Virtual

Cierto día entré apurado y con mucho apetito a un restaurante.

Escogí una mesa bien alejada del movimiento, porque quería aprovechar los pocos minutos que tenía ese día, utilizarlos para comer y concretar algunas ideas de programación de un sistema que estaba desarrollando, además, tenía ganas de planear mis vacaciones, que desde hace mucho tiempo no sé lo que son.

Pedí un filet de salmón con alcaparras en mantequilla, ensalada con jugo de naranja, pues al final de cuenta hambre es hambre y régimen es régimen, no?

Abrí mi notebook y al mismo instante me llevé un susto con aquella voz bajita detrás de mí:

-Señor, me da algún dinero?

- No tengo, pequeño.

- Solo una monedita para compar un pan.

- Está bien, yo te compro uno.  

Para variar, mi casilla de correos estaba llena de e-mails. Quedé distraído leyendo poesias, lindos mensajes, riendo de esas locas bromas. Ahhh! Esa música me llevaba a Londres, recordando un hermoso tiempo pasado.

- Señor, pida que le pongan al pan mantequilla y queso también, por favor!

Ahí me doy cuenta que el pequeño estaba a mi lado.

- OK, pero después me dejas trabajar, estoy muy ocupado, de acuerdo?

Llegó mi comida y con ella la realidad. Hago el pedido del pequeño, y el mozo me pregunta si quiero que el niño sea retirado. Mi cargo de conciencia me impide tomar una decisión, y digo “no, está todo bien”.

- Déjelo que se quede. Traiga el pan y una comida decente para él.

Entonces el niño se sentó frente a mí y preguntó:  

- Señor, que está haciendo?

- Estoy leyendo e-mails.

- Y que son e-mails?

Son mensajes electrónicos enviados por personas vía Internet.

Sabía que el no iría a entender nada, y para evitar mayores preguntas dije:  

- Es como si fuese una carta, solo que se envía por Internet.  

- Señor, usted tiene Internet?  

- Si tengo, es esencial en el mundo actual.

- Y que es Internet, señor?

- Es un lugar en la computadora donde podemos ver y oir muchas cosas, notícias, música,  conocer personas, leer, escribir, soñar, trabajar, aprender. Tiene todo, pero en un  mundo virtual.

- Y qué es lo virtual, señor?

Decido dar una explicación simplificada, con la certeza de que él poco va a entender, y me va a librar para comer mi almuerzo, sin culpa.

- Virtual es un lugar que imaginamos, algo que no podemos tocar, alcanzar. Un lugar en el que creamos un montón de cosas que nos gustaría hacer. Creamos nuestras fantasías, transformamos el mundo en casi como quisiéramos que fuese.

- Que bueno, me gustó!!!

- Pequeño, entendiste lo que es virtual?

- Si señor, yo también vivo en este mundo virtual.

- Y tú tienes computadora?

- No, pero mi mundo también es de ese estilo,... Virtual!!. Mi madre pasa todo el día fuera, llega muy tarde y casi que no la veo. Yo paso cuidando a mi hermano pequeño que vive llorando de hambre, y le doy agua para que el piense que es sopa. Mi hermana mayor sale todo el día, dice que va a vender su cuerpo, más yo no entiendo, pues ella vuelve siempre con su cuerpo. Mi padre está en la cárcel hace mucho tiempo. Y yo siempre imagino a toda la familia junta en casa, mucha comida, muchos juguetes en Navidad, y que voy a la escuela para ser un gran médico algún día. ¿Esto no es virtual, señor?

Cerré mi notebook, no antes de que mis lágrimas cayeran sobre el teclado. Esperé a que el niño terminase literalmente de “devorar” su plato, pagué la cuenta y di el cambio al pequeño, que me retribuyó con una de las más bellas y sinceras sonrisas que jamás había recibido en mi vida, y además con un “Gracias señor, usted es un maestro!”.

Ahí, en ese instante, tuve la mayor prueba de virtualismo insensato en que vivimos todos los días, en cuanto a la cruel realidad rodeada de verdad, y hacemos de cuenta que no la percibimos!


... Reportándose

Una vez un Sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia al mediodía... al pasar por el altar decidió quedarse cerca para ver quién había venido a orar. En ese momento se abrió la puerta; el sacerdote frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado cuyos bordes se habían comenzado a deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego se levantó y se fue. Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía, estaba en la Iglesia cargando una maleta... se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir.

El Sacerdote un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en la puerta de la Iglesia y cuando el hombre se disponía a salir le preguntó: "¿Qué haces aquí?". El hombre dijo que trabajaba cerca, tenía media hora libre para el almuerzo y aprovechaba ese momento para orar, "sólo me quedo unos instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco lejos, así que sólo me arrodillo y digo: "Señor, sólo vine nuevamente para contarte cuán feliz me haces cuando me liberas de mis pecados... no sé muy bien orar, pero pienso en Ti todos los días... así que, Jesús, este es Jim reportándose".

El Sacerdote, sintiéndose un tonto, le dijo a Jim que estaba bien y que era bienvenido a la Iglesia cuando quisiera. El Sacerdote se arrodilló ante el altar, sintió derretirse su corazón con el gran calor del amor y encontró a JESÚS, mientras lágrimas corrían por sus mejillas; en su corazón repetía la plegaría de Jim: "SÓLO VINE PARA DECIRTE, SEÑOR, CUÁN FELIZ FUI DESDE QUE TE ENCONTRÉ A TRAVÉS DE MIS SEMEJANTES Y ME LIBERASTE DE MIS PECADOS... NO SÉ MUY BIEN COMO ORAR, PERO PIENSO EN TI TODOS LOS DÍAS... ASÍ QUE, JESÚS, SOY YO REPORTÁNDOME".

Cierto dÍa el Sacerdote notó que el viejo Jim no había venido. Los días siguieron pasando sin que Jim volviese para orar. Continuaba ausente, por lo que el Sacerdote comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que él estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenía oportunidad de sobrevivir. La semana que Jim estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa.

La enfermera jefe no podia entender porqué Jim estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas.

El sacerdote se acercó al lecho de Jim con la enfermera y ésta le dijo, mientras Jim escuchaba: "Ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a dónde recurrir". Sorprendido el viejo Jim dijo con una sonrisa: "La enfermera está equivocada... pero ella no puede saber que TODOS LOS DÍAS, desde que llegué aquí, a MEDIODÍA, UN QUERIDO AMIGO MÍO VIENE, SE SIENTA AQUÍ EN LA CAMA, ME AGARRA DE LAS MANOS, SE INCLINA SOBRE MI Y ME DICE: "SÓLO VINE PARA DECIRTE, JIM, CUÁN FELIZ FUI DESDE QUE ENCONTRÉ TU AMISTAD Y TE LIBERÉ DE TUS PECADOS. SIEMPRE ME GUSTÓ OIR TUS ORACIONES, PIENSO EN TI CADA DÍA... ASÍ QUE JIM, ESTE ES JESÚS REPORTÁNDOSE".


Cuando me volví invisible

Ya no sé en que fecha estamos. En casa no hay calendarios y en mi memoria los hechos están hechos una maraña. Me acuerdo de aquellos calendarios grandes, unos primores, ilustrados con imágenes de los santos que colgábamos al lado del tocador. Ya no hay nada de eso. Todas las cosas antiguas han ido desapareciendo. Y yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.

Primero me cambiaron de alcoba, pues la familia creció. Después me pasaron a otra más pequeña aun acompañada de mis biznietas. Ahora ocupo el desván, el que esta en el patio de atrás. Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvido, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos.

Desde hace mucho tiempo tenia intención de escribir, pero me pasaba semanas buscando un lápiz. Y cuando al fin lo encontraba, yo misma volvía a olvidar donde lo había puesto. A mis años las cosas se pierden fácilmente: claro, no es una enfermedad de ellas, de las cosas, porque estoy segura de tenerlas, pero siempre se desaparecen.

La otra tarde caí en cuenta que mi voz también ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos no me contestan. Todos hablan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos, escuchando atenta lo que dicen. A veces intervengo en la conversación, segura de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno, y de que les va a servir de mucho mis consejos. Pero no me oyen, no me miran, no me responden. Entonces llena de tristeza me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar mi taza de café. Lo hago asi, de pronto, para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta que me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan perdón….Pero nadie viene.

El otro día les dije que cuando me muera entonces sí me iban a extrañar. Mi nieto mas pequeño dijo "¿Estás viva abuela? ". Les cayó tan en gracia, que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entro uno de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio. Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible, me paro en medio de la sala para ver si aunque sea puedo ser un estorbo o que me miren, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme, los niños corren a mi alrededor, de uno a otro lado, sin tropezarse conmigo.

Cuando mi yerno se enfermó, pensé tener la oportunidad de serle útil, le lleve un té especial que yo misma prepare. Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara, solo que estaba viendo televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. El té poco a poco se fue enfriando……y mi corazón con él.

Un día se alborotaron los niños, y vinieron a decirme que al día siguiente nos iríamos todos al campo. Me puse muy contenta. ¡Hacia tanto tiempo que no salía y menos al campo!.

El sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar las cosas con calma. Los viejos tardamos mucho en hacer cualquier cosa, asi que me tomé mi tiempo para no retrasarlos. Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban las bolsas y juguetes al auto.

Yo ya estaba lista y muy alegre, me paré en el zaguán a esperarlos. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en bullicio, comprendí que yo no estaba invitada, tal vez porque no cabía en el auto. O porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a su gusto por el bosque. Sentí clarito como mi corazón se encogía, la barbilla me temblaba como cuando uno se aguanta las ganas de llorar.

Yo los entiendo, ellos sí hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Y yo... ya no sé del sabor de los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos, era un gusto enorme que me daba tenerlos en mis brazos, como si fueran míos. Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creí recordar.

Pero un día mi nieta, que acababa de tener un bebé dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud. Desde entonces ya no me acerqué más a ellos, no fuera que les pasara algo malo por mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contagiarlos!

Yo los bendigo a todos y los perdono, porque..... ¿Que culpa tiene los pobres de que yo me haya vuelto invisible?....


La Maestra

Ella era la señorita Thompson. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira.

Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado: Teddy Stoddard.

La señorita Thompson había observado a Teddy desde el año anterior y había notado que él no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy descuidada constantemente y necesitaba darse un buen baño. Teddy comenzaba a ser un tanto desagradable. Llegó el momento en que la señorita Thompson disfrutaba al marcar los trabajos de Teddy con un plumón rojo haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.

En la escuela se le exigía revisar el historial de cada niño y ella dejó el expediente de Teddy para el final. Cuando por fin revisó el expediente, se llevó una gran sorpresa. La Profesora de primer grado escribió: "Teddy es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales... es un placer tenerlo cerca".

Su profesora de segundo grado escribió: "Teddy es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil". La profesora de tercer grado escribió: "Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas".

Su profesora de cuarto grado escribió: "Teddy se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones duerme en clase".

Ahora la señorita Thompson se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos le entregaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Teddy. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que él había tomado de una bolsa de papel.

A la señorita Thompson le dió pánico abrir ese regalo en medio de los otros presentes. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de su contenido. Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca. Teddy Stoddard se quedó ese día al final de la clase el tiempo suficiente para decir:

"Señorita Thompson, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá".

Después de que el niño se fue ella lloró por lo menos una hora..

Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir; en lugar de eso, comenzó a educar a los niños. Mrs. Thompson puso atención especial en Teddy.

Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido.

Para el final del ciclo escolar, Teddy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase y a pesar de su mentira de que quería a todos sus alumnos por igual, Teddy se convirtió en uno de los consentidos de la maestra.

Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Teddy, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Seis años después por las mismas fechas, recibió otra nota de Teddy, ahora escribía diciéndole que había terminado la preparatoria siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cuatro años después, recibió otra carta que decía que a pesar de que en ocasiones las cosas fueron muy duras, se mantuvo en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró a la señorita Thompson que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida y su favorita.

Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por Theodore F. Stoddard, MD.

La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Teddy ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse.

Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a la señorita Thompson si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto ella aceptó y adivinen...

Ella llega usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Teddy recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Stoddard le susurró al oído, "Gracias señorita Thompson por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia".

La señorita Thompson con lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo, "Teddy, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí".


MADRES "MALUCAS"

Algún día cuando mis hijos sean suficientemente grandes para entender la lógica que motiva a los padres, les diré...

Te amé lo suficiente como para preguntarte a dónde ibas, con quién, y a qué hora regresarías a la casa.

Te amé lo suficiente como para insistir en que ahorraras para coprarte una bicicleta aunque nosotros, tus padres, pudieramos comprarte una.

Te amé lo suficiente como para fastidiarte y estar encima de ti durante dos horas mientras arreglabas tu cuarto, un trabajo que me hubiese tomado a mi sólo 15 minutos.

Te amé lo suficiente como para dejar que vieras mi ira, mi desilusión y las lágrimas en mis ojos. Los niños deben entender que los padres no son perfectos.

Te amé lo suficiente como para dejar que asumieras la responsabilidad de tus acciones aunque los castigos eran tan duros que rompían mi corazón.

Pero sobre todo, te amé lo suficiente como para decirte NO cuando sabía que me ibas a odiar por ello. Esas fueron batallas muy difíciles para mi, pero estoy contenta de haberla ganado porque al final, también las ganaste tú. Y algún día, cuando tus hijos sean lo suficientemente grandes como para entender la lógica que motiva a los padres, tú les dirás:

¿Tu mamá era mala? Yo sé que la mía sí. ¡Era la mamá más maluca que había en todo el mundo!:

Cuando otros niños desayunaban caramelos, ella nos hacía comer cereal, huevos, leche y tostada.

Cuando otros niños almorzaban con Pepsi y galletas, teníamos que comer carne y ensalada. Y puedes convencerte que nos preparaba cenas diferentes a las de otros niños también.

Mi mamá insistía en saber dónde estabamos todo el tiempo.Parecíamos convictos a prisión. Ella tenía que saber quienes eran nuestros amigos y lo que hacíamos con ellos.

Nos da pena admitirlo, pero ella rompió las Leyes del Trabajo de Menores, ya que nos hacía trabajar. Teníamos que lavar los platos, ayudar a sacar la basura, darle de comer al perro, arreglar nuestro cuarto y toda clase de trabajos forzosos.

Ella insistía en que dijeramos la verdad y, cuando llegamos a la pubertad, ella podía leer nuestras mentes.

La vida era difícil. Ella no dejaba que nuestros amigos tocaran la bocina de su carro al llegar a buscarnos a nuestra casa. Ellos debían llegar hasta la puerta donde ella pudiera conocerlos y saludarlos.

Mientras otros amigos y amigas podían tener novios o novias a los 12 o 13 años, teniamos que esperar a los 16.

Por nuestra mamá, nosotros nos perdimos de muchas experiencias con otros niños: nunca probamos drogas, nunca estuvimos presos ni guimos vándalos.

Fue todo su culpa.

Ahora estamos solos en nuestra casa, estamos bien educados y somos adultos honestos. Estamos haciendo lo mejor que podemos para ser padres malucos, tal y como lo fue mi mamá.

Ahora sabemos lo que está mal en este mundo: sencillamente debería haber mayor cantidad de mamás malucas


QUIERO VOLVER A CONFIAR

Fuí criada con principios morales comunes:

Cuando era niña, madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos eran autoridades dignas de respeto y consideración.
Cuanto más próximos o más viejos, más afecto.
Inimaginable responder maleducadamente a los más ancianos, maestros o autoridades.

Confiabamos en los adultos porque todos eran padres , madres o familiares de todos los chicos de la cuadra, del barrio, de la ciudad.

Teníamos miedo apenas de lo oscuro, de los sapos, de las películas de terror.

Hoy me dio una tristeza infinita por todo lo que perdimos.
Por todo lo que mis nietos un día temerán.
Por el miedo en la mirada de los niños, jóvenes, viejos y adultos.

Derechos humanos para criminales, deberes ilimitados para ciudadanos honestos.

No tomar ventaja, es ser idiota.

Pagar deudas al día es ser tonto... Amnistía para los estafadores...

¿Qué pasó con nosotros?

Profesores maltratados en las aulas, comerciantes amenazados por traficantes, rejas en nuestras ventanas y puertas.

Autos que valen más que abrazos,

Hijas queriendo una cirugía como regalo por pasar de año.

Celulares en las mochilas de los jovencitos

¿Qué vas a querer a cambio de un abrazo?

La diversión vale más que un diploma.

Más vale una pantalla gigante que una conversación

Más vale un maquillaje que un helado.

Más vale parecer que ser...

¡Quiero sacar las rejas de mi ventana para tocar las flores!
Quiero sentarme en la vereda y tener la puerta abierta en las noches de verano.
Quiero la honestidad como motivo de orgullo.
Quiero la rectitud de carácter,
la cara limpia y la mirada a los ojos.
Quiero la vergüenza, y la solidaridad.
Quiero la esperanza, la alegría,
la confianza
Quiero callarle la boca a quien dice:
"tenemos que estar a nivel de...", al hablar de una persona.

Abajo el  "TENER", viva el "SER"

Y viva el retorno de la verdadera vida,
simple como la lluvia,
limpia como un cielo de abril,
leve como la brisa de la mañana!
Y definitivamente bella, como cada amanecer.

Adoro mi mundo simple y común.

Vamos a volver a ser "gente".
Construir un mundo mejor, más justo, más humano, donde las personas respeten a las personas.

¿Utopía?

¿Quién sabe?...

Hagamos el intento:
Empecemos a caminar creyendo primero y después transmitiendo este mensaje

Nuestros hijos se lo merecen y nuestros nietos nos lo agradecerán


Ruth miró en su buzón del correo, pero sólo había una carta. La tomó y la miró antes de abrirla: no había sello ni marcas de la oficina postal, solamente su nombre y dirección. Leyó la carta:

"Querida Ruth:
Estaré en tu vecindario este sábado en la tarde y pasaré a visitarte.
Con amor,
Jesús".

¿Por qué querrá venir a visitarme el Señor? No soy nadie en especial. No tengo nada que ofrecerle

Ruth recordó el vacío reinante en los estantes de su cocina.

¡Ay, no! -pensó- No tengo nada para ofrecerle. Tendré que ir a comprar algo; al menos, un poco de pan y alguna otra cosa

Se echó un abrigo encima y se apresuró a salir; el Señor seguramente no tardaría en llegar.

Una hogaza de pan francés, media libra de pavo y un cartón de leche. Ruth se quedó solamente con doce centavos que le deberían durar hasta el lunes. Aún así se sintió bien, camino a casa, con sus humildes ingredientes bajo el brazo.

- Oiga, señora, ¿nos puede ayudar, señora?

Ruth estaba tan absorta pensando en la cena que no vió las dos figuras que estaban de pie en el pasillo: Un hombre y una mujer, los dos vestidos con poco mas que harapos.

- Mire, señora, no tengo empleo, usted sabe. Mi mujer y yo hemos estado viviendo allá afuera en la calle y, bueno, está haciendo frío y nos está dando hambre, y bueno, si usted nos puede ayudar, señora, estaríamos muy agradecidos...

Ruth los miró con más cuidado. Pensó que ellos podrían conseguir algún empleo si realmente quisieran....

- ...Señor, quisiera ayudar, pero yo misma soy una mujer pobre. Todo lo que tengo es esto que aquí llevo, pero un huésped importante viene a cenar esta noche y planeaba servirle eso a Él.

- Si, bueno, si señora, entiendo. Gracias de todos modos.

El hombre echó su brazo alrededor de los hombros de la mujer y se encaminaron a la salida. A medida que los veía saliendo, Ruth sintió un latido familiar en su corazón.

- Señor, espere!

La pareja se detuvo y volteó a medida que Ruth corría hacia ellos para alcanzarlos en la calle.

- Mire: ¿por qué no toma esta comida? Algo se me ocurrirá para servir a mi invitado... - y extendió la mano con la bolsa de víveres.

- Gracias, señora, muchas gracias!

- Si, gracias! - repitió la mujer y Ruth pudo notar que estaba temblando de frío.

- ¿Sabe?, tengo otro abrigo en casa. Tome este.

Ruth desabotonó su abrigo, lo deslizó sobre los hombros de la mujer y, sonriendo, se dió la vuelta y regresó camino a casa... sin su abrigo y sin nada que servir a su tan especial invitado.

- Gracias, señora, muchas gracias!

Ruth tiritaba cuando llegó a la entrada. Ahora no tenía nada para ofrecerle al Señor. Buscó rápidamente la llave en la cartera. Mientras esto hacía, notó que había otra carta en el buzón.

Que raro, el cartero no viene dos veces en un día.

Tomó el sobre y lo abrió:

"Querida Ruth:
Que bueno fue volverte a ver. Gracias por la deliciosa cena, y gracias también por el hermoso abrigo.
Con amor,
Jesús"

El aire todavía estaba frío; pero, aún sin su abrigo, Ruth no lo notó


Las alas de los seres humanos no son visibles, nuestras alas pueden crecer o no, algunos las desarrollan, otros no las dejan crecer, las ocultan o las ignoran. Al contrario de lo que muchos piensan, éstas no se sitúan en nuestra espalda, sino en nuestra mente, nuestro corazón, nuestra mirada, tacto, olfato, oído y gusto, esos siete sentidos que dan forma a lo que fuimos, somos y seremos.

Igual que esas alas, la personalidad de cada uno se ha de cultivar con el paso de los años, lo mismo ocurre con el cariño, que ni con la llegada de la muerte desaparece. Aunque una persona se vaya y nuestros cinco sentidos no la puedan captar, aún nos quedan esos dos que sí lo pueden hacer, es cierto que no se puede probar lo que estoy diciendo pero sí sentir.

Aquellas personas que no dejaron desarrollar esas alas, son incapaces de sentir, de sentirse, su vida es plana y sus logros materiales. Nunca serán recordados por mucho tiempo porque no fueron capaces de dejar huella. Pero aquellas personas que no sólo volaron sino que nos hicieron volar con su compañía, esas sí que serán eternas en nuestro recuerdo, vivo recuerdo.

Aunque muchas lágrimas bañen el tuyo, lo único que saldrá a flote es el tremendo amor que te tengo.

(me llega de la mano de María José Uceda, quien reenvía un mensaje original de Nelly Lorenzo)