiso la quisiera
y yo la quise querer.

No fue a orillas del río
ni en un florido vergel
sino en un sueño furtivo
que se nos quedó en la piel...

Y yo le dí cuanto pude
que más hubiera querido
y más quisiera poder,
.........
pero ella tiene marido
y yo, pues... tengo mujer.



Si yo pudiera quererte
¡ay, vida!, como quisiera...

Si yo pudiera ofrecerte
más tardes de primavera...

Si yo pudiera... ¡si yo pudiera!
Nada hay, niña mía
de lo que tengo que no te diera.



Qué es poesía



.......... I

Me preguntas qué es poesía
te respondo: ¡no lo sé!
Será tal vez ese algo
que se siente y no se vé

que se toca con el alma
sin que puedas retener
ni un pedazo entre tus manos...

¿eso es amor, me dices?
¡ya!... y poesía, ¿qué es?

..........II

Si con dos simples palabras
logro llenar un vacío
y hacer que aparezca un río
donde un desierto soñabas

para que valga un minuto
de silencio más que el ruido
de cualquier hora pasada...

¿estaré haciendo poesía?
¡ah! es que estás enamorada...
..........y poesía ¿qué es?

..........III

Me preguntas, ¿qué es poesía?
....................vida mía
....................No lo sé
pero al verte me doy cuenta
de que todos los poemas
germinan en tu mirada
y florecen en tu piel.



Penumbras en el salón vacío
Solos tú, yo y el eco del silencio

¡Ah! y la danza de tu piel sin velos



En ti mueren los gemidos
En ti nacen los placeres

En ti duermen mis ocasos
presagio de amaneceres...



No hubo nubes
no hubo sombras
todo fue luz:

luz de sueños desbocados
luz intensa
de amores reprimidos

deseos contenidos
que se dieron cita
..........en un abrazo.

Así:
..........sin nubes
..........sin sombras
..........en un estallido de luz
fueron uno, no cuatro
como hasta entonces.

Por vez primera fueron uno
para ya, tal vez, no serlo más



Me quedo cuando me alejo
enredado en tu cabello
escondido en el destello
de luz que baña tus ojos
Me quedo entre tus antojos
entre tus sueños me quedo
y para verte a distancia
cuando tocarte no puedo
tu imagen y tu fragancia,
entre recuerdos, me llevo.


El suelo se siente más duro
mientras más alto va el pensamiento
cuando la realidad le corta las alas.
Cabría preguntarse...
¿si no te gusta la realidad que tienes
por qué no la cambias?
Si prefieres lo que ves en tus sueños...
por qué no los haces realidad?
Tal vez porque en realidad,
no queremos cambiar la realidad,
tal vez porque sabemos que cuando llevamos los sueños al plano de lo real, inmediatamente dejan de ser sueños...
Tal vez porque no es tan simple como cambiar de camisa o de pañuelo...
Tal vez porque en gran medida seguiremos siendo lo que somos mientras mantengamos esa realidad presente.
No sé.



Fuí a buscarte entre las sombras
y en las sombras no hallé rastro de ti.
Te busqué en la luz y, al parecer,
tampoco estuviste allí.

Te llamé
-----------grité tan fuerte como pude
-----------al menos eso creí
-------pero mi voz
fué tan sólo un pensamiento
se apagó a medio camino
entre cerebro y garganta
no llegó a rozar el viento...

Y el viento no grita si no es herido
y si no hay grito, hasta el eco hace silencio.

Ya no te busco
-tú lo sabes- De algún modo
después de tanto buscarte
aprendí a vivir sin ti.

(Joldan, sep. 1999)
Toda perla es una herida cicatrizada

Te llevo tan adentro que no sé
si al amarte te estoy amando a ti
o si acaso, a mi mismo estoy amando
.
(Joldan, enero/2005)


(por todos los sueños)

Tym Herrera
Donde no se indique el autor:
Textos sobre fondo blanco: Tym Herrera
Textos sobre fondo gris: José Luis Dasilva



Para soñar no hace falta un previo acuerdo
No necesitas contarme tus sueños para soñar conmigo
ni para que yo sueñe contigo necesitas tú saberlo
I
Dormir con tu cabello entre mis dedos
despertar como anexo de tu espalda
ser viento, retozar bajo tu falda;
como luz, disipar todos tus miedos;

ser el centro de todos tus enredos,
poner en tu cabeza una guirnalda;
princesa de mis sueños, mi esmeralda,
tenerte por motivo entre mis credos...

es mi sueño, mi anhelo, mi ilusión;
-si será o no será, Dios lo decida-
no le queda ya oxigeno a mi vida

a no ser por el que brota de tu piel
mezcla perfecta de canela y miel
que abre el sentido y cierra la razón.


 

Leer aquella carta, trajo a su memoria el prólogo de Benedetti a su antología "Poesías de Amor Hispanoamericanas". Pensó que aquel texto, más que "difícil" -como escribiera el poeta-, resultaría imposible "de rescatar de una peligrosa vecindad con la cursilería" porque ya, de tan profundamente que se había internado en ellos, podríase decir que pertenecía a tales territorios. Pensó, sin embargo, que el mismo argumento esbozado por Benedetti para justificar su selección de poemas, "sonoros como tormentas, exagerados como frutas de trópico, que toman por sorpresa al lector (y sobre todo a la lectora) adolescente de todas las épocas, y que luego la memoria se resiste a tirar por la borda", tendría que resultar justificación suficiente también en este caso. Se trataba de una carta "dolida" -acaso desesperada-.

Aunque no era un punto importante a resolver -ni siquiera era un punto que ameritara solución-, sentía una cierta intriga con respecto a cómo llegó aquella carta a revolverse entre sus papeles de trabajo. Podría suponerse que iba destinada a la persona que normalmente ocuparía cualquiera de los escritorios por los que paseó su cuaderno de notas aquella mañana mientras llevaba a cabo su rutina semanal de revisión y mantenimiento de equipos. ¿Quién era Tym Herrera? Conocía perfectamente a todo el personal de la oficina -mujeres en su mayoría, todas casadas, por cierto, lo cual hace pensar en una especie de relación clandestina- y nadie respondía a tal nombre. Ninguno de los tres hombres, por otro lado, hubiera cometido el tan evidente error de dejar la carta dentro de aquel cuaderno, por todos ampliamente conocido. No. No era alguien de la oficina. Podría tratarse de algún proveedor, prestador ocasional de servicios o, mejor aún, algún empleado de otro departamento de la misma institución; alguien conocido, con la confianza suficiente como para entrar, por un segundo, más allá de los límites de la recepción sin ser interrogado o detenido.

-Buen día -diría al llegar.
-Buen día -respondería amablemente la recepcionista.
-¿Está ...? -preguntaría acaso conociendo ya la respuesta
-No. Hoy está un poco retrasada, no ha llegado todavía.
-Bien. Voy a dejarle este informe sobre el escritorio... Gracias. Dile que estuve por aquí -agregaría al salir.

¿Quién llegó tarde esta mañana? ¿Quién no ha llegado todavía? ¿Quién ...? Bastó una rápida mirada alrededor. ¡Caramba! ¡Qué cantidad de sorpresas puede esconder el rostro austero de una mujer! Le acudió al recuerdo Lorca/desde sus tiempos de escuela:/"Y que yo me la llevé al río/creyendo que era mozuela"... el amor es un chiquillo que no entiende de razones... ni de mujeres ajenas... menos aún de marido.

¡No! Más allá del ámbito del chisme, concluyó, "de Quién" y "para Quién", eran cuestiones fuera de todo interés. Esa noche, recordando la carta, cerró los ojos e intentó ponerse en el lugar del escritor enamorado de cuyo corazón herido (no sin razón) brotó aquel lamento (ampliamente justificado: sin duda lo merecía, del mejor de los paladares, ella era un digno bocado) al que llamó "Réquiem por un Amor Clandestino"; y, soñando -a ratos durmiendo, despierto a ratos- imaginó, uno a uno los posibles intantes de aquel romance.

 
Lunes 17/10/2005

Réquiem por un amor clandestino

(Tym Herrera)


Reconozco haber hecho el tonto en más de una oportunidad. Incluso ahora que esto escribo. Reconozco haberme comportado, en ocasiones, como un adolescente ansioso e inmaduro. Reconozco que por momentos -a veces excesivamente prolongados- las cosas se me fueron de control. Sólo pediré que si de juzgarme se trata, se tome como atenuante haber estado bajo la influencia de algún hechizo más poderoso que mi capacidad de reacción y se me acuse, en cualquier caso, de estar enamorado. ¡Sí! Enamorado. Reconozco haberme enamorado de una forma absolutamente irracional.

Te amo como nunca amé a nadie y este sentimiento, no por el sentimiento mismo sino por la magnitud, me es algo totalmente desconocido. Entiendo, por ello, que hasta ahora no he sabido lo que significa estar enamorado. Creí saberlo y no estaba sino viendo la punta de un iceberg, una pequeña muestra de lo que puede ser el amor de un hombre hacia una mujer. Me doy cuenta de que el techo de los sentimientos (si es que existe un máximo de intensidad para los sentimientos) es inalcanzable y que siempre habrá un nivel mayor: un estado superior incomprensible en tanto no se alcance y se viva. Nadie ama "como nunca volveré a amar" sino, más bien y a lo sumo, "como no había amado antes". Entiendo, ahora sí, aquellas expresiones, que siempre juzgué exageradas, como "me falta el oxigeno sin ti", "no puedo respirar si no estás a mi lado" y cosas por el estilo. Conocí el dolor sin dolor, más allá del dolor; no el dolor físico producto de terminaciones nerviosas heridas sino aquel otro que se gesta en el alma y allí mismo es donde duele.
Me enamoré de verdad y no estaba preparado para esto. No estaba preparado para los cambios que se dieron en mi interior ni para asimilar las necesidades desconocidas que surgieron. Mis convicciones, mis rígidas estructuras de pensamiento no estaban preparadas para tal cosa. Me sobrepasaron mis propias palabras. No pude quedarme en el sólo verte como "río que calma la sed y me da fuerzas para seguir". No hace mucho, en una pregunta, te entregué la vida y tuviste la sensatez de rechazarla. Ahora, que a pesar de ser -no me cabe duda- uno de los mortales más ingenuos sobre este mundo, sé reconocer perfectamente cuando llueve y cuando deja de llover, me toca intentar recuperar la normalidad. Me toca reaprender a verte y pensar en ti como persona: una más de las tantas con las que tengo algún tipo de relación -a lo sumo, como la más querida y mejor de mis amigas-, pero es necesario que deje de verte con los ojos de este amor tan grande que te tengo y, por sobre todo, que deje de pensar en ti como mujer. ¿Cómo hacer? Si jamás te hubieras desnudado para mi, por más que te soñara, mis ojos no sentirían hoy esta necesidad de contemplar tu desnudez. Si jamás me hubieras permitido acariciarte, por más grande que fuera el deseo, mis manos no tendrían hoy esta necesidad inmensa de recorrer los caminos de tu piel.
Leo los versos de un poeta que conozco y me parece que fueron escritos leyendo en mi interior:

...
"Por qué no te encontré cuando en mis campos
sin labrar, aún dormían primaveras;
cuando en mis manos aún tenía
verdes sueños que ofrecer en libertad?

"Hoy que el tiempo ha forjado sus cadenas
en mi vida, eslabón por eslabón;
que mi sangre circula en otras venas
con la fuerza envolvente de un ciclón,

"... es poco lo que tengo para darte:
el rumor de algún lejano pensamiento
y el lamento de este ya tardío amor."
(de "lamento del amor tardío",
Joldan, 2004)

Recuperar la normalidad significa vencer la necesidad imperiosa de saber a cada instante dónde, cómo y con quién estás. Significa dejar de preguntar para saber de ti, dejar de decir "te quiero" -por más cierto que ello sea-, dejar de soñar, de planear estrategias para verte, de "cuadrar" horarios para tener siempre un tiempo disponible y, en cualquier caso, significa dejar que el tiempo haga su trabajo, ya sea para unirnos o separarnos más; en otras palabras, dejar que las cosas sucedan a su propio ritmo, sin buscarlas y menos aún, forzarlas; simplemente dejando que sucedan como sucedieron aquella mañana que fue tan especial o aquella tarde, que ninguno de los dos planeó, en cierto estacionamiento solitario y obscuro.
No significa eso que pueda, quiera, o vaya a dejar de amarte. De hecho, no quiero y, a juzgar por lo profundo que estás dentro de mi -entre otras cosas de las que no tiene caso hablar ahora-, creo que dejar de amarte no sería posible; lo que sí te puedo asegurar es que con todo el amor que te tengo voy a construir la perla más grande y más hermosa que el universo haya visto jamás.

No será una perla que verás "colgada" en un collar pero cuando la tengas delante, con seguridad sabrás reconocerla.

Durante los momentos en que no hay posibilidad de hacer otra cosa más que pensar y escribir, surgió días atrás esto que aquí dejo por si te pudiera interesar.

I


Debo olvidar el sabor de tus besos
debo olvidar el calor de tu piel
debo olvidar que una vez fuiste mía
que te tuve en mis brazos
que bebí de tu miel.

Y no es que quiera olvidar -¡no!, no quiero-
...............................es que no puedo
seguir amándote como se ama a la luna:
..........aullándole a distancia
con la certeza de no poder alcanzarla.


II


Déjame verte aunque sea por ratos.
Déjame amarte aunque sea de a poco:
..........(sentirte, tocarte, saber que eres más
..........que un amor imposible, una imagen,
..........un recuerdo entre mis mejores recuerdos...)

y si no, deja que me vaya
donde tu recuerdo no pueda alcanzarme,
donde pueda vaciarme de ti gota a gota
y gota a gota acabar
con esta dependencia que me esclaviza
a tus brazos, a tus besos, a tu piel.


III


Puedo ser
el más ingenuo de todos los mortales
o (lo que es lo mismo) el menos suspicaz,
pero sé perfectamente cuándo llueve
y cuándo deja de llover.



IV


Ya no hay espacios.
¡Bah!, en realidad nunca los hubo.

Si algún espacio tuvimos,
fue porque lo buscamos:
nosotros lo construimos,
en algún sueño, en el aire
en la mitad de un sendero
en un cruce de caminos

Se los robamos al tiempo.

Siempre habrá espacios.
Más grandes o más pequeños
No ocupamos demasiado los dos juntos.

Siempre habrá algún espacio
mas, ¡sólo si así lo quieres!
..........¡sólo si así lo quiero!
..........¡sólo si lo queremos!



V


Es cierto:
lo que hubo entre nosotros fue hermoso...
lástima que no hayan quedadado fotografías
para guardarlas en el álbum
junto a otros recuerdos igualmente fantásticos:
................................Atenas, Madrid, Dublín, ...




Tym Herrera / 2005
tymherrera@hotmail.com



Epílogo

Una mañana, Tym Herrera despertó, muy de madrugada, con la sensación de haber tenido un sueño muy intenso. "No puede haber sido un sueño", se dijo y, a medida que iba recordando lo sucedido, por más que le parecía haberlo vivido realmente, los hechos se desvanecían de su mente. Decidió armarse de paciencia y esperar hasta las 9, hora en que seguramente estarían ya trabajando en aquella oficina donde, supuestamente, se conocieran dos años atrás. Habló por telefono y una voz muy dulce respondió "No, señor, lo siento. Aquí no trabaja nadie con ese nombre". Pensó que tal vez -de hecho no era descabellado- la telefonista -o quien quiera que fuera que atendió el teléfono- era nueva en el cargo y no tenía por qué estar al tanto de las personas que en alguna oportunidad trabajaron allí; pero, ya sea porque así lo quiso creer o porque así era, le pareció que la voz le resultaba conocida y desechó la idea de inmediato. Se dijo, sin embargo, que nada le costaba darse una vuelta por el lugar, argumentando una visita porque "pasaba por aquí cerca" y al hacerlo, pudo constatar visualmente que no había en aquel recinto ningún rostro desconocido. Decidió entonces no profudizar más en el asunto y concluyó definitivamente: ¡fue un sueño! No habría de ser su última conclusión antes de abandonar el mundo en que vivía. Mirándose a sí mismo, se dió cuenta de que del mismo modo en que su sueño se desvanecía a medida que intentaba recordarlo, él mismo desaparecía a medida que, al mirarse, se iba reconociendo. Comprendió entonces que TYM Herrera, y por ende, todo aquel sueño que tan real le pareció, no era más que un ejercicio literario de el autor, acaso inspirado en el relato "La carcajada de Damaris", del libro "Veintitantos amores y pico", (Ediciones B), de Mónica Montañés. Habiendo entendido tal cosa... ya no pudo evitar desaparecer.

E. Lautor, 2006



"... la mujer que quiere a dos / también puede queré a tres..."
(Cont. Golpe estribillo - trad. Venezuela)
joldan
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