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HE AQUÍ EL DILEMA

Aunque amorosamente húmedo y oscuro este recinto del que no quiero salir, cálida es su atmósfera. "Parte soy de tu cuerpo, madre, no me arrojes al mar de la luz ignota, eres tú el aire que sé respirar y tu sangre mi tan dulce alimento" Una fuerza mucho mayor a la mía, obstinada continúa empujándome hacia afuera mientras me resisto porque no quiero, no puedo no no quiero ni puedo cruzar los linderos a los que mi cuerpo se ha acostumbrado. Tanto miedo tengo que esta sensación me ciega. Respiro. Respiro, pero el oxígeno a cada esfuerzo por aferrarme a mi sitio se vuelve insuficiente. Y el corazón, potro asustado se desboca como por la ladera de una vasta montaña desconocida. "Madre, tú también sufres: percibo tu angustia tan nuestra. Calla, nada digas, d&ecute;jame a mí contar la historia:"
La sala de partos a la que aludo -fría, bien iluminada, como son todos los quirófanos y salas de partos de cualquier hospital del mundo- no ofrece nada especial. Sólo el escenario convencional para que se sucedan los hechos. Mejor sería decir de una vez la verdad: la acción del relato es mínima. Nacer pudiera parecer un acontecimiento pleno de trivialidades, bajo la mirada indiferente de los otros. ¿Y no es eso acaso? ¿Venir a esta jungla, a este desierto que llamamos mundo, para morir luego irremisiblemente? Nacer y morir ad infinítum. Maldito juego de qué infernal dios. Para el que nace, su nacimiento forja, se antepone, da pie a su destino; puntal de la personal historia; irrupción del cataclismo. ¿Nacer para ser? Alguien hable y diga, dé su contundente respuesta. No, preciso es que espere: la criatura está por nacer o no nacer.
El médico que atiende el parto de mi madre, soy yo. Mi madre está pariendo. Quien va surgiendo de sus entrañas, soy yo tambi&ecute;n. Está pari&ecute;ndome mi madre, a mí, sí a mí que presido el parto. Un parto por demás difícil: léase aquí el uso imperativo de los fórceps. Mi madre, ah mi madre, florecida rama que no se resigna a soltar su fruto. Hijo, fruto enraizado a su nutricia savia.

Un presentimiento de la inminencia del acto, y aún con esa sensación del inobjetable advenimiento que late ensordecidamente, me sobrecoge con un sobresalto al momento mismo de abrir los ojos.


Julio César Aguilar, Nació en Ciudad Guzmán, Jalisco, en 1972. Poeta, editor y traductor. Médico cirujano por la Universidad de Guadalajara. Maestría en literatura hispanoamericana por la Universidad de Texas en San Antonio. Ha coordinado varios talleres de creación literaria y ha sido editor-director de las hojas de poesía Crisol y La llama ardiente y de la revista literaria Orfeo, así como del sello editorial La otra orilla. Miembro de The Academy of American Poets. Colaborador de revistas y suplementos culturales de México, Estados Unidos y España. Becario del FOECA-Jalisco durante 1998. Obtuvo los primeros lugares en The Hispanic Heritage Award dentro del River City Poetry Contest 2001 y The San Antonio Poetry Fair, Director's Award 2002. Parte de su obra se encuentra en antologías como La rosa escrita, Aldus, 1996; Tiro al blanco. Poesía última de Guadalajara, Arlequín, 1998; Inkwell Echoes, The San Antonio Poets' Association, 2001; Poesía de Jalisco del siglo XX, Secretaría de Cultura de Jalisco, 2002; entre otras. OBRA PUBLICADA: Poesía: Rescoldos, Mala Estrella, 1995. || Brevesencias, Secretaría de Cultura de Jalisco, 1996. || Nostalgia de no ser mar, Ayuntamiento de Guadalajara, 1997. || Mano abierta, Mala Estrella, 1998. || El desierto del mundo, CONACULTA, Tierra Adentro, 1998. || El patio de la bugambilia, La Otra Orilla, 1998. || Orilla de la madrugada, Gob. del Edo. de Coahuila, 1999. || Illuminated Mysteries/Misterios iluminados, Galvart Press, 2001. || La consigna y el milagro, Paraíso Perdido, 2003. || Una vez un hombre, Cork Hill Press, 2004. Authorhouse, 2007. || La consigna y el milagro/The Summons and the Miracle, Cork Hill Press, 2005. || Transparencia de lo invisible/Transparency of the Invisible, Xlibris, 2006. || El yo inmerso, Authorhouse, 2007. Traducciones: Con ansia enamorada, poesía de Irving Layton, Paraíso Perdido, 2004. || Camino del ser, muestra antológica de 24 poetas anglosajones, Xlibris, 2006.

Julio Cesar Aguilar

| El Autor |



EL YO INMERSO


Lamentos y Ecos Urbanos

I

Pantanos que son ciudades que son prisas y son mundo:

Aquí se vino a desenvainar el odio
a acuchillar el hambre de cuántos siglos
a domar la furia de socavar
con lento paso
la llamada
terrible angustia:

A eso vinimos:

No a ser pájaros felices
o trinos entre las ramas
y sin embargo
volamos indudablemente.

Guerreros de ningún combate
y combatientes de tanta guerra
somos
y somos como felices pájaros
que trinando mueren
y viven sobre el asfalto.



II

No es como todas ésta
la ciudad que se desangra a tu costado
(in)habitándote
paloma vulnerable / herida de frágil vuelo
y acosada por (des)humanos ultrajes.
Ciudad ésta donde se miran otras
espejo de la gran barbarie
corona falsa y derretido cetro
de la tan nuestra civilización suprema.
Ciudad qué falsamente amada
con un odio feroz y urbano.
(Cantarte a ti
desgranar a la deriva
es un piano en verdad funesto
de encuentros y más desencuentros).
Mientras sus latires ejerce
de puro corazón ensangrentado
ruido hay que levanta
alto
su taladro de prisa
correleyvámonos.
Selva enclarecida de autos / de las Hormigas guarida
o gallinero de cuáles hombres tantos
anónima ciudad que es la tuya y también la mía
y que no es de nadie: Sólo enemiga luz
amiga
y larga
..........largamente polvorienta.



III

Profunda la noche urbana
luces de neón palpitan
refulgen
como arcoiris que no saben de lunas.

Un puente colgante se extiende
desde este aquí a aquel ahora.

Sonrío
y así me voy cantando
porque en la Noche
de la Fiesta me quedo.



IV

Yo
que sé de insomnios
gota por gota miro filtrarse
segundo a segundo
y hora tras hora
el agua de luz nocturna.

Sube la mirada al cielo
y me constelo sin más.

Desde el balcón del sueño
contemplo entonces:
La ciudad va despertando
con los ojos míos dormidos.



V

Porque creímos en la bondad del hombre
aún creemos.

Porque de la magia del universo supimos
aún sabemos.

Porque sentir pudimos de la vida su hálito
aún respiramos.

Porque soñamos en el sueño nuestro
aún despertamos.

Porque en la desgracia de los otros morimos tantas veces
vivimos aún.



Barcelona

I

Vine, vi
testigo soy:

La majestad
de la mano
arquitecta
fundó en la piedra
su poderío.



II

Videntes
de lo real visible
se ofuscan los ojos
constreñidos
bajo el horizonte del tiempo
florilegio de siglos petrificados
en un aquí y desde siempre ahora:

Aurora sobre su entorno de eternidad.



III

LAS RAMBLAS

De entre un gran río
de escoria pleno, saltan
peces de luz.



IV

Con su mar de luz cosmopolita, mar
de arreboles y espesura albeante
ligerísima
desde su herrumbre erguida en recia roca
desvelada y sonámbula la ciudad deambula
mientras los locos bramando sus ensoñaciones nada aguardan
y en sus esquinas las putas
se inclinan
bajo el brillo y peso
de un cualquier poderoso caballero andante
con el destello de un beso hipócrita.

He aquí la ciudad despierta:
Barcelona, la Ciutat Vella
Babilonia otra más de nuestro siglo
manantial de fulguraciones, viñedo
de claridad antigua
ciudad ebria para soñar, vivir
para soñar viviendo nuestras vidas
tan de nosotros y siempre igual a la de todos.

Barcelona
poseedora del vino
que al luego purificarnos
pronto nos reintegra y unifica.



V

Entre callejuelas y templos
..........ondulaciones del aire
de un tiempo petrificado.
..........Inmóvil ante la destrucción
la eternidad de lo bello.

La belleza eternizada
..........permanece

en la mirada del que sabe mirar.



VI

He aquí la historia
..........de la belleza:
antiquísima piedra
..........aún erguida
en las callejuelas
..........de un barrio gótico
donde un tumulto de luz
..........y vaporoso vaho
de sí mismo nace

saciándose.



VII

Venir a saber que el tiempo
no más que una ilusión
es.

Llegar sabiendo
que la tierra llora
si nos desangramos
y los hombres todos
células somos de un mismo cuerpo
de cuyas raíces
un jardín surge de corazones nuevos
..........renovados siempre
y así resurgiendo.

Irse entonces sabiéndolo todo
sin comprender nada
sin ningún olvido
sin olvidarse yéndose
........................yéndose

para volver



El Yo Inmerso

POEMA UNO

Especialista en la muerte fui
desde que me hirió la vida
y ahora qué
que poco tengo
vacías las manos son
siendo que algo poseen:
fragancia nevada de frutos y frescura
de lirios amargos.
Del corazón mejor es no hablar:
fuente o lámpara rota
de vano cristal, río disecado
hálito que se ahoga en su misma sangre.

Alguien me explique la fórmula
para parecer feliz
ante el universo éste tan lejano
y ajeno
mientras aguardo solo y solamente
la consumación de todo
como el que nada sabe y a nadie teme
con la cierta costumbre enhiesta
de mirar a los atardeceres
hundirse
en su fango de fuego
febrilmente desvanecido.



POEMA DOS

En un lamento súbito
Como desde un angustioso sonido de río
Un alarido de tren alejándose
Tendiendo
Tan vacías las manos
Con voz de relámpago
-Tras el feroz silencio repitiéndolo-
Te digo
La vida es ésta

Acaba entonces de matarla
O tómala viva ya.



POEMA TRES

Te preguntas
Mientras te respondes
Quién eres tú
Sino el otro.



POEMA CUATRO

Aligérate la voz
Sucumbe del pasado a las tinieblas
De sueños cámbiate
Enfílate a la vida clara
Múdate renuévate
Llénate de ti en fin
Ven..........desde ti ven:

Hazme otro.



POEMA CINCO

Digamos que la Muerte llega

Entonces lloramos
Lo que no pudo ser.



POEMA SEIS

Tu autorretrato escribes

Mientras tu yo
Ocultas
En ti, de ti, contigo mismo

Bajo los triunfales puentes
De una existencia plácida

Terriblemente gris.



POEMA SIETE

Huracán
de aciaga espera
tempestad de día soleado
en una mañana con nostalgia de invierno
en que por fin navegamos
desde San Antonio
a ver la madre enferma
al laborioso padre
y a la hermana tan sola.

Y he aquí que la historia reinicia
el mismo fuego de ira
en torno nuestro pululando
la mismísima cicatriz antigua
manando al despertar
como león que fue cautivo
y ahora fieramente embravecido ruge
y afuera de su jaula veloz vuela
se enfrenta, hiere y de odio se desangra.

Si alguien mirara -sabiendo ver-
adentro aquí de este pozo
que es la conciencia del yo inmerso
los ojos de ese alguien
repugnaríanse
lloverían ácidamente
presurosos ríos de lágrimas
tras verificar todo ese campo de abandono
pantano de cuyo cieno
los más voraces insectos se nutren
alimañas que en madrugadas roen hasta el instinto.

Ya finalmente en el patio
-puerta abierta hacia el cielo-
de la casa que se derrumba
en López Cotilla
desintegrándose hay campanas
que directas gimiendo caen
al abismo de honda desolación
en el que indefinidamente nos hundimos
porque amarga es la piel del hombre
y de las cosas que perecen:
monumento en ruinas las memorias que se olvidan
pero no olvidamos
bajo un vendaval de polvo atroz.



Julio Cesar Aguilar
julio7036@hotmail.com

joldan


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