José L. Dasilva N.
...y en tiempos de cosecha
cayó nieve sobre el campo.
¿Alguien podría explicarlo?
Algún invierno a destiempo
-temprano, tal vez tardío-
cubrió los prados de blanco
heló las aguas del río
y la siembra destruyó.
Cómo llora el cosechero
ante sus campos de trigo!.
Tanto trabajo invertido
y, al final, la destrucción.
(Entre tiempos)

¿Por qué corres?
El tiempo que tú crees que se te escapó no va delante de ti.
Ni siquiera quedó atrás. Va contigo!.
Vistiendo de tiempo tus cabellos, tu piel y tus sentidos.
Entonces, ¿Por qué corres?
¿No te das cuenta del tiempo que pierdes en ese intento inútil por recuperar el tiempo perdido?
No permitas que se te pierda el presente por ir en busca del pasado.

(Réflex y Onando, enero, 1998)

(Plegaria)
Protégeme Señor del que me acecha
tras de mis propios sueños escondido
Protégeme Señor del enemigo
del traidor que me lleva hacia el abismo
protégeme Señor que yo no puedo
(porque
aquel a quien mi desventura hoy debo
no hay duda, Señor, que soy yo mismo.

De las frases nunca dichas
hay pocas hoy que recuerde.
Unas perdieron sentido
y las otras no tuvieron
ni más razón ni motivo
que aquellas frases perdidas...

De las frases nunca dichas
inútil es acordarse.


Por qué temes a las sombras del camino?
La sombra es consecuencia de la luz



¡Fantasmas los que otro tiempo creí ver entre mis sombras!

Estos ya no son fantasmas

son imágenes tan ciertas como este cuerpo en que habito
y tienen nombre tan propio como aquel con que me nombras.

¡Fantasmas los que otro tiempo creí sentir a mi lado!

Estos ya no son fantasmas.



Ya extinguida la luz que parecía
desde el sueño señalarme un nuevo rumbo,
agotado ya el camino y la energía
de mis pasos transformada en inercia total
calmo el vacío
de mis días con la esencia de un segundo.

Un segundo que entre tiempos administro
gota a gota,
lentamente
sin apuro.

Un segundo
el más sublime
el decisivo
el más seguro.
---

¿Qué valor tiene el flujo de un segundo
ante el caudal incontenible de una vida?
... Y la vida se decide en un segundo.

En un segundo se dispara la palabra sin retorno
aquella que hiere a su llegada
aquella que al salir deja una herida
En un segundo se nos va toda esperanza
la que nunca tuvimos
la que creímos tener
y la perdida.
En un segundo, no más, ¡en un segundo!

---
En un segundo
que la aguja del reloj marca y desprecia
se nos escapan los colores
de la luz en estampida.
---

Por el segundo en que olvidé cerrar la puerta
entró a robarme quien mis bienes codiciaba.
En un segundo, sin pensar, di un paso al frente
y a mi camino abrió la tierra sus entrañas.

¡Ah! ¡quien pudiera retornar a ese segundo
con que limitan la alegría y el lamento!
ese segundo que se lleva cada hora
de cada día con sus tardes y mañanas.

Todas las noches se nos van en un segundo
todas las puestas de sol, todas las albas.



Me acomodo en un sofá al calor de la chimenea.
Abro un libro y leo: "Pienso... luego, existo".
Siento frío.
De repente me doy cuenta de que, en realidad, no estoy tan cómodo.
Inclino la cabeza hacia atrás, ya con cierta preocupación,
y mirando al techo exclamo:
¡ojalá no llueva esta noche!

---

A mi lado, sobre el cristal de una mesa
descansa un grupo de papeles arrugados
-marchitos podría casi decir-
(inexistentes, supongo, como todo lo demás)
que celebran, por la suerte de un momento, no acabar entre cenizas.

Fragmentos de un diario fragmentado
contenido en papeles fragmentados
rescatados al destino de las fauces de la hoguera
(¡ah! ¡ya quisiera
yo correr con tanta suerte
cuando, aplastado por las manos de la muerte
y arrugado, me toque terminar de igual manera!)

¡Que no llueva esta noche!
Como tantas otras noches ¡Que no llueva!

---

Un poco más allá juegan los niños
(mi mayor satisfacción y mi tormento)
El otoño no traspasa aún sus alas.
Para ellos es tan sólo otro fragmento
en la secuencia infinita
de un tiempo que no empieza ni termina.
Ellos no sienten el frío que yo siento.

Algún día volarán como gorriones
a buscar su propio espacio en otro sueño.
Yo su vuelo observaré, si es que me dejan
tan cerca como ellos lo permitan
o tan lejos.

¡Que no les llueva esta noche!
Esta noche ¡que no llueva!

¡que nunca llueva, tampoco, en su interior!
y que me hagan a un lado si es preciso
que se olviden de mí si de algún modo,
en el lastre de su andar me convirtiera.

Bastante duro es el camino por sí sólo
para agregar a sus espaldas otra piedra.

---

Y tú
siempre ahí
presente
como siempre
aún cuando no estás
con ese beso que nace del sol que llevas por dentro
y desemboca en tus labios
con ese calor intenso que me regala tu abrazo
como siempre, compañera
para ahuyentar este frío que no me quita la hoguera.

Esta noche no habrá lluvia.
Nunca llueve si estás cerca.

Ya puedo quedar sin techo
sin paredes
y sin tierra
Ya puede hundirse el camino bajo mis pies.
Ya puedo vagar descalzo vistiendo lodo y miseria
pero tu beso y tu abrazo
¡Que no falten, compañera!
Que no hay otoño contigo.
Que no hay tormenta, a tu lado
que yo superar no pueda.
Fragmentos de un diario

JOsé L. DAsilva N.
(E-mail: jldasilva@arrakis.es)
abril 1998 ...PoeSite
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