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Son infinitas las cosas
Que traen lágrimas
al corazón de un hombre.

Hay un amor sin fin
Que transforma cada una de ellas
En flor, canción, estrella



  1. Los otros
  2. Volvía el tiempo
  3. Cavallo
  4. IVSTITIA
  5. Hojas de agua
  6. Tengo mi cuaderno
  7. Escribir
  8. Ambulante
  9. Día del canalla

Opinión
  1. ¿Qué proceso?

Rolando Lazarte



Los Otros

Que hay muchos burros del mismo pelo es sabido.
Pero con el mismo nombre, es jodido.
Haber otros Rolando Lazarte
puede ser a esta altura de la vida
como saberse copia, clone
o tal vez peor, mera xerox,
arremedo, calco, repetición, imitación.

Salvo uno que parece trabajar en
californianos astilleros, los demás
o el otro multiplicado, ya no sé,
y esto refuerza la imagen de producción en serie
escriben, como yo, en publicaciones
de izquierda, las mismas,
como si hubiera una secreta
combinación de confundirse
y confundir.

Cocaleros, cortes de ruta
escribe uno.
memoria, historia,
incluye el otro.

Y entre unos y otros,
editores y lectores
confundidos como el o los
propios escritores
del mismo nombre,
sigue la danza de
los asemejados que
se sospecha, son una
nación Rolando Lazarte
No me he dado el trabajo de leerlos,
tal vez sin saberlo,
por el temor recóndito al espejo,
como dijera el viejo
Borges, o tal vez
por una secreta aversión
a tanta repetición en momentos en que uno mismo,
ya tan repetido para sí en tantos años,
aunque con cierta pena de originalidad irremediablmente perdida,
no deje de experimentar cierto alivio.

Si me vienen a procesar, diré que fue el otro
Si quieren darme un premio, soy yo mismo.





Volvía el tiempo

Volvía el tiempo

El fuego

Camino

Montaña

Riacho

Sol

Noche

Lluvia

Volvía el tiempo en que mochila al hombro te largabas por los caminos, confiado en que alguien te llevaría a un buen lugar, con comida, agua, reparo, lindos paisajes.

Volvió el camino.





Cavallo

Un día más. Vivo.
No podía creer que todo aquello hubiera
Pasado.
Parecía que el mundo se había acabado.
Pero no.
La vida siguió.
Llegaron los chicos, María. Cabedelo.

Y sin embargo el recuerdo persistía.
La rabia. El miedo.
No, no olvidaría.
No sólo los muertos.
No olvidaría la tortura, el terror.
Esa maldad omnipresente invadiéndolo todo.

No me mataron el alma, pensó.
Pero quedó lastimada.
No quise ser víctima, recordó.
No quiso ser refugiado.
Creía que no le habían hecho nada,
Que los que sufrieron eran los desaparecidos.

Pero el tiempo le fue enseñando.
Tortura física y psicológica son dos formas de lo mismo.
La realidad se desintegra.
El deseo de vivir se esconde.
Un miedo anida en tu cuerpo.
Ya nada es como entonces.

Pensó en los niños.
En María.
En el sueño colectivo construido mano a mano.
Salud de la Familia. Cabedelo.
Respiró hondo.
Habría otras canciones.
Otro día.
Una lágrima asomó.





IVSTITIA

Había una vez un juez que miraba sólo para un lado. Una de esas noches de Julio de 2003, decidió apelar a todo su sentido de unidireccionalidad, y descubriendo que la querellante no era defensora pública, como decía el proceso, hizo de cuenta que no vio nada.

La llamaba de “doctora”, lo cual, evidentemente, no era, a no ser en el arte de comer sobornos y engañar a la autoridad judicial con la complacencia de la misma.

El reo, cuyo único delito había sido el de poner el dedo en la llaga, denunciando el robo de la empresa eléctrica del estado, decididamente no era persona que tuviera suerte en procesos judiciales. El estado le dio con el caño, pues denunciaba la complicidad del órgano de defensa del consumidor en el robo.

Apenas una cosa le consolaba, después de pagar la popuda indemnización a la malandra y los honorarios al abogado: pagaba una cuenta alta por ser fiel a su sentido personal de la justicia. Deuda que, a lo largo de su vida, nunca había dejado de honrar. Recordó: 1970 o 1971: La Cámara del Horror. 1976, condenado sin pruebas, sin derecho a defensa ni apelación. Una condena que le honraba, pues quienes lo llamaban de subversivo eran genocidas y ladrones encaramados en el gobierno. 1989.: Echado a la calle por un dueño de casa tramoyero, cuyo abogado comprara el suyo. Gracias a esa patada, voló al Nordeste, su destino, con toda la chiquilinada y la patrona.

Todo confirmaba: Dios escribe recto por líneas torcidas. Pensando en eso, siguió su camino al borde de la playa. Los coqueros silbaban en el viento y las luces de la ciudad se derramaban como un rosario infinito de lágrimas por la bahía. No querría que fuera de otra forma. Ya lo decía el Nazareno dos mil años atrás. Ya lo sabía de memoria. Me moría de ganas de contarlo y el amigo José Luis Dasilva me permite compartirlo esta noche de julio de 2003 con usted.




Hojas de agua

Como un mar que no aterriza
Hojas y hojas de agua incesante

Busqué un lugar bajo el cielo
Talvez menor, talvez mayor

Talvez igual a ese mar incontenible
O al abrazo de las hojas de agua




Tengo mi cuaderno

Tengo mi cuaderno

como otros tienen su guitarra
o su piano.

Cuando estalla una plegaria

bajo a las lineas y canto
aunque en silencio

Canto
mientras
cuento.

No estoy solo si sopla el viento
en mi pecho y el renglón
recibe las letras como notas

Canción.

Para nadie.
Para mí
Porque sí.

Escribir puede ser hoy sábado 28 de febrero de 2004 más que un ejercicio terapéutico una necesidad. Necesidad de ponerse en la tela, ponerse en el papel desenrollar el ovillo, recomponer el rompecabezas aunque sea de manera provisoria (toda manera será siempre siempre fue provisoria). Si escribes lo que va viniendo a tu cabeza lo que viste sentiste quisiste dijiste callaste leíste o quisiste escribir decir hacer ser siempre será un riocito que corre sobre la arena entre miles de riocitos que corren sobre la arena hacia el mar (pues todos los ríos dan al mar) Y recuerdas la charla con Mary sobre la charla con Luciano sobre los recuerdos de 1976 y sabes que si para ti son una cosa buena y poderosa porque te rehace y te humaniza y te profundiza y te hace gente y te solidariza para él puede ser y ciertamente debe ser otra cosa algo que duele y que es mejor no revolver, así como para vos tantas veces es mejor no tocar ese río profundo y dejar que venga cuando venga si viene cuando quiera si quiere. Y esta tarde de sábado en que nada tienes que hacer ni nada viene a tu cabeza como propuesta o como tarea o como rumbo o como sugestión o como lo que sea que mueva un ser humano a moverse o a hacer algo o a tomar una iniciativa interna o externa no por eso dejas de poner teclas a las letras y sabes que no hay pecado en el ocio ni en el hocico de la lontra que se tira al mar ni obligación de sentido en el agua que va para abajo y pues hacia dónde quieres que vaya. Arcoiris triste o sangrando o rosa o arcoiris nomás que va al cielo y te deja los ojos pintados de luces y te miras en tus anteojos y ves una cara antigua como de Keith Richards y entiendes a la chica de la bomba de nafta y al muchacho de anteojos ahumados que te responde en inglés cuando en tu perfecto portuñol le preguntas dónde es el puesto Ipiranga. Dónde del dónde. Amador, Rayuela. Cincuenta años no es nada señora mire qué joven se la ve y no se hace lipoaspiración ni ninguna de esas cosas para sacarse las arrugas que le quedan bien como de gata y te sientes bien y el dentista te dice que eres un joven escritor y entonces sabes que no hay nada mejor que hacer lo que a uno le da la gana aunque no gane un peso pero puede ser que gane un beso al menos de sí mismo pues ya ahora las palabras no son sino golpecitos que vienen del otro lado de la tela y apenas tú le pones tecla al sonido y dejas que vayan llenando los renglones y entonces el tedio te dio la oportunidad de pintar este cuadro que entregas a lectores que capaz nunca vean tus ojos ni tus anteojos ni sepan dónde vivís pero qué importa si también ellos y vos, ellos y yos somos todos pedacitos del mismo mosaico que se monta esta tarde como un vitralcito de recuerdos y reflejos azules y rojos y amarillos y verdes y ya respiras mejor y la tarde ya no es tan tediosa te diosa te ta ti ya viene la pornografía en internet y los secuestros pero habíamos quedado que no ibas a tocar más en el asunto de la violencia pero si yo no dije nada estoy sólo jugando con palabras o mejor dicho dejando que ellas jueguen conmigo y ya no importa si dicen algo o son algo son un son que suena en tu oído como los autos que pasan por la calle al lado o el pajarito que trina aquí nomás en el patio y mi tío de América es nada más un recuerdo de mi tío que navega entre las estrellas y ya no quiero saber desde cuándo ni el nombre de las estrellas pues ya tuve una mía y me estrellé contra un espejo dido sin saber todavía qué me atrajo a tanta oposición a tanta contradicción a no ser la propia atracción de la oposición por su opuesto y de la contradicción por lo contrario y ya déjenme de joder con las reminiscencias y tanta ciencia que no puede dar cuenta del simple hecho de estar vivo este cuerpo que a dos manos y dos dedos teclea mensajes insensatos desde una tarde al borde del mar y me voy a caminar con Sandro y Donald y vamos a la playa que no hay mejor música que la del mar marullando marinas cosiendo esquinas de sueños que se remontan hasta el borde del día y envuelven todo instante en paquetes sin dueño que la vida va dejando por ahí como un papá noel sin camisa roja ni jo jo jo ni nada pues es nada más que lo infinito condorito viejo pascuero santa claus no come.

 

Ambulante

Intentaría. Sí. Una vez más intentaría guardar para sí las razones –no tan recónditas—que le llevaban a volver a transitar el camino de la Asociación de Moradores de los Ambulantes, en esa Mangabeira tórrida de las dos de la tarde. Aninha y María llegando como un ritual a la casa verde amarela da Rua da Mata. El susurro de los galhos y el mar intermitente. Un reloj casi callado y el eco de las risas. El clima de alegría. Furico se dice así. Es la parte mejor hecha del ser humano. Para de tagarelar nesse celular e vamos embora. Celeste, Djair se parapetaba del sol escaldante. Ramón en el aire. Su amor. Esa su manera sin igual de dejarse en las palabras. Como un poeta. Bajar de madrugada a escribir lo que los Maestros le dictaban. Nos dejó su perfume. Esta sala. Exhala. El floral de madreselva, rocky water. Flor de mamón. Digerir los rencores. El asfalto era una quentura só y el laberinto abigarrado de ciclistas y ómnibus acelerados indicaba que otra vez el cuarteto llegaba a la casa. La casa del pueblo. Donde hace más de un año se recogen los moradores, la mayoría mujeres, y la gente del PSF, a juntar sus pedazos. A juntarse. A cantar. A bailar. A contar casos. Qué te hace sufrir. Una tela de araña dibujada a giz en el piso repetía las grietas del cemento. Juntos podemos. Solos impotentes. La televisión estaba ahí. Waglânia al microfone. Doña y Don muñecos encenando climaterio y menopausa. Andropausa. Ese calor que arde en las orejas. Hidrogimnasia es cara. Metete al mar. Viejos rostros conocidos. Sonrisas. Abrazos. Nilda. Socorro. Denise. Esos labios. La médica. Seu João. Canta el gallo y el sol clarea. La entrevista disfraza la esperanza entrada en la sala mientras el son de la mañana disipa las tinieblas del Día del Señor. Había llegado tu quinto hijo. Max Weber en castellano. ¿No sería un castellano? Monopolio. Rosario. Vamos a compartir un lanche. Agua fresca en la tarde quente. Vânia. Teresía saludando al sol y todos repitiendo. Saludando al cielo. Al mar. Al hermano. A la hermana. Abrazos. No había mucho que contar. Recordaría Djair el remedio del amor. Las risas y las charlas. Doña Zefiña, de cabelo branquíssimo, vino a darme su bendición. Era. Sí. Sería para siempre mamá. Abuelita. La virgen María. Cristo. La fuente de la vida. Echa al mar tus penas. Están sanando. Ya sanaron. Una presencia te merodea. Perdonas al llorar. Te protege. El viento susurra que es tiempo de hojas y de trabajar. Cuatro días de obediencia. Nada está perdido. No hay una cosa que no sea una letra silenciosa…de la eterna escritura indescifrable cuyo libro es el tiempo. Lejos de aquí los hijos. Las penas se alejan cuando oigo Don João: Venho porque gosto. Me faz bem. Un mundo tan cerca. Sin estridencia de militâncias. El canto cordial y el ruido de las hojas te recuerdan. Hoy es veinticuatro. Día de María. Viaje a Uruguay. No escribes pa´los diarios. Es un diarito de nós mesmos. Bom día, Sol. Las cigarras se preparan para traer la lluvia.

 

Día del canalla

Un día como hoy,
una noche, mejor dicho
(pues actuaron en las sombras),
Encapuchados,
sin dar la cara,
una madrugada como ésta,
un grupo de "hombres"
(si la palabra cabe a esa calaña)
Entró a mano armada
En la vida de otros hombres,
A quienes debía proteger.

Fueron violados,
Robados,
Engañados,
Mentidos,
Heridos,
Asesinados,
Secuestrados,
Vendidos.

Hasta hoy apenas uno de esos "hombres", que vendía bebés robados de las madres torturadas y asesinadas en la Escuela de Mecánica de la Armada, está detenido en prisión domiciliaria.

Es el general Videla, con los derechos garantidos por la ley que violó, la justicia que violentó, el derecho que atropelló. Jorge Luis Borges tenía razón al admirarse. ¿Qué gente es esa? ¿Son gente? ¿Argentina es un país? ¿Una carnicería? ¿Auschwitz?

No tengas vergüenza de
llorar. Duele.
Vergüenza da
saberse cómplice
de tamaña crueldad.
Saberse argentino y callar.
Aquí no pasó nada.
A mí que me importa.
Soy bosta.
Soy nada.
Videla.
Sin cara.
Rico.
Carapintada.

¿Serían travestis para actuar así? ¿Payasos? Sin gracia. ¿Bandidos? Ejército Argentino. Fuerzas Armadas. 24 de marzo de 1976.

Rolando Lazarte
elzarat@yahoo.com.br

joldan
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