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Daniel Arias
Argentina, 1949

Integrante fundador de "EL CIRCULO DE LOS POETAS" desde el año 1970 a 1974 bajo la dirección del poeta A.J. Antonio Muñoz Ramos.

Integrante fundador del taller literario "ALMAFUERTE" junto a los poetas Daniel Cejas y Beatriz Arias desde los años 1974 a 1979.

Ex integrante de los seminarios de poesía dirigidos por la poeta Elizabeth Azcona Cranwell en los años 1981 y 1982.

Coordinador de seminarios de análisis de poética contemporánea junto a los poetas Daniel Cejas, Beatriz Arias y Pablo Froimovich desde los años 1982 a 1984.

Participación en los ciclos : Sociedad de Escritores de la Matanza, Alas del Alma, Ministerio de la Poesía, Casa de la Cultura de Versailles, grupo Utopías, Café Tranway, (esporádicamente) Zapatos Rojos y El Ascensor.

PREMIOS LITERARIOS

  • 1° Mención en el Concurso Nacional de Poesía organizado por "El Circulo de los Poetas" en el año 1972.
  • FINALISTA de los Concursos de poesía organizado por la revista AMARÚ, coordinado por el escritor Juan C. Giménez en los años 1980 y 1981.
  • MENCIÓN ESPECIAL en el Certamen Interregional de Poesía y Cuento, coordinado por la Editorial Alfa siendo jurado E. Azcona Cranwell, Oscar Hermes Villordo y Adolfina Mondin, en el año 1986.
  • 2° PREMIO en el 7° Concurso de Poesía y Cuento Urbano coordinado por la Editorial BAOBAB en el año 2002.

PUBLICACIONES REALIZADAS
Ediciones compartidas:

  • TRUENOS SIN ESPACIO (1971) Colección Bastión Alerta de "El Circulo de los Poetas".
  • SOLO PENUMBRAS YA (1971) Colección Bastión Alerta de "El Circulo de los Poetas".
  • SUGESTIÓN VERTICAL (1972) Colección Bastión Alerta de "El Circulo de los Poetas".
  • EN EL UMBRAL DEL VUELO (1972) Colección Bastión Alerta de "El Circulo de los Poetas".
  • INTENTOS, ALAS Y ECOS (1973) Colección Bastión Alerta de "El Circulo de los Poetas".
  • 10 ESCALONES (1980) Ediciones AMARU Coordinado por el poeta J.C. Gimenez.
  • ANTOLOGÍA INTERREGIONAL DE CUENTO Y POESÍA (1986) Editorial ALFA.

Daniel Arias

| el autor |



Solo los amantes
oyen el llamado
del dios oculto de la sangre,
solo los que aman
ven al taumaturgo
que aleja al tiempo
y los hace invisibles,
bajo los puentes circulares
se hacen dueños del espacio humano
con sus cabelleras enlazadas
en el nocturno oleaje
de la ternura,
y más allá,
el país del dolor,
y más acá,
la visión profunda
de la lejanía,
en las estaciones secretas
el alto campo de la melancolía,
y sobre las espaldas
como un pájaro
se les ha posado una sombra.
Yo aquí,
sentado como un animal
que observa el ocaso,
intento ahuyentar la despedida.



El tiempo continúa lentamente
afuera de la casa,
tan solitario como dos extensiones
que olvidaron su nombre.
El hombre abandona entonces
la mesa, el vaso, los temores,
y marcha, marcha y marcha.
Reposa en los bordes del camino
junto a mujeres y viejos, marcha en silencio.
Cada llanura, cada piedra y cada flor,
todos conocen los cielos
que la deriva largamente
pone en los ojos.
El camino es antiguo
y el hombre que anda
se sostiene en el tiempo,
ciudades, reyes, bosques,
perlas, batallas, arcilla,
imagen, cimiento, claustro,
límite, maravilla y medida,
todo se extiende
bajo la dimensión de su mano,
todo cristaliza junto a los vibrantes silencios.
¿Qué busca el viento?
¿Quién bebe lo trasparente?
¿Cómo fatiga el cielo?
Magia y dogma se precipitan
en un cortejo dividido
sobre la marcha sola,
como es sola la sombra
encadenada al dolor.
Con la visión de la tierra que respira
en bocanadas delante suyo
fundiéndose sobre la espalda
como un parto transformado,
va con su palabra,
abandonado a los escudos y los filos,
grande como un reino,
ligero como el polvo,
eterno como una estrella.



Es la hora incierta
de las espumas grises,
es la hora de la proa
que desciende a la garganta del mar,
nadie duerme en este parto
nadie llora sobre la sombra,
la noche siempre regresa
con su vistosa revelación de angel,
le han robado los ojos al mar
se le han ido las manos,
los oídos tiemblan por la borda
de los barcos que esfuman,
su rosa de óxidos y herrumbre,
su compás de vientos
su ronda secreta,
el antiguo canto de los pequeños peces
promete luces bajo el signo.

Detrás del oscuro pedernal y mas abajo,
junto a la espalda del último abismo,
en la soledad oscura
del pequeño hueso,
la despavorida soledad
del sueño en la boca,
mariposa de sal y noche
máscara de silencio,
agua infinita
agua de frío
agua de agua
agua de miedo
agua y espina
miedo en línea,
en la burbuja queda
mi fragmento de hombre,
en su astilla de noche
agua de nombre,
noche de noche,

Dios en retirada.

(niños esclavos de Camerun tirados al mar,
febrero 2001, barco ETIRENE)


Estos hombres heredan la tierra
sobre la piel
como el abrazo del cielo
en las tardes blancas.
Estos hombres son invitados
a la ceremonia del azar,
abismados al hechizo de sus ilusiones
elevan la voz de los sueños
cantando alabanzas como ángeles
y en las alturas de la tenue trama
se revela su escasa insinuación
de porvenir.
Esta dura garra el progreso
impone un delgado pasillo de bala
en línea con la sombra,
decreta la medida y la textura,
el acotado temblor de los rezos
y el espacio de los signos.
Estos hombres,
como pájaros celestes,
trepan la niebla
por las escalas de cada mañana,
llevan la rosa concluida de la fe
entre los dientes cerrados
y un arco de silencio como escudo.

Daniel Arias
joldan


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