De los cuadernos de un soñador (Abril 1998 ...)

A veces me siento tan solo que ni mi sombra quiere hacerme compañía...
tras una ventana saludo a la noche que llega y tras la misma ventana me encuentra el día.

José L. Dasilva N.
Atrás a Sept. 1996 ...

Había una fuente
       ¡Sé que la había!
A orillas de aquel camino
yo sé que había una fuente
       -¡Sé que la había!-
donde brotaba agua clara
¡yo, en esa fuente, bebía!


A miña nai

Amor dalgún intre alen do tempo
que o tempo sementou de vida nova.
Amor de corpo, alma e pensamento
que aluma e quenta como sol de aurora.

Amor de amores que se hai festa ríe
e baila na romaría cando a gaita soa.
Amor de amores que só amando vive
que sufre en silencio i en segredo chora.

Amor que dende o amor no ceo escribe
con pluma de anxo lenda e historia.
anque mais Gloria houbera embaixo do ceo
para honrarte, nai, no houbera Gloria.

Amor que nada pide
que, por dalo todo, con nada se queda
que todo lle abonda e nada lle sobra.

Amor de nai, amor de amores.
Amor que redime dende a cruz da sua vida
o vindeiro pecado da vida que aflora.

Nas mans clavéis, nos beizos rosas.
Detrás, calada, vai coma unha sombra
sempre tan fresca coma o pino verde
branca, mais branca cá mais branca pomba.

Así es nai ti que nun sorriso
as penas todas que eu te traio afogas
amor que dende o amor fai da tristura
semente viva da esperanza nova.

.......

A mi madre

Amor de un instante más allá del tiempo
que, el tiempo, sembró de vida nueva.
Amor de cuerpo, alma y pensamiento
que alumbra y calienta como sol de aurora.

Amor de amores que si hay fiesta ríe
y baila en la romería cuando la gaita suena.
Amor de amores que sólo amando vive
que sufre en silencio y en secreto llora.

Amor que, desde el amor, en el cielo escribe
con pluma de ángel la leyenda y la historia.
Por más Gloria que hubiera debajo del cielo
para honrarte, madre, no bastaría gloria.

Amor que nada pide
que, por darlo todo, con nada se queda
que todo le basta y nada le sobra.

Amor de madre, amor de amores.
amor que redime desde la cruz de su vida
el futuro pecado de la vida que aflora.

En las manos claveles, en los labios rosas.
Detrás, callada, va como una sombra
siempre tan fresca como el pino verde
blanca, más blanca que la más blanca paloma.

Así eres tú, madre, que en una sonrisa
las penas todas que te traigo ahogas
amor que desde el amor convierte la tristeza
en semilla viva de esperanza nueva


En el nombre del Pueblo;
de los tres Pueblos en un sólo Pueblo verdadero:
del Pueblo Padre, del Pueblo Hijo y del Pueblo Espíritu.
La Soberana Trinidad del Pueblo.
¿Cuál es el misterio?
¿No es Pueblo, el padre?
¿El hijo, no es Pueblo?
y ¡mira si será Santo el Espíritu del Pueblo!
que, a pesar de todo, sigue lleno de buenas intenciones
y sobrevive, a base de hacer milagros,
soportando humillaciones;
poniendo la otra mejilla al agresor, al delincuente, al asesino
que, por asesino justamente, es premiado con honores.
¡Todo en el nombre del pueblo y su Santa Trinidad!
porque ¡Sí que es Santo el Pueblo!.
(abr. 1998)

En unos papeles sueltos, entre notas que escribiera durante el desarrollo de algún sistema informático, diagramas de flujo, procedimientos, etc., encontré lo que sigue. Lo transcribo para que no se vuelva a perder.

¡Cuánta atrocidad en nombre de Dios!

¡Cuánto crimen en nombre del pueblo!; en nombre del "bien colectivo".

A quien le sobran razones, entre seres razonables, no le hacen falta las armas para imponer su criterio (el criterio que por la razón se impone, en tanto es compartido, no puede llamarse impuesto); mas cuando razones faltan pero sobran ambiciones de poder y privilegios, quien tiene fuerza la aplica, ya sea en "nombre de Dios", ya sea "en nombre del pueblo", haciendo para un lado a Dios y caso omiso del pueblo:

se engrandece en su cinismo
se autoproclama Dios
se llama pueblo a sí mismo
y así, Todopoderoso y Soberano,
en nombre del bien común
justifica cualquier acto
de tiranía el tirano.

¡Ay de tí que te aprovechas de la necesidad del pueblo y la canalizas hacia tu propio beneficio!. Tal vez escapes al juicio del presente; puede ser que también, incluso, al juicio del historiador y de la historia escrita; pero el pueblo nunca olvida. La memoria del pueblo es infinita; sobrevive por encima y más allá de su paciencia. Tal vez puedas convencer de tu inocencia ¡no lo dudo! a aquel que, de algún modo, tu legado beneficia y en él se regocija y, nuevamente, de la necesidad del pueblo se aprovecha. Cuando el pueblo calla, es porque aguarda en silencio. Sólo aguarda. ¡Nunca olvida!.

¡Ay de tí que te escudas tras la miseria de tu gente, tras su hambre de pan y de justicia y, envuelto en engaños y mentiras, alimentas su esperanza con la promesa de guiar sus pasos hacia un futuro mejor!. ¡Ay de tí si te conviertes luego en su opresor!. ¡Ay de tí!.

(como faltan notas acerca del sistema, me inclino a pensar que seguramente había escrito algo más)

PensamientosFragmentos de un diarioEntre tiempos

... al finalizar el año

Una docena de uvas entre doce campanadas
y un puņado de esperanzas hacia el futuro lanzadas.
Amigo mío:

en silencio,
con doce uvas que apuro
entre doce campanadas
(las mismas uvas del tiempo
por Andrés Eloy cantadas)
te envío mi pensamiento
vestido de nieve y viento
desde este rincón de España.

Con mis mejores deseos
José Luis Dasilva Navia
diciembre, 1998


JOsé L. DAsilva N.
(E-mail: jldasilva@arrakis.es)

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