Edgar Martínez Castro




Mal amor

Si pudiera explicar el sentimiento extremo
que mantiene al corazón latiendo
y el alma sufriendo.

Si pudiera decir en un solo verso
la belleza y ardor de su sello,
que también es infierno.

Sin embargo, creo,
que los grandes, en su verso,
ya lo han ido diciendo.

Y negarlo no quiero,
como en un pozo
he ido cayendo.

Su agua como un veneno
me ha ido cubriendo,
lentamente, todo el cuerpo.

Y a pesar de lo amargo
¡un trago!, sigo pidiendo
porque de sed me estoy muriendo.



Lamento

¡Paz a mi dios le pido,
en este mar de adversidades,
que laceran mi alma
y aumentan mis pesares!

Fuerza a mi cuerpo marchito
y amor a mi corazón partido;
vida a mi sangre envenenada
y sentido a esta vida atormentada.

Lamento reprimido
en el fondo de mi alma,
grito ahogado en la vida diaria,
lagrima añorada cuando
ya no tienes nada.

Esperanza en este amor vivido;
y cuando el fin llegue,
certeza... pido.

Pido que en el mas allá
el amor que aún vivo
me sea restituido
y nunca, nunca, me deje
en el olvido.



Nuestra soledad

Soledad, ¡no vuelvas más
a inquietar las aguas del mar!,
no seas constante compañía,
pues sólo te quiero un rato
para recorrer estas playas
y regodearme en la brisa fugaz.

Soledad, dulce compañía,
cuando solos tu y yo
nos encontramos
en completa armonía.

Soledad, bien recibida,
en la quietud del pensamiento,
¡gran encuentro!, con mi yo interno.

Soledad amarga compañera,
porque mi cuerpo
ansía vibrar,
en los besos lúbricos
de un juego sensual.

Soledad no quiero, no puedo
tenerte a mi lado,
prefiero un cuerpo, una mente,
un ser, que llene mi espacio,
que robe mi tiempo,
que acabe mi aliento,
que agote mis ansias.

Un ser que solo me haga recordar
que existes, soledad,
en la quietud de su universo.



Viento

¡Detén tu paso viento altivo
que la muralla no destruirás!,
si osares en tu desafío
arremeterla, ¡no pasarás!

No insistas ¡oh remolino!
en volverte cruento tornado,
pues en tu intento vano
la vida en batalla dejarás.

Si alianza pudieras hacer
y con el sur y el norte volver,
recuerda, viento altivo,
que nunca la muralla podrás vencer.

Arremetes con furor
dejando a tu paso desolación;
mas en tu persistente rencor
hallarás la inevitable destrucción...

La gran muralla ha sido tocada
por el paso del sabio tiempo,
en todo su esplendor tornada
espera altiva, a que llegue el viento.

Edgar Martínez Castro
Luisww@prodigy.net.mx


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