Gabriel Impaglione





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Rabiosamente oscuro y silencioso
a duras penas nada
apenas
el cuarto trashuma la trasnoche
y yo tan quieto
atado a la llanura de las horas.



Voy de un lado al otro de mi círculo
llevando la soledad repleta de colmillos.
No alcanza silencio para eludir dentellada,
ni desandarse en puntas de pié para alejarse
de semejante dentadura.
Duele a cada instante la carnívora!
Y cuando no duele
en su intermitencia de aguijones
se echa en el umbral a espantar los pájaros.
Gruñe sus zarpazos a la luna.
A veces pienso que un buen día
se hartará de mis huesos.
Mientras tanto espero haciendo
como que no me importa.



Aullido que desgarra
el tejido tenso de la noche.
Por el tajo se cuela su puñal.
Alguien espera
la señal doliendo.
El planeta esconde su luna
hasta el no se sabe.



Cuando de un salto llegaste al mundo
para entibiar con tu luz la noche helada
te esperaba
atado a la anunciación de las guitarras,
al canto de las calles desandadas
por sombras deshaciéndose.
Te esperaba
con el corazsn abierto de metralla
con el pecho surcado de prisiones
con la boca reseca de distancia.
Te esperaba
mujer, con la pequeña gota de amor
refugiada como un pájaro herido
entre las manos.



Esa mujer tiene miles de tentáculos,
está llena de imanes azules,
de abrazos constrictores.
El aire, a su alrededor,
gira como un tornado.
Esa mujer es adhesiva.
Su sangre es un cemento de contacto
y su cabello lanza
increibles nudos marineros.
Echa dardos atados a una soga.
Esa mujer es centrífuga.
Tan llena de luz encandila
tejiendo su red vertiginosa.
Tiene dulces rejas de atraparme.
Esa mujer succiona
como remolino, me naufraga.
Termino en su centro girando
hasta la hondura mansa
de sus ojos magnéticos.



Hoy todo fue esperarte celeste rosa blanca.
Un largo silencio tan atento
que dolía la nada como espinas.
No quiero esta distancia de colmillos.
Arden los brazos desgarrados
las manos solas duelen como dentelladas.
Ahora que es otra vez soledad de nombrarte
se fue el día por una estación cualquiera.
Pregunto por tu luna de fruta
a los dormidos fantasmas de la espera.



Urgencia
Partir la cáscara
del tiempo a golpes
tibios de tu nombre
abrirle un hueco
nombrarte
nombrarte
hasta partirlo!
Y echarse por la luz
goteando
hasta tus labios.



Te miro.
La noche llena de pinceles
deja su luz en tu cintura.
Estas hecha de frutas.
Brillas manzana
hueles limón
labios naranja
durazno tu piel almibarada.
Bebo de tu hondura y ebrio
de vino derramado
no sé qué hacer con tantos besos
y te miro.



Hacer pie

Habremos de hacer pie
tal vez en algún sitio.
Cuándo.
Al unísono.
Cuándo.
Mientras matan y rompen
mientras rompen y matan.
Cuándo.
Juntos.
¡Cuándo!
¡Cuándo!
Donde todos los todos
nosotros
con poesía
declaremos al mundo
patrimonio de la humanidad.

(De Bagdag y otros poemas)



Imágenes

Anoche, en Bagdag,
pudieron verse
incontables alfombras voladoras
huir hacia la nada
cargadas de niños
y sueños
mordidos por la metralla.

(De Bagdag y otros poemas)



Modernidad

Para los gerentes de las petroleras
y de las fábricas de armas
el Jardín del Edén estaba incompleto.

Por eso estallidos
llamaradas humaredas tableteos.

Entre el Tigris y el Eufrates
brilla en esplendor el Nuevo Orden.

(De Bagdag y otros poemas)



Dos palmeras

Dos palmeras
iluminadas en la noche de Bagdag
raspadas por los gritos que se agotan
en el viento de la muerte,
cobijan todavía a la bandada.
Bajo el doble estallido de la savia
soñaron los amantes
la risa de sus hijos.

(De Bagdag y otros poemas).

Gabriel Impaglione
poesia@argentina.com
desde Luján (http://www.lujanargentina.com), Argentina.

joldan
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