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Jorge Gómez

Almas en pena


Ataque a iraq

Muere una parte de mí,
declive de la razón,
braman los misiles así
como la desolación.

Tan triste amaneció el día,
tan ultrajado el saber,
por esta guerra baldía
y el exceso de poder.

Intereses encubiertos,
sufrimiento que maldigo,
sufrimiento por los muertos
que no merecen castigo.

Gritos, lamentos, gemidos
se oyen en el horizonte.
Mas morirán en el olvido,
cual hojarasca en el monte.



Almas en pena

(dedicado a todo aquel que crea en la PAZ)

Penas alumbran las almas en pena,
muerte llena el vacío de la muerte,
gran festín del buitre y de la hiena,
muerte llena el hastío de la suerte.
Hombres, mujeres, flores mutiladas,
y la niña de Basora se baña
sobre tormentas de tierra alada
y el oro negro su pupila empaña.
Ríos de rosas yertas tiñen el vientre
de esta tierra que perdió la simiente
de la esperanza. Así, en la ancha frente,
veo la vereda de la serpiente.
No llegará la alegría de mayo,
ni la verde risa de tierra verde
ni la nueva rama con nuevo tallo.
No vendrá el verde mayo de heno a verte.
La bella dama de cruel sonrisa
se escapó muy pronto, sin avisar.
ya cayó sobre el mercado, precisa,
la semilla del odio y del llorar.
Palabras huecas y vacías son
las que en boca de dios son impuestas,
sorber huecas mentes es su razón.
Sabed bien que son palabras infestas.
Penas alumbran las almas en pena,
muerte llena el vacío de la muerte,
gran festín del buitre y de la hiena,
muerte llena el hastío de la suerte.
Pero hoy el viento me sopla la nuca,
pero hoy la sangre me hierve más fuerte,
y mañana nacerá como nunca
la nueva PAZ sobre la vieja muerte.



A ti viejo, y a ti mar

¡Oh viejo bastión de la mar!
Tú, Santiago "el Campeón"
de grandioso corazón,
hombre en la Habana sin par.

Son tus manos el reflejo
de tu vida labradora.
Son tus ojos el espejo
de tu vida luchadora.

Partes al alba temprano,
cual rocío al despertar,
es para ti lo mundano
regresar sin pescar.

Ansías, sueñas y luchas
el gran pez a conquistar.
Ansia de vuelos y truchas,
todo el mar a enamorar.



Elegía

(A Miguel Hernández)

"Temprano levantó la muerte el vuelo
Temprano madrugó la madrugada.
No perdono a la muerte enamorada
No perdono a la vida desatenta."


Tus entrañas brotan hoy como el árbol
naciente, frondoso de fuerza viva.
Tu muerte maldita es para mí el llanto
de savia sobre mi rostro, cautiva...

Enredado entre barrotes te encuentro,
olvidado entre montañas te pierdo,
perdido entre marañas te recuerdo,
y en mi corazón por siempre te llevo.

"Temprano levantó la muerte el vuelo
Temprano madrugó la madrugada.
No perdono a la muerte enamorada
No perdono a la vida desatenta."

Labrados campos reclaman tu voz,
¡Miguel! ¡Miguel! Ábrenos tu regazo
de lirios y azucenas bajo el sol.
Campos de llantos yacen a tu lado.

Sobre rosas rojas

Serpentina de rojo fuego que arde,
¡arde, arde en mi rota estampa rota!
Bailarina cascada de avatares
míos, ¡vierte hasta la última gota!

Maditos bucles de rizo rizado,
malditos vientos de mirlo erizado,
tú, rosa roja, rosa sonrojada,
devuélveme la sangre antes robada.

De lirios azahares y albahacas,
helada y mojada tu blanca tez,
helada y ajada mi fría sed
por la fría hoja de la navaja.

Nubes de puro rosa deseados,
de puro fuego arden, queman y gritan,
de puro llanto el corazón palpita,
por tus labios de rosa desatados.


"El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio"

(Miguel Hernández)



Corral, corralón.

(Al corralón de Gabia, Granada)

¡Corral! ¡Blanco corral de tierra blanca!
En el seco estío seco andaluz,
como rayo brota el polvo y la luz,
como rayo se transforma en palanca
de juegos y mañanas pedregosas,
de escondrijos y tardes amorosas.
Y de noche el juego se torna miedo,
son sombras de recuerdos y de anhelo.

En la vega del Genil
tú como ninguno has visto
mi infancia de juegos mil
mis rodillas hechas cristo.
¡Corral! ¡Verde corral de tierra verde!
Cuando mayo viste de manzanilla
y florece la vida en la gravilla.
Como rayo quiere mayo tenerte,
pero escapas veloz cual golondrina
asustada por el triste lamento
de la tierra que soñó ser sustento,
de la que soñó ser brisa marina.



Fuga de vida

Ya se fuga el fuerte pulso,
que late cual terremoto.
Ya se fuga el día insulso,
y se oye el alboroto.
Puertas de libertad falsa
se abren a tu piel postreras,
como en el monte hogueras
y el infierno sus veredas.
Así te aguarda la tierra,
así te espera la aurora.
Yacerás bajo la sierra,
nacerá tuya la flora.
El azúcar te alimenta
sobre pastos y praderas.
La sal escuece y calienta
tus heridas pistoleras.



Canción del 14 de Abril.

(A los que lucharon por la libertad)

De sangre sol y grana eres canción,
de vida y libertad estás vestida.
Grandiosa mujer llena de pasión,
siempre por grandes amores querida.
Con suaves caricias has seducido
a la muerte de Marte con su guerra.
Con vigorosas luchas has parido
al buen trabajador que almas entierra.
De ti están los hombres enamorados,
de ti están los bellos vientres preñados.
Preñados de esta futura mirada
que ya no quiere empuñar más la espada.
Balanza que abre puertas y ventanas
al pueblo que suda sangre y lágrimas.
Alcanzas las flores, las mañanas
florecientes en tu regazo guardas.



Perdido

(A la amistad en tiempos difíciles)

No me encuentro, no me hallo.
Soy laguna en el desierto.
Soy ánimo sin aliento.
No te miento, no te fallo.
Como el niño despojado,
de sus padres apartado.
No te toco, no te siento.
Soy campo de vida yerto.
Como el árbol deshojado,
sin sus hojas enojado.
No te asusto, no te aullento.
Soy barco sin vela, viento.
Perdido en mi mismo estoy.
Tiéndeme tu mano hoy,
antes que la noche lo haga.
Antes que esta fría llaga
borre mi pulso, y la mar
cubra estos versos de sal.
Ayúdame buen amigo,
sácame de este vacío.



Noche fría

Esta noche es fría aunque calor haga.
Me arropa caliente una cruel tristeza.
Esta noche es fría, la más amarga.
Me inunda doliente la fiel certeza
de la amistad que nunca fue amistad.
Vilipendiado, estafado me encuentro.
Apuñalado por detrás, mirad
mi herida sangrante y verme bien muerto.
Fue sin duda el pilar de mi estampa,
las alas que me ayudaron a volar,
los pies que me alentaron al andar,
y sin embargo fueron cisma y trampa.
Ya no hay nada en lo que creer, soñar.
Repican las campanas taciturnas
por la muerte de la amistad, llorar.
Señal de duelo de luces nocturnas.
Esta noche es fría aunque calor haga.
Me arropan ardientes de rabia calientes.
Esta noche es fría, la más amarga.
Me suenan de rabia hambrientos los dientes.



Retrato

Si me miras tú verás
un rostro duro y alejado,
de sentimiento olvidado.
A mis ojos entallar
la mirada penetrante
verás. En mi alma altanera
descubrirás exultante
la caricia pasajera.

Si te acercas sentirás
el pulso de corazón
entero, que soñará
ser algún día tu son.
Son entero de poesía
que sueña soñar por ti,
que truena saliendo así
cual ladrido sin jauría.

Si me tocas rozarás
el temblor de mis latidos
y mi sangre sentirás.
Y mis temores fornidos
olvidarán que soy ciego
de valentía al amar.
Ya que no tuve un gran Ego
ni orgullo para remar.



A las tres de aquella tarde

A las tres de aquella tarde
sol y campos agostados.
Ríos sin ira, calmados
por la calma, fuego que arde.
Son tormentas de silencio,
penetrantes como el asta
del toro en el primer tercio.
Clama la Palabra: ¡Basta!
Quiero salir del embrujo
de noche oscura, vacía.
Quiero disfrutar el lujo
Libertad, tu compañía.
A las tres de aquella tarde
las campanas repicaban,
las flores se marchitaban.
Había venido Marte.
Con el brillo de su espada
por sus dientes afilada.
Empuñas Muerte el puñal,
todo final, todo fatal,
A las tres de aquella tarde.



Esperanza

Recostada en la almohada
veo a Esperanza acostada.
Ya sin soñar abandonar
este olvidado lugar.
Ya de juegos y albedríos
en el pasado perdidos.
Ni sus ojos ni su mente
ni el sentimiento latente
le cambian de parecer,
prefiere en cama yacer.
Ya no quiere caminar,
sobre la vida pasar.
Ya de idas y venidas
están las flores reñidas.
Avanza la ingratitud
con aires fríos de alud.
Cubren y matan la vida,
Esperanza, ¿estás dormida?

-Estoy en el corazón de los hombres, prendida
de un hilo. Jamás dormida. Amigo, descuida.



Poema a la lengua castellana

Cuídame como a un retoño
de los grandes dioses griegos.
Y cuando llegue mi otoño
cuídame como a los ciegos.

Acógeme en tu regazo,
bien te recompensaré.
Cuídame, tiéndeme un lazo
y gran amor te tendré.

Seré para ti las flores
que en tu lengua brotarán
. Más que todos los amores
que por tu vida pasarán.

Algunos me llaman oro,
pero yo me siento fuego.
De las pasiones soy coro
y a los malos poetas niego.

Con tu pie sólo verás
los horizontes cercanos.
Sedúceme y llegarás
a los mares más lejanos.
Ave, tierra, mar

Soy el ave que camina
por los cielos, sin cesar.
Levantando en las colinas
fuertes vientos al volar.

Porque como Don Quijote
camino por las veredas,
al trote por mil riberas.
Llevo la sangre al galope.

Soy la tierra que despega
de raíces posesivas,
la que quiere ser labriega
de sus semillas altivas.

Porque como Don Antonio
serpenteo por caminos.
Luchando contra molinos,
combato contra el demonio.

Soy el mar que desespera
viendo a sus hijos llorar.
Enfurecido cual fiera,
siento mis fauces sangrar.



Noche, noche

Esta noche las horas pintan claros,
pinceladas sueltas, tonos pastel,
ataviada la noche con cincel.
Esta noche no hay sitio para avaros.

Porque la luz es más luz hoy, el cielo
se ha vestido de largo, seductor
de risas y catástrofes, consuelo
entre las frías auroras, el amor.

Surge, brota, renace como el árbol
seco y apagado, antes taciturno.
Ahora bello y reluciente mármol.
Noche de flores, amor, es tu turno.

En estas frías horas que vivimos,
gris y azul. Negro, alegría cautiva.
Creces en colores vivos, racimos
rojos, verdes y amarillos de vida.

Entre clavos y alfombras yo te espero,
entre bailes y miradas te quiero.
Y siento en mis alamares la pena,
su abrazo me cubre, la luna llena.



Árbol de vida

(A la vieja encina)

Cansada por fin la tierra cansada
clama con voces de espigas y arbustos.
Explota la grava explota, empapada
por la sangre de los troncos vetustos.
A lo lejos sus gemidos y alaridos
parecen los de los niños llorando,
parecen los de los ríos sangrando.
Y de cerca se oyen desde los nidos.
Surge de sus entrañas, pura rabia
En forma de mano. Mano que quiere
labrar los campos, regarlos de savia.
Brota del silencio, fuerza que hiere.
Pero yo sé que es buena la intención.
Robusta mano nos tiende la vida,
aceptémosla y bailemos su son.
Celebremos con flores su venida.
La muñeca, raíces retorcidas.
Los dedos, ramas por peso vencidas.
Las uñas, por verdes labios pintadas.
Las venas, por el fuego amamantadas.
Abraza niño este momento, fuerte,
piensa que la vida tiende su mano
y cuídala como a un pequeño hermano.
Nunca estreches la tuya a la muerte.
Cuando todavía el gallo disfruta

Cuando todavía el gallo disfruta
de las últimas estrellas despiertas,
tus ojos más abiertos que la luna
caminan ya por las negras veredas.
Cada día el sol te ve y se pregunta:
-¿Por qué no tiendes la mano y te ayudo?
Cada día el sol sufre y tiene dudas:
-¿Por qué siempre seré el viejo astro mudo?
Oye sus lamentos la tierra y dice:
-Amigo viejo, luz, de sombras luz.
No te ahogues en el fruto de las vides
y baja a la estepa, danos salud.
Callando pero con manos callosas
labora, gana su pan bien ganado.
Trabajador sin cartas azarosas,
su carta es la constancia y el trabajo.
Somos engranajes de la máquina
grandiosa, que hace que gire la vida.
Somos pasto del viento, mera lápida
donde desembocan aguas tardías.
Las flores y la risa el aceite
y los verdes campos nuestro deleite.
Somos piezas del mundo, instrumento.
No, no quiero ser abono, alimento.



Canción

Como el famoso sin fama,
vivo yo sin flores,
muero sin amores.

Como el bosque sin retama,
duermo en mil hayedos,
despierto sin mis miedos.

Como el enfermo sin cama,
perdido en el monte,
más allá del horizonte.

Como galán sin dama,
navego sin cesar,
derecho a ningún lugar.

Como fuego sin llama,
atraco cualquier tren,
y el viento es mi rehén.

Como las llaves sin ama,
viajo sin permiso,
camino al paraíso.

Y es que...
Ríos de decepciones
sangran de mis canciones.



Respiraba, olía a libertad

Tenía el olor profundo de la libertad.
a cada paso,
con cualquier mirada sutil,
rompía mas murallas que todos los hombres.
Abría más horizontes,
descubría nuevos parajes,
por nadie conocidos.
Era el hombre que respiraba libertad.
Su religión, los vientos y mareas.
Su bandera, blanca,
donde escribir los versos más recordados.
Su rostro, inconfundible,
en cualquier lugar olvidado.
Su huella, como el aire,
como el arrullo del viento antes de la tormenta.
Tenía las alas de un pájaro.
Volaba más allá de los confines imaginados,
de los mares conocidos.
Viajaba a todos y ningún lugar.
Hizo cuanto los años le dejaron.
Corría sobre las almas en pena,
y las contagiaba con su halo.
Respiraba el aire puro, destinado
únicamente a los que habitan volando,
a los que viven amando.
Nunca nadie podría arrebatarle su tesoro.
El más valioso
de cuantos han descansado sobre la tierra.
Más que todos los galeones de oro americano.
Más que todas las joyas de la corona.
Más que todo el papel de los bancos.
Más que todo el oro negro.
Nadie le superaba en riqueza.
Inesperada,
como tramontana vespertina,
una bella mujer inundó su vida.
Le acarició,
le sedujo,
le besó,
le conquistó.
Como si de un territorio de se tratase.
Era la Muerte, con sus besos helados,
cuchillas.
Pero ni siquiera tan bella dama
pudo robar su tesoro.
Ya que su libertad escapó,
con el alma a cuestas,
por rehén.
Y navegaron siempre
en el mar de las aguas blancas,
donde descansan los versos.
Y todo puede pasar,
todo yacer, todo descansar.
Ese mar donde se extinguieron las olas
de la injusticia, la crueldad,
la violencia, la tiranía...
Fue el hombre con más libertad
que jamás haya existido.
Su nombre, nadie lo supo.
pero todos trataron
de imitarle.



Despojada

Despojada de los sueños,
el alma revolotea.
Se pierde en soles sureños,
como el alba sin marea.
¿¡Qué será de ti sin mar!?
¿En qué puerto se perdieron
los sueños? Debes pensar
que olvidados perecieron.
Mas es el sueño distinto
de cualquier ritmo latente.
Con pasión de vino tinto
resucitando a la gente.
No desesperes amiga,
porque los sueños no mueren
como la alondra y la ortiga.
Porque almas vivas parecen.
No desesperes amiga,
porque el insomnio y las penas
son como la cruda intriga,
naufragada en mis arenas.
No desesperes amiga,
porque hoy el alma dormida
no yace por cruel fatiga,
vive el sueño de la vida.



Para el pueblo, con el pueblo

Para el pueblo, con el pueblo
vivo, siento, lucho y muero.
Para él, con él soy fuego
febril, soy de tallo nuevo.
Su amigo, su compañero.
Su viento no sopla fuerte
sin el poeta, altanero
y dolido. Sin él, inerte.
Para el pueblo, con el pueblo
padezco más sus heridas
de injusticia, que las mías.
Y sangra hirviente hasta el cielo.
Porque la vida se para
si el pueblo sin ella se halla.
Azucenas no florecen,
y los lirios enmudecen.
Para el pueblo, con el pueblo
trabajo bien mi sustento.
Condenado al esfuerzo
de luchar todo momento.
Porque ya nada te puede
asustar, tú que has luchado
en mil batallas, de frente.
Siempre sufriendo, sangrando...



Como extraños en la noche

(A los amigos de hoy y de siempre)

Como extraños en la noche
vagamos por cementerios
donde cantan los que cosen
las canciones de improperios.
Vivimos en la morada
donde habita la tristeza.
Y luchamos con destreza
contra su gloria pasada.
Hoy somos los iracundos.
Ya no florecen albricias
de estos versos moribundos,
ni tampoco las caricias.
Luchamos con el impulso
del ritmo que intenso late.
No es el corazón insulso,
no es nuestra ira el disparate.
Hoy se hacen fieros los pasos.
Nuestros corazones vivos
al alegre son de los vasos
de vino, lloran su vacío.
Lloran y llorando esperan
las lágrimas venideras.
Como estos vasos vacíos,
añoramos el estío.



Flor de amor

(A Cristina y Alex)

Descorcha la primavera
espumosos sentimientos
con olor a abeja y cera,
con olorosos sarmientos.

Campos se visten de gala
vestidos de colorido.
Abril, lluviosa antesala
del mayo más aguerrido.

Fiel a esparcir las semillas
sobre las tierras aladas,
donde arcillas no son arcillas
sino almas enamoradas.

Y vuestras almas eternas
bajo el embrujo de mayo
vuelan. Como las almendras
que se prendaron del rayo.

Así, libres como el mar
como la noche estrellada.
Por allí se os ve volar,
bajo la estela soñada.


v Soledad

Manto que abrazas al cuerpo perdido,
allanas las moradas con tu brisa.
Consigues tener al hombre reñido
matando la primavera y la risa.

Envuelves y seduces como estrellas
que aman a la noche. Añoranzas
de las canciones tristemente bellas
se incrustan en mi pulmón, son lanzas.

Desespero muerto con tu aspereza.
Desgarradoras garras asesinas
se hunden en mi pecho hasta la certeza
de saber, que no hay savia en mis encinas.

Secuestras el ímpetu de mi mano,
ella no quiere, pero te acompaña.
No está lo suficientemente sano
mi espíritu para luchar con saña.

Ahora que desfallezco vencido
declaro, siempre con sonrisa amable,
que por lo que soy, seré y he sido,
llegará el día y la hora de mi sable.



Brújula

¿Qué es el rumbo sin la brújula?
¿Se extravió en tiempos remotos,
donde no quedan esdrújulas
y se ahogan maremotos?

Allí, los intempestivos
vientos oyen sus varillas.
Así pierden los estribos
al clamor de las manillas.

Porque braman y rechinan
a la rosa de los vientos.
Con sus colores contentos
al ver los puntos que trinan.

Impactan en estridentes
aullidos, en cardenales
puntos. Gemidos fatales
que se clavan en las frentes.

Deben volver a su sí.
Por el bien de las entrañas
, olvidando sus patrañas.
Deben hacerlo por mi.



Locura

La locura me viste, la locura
me desnuda y me besa vibrante.
Ella me seduce, es como una amante.
Bella, por ti desdeño la mesura

¡Me acompañas hasta la sepultura!
¡Oh locura quiero ser el cantante
de tu febril y azaroso talante!
Bella, mi enfermedad no tiene cura.

En ti se distingue fatalidad.
Camino que nos acercas al vino,
geniales síntomas de enfermedad.

Vino que te pierdes en el camino,
enfermos dotes de genialidad.
Eternamente locura, mi sino.



Voz

Nadie apagará mi voz.
Fuente que no titubea
cuando hay que empuñar la hoz
Más allá de la marea.
Fuerza con fuerza infinita
que penetrando profundo
en la tierra más marchita
siembra de flores el mundo.
Nadie acallará el clamor
del llanto de un niño enfermo.
Niño sin juegos ni amor,
campo de alegrías yermo.
Nadie secará el sudor
del que labora a destajo.
No, no darán su calor
al que muere sin trabajo.
Nadie curará el dolor
del alma desfallecida,
porque la vida es la flor
que siempre cae rendida.
Siento no llegar más lejos
donde reflejen lamentos,
tristes voces los espejos
y pululen esperpentos.
Nadie apagará mi voz
aunque no surque mil mares
y sufra golpes de coz
con amargos avatares.



Canta el amor más oscuro

Canta el amor más oscuro
lamentos de pena negra.
Canta el amor más profundo
gemidos de pena, pena.

Esparcidos por mis venas
descubro los tristes besos
que me abrazan con cadenas
tiznando negros mis versos.

Negra la vereda mía,
destino a mis propios pasos.
Allí me hallo, donde anida
el amor roto en pedazos.

Lúgubre claridad
del estío más cálido,
perece en la inmensidad
de los vientos atlánticos.

Y navega por los mares
usurpando cada puerto,
sembrando por todas partes
con su negro, negro aliento.



Herida

Se escapan huyen ideas
viajando en mi sangre roja,
brotando por mis mareas,
cayendo como una hoja.
Otoño de las pasiones.
Te deslizas por mi pecho
en forma de corazones
dejándome aquí, maltrecho.

Heridas de sangre herida
por una orgullosa rosa.
Desciende vivaz, teñida
roja, sangre lastimosa.

Son volutas de serpiente
que serpentean voraces
por el fuego más ardiente,
por el suelo en donde yaces.



La vejez

Después de haber luchado en mil batallas
olvidando el alma en tierras lejanas,
retorciéndote como las rocallas,
hoy, únicamente peinando canas.
Después de navegar sobre las olas
de sangre, teñidas por los lamentos
de un niño. Hablas contigo mismo, a solas
y ves que la vida es como los vientos.
Huracanados en la juventud,
provistos con una fuerza infinita,
sembrando a su paso olas de salud,
llenando de vida la flor marchita.
Serenos, tranquilos en madurez.
Fuerza limitada pero constante
con espíritu luchador, con tez
de hierro. Con la muerte por amante.
Apagados, taciturnos de viejo.
Olvidados, perdidos en los años,
estancados en un rincón añejo,
toman en calma sus últimos baños.
Después de vivir todo, ¿qué te queda?
Después de ser héroe, mártir, piedra
constructora de sueños, la vereda
sin límites terrestres, la hiedra
donde se esconde la sabiduría,
la ventana donde no entran tristezas,
un canto en la mañana, alegría
de cirros y aves, lima de asperezas.
Después de ser todo, ¿algo te falta?
Sólo el descanso, la brisa marina
en el pecho, con la frente muy alta
La espera paciente bajo la encina.



Fuegos de artificio

Si todas las explosiones
se volvieran por un día
luces y calor, canciones
¿no sería una alegría?

Si el clamor de los cañones
se apagara en armonía,
rompiendo sus eslabones
¿no sería una alegría?

Si los cielos se tiznaran
con los más vivos colores
y de ellos se enamoraran

¿no sería una alegría?

Sería cuando las flores
más coloridas brotaran
creciendo y brotando amores.



Pasos en soledad

Sombríos, apagados, cabizbajos
tornan la mirada hacia el agua sucia.
Desnudos en la noche, tristes pasos
desfallecen lúgubres cual flor mustia.

Arden voraces los charcos en mis pies,
son cadenas hambrientas, parásitos
que absorben la sangre y chupan la fe.
Solo en el desierto más árido

acompañado de la soledad,
mis pasos ni corretean ni ríen.
Solos. Únicamente les queda esperar
a la muerte, y que de ellos se fíe.

Suenan las pisadas tan solitarias...
como repican campanas de muerte
en la pena inmensa. son tristes arias
las que en estos fríos días me mecen.



Caballo

Navega raudo y veloz,
caballo mío, caballo
del viento, tú del amor
apasionado vasallo.
Lamentos vivos, en vena
por llegar corren vivaces,
sí, allí donde tú naces.
Enfurecido en corbeta
arengas a tu fiel tropa,
la libertad como meta,
para luchar viento en popa.
Navega bello cuatralbo
tienes la mar a tus pies.
Siempre vivo, siempre a salvo,
tienes toda nuestra fe.
Surca los atardeceres
incendiados en mis fuegos.
Sabemos que sólo quieres
abrir puertas a los ciegos.
Olas, cielos y sabores
¡todo invisible para ellos!
Transporta las ilusiones
de estos, de esos y de aquellos,
de nosotros, labradores.



Guerra civil

He caminado sobre cadáveres
putrefactos, hundiéndose en la tierra.
La muerte y sus fatales imágenes
han pasado hambrientas en mi cabeza.

He visto almas errantes, insurrectas
a la muerte. Rebelde la estrella,
brillante cuenca derramada, enferma.
Rebeldes almas errantes, tan bellas...

He sentido el sentir de un niño muerto.
Sus juegos y sus risas no han caído
en el olvido profundo, en el huerto
de la desolación, huerto baldío.

He abrazado el perfume de la pena
con más vehemencia que el de las rosas.
Es todo inmundo, todo lo que queda
tras la muerte vacía en una fosa.



Pasión apagada

Se resbala por tu frente
un suspiro de amargura,
una caricia latente
que se pierde en la llanura.

Veo caer por tu pelo
carámbanos de ilusiones
rotas. Tiritan en celo
las perdidas ambiciones

que tuviste en otro tiempo.
Olvidadas, absorbidas
por el abismo sediento
donde naufragan, heridas.

Hoy, más que nunca, se siente
profundo, oscuro, apagado
tu perfume en el ambiente,
a rosas negras ligado.

Lástima de pasión
desenfrenada, furtiva
en las estrellas, al son
de la media luna altiva.



Nunca, nunca

Muerto estoy si mi voz calla.
Nada soy, sólo arena
perdida, si ella no se halla
destruyendo la cadena
del mutismo insolente.
Enfrentándose a la muerte.
Cara a cara, frente a frente,
quiero yo, voz, a ti verte.
¿Qué sería de mi lengua
amordazada, apartada,
sin la saliva, que mengua
cada primavera, cada
verano seco, sin amores?
Me pregunto qué sería
de ella, amiga de las flores,
del canto al nacer el día...
¡Habla, grita, no calles!
Por favor voz, nunca lo hagas.
Inunda de miel los valles,
Llega hasta todas las llagas.
Pero nunca, nunca lo hagas.
Pero nunca, nunca calles.
Vayas allí donde vayas,
te halles allí donde te halles.



Tormenta de verano

Olor a tierra mojada.
Tierra que vuelas, que subes
por el aire las cascadas
de agua hasta alcanzar las nubes.
Llena tu olor el ambiente
seco, marchito en estío.
Irrumpes abruptamente
con la fuerza de un navío
enamorado del mar,
pero del mar separado.
Porque es la tierra tu amar
que no puedes dar de lado.
Tú tormenta, gota fría
que refrescas las mañanas.
Tú lágrima, gota mía
que amargas estas manzanas
rojas, que son nuestros días.
Lluvia, limpia las raíces
de la amargura. Envía
tierra, tierra sin lombrices.



Pasar

Puede que las horas pasen,
Puede que los días vuelen.
Puede que un día se tasen
Las cosas que nos repelen.
Nuestro rastro es el camino
Por el que otros andarán
y marcharán con destino
a ganarse bien su pan.
El hombre pasa, seguro.
Ayer se fue, hoy vendrá
Con una flor y un auguro
De lo que viene y tendrá
Mañana en mano el futuro.
Pero todo pasará.



Hoy te vi

Sí, hoy por fin la vi. Te vi, belleza.
Hoy te vi resbalar en el ambiente,
sí, como una lágrima de tristeza
cayendo por la mejilla, carente

de todo peso. Toda tú pureza
volátil, momento vivo, latente
en el tiempo... Hoy al fin te vi. Hoy empieza
a teñirse de ti el cielo y mi mente,

a disfrazarse de ti, primavera,
a seguir tu rastro de rosas rojas,
a fundirse contigo, tan ligera...

Hoy te vi, bella. Ya no me despojas
del recuerdo de la flor pasajera
que iluminó el seco camino de hojas.



No está en venta

El verso ni se compra ni se vende.
No se encuentra en el mercado de abastos
la belleza. Sólo en los verdes pastos
de vida salvaje. No, no depende

de aquellas manos podridas, doradas
por el metal sangriento, doloroso,
fugaz, lleno de mortales espadas.
No la belleza nunca cae en un foso

de lágrimas amargas, venenosas...
No. La belleza vive en el ambiente,
la poesía surge de las rosas.

Es bella la poesía y no miente,
porque hay poesía en todas las cosas,
porque es la belleza nuestra simiente.



Amor inmortal

Nuestro amor es para siempre infinito.
Sin miedos, sin límites terrenales.
Corazón sin cauces, nunca marchito.
Es un amor de tierras ancestrales.

Nuestro amor es fruto del plebiscito
entre flores y fieras animales,
que decidieron que estuviera encito
por aquel fruto de frutas banales.

Salvajes fueron las noches, pasión
desenfrenada, bestia liberada,
aguas torrenciales, la sinrazón.

Este amor no conoce la morada
de la muerte y de la vida. Canción
triste. No murió, no nació mi amada.

(Nunca murió este amor, porque nunca nació)

Jorge Gómez

joldan
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