los otros poetas... la otra poesía

UN GOLPE DE GRACIA PARA JACQUES DERRIDA
in memorian: Oscar Portela

No habrá duelos que interiorizar, porque estás en las huellas, en las señales de los textos de mis poemas, que vienen no solo de experiencias estéticas, sino de los "golpes" en el tímpano, que permiten que leto sean "alethe" -como escribiste, y que a su vez "mnnemosine", nos permita seguir el imposible trabajo de continuar trillando lo que otros sembraron. Cierto es que en un mundo que parece apagarse lentamente, dejas vacío el panorama crítico - desolador hoy-, y que eras para muchos, no sólo la conciencia más lucida, sino la más proba de la intelectualidad Europea del siglo que dejamos. En siete décadas realizaste una obra prodigiosa, abierta a todos los temas, y a todas las experiencias del Otro y de lo Otro, desde "La escritura y la diferencia", hasta "La gramatología", y tus lucidísimas conferencias y seminarios, en la que como un topo, una y otra vez, volvías sobre lo "mismo", pero desde otra perspectiva. La "deconstrucción", fue estrategia, pero también táctica y logística de quien - siempre respetuosamente-, dialogaba con todos aquellos que se reapropiaban de esa política - fundamentalmente política del concepto-, a veces con resultados más que falaces. Tú te afirmabas en el concepto de la "diference" - porque afirmabas-, donde existe la vida, en cualquier tipo de ella, esta lo Otro de Ella misma, el Otro de lo Mismo. Por eso las admoniciones políticas, por ello la cautela al juzgar y al mismo tiempo -en la cercanía y la lejanía el rescate de las experiencias más disímiles. ¿Quien si no tú, triplemente extranjero en un mundo espectral de extranjerías,- judío, argelino y europeo-, hubiese intentado una síntesis, buscando en el "cap" del logos Europeo, lo Otro y el Otro de lo Europeo - pequeño artificio biológico del Asia-, para construir un mañana posible?

Ya sabemos que no todas las cartas llegan a su destino, pero la tuya caló hondo, cuando cierta intelectualidad se había retirado a las aulas, para desde ahí reconstruir un pasado desde el punto de vista arqueológico. Aunque la filosofía a "martillazos" era demasiado radical, y la "destruktion" - con la que dialogaste durante todo el periplo de tus "tropos"- no te satisfacían, no desechaste sus aportes -los llevaste por el camino que creíste correspondía-, e insististe, en que todo juicio de valor exigía ante todo la exigencia de pesar la "singularidad" -ante todo lo irrepetible de la singularidad. ¿Que contemporaneo tuyo se hubiera entrevistado con Arafat, como tú lo hiciste? Probidad de un intelectual que sacrificaba todas sus herencias, en pro de juzgar -doblemente juzgar (la voluntad volitiva heideggeriana)-, la herencia Europea bien representada en la punta de la lanza o el fusil: golpe de "cap".

Y nos recordabas en una sociedad autista que el cordón umbilical era fácilmente reemplazable por el "tympano": acá estamos, contemplando cómo la sociedad globalizada esteriliza a "Mnnemosine", en función del "tympano", que había que desplazar a martillazos. "Márgenes", "La carta postal", la formidable "Dar el tiempo", y la maravillosa "Memorias de Paul de Mann" - en la cual demostraste cómo el "filósofo puede ser un juez imparcial"-, y aquella, en la cual explicabas por qué la nada no es la Nada, que muchos creyeron ver en la tachadura heideggeriana de la palabra "ser", con la famosa X; "Los espectros de Marx", en donde lo residual y espectral del discurso marxiano, se eleva a nuevas alturas especulativas, y tantos otros títulos, en los cuales el empirismo y cierto estructuralismo fueron cuestionados, te elevaron por encima de tu tiempo: todo "nombre es nombre de muerto", escribí en un poema -en tu honor-, pues el nombre sobrevive a quien lo porta.

Aunque tus textos carecieran de nombre -lo que resulta imposible- ("nombre de muerto eres desde que llegaste al registro civil"), ¿quién podría ya librarse de tu hechizo?: "Yo saludo la lógica humanitaria en su "espíritu". Sin embargo desconfío de ella cuando está controlada por ciertos Estados al servicio de cálculos a corto o largo plazo, a veces muy simplemente al servicio del mercado. Al tiempo que salvan poblaciones, en ocasiones ciertas "grandes potencias" intentan instalar o proteger así una hegemonía económica o militar. Por lo tanto, estemos lo más alerta posible respecto de las coartadas humanitarias y los políticos sospechosos que instrumentalizan "los derechos del hombre".

A Elizabet Roudinesco ("Y mañana qué"...) ...Y hoy qué Jacques Derrida? En tus diálogos imaginarios con Valery, lo decías. Claro, no podemos detenernos en cada uno de tus títulos, ni siquiera en una página de tu monumental obra, pero hoy, ahora, quiero despedirte con estas palabras que continúan en muchas páginas de "Los Espectros de Marx": " La "extensión" (la "diseminación") del armamento atómico, que sostienen los mismos países que dicen querer protegerse de ella, no es ya ni siquiera controlable, como lo fue durante mucho tiempo, por estructuras estatales. No desborda solamente el control estatal, sino todo el mercado declarado".

Ningún tema (ni la relación hombre ("mortal") - animal-, ni lo jurídico político, ni el dialogo con los pensadores de todos los tiempos (un dialogo virtual entre Schmidt y Benjamin), te fueron ajenos, y si la palabra "deconstrucción" - política del nombre propio- ( "Espolones: Los estilos de Nietszche"),te fue odiosa e inadecuada en ciertos momentos, ello forma parte de lo que señalaba Heidegger: jamás el autor - apropiador- y el autor entienden el texto del mismo modo, y a ninguno de ellos pertenece la verdad del enunciado. Jacques, ¿quedan mentes hoy que piensen el mundo "que mundea" como totalidad?: No lo sé, empero, la política de los nombres no metafóricos, inspiró estos versos....

"a estos nombres/ que barrerá el adviento/alguna vez/algún instante/algún olvido"

del libro "Golpe de Gracia" de Oscar Portela, dedicado a Jacques Derrida: e aquí otro golpe de cap, esta vez americano, querido Jacques.

Oscar Portela
octubre/2004


Heidegger y la filosofía de la luz
por osar Portela

Cuando Martín Heidegger murió, en la Argentina se hicieron muy pocos comentarios notables acerca de su persona, de su pensamiento y de su obra. Acicateados por la urgencia de poner de manifiesto en nuestro ámbito la importancia de esta, que desde hace cincuenta años es implícitamente vivida como la mayor del pensamiento contemporáneo, escribimos este ensayo. Léaselo además como homenaje: del autor a quien considera su maestro, y acaso el pensador más puro de occidente. En este sentido, la pureza implica la dialogante vecindad del origen, tal como acaeció el hombre en el preguntar originario de Heráclito y Parménides, de Anaximandro y Anaxágoras. No se trata pues de un examen exhaustivo del pensamiento de quien esperará aún la decisión histórica de la destrucción ontológica para que pensar constituya el diálogo de la multiplicidad unívoca, escuchado histórica destinacionalmente. Es más bien el bosquejo de un trabajo mayor, prometido y que sin duda realizará el tiempo. Quede por el momento como el tributo de quien en una remota provincia sudamericana, acierta a pensar la esencia del hombre, como el arrojo en el ser de ser pastoreado, y no como el señorío del obrar sobre el ente. Sea por último este trabajo, un testimonio de preocupación universal en zonas como la nuestra, que pugna por alcanzar una nueva dimensión histórica, y si es necesario pareciese a una prospectiva de la dimensión cultural de la provincia, comparécelos con aquellos trabajos publicados por eminentes profesores y periodistas argentinos, sobre quien fuera acaso, el último filósofo del Occidente.

(Un año antes de la muerte de Heidegger, en el suplemento literario del diario Época, a la sazón dirigida por el autor de esta nota y llevando su firma, casi como presagio, apareció una nota que llevaba por titulo: "Piedra libre para un pensador de 88 años".)

El tema que poco a poco centró el círculo abismal de las interrogaciones heideggerianas: lo provisional de lo humano como tal: provisional, provisorio, son términos que hablan de la situación de transeúnte, con que el pensar más riguroso piensa la esencia de lo humano. Lo provisional de Las "securitas" de las "humanitas" y las representaciones que la subjetividad como fundamento "ofrece y asegura la posibi1idad de fundar, en la subjetividad y mediante ella" la objetividad de todas las cosas. La provisorio, lo provisional de aquello en lo que el hombre se instala, puso al pensar más recogido de la época, el temblor humano más turbador y por ello menos evidente, que obra alguna ostenta en lo que va del siglo. Salvar al hombre de lo provisional de su naturaleza (de lo no pensado de su esencia), significó para Heidegger impedir que las sucesivas formas de "humanitas" en las que opera una determinada manera de manifestarse lo presente (el ente) como "posibilidad trascendental de la objetividad de los objetos, en la mediación dialéctica del movimiento del espíritu absoluto, del proceso histórico de la producción, en la voluntad de poder creadora de valores", instalen lo provisional del pensar (como camino hacia), en el olvido de la diferencia, de la cual proviene la metafísica. La historia de este extrañamiento de pensar y ser constituye en el misterio de lo humano, "Lo propiamente digno de ser pensado".

La historia como olvido y error, acaece cuando se abre el ente como tal en un tiempo que abre inconmensurablemente para cualquier medida, lo abierto, en donde lo erróneo, "no es una falta aislada, sino el reino (el señorío) de la historia, donde se enlazan intrincados, todos los modos del errar". Pero, olvido y error, son posibilidades de la metafísica y sus modos de acertar en el ente, maneras de manifestarse el "ser" como "asistencia" o "asistente dejar subyacer", en la que el ente ingresa al mundo. Mundo es aquello desde lo cual el Dasein "se da para indicar entre cuales entes y cómo se puede comportar". Mundo es también aquello "por lo cual"... Ni un ente ni la totalidad englobante de éstos, de acuerdo a un orden jerárquico de esencias. El mundo es la puesta en "obra" del ser que libera al Dasein para lo que es: "el ente". En ese sentido, a este penetrar del ente en el mundo, poniendo el mundo ante sí mismo como proyecto y al supra- proyecto del mundo vuelto sobre el ente, llamó Heidegger "trascendencia". De igual manera, el sobrepasar hacia el mundo del "Dasein", llamó Heidegger libertad. La libertad es como tal el fundamento del mundo, en tanto es éste, trascendencia como "mismidad". Por eso dice Heidegger; "sólo la libertad puede hacer que mundée un mundo para el Dasein". "El mundo nunca es sino que mundea"; y luego: "la libertad es dejar imperar al mundo, que proyecta y proyecta más allá". Pero esta misma libertad que pone al hombre transido de ser, no es una posesión del Dasein; en grado contrario, la libertad, el Dasein existente y liberador posee al hombre, por lo que éste es en el modo de la existencia" en la cual, la verdad misma es el fundamento de la libertad. Por ello dejar imperar al mundo significa, dejar actuar la "esencia de la verdad (en el sentido de la conformidad del representar) sólo porque la libertad misma nace de la esencialidad de la verdad, del imperio del misterio en el error". Por ello se dijo más arriba: error es el señorío de la historia, "el espacio de aquel volverse en el cual la ex-sistencia in-sistente, volviéndose una y otra vez, se olvida y equivoca la medida" en la cual, es la "esencia anti-esencia (Gegenwesen) respecto de la esencia inicial de la verdad". A este respecto, nada y tiempo, son horizontes desde los cuales se hace patente la que es como presencia (el ente) y oculta el ser para que haya historia. Pero sólo donde hay habla "hay mundo" y en consecuencia historia. Sin embargo el habla acontece con antelación en el diálogo. En el diálogo se dice la proveniencia como destino; y la historia como tal, es el medio ineludible de actualización de lo histórico, "sin que la historia tomada en sí, pueda constituir al pie de la letra la recepción suficiente para la historia dentro de la historia". A este respecto indica Heidegger: "Las raras y simples decisiones de la historia surgen del modo en que cobra presencia (West) la esencia originaria de la verdad" y en otra parte: "La historia del mundo, empero, es el destino que consiste en que un mundo nos dirige el habla". Ese mundo que nos dirige el habla a través de la historia, no habla sin embargo necesariamente por boca de la metafísica. ¿Pero es la metafísica como ámbito de lo histórico medida de recepción suficiente para aquello que debe ser llevado a su acabamiento, como destino del ser en el pensar o "dictare" originario en el cual aún somos tocados por lo arcaico?.

¿Si metafísica se dice del modo de presencia en que el "ser" se oculta para que haya historia como error y verdad del mundo, puede acaso ésta experimentar aquello cuyo olvido la constituye, el ser mismo?. ¿No hay que ir entonces más allá de la metafísica, cumpliéndola en tanto es ella originariamente el destino del ser, hasta experimentar el ser en lo que éste tiene de no pensado aún en lo dicho por el habla histórica?. La metafísica como olvido del ser, arrastra consigo su propio fin. Cuando lo provisorio del hombre como transeúnte no es llevado a su acabamiento, lo provisional se instala como la uniformidad del obrar o la caducidad de todo ente en el instalar de la obra. Fin significa "lugar en que el todo de su historia se reconcentra en su posibilidad más extrema". Y el fin de la filosofía indica el reinado de "la racionalización técnico-científica". Esta puede "establecer su derecho de una manera cada día más fascinante, mediante una efectividad de la que apenas podemos prever lo que puede llegar a ser: esa efectividad no sabe nada de aquello que, más originariamente, abre la posibilidad misma de lo racional y lo irracional. La efectividad prueba que la racionalización técnico -científica es acertada. Pero la aparición en su amplitud de lo que es, ¿se agota en lo demostrable?. La insistencia en lo demostrable, ¿no cierra el camino que conduce a lo que es?. De esta manera el fin de la metafísica aparece como la autosupresión que conserva el olvido, e instala lo provisorio como el ámbito en donde se mueven las acciones del hombre.

El camino que conduce a lo que "es" no pasa por la metafísica, ni por sobre ella ni bajo ella. Pensar lo que "es" implica pensar más pobre y originariamente que la metafísica, llevando el lenguaje hasta la pobreza inicial, en la que el pensar, puede esencialmente "corresponder" al "llamamiento-asignación", exponiendo el pensar a la verdad del ser. El hombre es, en tanto se halla en la cercanía del ser. Esta manera de "ser-en-el-mundo" es aquélla en que "el hombre en su propia esencia se hace presente al ser en, el ec-stático instar en la verdad del ser": "la existencia así entendida -escribe Heidegger- no es sólo el fundamento de posibilidad de la razón, ratio, sino la, existencia es aquello donde la esencia del hombre conserva la proveniencia de su determinación", en la reunión del pensar como recuerdo". "Existencia -escribe Heidegger- en otro lugar- significa según su contenido, sobre -estar hacia lo verdad del ser.". Esta ec-sistencia, va a ser pensada por último como "el libre claro de lo abierto". Sólo a través de ella -escribió Heidegger- puede dejarse ver, es decir, aparecer, aquello que aparece. Pero la misma claridad tiene su reposo en una dimensión de abertura y libertad. Este lugar es el "claro que puede visitar la luz, "y hacer jugar en él lo luminoso con lo oscuro". Pero nunca -advierte Heidegger- la luz crea primeramente lo abierto, sino que justamente presupone lo abierto. De ahí que, contra toda caracterización del Dasein como categoría antropológica existencial (o autodespliegue del ser) Heidegger haya escrito: "nunca la mismidad está relacionada al tú, sino que puesto que posibilita todo esto- es neutral frente al ser -yo y al ser- tú y con más razón frente a la sexualidad", por lo cual, toda estructura intencional se funda en la trascendencia, y todo comportamiento es "por el hecho de que, estando en lo abierto, se atiene a lo patente como tal". Pero no debemos en tanto confundir el "claro" con el "lumen" tomista. La luz de la razón apenas juega en el claro de lo abierto, porque tiene necesidad de él para derramarse sobre aquello que está presente en lo abierto. "Incluso lo que está ausente -observa Heidegger- no puede estarlo más que desplegando una presencia en la libertad de lo abierto". Con esto -puntualiza Heidegger, una vez más- el pensar que piense el "ser-.en-el mundo con respecto a la dimensión iluminada, desde la que se deja ser el ec de la ecsistencia, piensa más allá de toda sustancia y todo sujeto, y no decide por tanto acerca de si el hombre es en sentido teológico-metafísico solo un ser de mas allá, o si es un ser del mas allá". La esencia de lo sagrado solo puede, ser meditada cuando el pensar pueda preparar el viraje histórico, en el que el hombre atienda a la esencia de lo sagrado en base a la experiencia de la gracia abierta por el pensar, que en si nada tiene que decir a la gracia. Pero sólo a partir del claro puede evidenciarse lo sagrado como tal, y hacerse presente las huellas de los que se fueron, porque en éste se funda lo histórico como tal. El pensar que piensa más originariamente que la metafísica, debe acometer por último la tarea "de pensar el estado de no encubrimiento como, lo abierto mismo del claro, que permiten al ser y al pensar advenir a su presencia, a su presencia uno a otro y uno para el otro" como el nudo de la diferencia en que funda la historia. Es posible que este pensar, que piensa el origen de la diferencia como "la alianza" de la palabra y del ser en una palabra al fin única, en el nombre por fin propio, dado que "el ser (habla) en todas partes y siempre a través de todas las lenguas", abra al hambre la experiencia de la sagrada inseguridad de la intemperie, "lejos de la inseguridad de la caducidad de los entes como las securitas de las humanitas" que piensa el ser como el más ente. Tal pensar, piensa la estancia de lo humano en su destinación como el fundamento del ethos, como un dejar ser al ente en su verdad, mientras la ética como tal no deja "al ente ser, sino que al valorar hace valer únicamente el ente como "objeto de su quehacer". Este mismo pensar meditará la diferencia, como la diferencia entre lo mismo" y "lo igual", y la diferencia entre ser y pensar en copertenencia del "asistir de lo presente" (ser) y el "tomar en consideración" (pensar). De este pensar no debe esperarse resultados ni teórico ni teórico ni práctico. Desde luego este pensar no es tampoco profético, ni pesimista ni optimista. Es un pensar provisional, que como tal prepara la consumación en la vuelta, de lo provisorio como tal. Años después que Nietszche iniciara la consumación de la metafísica como el fin de lo suprasensible, anunciando la muerte de Dios y la del hombre; reducido éste y su historia a mitos arqueológicos y formas simbólicas de abstracciones lógicas y metafísicas en la escritura, Heidegger se nos aparece como el campeón de lo humano: aquél que insiste en que el hombre es y son los objetos en tanto se hallan en la luz que danza en el morar extático de lo abierto, porque no el hombre es la medida de las cosas, sino el ser ... y La historia, "no la sucesión de edades, sino una única proximidad del mismo que de incalculables modos del destino y desde variable inmediatez afecta al pensamiento". En este sentido es preciso meditar la verdad y el error no como determinaciones intelectivas y poder del hombre, sino como el estar arrojado por y en la proximidad del ser y tiempo, como el extravío, porque sin éste no habría historia". "Las distancias cronológicas -expreso Heidegger- y los seres causales pertenecen; a la ciencia histórica pero no son historia. Cuando nosotros somos históricos, no estamos a una distancia grande ni pequeña de lo griego. Pero estamos en un estravío con respecto a lo griego. Y lo propio de lo griego es caracterizar el ser como lo existente, es decir, lo presente en su infinita presencia". De ahí la necesidad de preparar un diálogo con vista a aquello que interesa como destino, dentro del cual: "lo griego, el cristianismo, lo moderno, lo planetario, y lo en el sentido indicado occidental, lo pensamos a base de un rango fundamental de ser".. De ahí también que la historia sea "incesante destrucción del futuro y de la recepción histórica para la llegada del destino". De ahí también que la interrogación heideggeriana sólo pregunte como manera de provocar el "acontecimiento" pues, "mientras la esencia de la técnica no me toque como algo pensado, no nos será dado saber lo que es la Máquina", tal que en la mentada esencia se hal1a en cuestión "aquello que habiendo quedado sin decidir, se está preparando para culminar en una decisión y concierne al gobierno de toda la tierra en su conjunto. Las catástrofes que hablan del fin, no hacen sino poner de manifiesto lo que ha quedado si decidir: "El ser mismo como escatología de la historia". Por eso Heidegger dice: "Lo mortal no es tan cacareada bomba atómica"… "Lo que amenaza al hombre en su esencia es el opinar que elaborar técnico pone al mundo en orden, cuando precisamente ese orden destruye todo"ordo", es decir, toda jerarquía, porque la uniformidad del elaborar lo achata todo y de esta suerte, elimina del ser el dominio de un posible origen de jerarquía y reconocimiento", esto es, de que lo gravísimo sea que no se piense aún. Este no pensar aún, este pensar de acuerdo a categorías del representar habitual en la fe, la ideología, la lógica o las escuelas, incluirá durante mucho tiempo el pensar de Heidegger en el existencialismo. En la frialdad de la cátedra y acaso en las series negras de la angustia y la "nadería" existencialista. En tanto Heidegger el último pensador del orden finisecular de la metafísica occidental y la "ontoteología". El, el último pensador, ha muerto. El que pensó la verdad como fundamento y el fundamento como libertad de desocultamiento" porque hay ser (no entedijo solo en la trascendencia en cuanto fundar que proyecta un mundo con carácter de encontrarse" el que describió el poetizar como el traer a la luz, desocultar lo oculto en el "uso" como reunión, vio también al precursor como el que viene del futuro, "de suerte que sólo en la llegada de su palabra está presente el futuro", descubriendo sin quererlo más alla de toda gitanería y vanagloria, el cometido de su obra. Solo en su pensamiento es posible para nosotros hoy hallar posibilidad de tiempo, sea pensar en dirección al ser del que mana todo "tiempo", (cercanos) a la más honda memoria, la de poetizar, hermano del pensar en la más grave tarea. En ello, acaso se cifre lo que un autor llamó, la "esperanza" heideggeriana. Refundación por el "Ser" en la palabra poética, donde el tiempo sería no ya el fundar sobre la transitoriedad de la libertad finita, sino el morar extático del más aventurado (el hombre) en la libertad de lo abierto, que yace entre las cosas y detrás de los hombres". Por ello, el peligro será aún posibilidad de salvación para el que habita en el desierto del desmemoriado calcular, olvidado de aquello por lo cual la presencia como posibilidad de objetualidad y posición, se hizo posibilidad de cálculo. Porque al fin, la pregunta de Heidegger repensando a Nietszche meditó hasta el temblor inasequible, fue la que si al hombre que "está dando el solo para lanzarse a la totalidad de la tierra y su atmósfera, para hacerse con él oculto imperio de la naturaleza y para someter a los planes y órdenes de un gobierno terreno la marcha de la historia", le está dado esperar aún… Dado que: "no está en condiciones es decir lisamente que es, decir que es esta que es una cosa"… Pero es está precisamente la tarea a la que el solitario de Friburgo nos llama, desde la tempestuosa calma de un pensar lejano aún por lo en demasía cercano.

Oscar Portela


LA POETICA DE RILKE EN SUS PROPIOS TEXTOS

por Oscar Portela

Si sólo en imágenes habita el hombre, en el espíritu, que ata al hombre a la totalidad, se hallará también lo salvador. La mirada del poeta deberá ser de tal modo que pudiera ver aún en lo terrible y en apariencia sólo repulsivo lo que Es, y que también tiene importancia con todo el resto de lo existente. "Así como no se admite elección alguna, tampoco se permite al creador que se aparte de ningún ser existente: un solo rechazo -afirma R. M. Rilke, y es menester escucharlo sobre todo hoy-, en cualquier momento lo arroja del estado de gracia, y lo convierte irremediablemente en pecador ("Cartas a Cézanne") y también enfatiza: "Acostarse con un leproso y compartir con él todo el calor de uno mismo hasta la calidez del corazón en las noches de amor: es necesario que eso haya sucedido alguna vez en la vida de un artista como superación hacia una nueva beatitud".

Esta beatitud es una nueva manera de comunión entre hombre y mundo, no un relegarse místico en las entrañas de un absoluto allende el habla y las apariencias. "Ah, canta ditirámbicamente Rilke-, nosotros contamos los años, y hacemos divisiones aquí y allá; acabamos y comenzamos y vacilamos entre lo uno y lo otro. Pero hasta qué punto es uno todo lo que nos sucede, cuánta relación hay entre una cosa y otra; surge y crece, y va hacia sí misma, y nosotros en el fondo sólo tenemos que estar aquí, pero simplemente, pero con empeño, como la tierra que consiente las estaciones, clara y oscura, y totalmente inserta en el espacio, no anhelando descansar sino en la red de los influjos y fuerzas en que las estrellas se sienten seguras" (Cartas a Cézanne).

Y así llegamos a ver en la muerte no la duplicidad ontológica que mancha todo ente y la percepción de todo lo real, sino "el lado de la vida que no se halla vuelto hacia nosotros y que nosotros no iluminamos"; es preciso -insiste Rilke en una carta al conde von Hulewicsz-, que tratemos de realizar la mayor conciencia de nuestro existir, que se halla en los dos ilimitados dominios y se nutre inagotablemente de ambos. La verdadera forma de la vida, y la sangre del más amplio circuito, corre a través de ambos; no hay un más acá ni un más allá, sino la gran unidad, en la cual los seres que nos rebasan, los "ángeles", encuéntranse en su morada. Y ahora, la posibilidad del problema del amor en este mundo, ampliado así por su más importante mitad, total al fin y a salvo".

En otra parte concluye Rilke esta afirmación: "Fortalecer la confianza en la muerte desde las más hondas alegrías y magnificencias de la vida y a la misma muerte, que nunca fue algo extraño, y ajena, hacerla de nuevo como a la callada cosavedora de todo lo que vive, más reconocible y palpable": ("Epistolario Español"). Y ya en el vislumbre de la total unidad donde todo instante conlleva en sí la impronta de lo eterno porque pertenece a la totalidad del Ser, Rilke escribe: "Este ligero estar ahí de un hombre, de un viviente, sobre la cara de la muerte, es como el hechizo de aquel poema griego en que dos amantes intercambian sus vestidos, y así confundidos y trasmutados se abrazan cada uno en la envoltura y en el calor del otro". ("Epistolario Español").

Suprimidos los dualismos de la diferencia ontológica, preparados para recibir a los muertos que viven en nosotros, podemos también advertir: "tensa y animosa, sin prisa, la estrella cayendo a través del espacio de la noche, era como si cayera al mismo tiempo a través de mi interior", y en otra parte escribe también: "la llamada de un pájaro, sobre la cual yo tuve que cerrar los ojos, son simultáneamente en mí y fuera de mí como en un espacio único e indiferenciado" . . . Al fin, encontramos el alma de Orfeo, padre del poema, origen de lo invisible que se encarna y rehuye eternamente lo visible. El, es el Dios de la transformación y su canto (el canto del poeta) es la reunión de todo lo que ES.

Por eso pudo Rilke escribir en los "Sonetos Orfeos": "Canto es existencia". El canto es la fuerza pura que atrae todo ente en pos de sí, hasta la noche del desamparo sagrado; así lo afirma Heidegger cuando dice: "El canto ni siquiera necesita imitar lo que hay que decir. El canto es el pertenecer al todo de la recepción pura. El cantor es atraído por la corriente del viento del inaudito medio de la naturaleza plena. El canto es él mismo: "Un viento" (Sendas perdidas - Trad. Rovira Armengol).

Rilke es, en este sentido, el único poeta órfico de nuestra edad. Orfeo representa la necesidad de que todas las cosas desaparezcan: "¿No es demasiado si el vaso de rosas a veces sobrevive? / ¡Oh! ¿Cómo no comprenden que le es preciso desaparecer?" (V S. de Orfeo). Mas; "por encima del cambio y del movimiento / más vasto y más libre / perdura aún tu preludio. Dios que empuñas la lira".

El ángel donde se opera la transformación de lo visible en invisible es vástago del Dios de la lira, que fundió en su canto redentor los reinos de Dionisos y Apolo; lo invisible e inmensurable y el ámbito mesurable, que hace al aparecer de cada ente en su ser. La lira de Orfeo es la música del Dios que hace mover los mundos; el canto, es la ley más profunda de todo lo que existe. Orfeo es de este modo, el poeta de lo abierto en donde el divorcio contra todo lo que es, queda superado en la "reminiscencia inversora", donde la muerte es: "'La ley ("gesetz"), así como la sierra ("gerbirge") es la unión de las montañas ("berge") es el conjunto de su estructura": (Heidegger - Sendas perdidas).

No puede dejarse de lado la afirmación de Blanchot de que Orfeo convierte el movimiento de morir en movimiento infinito y posibilidad infinita de seguir muriendo en el interior de lo que es, por lo cual se regresa eternamente desde el no ser al ser.

Por fin el hombre se ha convertido en pastor y guardián del ser contra el elaborar objético y su medida; la caducidad de todo ente y de todo el mundo sujeto a la representación y a la conjunción de lo "realizable del elaborar y lo objético del mundo". (Heidegger).

"Para nosotros -dice Rilke-, es grande ser flor". Su itinerario se remonta constantemente a las faldas del monte Kaukaión. Como Orfeo, Rilke, va en busca del amor (Eros es más antiguo que cualquier otra divinidad) y por él cruzó de lo visible a lo invisible: "Tal como somos nosotros, los fugitivos, pasamos sin embargo, por entre las fuerzas perdurables para cumplir un cometido divino"; también para salvar al todo de la noche del mundo (el corto día de la técnica) acudió a la revelación de la palabra poética que es cura por la luz: Orfeo o Arpha: de "aquel que cura por la luz" (Edouard Schure); hablar así es ya una transparencia gloriosa, dice Blanchot en "El espacio literario".

Como Orfeo, Rílke se convirtió en su propio canto, haciendo de la naturaleza la trascendencia misma, la unión de todas las cosas en el país de los hiperbóreos y el camino que conduce al templo de Delfos: "Almendros en flor, la única tarea que podemos realizar aquí es la de / reconocernos, sin el menor resto de duda / en la manifestación de lo terrenal". (Epistolario Español).

A partir de Holderlin, de Rilke, de Nietzsche, es posible pensar hoy el significado de esta frase: "No hay nada nuevo bajo el sol sino lo antiguo en el inagotable poder de metamorfosis de lo inicial . . ."La historia es acontecer (advenimiento) (ankuft) de aquello que no ha dejado de ser, y nada sino esto, viene a nosotros": (Heidegger -Principios del pensamiento.).

Sólo por ello podemos nosotros cantar con Rilke en medio del corto día de la técnica: "La existencia aún reserva encantos; en cien lugares está todavía en sus comienzos / un juego de fuerzas puras / y a las cuales nadie toca a menos que se arrodille y venere". (XX - S. a Orfeo).

La veneración del poeta sólo se dice celebrando; la celebración del poeta, es el fundamento de un originario acordar, tomar medida de lo que es (el ente), la celebración es el cofundamento que recibe el mundo en cuanto tal y su correspondiente hábitat; la celebración es el corresponder del hombre a la libertad como fundamento; es el libre claro de lo abierto en donde luz y sombra juguetean libremente recreando de este modo, eternamente, el mito y la génesis del poetizar y devolviendo al hombre, el cetro de una nobleza verdadera: el antiguo poder de desaparecer para que lo invisible y lo visible, el tiempo y la eternidad, se funden en la belleza de una rosa. La misma, por supuesto, del epitafio de Rainer María Rilke, por todos conocido.

Oscar Portela / mayo, 2004

 

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