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Enrique Giana



POEMA EN SOL MAYOR!

Si pidiesen hoy que dijera lo que por ti siento,
mi mente muda y débil, balbuceando,
diría con certeza que es amor…no, miento!,
es más que amor, es amar-amando!

Amada-amante de siempre, amada-amante,
como un candil gigante de eterno combustible,
ilumina mi alma y mi mente,
con aquel tesón abrasador, indescriptible.

No permitas nunca que el acaso nos separe
pues la vida nos ligó con brazos fuertes,
cultivemos este amor, antes que pare,
el devenir eterno, la misma vida y también la muerte!

POR SIEMPRE TE AMARÉ
MÁS ALLÁ DE LA ETERNIDAD!



LA GOTA

Nació en el cielo y se perdió en la mar
infinita y negra como la noche oscura,
igual que la gota seminal, madura,
que célere sumerge, en la hora de amar.

Destino cruel de la gota que sumerge,
apocalíptico acaso, lágrima sin suerte,
hadada al desencanto lúgubre de la muerte,
que siendo un nada, raramente emerge.

Pero la gota, mezclada, todavía es ella,
sea en el mar o en el interior profundo,
donde temprano o tarde encontrará en el mundo
fuerza suprema, extremo deseo,
de ser gota de agua o seminal, en el seno
de la esencial pureza en la distante estrella.



CUERPO DE MUJER
(POEMA EN DOS ACTOS)

I

Cuerpo de mujer, espíritu inmortal,
trina esencia de vida, alma pura,
silueta etérea de hermosura tal,
que mi carente corazón asegura.

Si libre fuese, mi indómito ser,
en el castizo cárcel de tu alma
que aparece suave, cual mágico poder,
buscaría el calor, el amor, la calma.

Más preso soy, eterno agradecido,
por la dádiva divina de tus brazos,
que me ofrecen tu ser y la morada,

con infinito amor engrandecido,
marca indeleble, sublimes trazos,
que de mí te tornan altiva enamorada.

II

Cuerpo de mujer, blancas colinas,
tomo prestado el inicio, frase muda,
dicha antes por la boca de Neruda,
en su primer canto de amor, sin rimas.

Recordando como eras en el último otoño,
en el sexto canto de la magnífica obra prima,
mi cuerpo se derrite, el espíritu aproxima
mi carente corazón que ya tiene dueño.

Y así, ebrio de besos, como el noveno
poema nerudiano del canto general,
continuo a la espera de la próxima copa

que introduzca mi pobre ser al sueño,
definitiva, extrema y total
la indeleble sutileza de tu boca.



ESCRITOS EN SERVILLETAS

Quien diera
que tu estuvieras
aquí y ahora, conmigo,
pecho grande, pecho amigo,
quien diera
que tu estuvieras
e estuvieses por siempre
y para siempre, conmigo.



OPUS SINFÓNICO No. 1
en Amor Sostenido Mayor

(Rondó - Adagio sostenuto molto apasionato
- Allegro cantabile - Vivace)
Regente: Musa Mia
Solista: Yo (Pena d´amore)

Primer movimiento
Rondó


Como es posible expresar en palabras
la música del amor, la música del espíritu,
si toda expresión es vana, la letra, el contenido,
y todo lo que pueda macular el sentimiento
que brota del pecho de quien ama, …del pecho…

De que forma se dice lo que se siente
a quien no escucha con físicos oídos,
a quien no sabe lo que le dicen
por haber transcendido la material
esencia de los sentidos, …pura esencia…

Por que la nota, la musical nota,
que surge del dulce y tangible instrumento,
no es dada a aparecer de la vibración del alma,
ondulando en invisibles pentagramas,
como el verso que te escribo, …como el verso…

Y flotando por el espacio del universo
donde todo se confunde, se encuentra y se amalgama,
donde la vida física no importa, el poema sutil
que mi espíritu traza, marcha célere a tu encuentro
para permanecer contigo, eternamente, para siempre.

Como es posible, decía, expresar en palabras
la música del amor, la música del espíritu,
para que sepas que te recuerdo y que te quiero,
y que un día mi amor te alcanzará de nuevo,
Albo inmaculado, pureza virginal, espíritu de luz.


Segundo movimiento
Adagio sostenuto molto apasionato

Te amé, mucho te amé antes del aurora de la vida,
antes que la carne fuese carne y el espíritu flotante
buscase la materia para sentir el pulsar de la sangre,
que acelerado en remolino de infértil existencia
procuraba un corazón para expresarse luego.

Como Drummond, desesperado, lloraba tu falta.
Hoy no más lloro, no hay falta en tu ausencia.
Tu ausencia es un estar conmigo, para adentro,
Y aprendí en el sufrimiento, que esta ausencia dividida,
Nadie roba más de mí.

¿Te acuerdas, por acaso, de los tres amores que te di?
¿Aquellos que contenían en sí, entero el universo?
Claro que te acuerdas, ¿Cómo irías a olvidarlos?
Ahora mis poemas, expresión de l amor sin culpas,
Partirán por el mundo loando tu esencia pura.

Este cuerpo finito que nos nace envejecido,
es del alma la morada, es del espíritu el crisol.
Ese cuerpo que acostumbra nuestros ojos,
nuestra mano acaricia, toque místico, amoroso,
ese cuerpo, de mis ojos, de mis toques, ya se fue.

Juntos caminando por la estrada, niebla fina nos hirió.
Lado a lado proyectábamos el presente, el futuro y vos
a mi derecha caminabas, sonriente, sin prisa…
Más la niebla nos cubrió y yo, sintiendo la presencia tuya,
Nunca más te vi con mis ojos cansados, nunca más.

Cierro los ojos para no más ver nada, ¿para que?
Al espejo, te reflectes; yo mismo soy vos
imitándote, imitándome, confluyendo en almas,
musicando en versos, ansiando encuentros próximos,
esperando a la eternidad transformarse en lágrimas.

Es verdad que estás dentro, amalgamada en mi espíritu.
Mi mano siente la tuya, mi pecho pulsa junto al tuyo,
más mis ojos no te ven; que infortunio, que desdicha.
Sé que los ojos del alma no precisan de pupilas, pero,
Que falta siento de tu imagen, que falta siento…


Tercer Movimiento
Allegro cantabile

Sentí tu presencia en noches mal dormidas,
cuando viniste al encuentro de mis sueños
soñados sin prisa, buscando la luz que un día
iluminara mi sendero, aquel más tarde compartido
por tu exótica figura, mezcla de ángel y de niña.

El aire de alegre complicidad que traías desveló el sopor
que mi cuerpo sentía; y desperté, abrí mis ojos,
sacudí el exceso de la letárgica modorra que acompaña el sueño,
atenté para Haendel y su Mesias tocando suave
en el callada de la noche oscura, y te llamé, como antes, como siempre.

Se que me oíste porque el mundo paró para escucharme,
para oír la voz que subsistía postergada por la ausencia,
para escudriñar la sombra de tu espíritu inmortal,
para sentir la fragancia que acompaña tu alma;
Entonces hablaste la lengua de los ángeles, y yo te oí!.



Soñé!

Soñé que soñé
Que estaba durmiendo.
En medio del sueño
Despierto durmiendo,
O durmiendo despierto,
Yo desconocía
Si el sueño soñado
Que ahora ocurría
Es sueño despierto
O sueño dormido
O tan simplemente
soñé que soñé
Que estaba durmiendo
No obstante soñé
Que todavía dormía.

(Septiembre de 1994)



TRÊS AMORES

Três amores te dei,
o Universo, o Sol, a Lua.
O Universo, eterno e desconhecido,
majestosamente inalcançável,
que foge à compreensão do homem.
O Sol, que com raios misteriosos
aquece e agasalha à humanidade,
imperceptivelmente efêmero e fugaz.
E a Lua, brilhante feiticeira
que enternece o coração do homem,
levando-o ao delírio da paixão.

Ágape foi o primeiro,
amor do espírito, sem forma,
imaculado pela plenitude divina,
amor que devora a quem o sente,
amor eterno, sem magoas, sem ressentimentos,
que não precisa de um corpo
para se manifestar.

Philo, o amor da amizade,
eterno companheiro da vida feita carne,
que procura atingir o cerne da razão
e que ultrapassa os limites da juventude
alcançando os limiares da ilusão perdida,
foi o segundo.

O terceiro e último possível
a nós, que sem pretensões vãs
ludibriamos permanentemente
os desejos do mais caro anelo humano
pela total e inconfundível marca
da primavera em nossos corações,
é chamado de Eros,
e dura exatamente o tempo do esplendor da vida,
da juventude, da atração física dos pares.

Três amores te dei,
imaculados por brancos sonhos
sonhados em tempos diferentes.
Na eternidade do ser, antes do verbo ser carne,
-antes mesmo da manifestação material
da provável existência, já te amava-,
com estes mesmos tês amores de duração,
imaginando como seria teu vir-a-ser
e em que lugar do Universo te encontraria.

Foi longa a caminhada da forma sem forma,
para encontrar o destino.
Que digo longa... Eterna.
Não do tempo imemorial e passageiro
determinado por longos anos de espera.
Mas no sentido real da palavra,
marcado pelo desejo de ser
e de estar junto a ti, espírito imortal,
objeto primordial e alvo irremediável
do amor que devora.

Este amor primário,
gestado no pulsar energético da manifestação,
veio acompanhado da divina presença.
Deslumbrantemente puro para ser
manchado pelo humano, pela carne.
Irremediavelmente deificado, para ser
entendido e humanamente correspondido.
Eternamente cultivado para ser
o berço esplêndido que aguarda o retorno.
Universalmente estendido para ser
amor derradeiro para todos os seres.

Quando o divino amor, eternamente espalhado
no foco pontual do nada imanifestado,
amor virtual, sem objeto, puro em sua essência,
foi a nós concedido incondicionalmente
pelo histórico fato de haver-nos transformado
na manifestação da experiência divina,
de haver-nos individualizado
como raio isolado de um sol,
-irradiante energia pura-
lançado ao acaso em direção incerta,
sem desesperança nem necessidade de retorno,
plasmou-se no coração do homem outro tipo de amor;
o amor humano, o amor de amizade,
como forma real de retardar o fogo do amor que queima,
do amor imaterial, do amor sagrado.

Por isso Deus possibilitou Philo,
para individualizar o alcance material,
objeto da eterna espera.
Para legar à manifestação
do espírito do homem, enraizado que está
na vida dos costumes, na carne traiçoeira,
para permitir a dignificação humana pelo amor,
que não possui senão sua própria vida
mortificada pela esperança postergada
de ser luz nas sombras, paz na guerra,
alegria na tristeza, bálsamo milagroso
que pretende curar a ferida de existir, de ser.

E esse amor verdadeiro, razão de vida,
muitas vezes negado ou escondido por trás
de quiméricas palavras, fruto da exacerbação
animalesca da emoção que sufoca o racional humano,
em prol de falsos argumentos em favor dos despossuídos,
aqueles mesmos que arrancam pedaços do ser
em vampiresca orgia de sobrevivência,
é a argamassa sutil que une o humano ao divino
e que se quebra frequente e perigosamente,
quando o ego tenta sobrepor-se ao Eu
rompendo traiçoeiramente as finas teias
que tecem a felicidade do homem.

E por último, Eros, o amor da juventude,
aquele que transmuta o vil metal em ouro,
aquele que sensualmente vivifica a energia
contida e manifesta no homem-besta.
Serpente sagrada que sobe os ínferos degraus,
desde a base ejetora do ser, até a máxima possibilidade.
Kundalínica energia poucas vezes entendida
e muitas vezes malograda, no frenético impulso
da fugaz satisfação corpórea.
Instantes transitórios de carnal prazer
adrede povoados de sutis fantasias,
que desaparecem transitoriamente
logo após da manifestação do big-bang,
para retornar indefinida e ciclicamente
enquanto permanecer em atividade
a sensualidade do ser.

Este tipo de amor, criado propositalmente
como desejo de atração, objetivando
disfarçar a vil humanidade da grosseira carne,
motivo de ciumes e discórdias entre os homens,
foi concebido para possibilitar a retirada do véu
que cobre Ágape,
para evidenciar Philo, que foi cerceado
pela intenção profana do aparecer do Ego,
na patética aventura de ter sugada a energia vital,
vampirescamente, sem possibilidades reais de retorno,
para re-ligar o humano ao divino,
último vestígio da provável divinização do homem.

Mas foi confundido, tão erroneamente interpretado
que, mesmo profetizado, Deus não imaginou que o homem
fosse capaz de tamanha insensatez. A pesar do mandamento.
Tal vez o plano divino venha substituir Eros
por outro tipo de amor, menos voraz, mais sutil.
Tal vez o Grande Arquiteto deva substituir o homem,
por outro menos humano, menos emocional,
Tal vez o homem devesse enceguecer,
para não ver o par alheio como provável fonte de prazer.

Os raros que conseguiram guardar Ágape
no fundo do coração, foram os homens santos,
aqueles que na solidão do seu ser
se consomem lentamente pela ação do amor que devora,
aqueles que ardem sem chama aparente
abrasados e irremediavelmente consumidos
pelo amor ao espírito do homem.

Os poucos que chegaram à manifestação,
com consciência plena da experiência divina,
guardaram Philo no fundo do seu ser,
e espalharam seus benefícios pela humanidade afora,
sem exigir por isto, mais do que a alegria de amar.
São eles sacerdotes, verdadeiros mártires
que, no grande holocausto do celibatismo,
reafirmaram seu compromisso de chegar a Deus.

Os muitos que restaram, vivem Eros no dia a dia,
sem perceber a existência do amor sutil,
cujos sonhos são povoados pelos fantasmas da carne,
cuja humanidade se encontra perdida por trás de fálicos desejos.
Aqueles adoram o símbolo como manifestação da vida.
Aqueles neandertaloides seres
que permaneceram presos na evolução,
mais assemelhados aos animais que ao próprio homem.

E eu, que não sou santo nem sacerdote,
que me auto-excluo do resto da humanidade
pelo fato de perceber e de poder oferecer
os três amores na medida correspondente,
procurei por toda a eternidade a metade
de meu ser para completar a grande obra.
Três amores te dei, imaculados por brancos sonhos,
posteriormente enodoados pelo desentendimento.
Onde está o objeto de meus amores ?
Terei por acaso que desistir da busca e virar santo ?
O passar o resto de meus dias num mosteiro ?
Voltar ao eterno, às origens ?
Em algum momento da existência nossos caminhos
tomaram rumos diferentes.
Em algum momento da vida um dos três amores
ficou fortalecido, em detrimento dos outros.
Em algum ponto da estrada nossos passos
andaram em ritmos diferentes.
Será que perdí a eternidade para viver no tempo ?



NÃO IMPORTA

Não importa se estás me ouvindo,
se entendes o que digo, se sentes
o que sentem os que dizem sentir,
se a vida te situou no escanteio,
no canto direito do universo,
onde tudo é azul bem claro, aurora
de reverso sutil entre noite e dia.
Não importa nada, eu te amo...
E meu amor te sustenta, aliás,
sustenta-nos eternamente, par alado
que desde a eterna chama, clama,
e se retorce de amor pelos confins
do nada, do eterno nada que vem
a nosso encontro cada dia...

Não importa se amanhã te olvidas
daquilo que foi o centro, o âmago
da vida, que circula tremula em teu ser,
da mesma vida que meu amor sustenta,
por madrugadas quentes, insones,
embaladas pelo rítmico farfalhar
de respiração sem tempo, de espaço
desacorde entre o dia e a noite de Brahma,
do espaço eterno entre o ser e o vir-a-ser,
onde se conjuga o amor que te dedico,
a ti e a mim, pares que somos, entrelaçados
como elétrons irmãos que tudo compartilham.

Não importa se me entendes, não importa;
para que o entender, que em nada aumenta
o mágico momento que vivemos, hoje e sempre,
eterno devenir, límpida chama, céu azul
que no horizonte inflama, pleno de sentir
o gosto cálido do amor devorador
de mágicos momentos, de tempo sem tempo,
interlúdio de paixão entre a vida e a morte,
criança desvalida, coração cigano,
eterna ventura de estar a teu lado,
de deixar-me estar, olhando e sonhando,
destilando poesias, fibrilando em versos
todo o amor ancestral que brota de meu peito,
que como flecha certeira parte a teu encontro,
ao nosso infindável e memorial encontro.

Não importa se me falas ou te calas, não importa,
nada tenho a ganhar com as palavras, o silencio
eloqüente que teus lábios pronunciam dizem mais,
muito mais que mil palavras.
Para que gastar o tempo que nos queda
sublimando prosas, derramando energias,
se sabemos que ao perder-se a alma
no profundo amor, na mística poesia,
sairemos vitoriosos, exultando arroubos,
respondendo à vida, plenos de alegria.
Não importa que não leias o que escrevo.
Teus olhos não conseguem ver a letra,
mas sentem a palavra que a pena exala
quando célere e fugaz corre em pos de versos
que dizem o que sente o coração que ama;
os olhos por acaso não são o espelho d´alma?
esses olhos que um dia olharam a figura insana
de amante sem retorno, de amante eterno,
de amante que soube esperar que a vida
dependesse não mais de palavras, de fatos,
de olhares, nem sequer de versos como estes
povoados de fantasmas, mas tão somente,
de tímidos acenos do espírito que aninha
a celestial presença de uma vida dedicada.

Não importa, te repito, nada mais importa;
não importa que amanhã meu verso cale
e que o fluido vital que corre pelas veias
que antanho transportaram poesia, e que agora
não conduzam nada mais do que lembranças;
que este peito que um dia segurara em seu regaço
tua vida, sem que tu soubesses que cedia
parte da própria minha, em cada beijo e abraço
que, sem sabê-lo, recebias, sem saber, te digo,
que meu pródigo amor sustentava em versos,
nossas vidas balbuciantes, eternas despedidas
e retornos, e assim desde sempre e para sempre.

Não importa se reclamas da ausência presente
de meu ser em tua vida; se a labuta, ou seja,
estar pendente de teu tempo sem tempo cada dia,
de saber a cada instante o que sentes, o que tal vez
precisas, adivinhar teus gostos, carências, anseios
breves e a real necessidade que a alma busca,
sem saber encontrar o que procura, sem saber,
porque e longa a estrada e tortuoso o caminho,
povoada de ilusões, plena de desafios, que cega
o viandante não deixando que veja seu destino,
nem quem o acompanha e o cuida e o ama,
confundindo o espírito, dilacerando seu corpo,
trocando sentires, calando alegrias, e às vezes
aceitando o que o Cristo abdicara: todo o ouro
do mundo em troca do reino da própria alma.

Não importa se um dia olhares de lado
e eu não estiver contigo em corpo e alma;
meu espírito imortal, embora invisível aos olhos,
estará velando teu passo, guiando o caminho,
esperando encontrar-te de novo, em outra vida.
Mesmo assim, se não vires nem sentires,
não importa; a consciência que me imponho
alcança para os dois, e será o estímulo divino
suficiente para o próximo reencontro.
Não acreditas? ... Tampouco importa...

Enrique Giana

joldan
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