Algo he leido mas no sé lo que he leido.
Algo escuché que me decían
y no se bien ni qué ni quién ni donde.
Algo vi y lo que vi va por mi mismo camino,
acompañando mis pasos, en este fardo, escondido.

De los cuadernos de un soñador
(Enero 1999 ...)

Cuando no puedes hablar abiertamente,
cuando debes callar tu pensamiento,
no hay más recurso que inventar otro ser como tú
que vive dentro de ti
y no es otra cosa más que tú mismo.



José L. Dasilva N.



Desde lejos el poeta
a una rosa decía:

¿Cómo no voy a extrañarte
si de tu piel, en mis dedos
tengo algo más que recuerdos:
tengo añoranza y deseo?

...y la rosa sonreía

Y el poeta desde lejos
sus pensamientos seguía:

¿Cómo podría olvidarte
si de tu pecho, en mis labios
tengo el nectar que alimenta
los sueños de cada día?

...y la rosa sonreía.

Y el poeta adivinaba
aquella tierna sonrisa
que su rosa en la distancia
esbozaba complacida

y el alma se le llenaba
...Y también él sonreía.


Los días pasan y pasan
y yo te veo de lejos

Se nos perdió el camino
de tanto buscar caminos nuevos.

Porque conjugar quisimos,
a una vez todos los tiempos
sin tiempo nos quedamos
                    (y sin verbos).

     Por andar, de anochecida,
     invocando amaneceres
     se nos escapó la noche
     y se llevó, con todo y sombras,
     medias luces y placeres.

Y ahora,
   (en este absurdo ahora inconsistente
     sin antes o después
          sin ayer
          sin hoy
     y acaso también, sin un mañana)
vivimos,
vagamos como perdidos en un sueño
flotando ingrávidos
más allá de la atmósfera del tiempo
sin saber como volver.

Es que habrá manera alguna de volver?

y al final,
          ¿Volver a dónde?
          ¿Volver a qué?

Los lugares que dejamos, hoy son otros
otra la gente, también, que nos aguarda
nosotros mismos ya no somos quienes fuimos
otras cargas doblan hoy nuestras espaldas.

Para bien o para mal hay un abismo
entre la tarde de ayer y esta mañana.

... Y no hay sendero que nos lleve hacia el pasado
a no ser que el propio tiempo dé la vuelta
o retorne, marcha atrás, sobre sus pasos
deshaciendo lo que nunca fue construido
abandonando todo sueño conquistado
despojándonos de todo lo aprendido
y borrando a cada paso los recuerdos
de aquello que ya fue sin haber sido.



En Frecuencia Modulada
me llega el eco de la guerra
de esa realidad que no es mi realidad
y está presente como si lo fuera

y no es mi realidad por poca cosa
por mero azar
por no sé qué privilegio heredado aún antes de tener herencia
por algún salvoconducto que al nacer me dió el destino
no es mi realidad

no es mi realidad porque no corro
hacia el refugio al sonar de una sirena
porque no duelen mis huesos con la tortura ajena
porque nadie me obliga a dejar atrás mi casa
y buscar protección en otra tierra.

No. No es mi realidad, pero es mi guerra.

Me lo recuerda el diario
que acompaño con café cada mañana
me lo recuerda esa voz que me hace sentir menos solo
mientras conduzco las ruinas de lo que alguna vez fue un coche
(porque al menos tengo coche)
me lo recuerda el cristal de esa caja frente a mí a la hora de la cena
(porque al menos tengo cena)
y me voy a dormir
(puedo vanagloriarme de tener paredes, techo y cama)
con la idea de haber visto otra película...
una película más como tantas que ya he visto
pero en esta (a diferencia)
no hay superhéroes al estilo americano
(un sólo hombre acabando a la vez con cien villanos)
aquí no hay Swarzenegers ni Stallones
aquí no hay dobles, no se repiten escenas
el guión se improvisa día a día
para un elenco de actores que nunca obtendrán
el premio de la Academia.

Esto no es una película más
tampoco un juego de fútbol al que asisto en vivo y en directo
gracias a la ciencia de las telecomunicaciones.

Y al acostarme, miro al techo y rezo
rezo por los que han muerto ya
y por los vivos que quedan
y entonces me pregunto si rezar servirá de algo
¿rezará el piloto también antes de subir al avión?
¿rezará acaso antes de lanzar el misil?
¿rezará el que en tierra empuña un arma antes de disparar?
¿rezará también en algún momento del día quien ordena el ataque?
y aquel que tiene en sus manos el poder
para acabar con tanta muerte y sufrimiento inutil
¿acaso rezará tambien?
Sí. Probablemente también reza.
Puede que, incluso, con más fé que yo.
Así que nuevamente me pregunto
¿de qué nos sirve rezar?
y sigo rezando sin saber por qué
ya no por los muertos de ayer
o por los muertos de hoy
sino por los vivos que quedan
en esta realidad que no es mi realidad
pero es la guerra de todos.

(14/4/1999)


Nos hemos quedado sordos
de tanto escuchar los sonidos propios
nos hemos quedado mudos
de tanto hablar de nosotros mismos
nos hemos quedado ciegos
de tanto observar nuestra propia imagen.

ya nadie nos oye
porque a nadie oimos
ya nadie nos ve
porque a nadie vemos
Somos fantasmas
figuras sin sombra
cajas vacías
que a nadie importan
que nadie quiere
inútiles pensamientos
que nada aportan

La paz naufraga
el amor se hunde
en este arhipiélago
de islas inaccesibles.



Oidos que pueden oir y no oyen
Ojos que pueden ver y no ven
Instrumentos inútiles
Desperdicio de sentidos
¡Terquedad infinita! ¡Absoluta!
que no entiende de razones
no atiende a demostraciones
ni ante los hechos se inmuta
¡Absoluta terquedad! ¡infinita!

... guarecerse del buen tiempo
para luego dormir a la intemperie
cuando el viento arrecia
y la lluvia es más fría



Siguen pasando los días
y yo te veo de lejos...

prisionero de las propias convicciones
encadenado a un esquema de moralidad
aquella ventana indica un rumbo
la puerta abierta un camino a tomar...

¡Son tan cortas las cadenas!
¡Tanto aprietan los grilletes!

¡Ah! quién pudiera escapar
desplegar las alas
volar
soltar el lastre del pensamiento
convertirse en humo
volverse viento
desvanecerse
ser sólo un eco que hace silencio
en el espacio volverse tiempo
y en el tiempo hora pasada
dar vuelta atrás a la nada
y volver a comenzar.

¡Ah! quién pudiera escapar
dejar atrás lo supuesto
olvidar lo conocido
abandonar lo adquirido
¡y volver a comenzar!

¿Qué hacer con todo el amor
cuando el amor se convierte en carga
que dobla tu espalda
y frena tus pies?

¿qué hacer?
¿atarlo a una piedra
al lado del camino
anclarlo en la ribera
dejarlo a su destino
echar a correr?

un breve sorbo de indiferencia
¡ah! si pudiera beber...

(¡y estos grilletes aprietan
con más fuerza cada vez!)

un breve sorbo, sólo una gota
que adormeciera por un instante
al cancerbero de esta conciencia
el tiempo justo de dar un paso
cerrar la puerta
y ya no volver.

¿dónde comienza el derecho?
¿dónde termina el deber?
¿Somos raíz o soporte?

¿Somos el sur de quien parte hacia el norte
o este y oeste a su paso y camino
deberíamos ser?

¿Dónde comienza el derecho?
¿dónde termina el deber?
¿Somos raíz o soporte?

¿acaso somos el norte
o el sur que a espaldas se deja
para nunca volver?
Si yo pudiera... Ah! si pudiera!
abriría la puerta que está a mis espaldas sin molestarme en cerrarla y correría hasta encontrar un lugar en esta costa soleada donde pudiera desprenderme (liberarme, más bien) de estas ropas que me amarran y nadar como un pez en medio de una fiesta de peces y gaviotas... y seguir nadando hasta que mis brazos dejaran de ser mis brazos y mis piernas no fueran ya más mis piernas y mi cuerpo no fuese más que agua dentro del agua, sol bajo el sol, brisa en el viento; dejando atrás odio, amor, sexo, guerra, paz para resumir cada uno y todos los sentimientos en una sóla sensación: SER. Pero no existe tal lugar a lo largo de esta costa que estuvo soleada ayer pero no lo está hoy; no puedo nadar como un pez (me hundiría facilmente) y no puedo escapar de estas paredes... Es necesario aprender a balancear el peso de lo que tenemos y de lo que queremos tener, de lo que somos y lo que queremos ser, distribuyéndolo entre ambas manos... digo, para no caminar inclinados hacia un costado.
Siguen pasando los días
La luz transporta tu imagen
en directo
de mis sueños al espejo
doy media vuelta y no estás
vuelvo a mirar
y aún te veo de lejos


Siguen pasando los días
noches
días
noches blancas

siguen sin tregua pasando

y aunque a mi paso tú pareces alejarte
y a tu paso no me siento yo más cerca
no hay espera más larga que mi esperanza
ni sueño que me impida ver la realidad.

... de pronto estos susurros se atrincheran
y otra vez la muerte
se vuelve a quedar quieta.
Abraham Zhinzhiyas

Dijo el poeta a la muerte

"llévame contigo
de una vez
en este día
de tal modo me tendrás
desde ya eternamente
para hacerte compañía."

Pero la muerte temió
(porque la muerte temía)
que la luz de aquel poeta
fuese a robar sus misterios
y trócandolas por tinta
utilizase sus sombras
para escribir poesía

"¡Ah! poeta irreverente

-así le dijo la muerte
con algo que, más que voz
un susurro parecía-

irreverente poeta
que la muerte no respeta
que vive sembrando vida
que la noche más oscura
aclara con luz de día

¡no tendré ya suficiente!
no me será ya bastante
con toda una eternidad
para sumarle más tiempo
al tiempo de soportarte
cuando no haya alternativa

¡nada más me faltaría!

quédate en tu claridad
no te metas en mi sombra
que tus palabras me asustan
más a mí que a ti la vida"

Y huyó de allí velozmente
(la muerte)
tan veloz como podía
no fuera que aquel poeta
sobre el negro de sus alas
sembrara un jardín de versos
convirtiendo en día eterno
lo que era noche infinita.

N
O

N
E
C
E
S
I
T
A
M
O
S
La paz de las armas es una guerra que duerme...

No hay guerra que traiga paz.
No hay paz que de una guerra se obtenga.

Las armas no cambian situaciones. Sólo sirven para determinar quien ejerce el control y mientras haya un sólo individuo que pretenda controlar la paz, cualquier apariencia de paz no será más que eso, una apariencia temporal.

Las palabras, sin embargo, van más allá; promueven cambios de actitud. Ciertamente los resultados son muy lentos pero lo logrado con palabras, mucho o poco (que algo siempre se logra), es real y permanente.
Un sólo inocente que caiga basta para invalidar la mejor de las intenciones

El eco dela guerra

M
A
S

G
U
E
R
R
A
S


JOsé L. DAsilva N.
(E-mail: jldasilva@arrakis.es)

Abril 1998 ...
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Mayo 1999 ...