De los cuadernos de un soñador
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  Cuando pensamos en un proyecto o una idea como algo imposible de llevar a cabo, de materializarse en realidad, decimos que estamos ante una utopía; pero, por otra parte, la mayoría de las veces que algo se nos presenta como irrealizable es porque, o no creemos realmente en ello, o porque no estamos dispuestos a realizar esfuerzo alguno. Las utopías, entonces, no son tales por si mismas sino que nosotros, a nivel de pensamiento, les damos tal condición. La paz mundial, la convivencia entre razas y tantas otras ideas que hoy se nos presentan como utopías, seguirán siendo utopías en tanto haya un sólo individuo -aunque sólo uno sea- empecinado en que siga siéndolo... Pero podrían ser realidades. ¿Cuándo? cuando todos y cada uno de nosotros creamos realmente que pueden serlo y pongamos nuestro mejor esfuerzo porque lo sean.

¿Luchar para "construir" la paz o trabajar para no caer en guerra? Es algo que cada quien debe decidir por si mismo.

Para apreciarte me basta saber que existes.

 
  1. Ecos de luz
  2. Hundió el albatros...
  3. La distancia a la utopía
  4. Atrás quedaron
  5. Me siento en el zaguán de la noche
  6. Se deslizó la tormenta
  7. No es sólo cuestión de andar el camino.
  8. Para una postal de Navidad
  9. Camino por la vereda inclinada del tiempo
  10. Nada es casual
  11. A un soldadito hondureño
  12. Sólo responsabilidades
  13. El tiempo vistió sus galas de otoño
  14. Fría es la piedra
  15. Dura es la piedra
  16. Quizás no siempre camino
  17. La dama de las flores camina entre flores
  18. Absurda vida esta, de responsabilidades
  19. Nadan los cocodrilos
  20. Harto de sufrir, en su agonía
  21. La campana tocó a difunto
  22. En el velatorio
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Ecos de luz traen las sombras
que sobre tu pecho duermen

y en tu pecho se derriten
como copitos de nieve

para que beban mis besos
y mis ansias se alimenten.
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Hundió el albatros su cabeza entre las olas
y un suspiro emergió desde el abismo.

Rumor de aguas vecinas que se cruzan
en el espacio infinito de algún sueño
y en el umbral del cielo,
a la sombra de lo eterno,
descansan. Conversan.
Se cuentan secretos.

Rumor de calentura. Efervescencia.
Fiebre de mar que quiere ser nube.
De pronto, ya no es el mismo.

Por un instante,
la aguja del reloj giró en sentido contrario.

Basta un instante para volver al camino
habiendo, al fin, comprendido
que nada podrá ser cambiado
que el fuego del tiempo, será disipado
mas nunca extinguido.
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No te cansas de vivir.
No te cansas de soñar.
Y aún crees que la utopía
te espera en algún lugar.
La distancia a la utopía será tanto más grande
cuanto más reducidos sean los espacios
en que se mueve el pensamiento.

Quien piensa en limitaciones,
construye muros por todas partes.

Quien sólo ve inconvenientes, jamás avanza.

El verdadero freno en el camino
a la utopía está en el temor;
en la falta de fe,
en las fuertes ataduras del pensamiento
con el mundo físico que algunos llaman realidad.

Pero, ¿qué es la tal realidad?
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Zoa unha gaita en Vilagarcía
¡Ai!, quén me dera preto da ría
Atrás quedaron el tiempo y el lugar.
Fundidos en una misma imagen:
la instantanea de un paisaje inalterado
en un segundo que fue y jamás pasó.
Así es la nostalgia del que abandona su casa.
Nunca hallará substituto al suelo donde nació.

Pero el suelo aquel no existe más
el paisaje aquel no existe más...
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Me siento en el zaguán de la noche
a velar por mis ángeles ausentes.
Un clavel en las manos; y, en la mente,
historias que el tiempo no deja marchar.
Recuerdos que fueron, que son, que serán.
Aliento pasado del alba presente.

Escucho murmullos...

El viento recita un beso en la frente.
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Se deslizó la tormenta
entre los pliegues del monte
La tierra entera tembló.
Pasión de volcán activo
Lava caliente que al crater asoma.
Avanza el barreno:
a tientas y a ciegas avanza y perfora,
se abre camino buscando la aurora
más allá de la luz
y la noche que llora...
Grita la tierra cuando el cielo entona
su canto de estrellas
Rumor de pinos al viento, aroma
de camelias en floración se eleva
impregnando el bosque entero.
Una brisa que pasa rozando la alta copa de los pinos
susurra secretos entre las ramas
esparce sonrisas por los caminos.
Ahora, la tierra duerme.
Ahora, la tierra sueña.
(Lejos quedó el vendaval)
Ahora, la tierra en calma
se abandona a la corriente.
Hay vida nueva en la fuente
Las aguas regresan a su cauce universal.
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No es sólo cuestión de andar el camino.
Es necesario sentirlo, olerlo de cerca, vivirlo.
Besar una piedra,
esquivar dos o tres;
caer,
levantarse
volver a caer;
cubrirse de polvo hasta los cabellos;
sentir en la frente,
de cuando en cuando, igual que en los pies
y bajar al río después
para que el agua se lleve la carga pesada:
soltar el lastre,
dejarlo a merced de la corriente
y subir hasta la fuente
por si fuera posible
                volver a nacer.

No es sólo cuestión de andar el camino!
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Si puedes una vez al año
entonar cantos de paz
y, apartando prejuicios,
en un mismo pensamiento,
razas, colores, ideas,
al universo abrazar...

¿Qué pasa el resto del tiempo?
¿Será ese canto de un día
la brizna de hipocresía
de quien se acerca a la fiesta
tan sólo para comer?

Festejemos, si de verdad festejamos
                                 [la Navidad]
todos los días y cada día
                 con la alegría
de respirar a la luz del sol;
de ser brillantes como el farol
que alumbra la noche oscura
con estela que perdura
más allá de su presencia
y, aún de su existencia,
mucho, mucho más allá...

... y serán todos los días
                ¡un día de Navidad!
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Quiero ver otra vez esa luz:
la luz que de niño alumbraba mis sueños.
Camino por la vereda inclinada del tiempo.
Paso a paso, no miro atrás, no me detengo.
Cuesta arriba, cuesta abajo,
en el circuito sin fin del universo.
Hoy estoy en el mismo lugar que ayer.
Sólo cambió el escenario.
También un poco, el maquillaje.
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Nada es casual
Nada es fortuito
Aún el hecho de que yo esté aquí hoy,
esta mañana, en esta plaza,
observando a las gentes que vienen y van,
tiene algo que ver con la estabilidad del universo.
Mi presencia, aparentemnente injustificada,
es, de algún modo, un contrapeso;
establece algún tipo de balance.
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¡Qué valiente pareces, soldadito,
Qué valiente te ves y ¡qué pequeño!

¡Con qué pasión! ¡con cuánto empeño!
golpeas y haces, de poder, alarde...

Pero aquél, soldadito, que te ordena,
las armas, empuñar contra tu hermano,
más pequeño es que tú ¡y más cobarde!


(A un soldadito hondureño)
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Las cinco de la madrugada
Canta el gallo como cada día, de lunes a viernes,
sobre la mesilla, al lado de mi cama.
Empieza otro día a toque de diana.
Es el grito inicial de una nueva batalla.
Mi cabeza se revuelve sobre la almohada.
Hay algo en mi que se niega
a abandonar la tranquilidad de ese mundo
donde el tiempo simplemente pasa.

Sentado ante la mesa de desayuno,
aun medio dormido,
contra una taza de café y un bocadillo,
me asalta la pregunta:
¿Cuál es el objetivo?
y de inmediato la respuesta
(desayunando a mi lado):
a estas alturas,
ya la vida no tiene objetivos...
sólo responsabilidades.
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El tiempo vistió sus galas de otoño.
Todos los sueños, como gaviotas, alzaron vuelo.
Se desprendieron, del árbol, las ilusiones
y aguardan, mustias,
el vendabal que las lleve al cielo.

Entre colores de media tarde,
rastrillo al hombro, un jardinero,
arrastra penas por el camino. Viene del huerto.
Han arrancado de sus jardines al más pequeño
de los retoños:
                      el que cuidaba con tanto esmero.
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Fría es la piedra:
Sólo pasto salvaje
crece a su sombra.
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Dura es la piedra
No puedes ablandarla
sin que se rompa.
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Quizás no siempre camino
por la vereda acertada,pero
¿Cómo saberlo?
¿Cómo saber de antemano la dirección
y el tiempo justo
en que habremos de enfrentarnos al destino?
Quizás camino demasiado por la senda equivocada.
Nunca tuve carta de navegación.
Jamás me dieron un mapa.
Me empujaron, una noche, monte abajo
y me dijeron: ¡anda!
Y no quedó alternativa:
                 caminar a la deriva
buscando algo que quizás reconozca
al instante en que lo encuentre,
si es que alguna vez lo encuentro
y, de hacerlo, soy consciente.

¿Qué tan importante puede ser,
                         qué tan pertinente,
tener la razón, ganar o perder?
El fin último,
el verdadero,
el inevitable,
el duradero,
de uno u otro modo,
con razón o sin ella, es el mismo:
la noche oscura, el abismo
la quietud del pensamiento
para unos el descanso
para otros, el lamento.

Quizás no siempre camino
por la vereda acertada, pero
si espero a tener la seguridad
nunca más daría un paso.
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La dama de las flores camina entre flores
y es una más.
Las siembra, les canta,las mima.
                     Entre ellas camina
                           porque es una más.

La dama de las flores, prepara su lienzo.
Mezcla colores.
Dibuja claveles, orquídeas, camelias
                     y cuando termina,
se encuentra a si misma
en el espejo de tela
porque entre las flores
                     ella es una más!
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Absurda vida esta, de responsabilidades
y de compromisos llena.
Absurdo este ir y venir
día tras día,
sin más retribución que el deber cumplido
y la satisfacción ajena.

¿A dónde nos lleva?
¿A dónde nos lleva la absurda idea
de conservar lo roto,
de seguir siendo, hasta el final de nuestras vidas
lo que acaso nunca fuimos?
La vana apariencia, el necio orgullo
de las promesas cumplidas
del compromiso sostenido
por la palabra empeñada
Y qué nos queda, de todos los recuerdos
que nunca florecieron a lo largo del camino?
                                      ¡Nada!
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Nadan los cocodrilos
en círculo
alrededor del féretro
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Harto de sufrir, en su agonía,
sabiendo que ya nunca más saldría
entero, de su prisión,
plegó las alas, cerró los ojos
y, a Tanatos, entregóse el gorrión.

-Vale más, se dijo
ante la muerte inminente,
              morir entero!!!
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La campana tocó a difunto.
Al borde del río quiso el destino
que el camino se hundiera bajo sus pies.
En un rincón de la noche la arena dejó de fluir.
Redoble de tambores ante el espejo roto.
La magia infinita.
El hechizo.
La carne marchita.
El eco de un grito.
Y una barca que baja, siguiendo
la corriente del río infinito.
¿Cómo mantener el equilibrio
cuando desaparece el punto de apoyo?
Cuando se duerme el día,
¿Cómo permanecer despierto a la luz?
La campana resuena mientras la barca se aleja
Una lágrima cae en medio del río
el agua se agita.
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Uno, dos, tres
Comienza el desfile de coronas...
Cuánto dinero gastado inutilmente
para llenar el ego de algunas personas...
                        -que ya no el del difunto-
¿De qué le servirán las flores? me pregunto.

cuatro, cinco, seis...
mientras más coronas,
más se dirá sobre la popularidad del "homenajeado".
¡Como si las muestras de afecto, ahora
hicieran diferencia alguna respecto de su estado!

Algunas personas hacen fila para leer la banda.
La banda es lo más importante de la corona
                                        -más que las flores-
Es lo único importante, en realidad.
Sin banda, la corona sería anónima;
un arreglo floral mudo,
sin remitente
-casi diríamos: sin valor social-
y bien sabemos que estos actos, son actos de sociedad.
Yo, todo lo observo desde una esquina,
sin molestar a nadie, sin que nadie me moleste.
A decir verdad, nadie nota que aquí estoy
y así, casi de incógnito,
me detengo a presenciar el absurdo guión
que la vida escenifica ante la muerte.

- ¡Caramba!, ¡Tanto tiempo!
- ¡Cierto!, ¿qué es de tu vida?
- ¡Dónde quedaron los años aquellos!

Los velatorios, son los eventos sociales por excelencia;
más que los bautizos, primeras comuniones y matrimonios.
Ideales para el reencuentro de viejos amigos,
conocidos olvidados y familiares lejanos.

La muerte une más que la vida.
La pena atrae siempre más espectadores que la alegría.
Uno, dos, tres
Comienza el típico desfile alrededor del féretro.

Cuatro, cinco, seis
(Lloran los cocodrilos
mientras ejecutan su danza ritual)
La gente se adelanta y presenta sus respetos.
Hay quien apoya una mano sobre el acrílico transparente
-como quien ofrece una caricia desde lejos-
Hay quien, con un leve movimiento de los labios,
                                           murmura en secreto
algo que nadie oye...
                    y, menos que nadie, el muerto.

Yo también me acerco a contemplar, por un instante,
el cascarón vacío
que, hasta ayer, no más, fue mi morada.
¡Cuán gris! ¡Cuán frío!

                    A esto se reduce la vida...
José L. Dasilva N.PoeSite (2010)