(Entre tiempos)

Fragmentos de un diario
José L. Dasilva N.

(...)

(agosto, 26)

No sé por qué todo me tiene esta sensación a despedida.



(agosto, 30)

        Allí estabas, al alcance de mi mano. Reluciente toda como diamante engastado en cerco de tiempo y espacio. Hermosa. Y no fuí capaz de hablarte. ¿Cómo no reconocerte? ¿cómo no saber que eras tú la que adornaba aquel vestido blanco?. Había un lugar para mi a tu lado y fui incapaz de ocuparlo. Era tan simple... Una palabra, tan sólo, hubiera bastado; pero me quedé sin habla ante tus ojos. Me quedé mirando aquellas manos que, enlazadas, rodeaban una taza de café. Tú tan hermosa... Yo, un tanto descuidado en mi apariencia: cansado por el ir y venir de un día dificil. Mirabas aquí y allá... como buscando... y yo estuve ante tus ojos y el gesto de mi mano en un intento de saludo se quedó en el pensamiento. Después te fuiste y yo... allí quedé con tu imagen. Allí quedé recordando.



¡He intentado retratarte tantas veces
con el tosco pincel de mi lenguaje!
¡Tantas veces he intentado un homenaje
sin poderte describir como mereces!
Tú me diste la frescura de tus sueños.
Yo, a cambio de tus sueños, ¿qué te he dado?
Un caminar inseguro sin rumbo cierto a mi lado.
Un esperar el futuro caminando a tientas
los caminos de un presente improvisado.



        Al final las cosas tienden siempre al orden lógico -no sé si natural, lógico en cualquier caso- a pesar de nuestros múltiples esfuerzos por mantenerlo todo desordenado. La cuerda del arco siempre regresa a la linea recta después de impulsar la flecha.



        Ya no sé que hacer.
        ¡Tanto tiempo habituado a una rutina, a seguir como instrucciones los mandatos de un programa!
        Hoy me siento navegando a la deriva. Ya ni el escribir me calma.
        Como la rueda de un coche voy girando. Todo avanza sobre mi. Voy dejando todo atrás pero yo sigo girando, siempre sobre el mismo eje; siempre en el mismo lugar de este absurdo vehículo en que se me ha convertido la vida.
        Ya no sé qué hacer para salir del laberinto.
        Ya no sé qué hacer para volver al camino.
        ¡Si supiera, al menos, dónde está el camino!
        ¡Si supiera dónde lo perdí!
        Quiero seguir caminando pero ¿hacia dónde?.



(agosto, 31)

        Tengo la mirada perdida en la distancia aunque sigan mis ojos el movimiento de la pluma con que escribo.
        Tengo la mirada perdida en la distancia...
¡Ya no sé vivir sin ellos!



        Tanto tiempo consumido en ir y venir dentro del espacio limitado de la mediocridad. Mientras todo avanza a mi alrededor yo, a cada instante que pasa, voy quedando más atrás. Por momentos se me escapa la noción del tiempo. Pierdo por momentos la noción de lo real. Paso por estas calles como si fuese parte de su atmósfera gris. Un elemento inconsistente sin presencia material.



(septiembre, 2)

        De repente me encuentro -cosa que por lo general antes no hacía- releyendo cada frase, cada linea, cada párrafo que escribo.
        De repente me encuentro buscando entre mi modesto conocimiento del lenguaje, las palabras apropiadas para expresar aquello que quiere -y debe- fluir libremente hacia la pluma.
        De repente me encuentro corrigiendo -¡tachando!- la originalidad del sentimiento. Tal vez por ello es que ya ni el escribir me calma. Ahora el papel -antes buen amigo, confidente discreto y silencioso- me mira con sus blancos ojos entre lineas verdes y me reclama sinceridad. Incluso esto que ahora escribo tiene un algo de vacío, de prefabricado.
        Hay quien llama a la poesía el arte de la palabra... y de repente me pregunto si alguna vez escribí para ser poeta. Y si nunca fue así, ¿por qué ha de serlo ahora?.
        Seguramente, amigo mío, alguien llegará a leer esto que en nuestra soledad comparto ahora contigo pero tú sabes que no escribo para el posible lector. Sabes que escribo para mi mismo ¡y sabes también por qué escribo!
¡Basta ya de andar buscando verbos!
¡Basta ya de ir a la caza de adjetivos!.



(septiembre, 5)

        Tengo el alma anclada en un puerto muy lejano...
¡Ya no sé vivir sin ellos!



(septiembre, 6)

        Aquellos ríos cuyas aguas se cruzaron dictaron su sentencia al separarse. Sólo volverán a unirse cuando alcancen el oceano. Quien ha seguido mis versos, entenderá de qué hablo. Quien ha leido mis versos, entenderá lo que digo...

        Al final, las cosas tienden siempre al orden lógico.



(septiembre, 8)

        Hasta las piedras que dejé atrás algún día van hoy un paso por delante de mi...
        Yo ya no sé que hacer para alcanzarlas.




        Esta cama es demasiado grande para mi solo. La verdad es que cualquier cama se me hace grande por más pequeña que sea.
        ¡Qué dificil es dormir sin ella!.



(septiembre, 10)

        Mi casa puede ser cualquier casa. Una casa no es más que cuatro paredes sin vida y un techo. Mi hogar está en todas partes y en ninguna. Mi hogar está donde quiera que estemos juntos. Y es que, sin ellos, ya no hay hogar. Sin ellos la vida es media vida. El tiempo no tiene sentido a no ser por la ilusión del reencuentro.



(septiembre, 11)

        Reconozco todas y cada una de estas calles. Podría describirlas hasta con los ojos cerrados y a distancia. Sin embargo el lugar, en sí mismo, me resulta extraño.
        ¡Ah! ¿Cómo caminar hacia delante sin dejar nada atrás?. Si no movemos ambos pies de la acera en que estamos jamás llegaremos a la acera de enfrente; y, aún cuando pudieramos llegar con un sólo pie, terminaríamos cayedo al intentar dar un paso.



(septiembre, 13)

        Me preguntan ¿por qué sonreir a la vida si a ti la vida no te sonríe?
        Les contesto: porque he descubierto que camino más rápido, con más energía y me agoto menos cuando camino sonriendo, pensando en cosas agradables...
        Después hago el intento de creérmelo. Aún con dudas, sigo sonriendo.



(septiembre, 14)


Cuando mi tiempo se duerme
es que lo estás arrullando
con la nana de tus besos
y el violín de tus manos
Entre todo cuanto extraño
echo de menos tu abrazo
y el beso que no nos dimos;
el que se llevó la brisa
del camino
entre tu boca y mi boca;
el que no llegó a tus labios;
el que nos arrebató la prisa
aquel día de verano.

Un taxi aguarda a la puerta.

¡Qué poco tiempo nos dimos!
¡Qué poco tiempo siempre nos damos!

Yo con mi maleta a cuestas
tú, siguiéndome los pasos...
una puerta que abre... y cierra...
¡Amor, cómo te extraño!
Cierto es que fue sólo un hasta luego
pero un hasta luego largo.
Y es que ya no se vivir sin el calor de tus brazos;
ya no sé soñar otra cosa que no sea
el color de tu mirada o la caricia de tus manos.
Ya no sé dormir sin tu presencia a mi lado.

Entre todo cuanto extraño, y es mucho,
echo de menos tu abrazo
y la noche de amor que no tuvimos.
Aquella noche de amor que nos arrebató el cansancio de un día de despedida; de un día que se nos escapó entre el ir y venir de preparativos y una noche que durmió sobre nuestros cuerpos cansados.
De todo aquello que extraño, sois todo lo que extraño.


Buenas noches, bien amada.
Buenas noches, vida mía.
Buenas noches, mis pequeños.
"Mañana será otro día".




(septiembre, 16)

        Hoy me hice una pregunta:
¿qué hago aquí?
        ¡Y no supe responder!



(septiembre, 18)

        Nada te hace tan vulnerable ante los demás como mostrar tus debilidades abiertamente; y, si no las muestras, ¿cómo podrías encontrar alguien que te ayude a superarlas?. Entre lo que es y lo que debe ser, la vida está llena de contradicciones. Tal vez la mejor manera de vivirla sea elegir un camino al azar... y seguirlo.



(septiembre, 19)

        Eres negación de todo aquello en cuanto creo y la confirmación de cuanto existe en el espacio de un sueño.
Sol y luna.
Noche y día.
Soledad y compañía.
Todo y nada al mismo tiempo.
        Eres el movimiento telúrico que hace temblar mis conceptos y resquebraja mis convicciones; la ambiguedad del sí y del no en un tal vez que llena de dudas mi pensamiento.



(septiembre, 20)

        Es preciso abrir los ojos
¡y despertar del letargo!



(septiembre, 21)

        El futuro cobra por adelantado
...Y no siempre cumple.



(septiembre, 24)

Somos nosotros que no la vida quienes rompemos los sueños.
Nosotros ¡amos del mundo!
Nosotros ¡de nada dueños!
Nosotros los construimos.
Nosotros los deshacemos.
Nosotros somos que no la vida quienes rompemos los sueños...
Nosotros somos, ¡sólo nosotros!
aunque a la vida culpemos.
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JOsé L. DAsilva N.
(E-mail: jldasilva@arrakis.es)
abril 1998 ...PoeSite
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