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La secuencia de los textos responde únicamente al orden de publicación.
  1. Tus ojos negros
  2. Dudas
  3. Desde Lejos
  4. De Madrugada
  5. Ambiciones

Gustavo Sosa



Ambiciones

Tomó el tiempo más maleable que halló en su entorno y comenzó a darle forma con lejanías, desencuentros y aciertos. Dejó para sí mismo un lugar muy apartado, rodeado de recuerdos imborrables, a lo que él llamó el tiempo indomable. Con rezos que jamás fueron escuchados, preparó su esperanza y su creación fue un nuevo Dios.

Lleno de poder, dobló los vientos dejándolos retenidos dentro de mil pliegues. Nadie supo jamás como desdoblarlos.
La tierra soltó un quejido al saber que no se moverían las nubes ni los árboles. Todo se detuvo. El tiempo universal, tan implacable como indiferente, contuvo su marcha frente al acontecimiento.

Manteniendo su secreto retuvo su gloria y dejó que el mundo temeroso lo admirara. Nadie pudo hacerlo. Se esperó lo peor y todas las criaturas buscaron refugio creando centenares de cuevas.

Solitario y acorralado por su propia indignación, comenzó a destrabar los pliegues y el viento cobró vida e intensidad. Las nubes fueron llevadas a otros lugares y el sol despertó a todos de su letargo.

Sin poder y transformado en un hombre vulgar, se quedó sin esperanzas. Trocó todo lo conquistado por recuerdos que jamás lo dejarían solo, en lo que él consideraba un verdadero e interminable juicio a todos sus actos. Un auténtico acto de injusticia.


De Madrugada

Se enrojeció el cielo con la sangre del desvelo. Los mares arrojaron su sal de duda y crearon el viento de la angustia que desbordó los corazones enamorados. El sentimiento se hizo amargo y los besos dejaron su dulzura en un cofre inexpugnable.

Lentamente, el cielo recobró su color habitual, el mar tomó la sal del viento y todo regresó a su lugar. Los que sobrevivimos quedamos presenciando las innumerables cicatrices que dejó el cambio, preguntándonos si era necesario todo esto.

(A Mónica)


Desde Lejos

Un ruido a hojas secas perpetuó el silencio que dejó tu partida. Te vi marcharte lentamente, pero segura, como quien intenta llevarse todo el pasado en un bolsillo roto, abierto con recuerdos que forman las llagas de eternos paraísos vividos que jamás volverán.

Recorro nuestros lugares y feroces animales que habitan solamente en mi imaginación me devoran de a dentelladas, dejando en cada una de ellas un sello indeleble de ti. Caigo de rodillas suplicándole al tiempo que me dé un respiro para ver más allá del recuerdo, para que mis llagas dejen de doler con cada segundo que tu nombre llega a mi mente, con cada aroma de primavera y vientos tibios que anuncian la época del celo.

Un día, el silencio se rasgará en infinitos pedazos para pertenecer al universo de las melodías que colman nuevas esperanzas. Hasta tanto, seguiré blandiendo mi soledad entre estas paredes, que simbolizan todo lo que tuve y dejé de cuidar, para crear estas ataduras a mi pasado.

(A Mónica)


Dudas

En el punto justo del equilibrio de la curva, donde ambos extremos del camino pueden ser vistos, es el lugar donde la decisión ofrece su tensión máxima para avanzar o retroceder.

Justo ahí, abriendo y cerrando fronteras, heridas, esperanzas, logro ver ambas realidades.

Este punto ofrece sin darnos cuenta una danza de contradictorias canciones, donde todo parece arrestado, esperando la idea liberadora de andar o desandar.

El punto ideal nos deja ver el pasado y futuro desde una línea imaginaria, cóncava o convexa, desde el punto fijo, desde la duda.

Puedo decir de allí vengo. Y diré allí estaré si me libero de mi posición, con la simple voluntad de mi ser.

El horror de la cobardía me invada y el temor de lo nuevo me detiene. La duda me hace danzar en esta única melodía, que ya consume mi carne.

Diré basta en este punto exacto donde creo haber encontrado algo de lo eterno que existe en mí: Mi anhelo de salvación sin tener que decidir por mi mismo.


Tus Ojos Negros

En algún punto donde todo transcurre igualmente. Donde lo inmediato se tropieza con lo postergado. Donde la música y el silencio comparten notas. Donde la voz y el callar son mutuamente protagonistas. Allí donde cada vez es siempre y nunca es un momento que existe verdaderamente.

Allí estoy parado en esta noche donde los duendes me traen presagios de un naufragio. Me devuelven miradas de extraños que creo haber olvidado. Cada mirada me deja un mensaje que descifro sin querer, porque son parte de mí. Cada mirada tiene algo que quiero olvidar y no puedo.

Allí donde toda la quietud es movimiento, como el ojo de un huracán, que tiene su momento de paz, allí donde la mansedumbre anuncia la intemperancia, justamente allí logro estar en esta noche. Tus hermosos ojos negros ya no me miran, y todo tiene la voracidad de la catástrofe y la quietud que la presagia.

(A Rocío)

 

Gustavo Sosa
gustavomsosa@fibertel.com.ar

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