PoeSite (principal)

Domingo Lopez




I.

“Quién supiera volver de la derrota”
........................................... (Marta Sanz)

Ayer
cumplí 33 años,
justo el día
que hacía un viaje muy largo
en un tren también largo.
Con la misma edad que el tipo de la cruz
volvía a la soledad,
a la tierra que me vio crecer
y a partir de ahora
- tras haber dicho para siempre adiós
a la alegría de amar -
me verá ya menguar despacio
y cansarme.
Feliz cumpleaños,
le dije al espejo del compartimento individual,
1ª Clase.
Y sorbí un poco de agua embotellada.
Volvía igual que fui,
derrochando el dinero
por estar sin compañía durante las quince horas
sobre raíles paralelos
y no oír a ningún viajero
y así tratar de olvidar la vida entera un poco
aunque sea imposible.
Y es curioso que tuviera entonces,
cansado de mirar el negro paisaje
o verme reflejado en el cristal,
unas impúdicas ganas de hablar,
de charlar
sobre tantos errores extenuantes
hasta enronquecer.

(El revisor me ha llamado “Caballero”
y me dice “Buenas noches”)

Quedan por delante mil trescientos kilómetros,
repletos de minutos,
de vías relucientes para cualquier suicida.

Ayer nací hace tiempo
cuando mi madre decidió parir
porque era inevitable
o vagamente necesario.

(Y “Gracias,
buenas noches”
- qué otra cosa decirle -
le he contestado yo)


V.

Por encima de tu rostro,
cansinamente,
han pasado los meses este año.
Los días muertos y arrastrados
te rayaron la cara
como con rastros de babas secas
y en silencio
y lerdo
te presentas dócil
ante un almanaque nuevo
colgado
en el erial de tu tiempo,
en la espera inútil
que te rotura,
que te sigue y sigue
inútilmente
arando.


VIII.

Toda la vida
deseando huir
y cuando quedó abierta
por desvencijada
la puerta hacia el andén
vio con mansedumbre
sobre las vías
la ruina
de todos los vagones muertos
y los fantasmas fugaces
de todos
los trenes perdidos.


XII.

Cuando llega
o cae la noche
te envuelves en pastillas o alcohol
y te duermes
con una cotidiana e incómoda sensación:
es su imagen sonriente
tentándote
los ojos cerrados
o auscultándote un poco
el corazón
en el lado derecho.
Qué importa ya
piensas entonces
para tu cama hiriente y desolada
que venga el semen,
la saliva o las lágrimas
que venga incluso
el prestigio de los besos.
Porque es su laureada soledad
la que le da
ese cariz provisorio
a tu cara y tus horas
quien culmina en ti
de mala manera
un presente de juguete roto
grotesco de fantasía.
Y cuando viene la mañana
y te despierta la claridad
del día que nace
en el reloj de agujas inmóviles
con las pilas otra vez desaparecidas
adivinas
una rúbrica
un beso de carmín.
Es la hora entonces
antes de salir para el trabajo
de cubrirte un rato
la cara con las manos.

Domingo Lopez
DOMINGO_LOPEZ@terra.es

joldan
PoeSite: Lo más reciente | Página principal