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Tal vez hayas intentado dejar de fumar muchas veces pero ¿cuántas, realmente cuántas, en lugar de sólo intentar, DECIDISTE dejar de fumar?

Los consejos no sirven ni a quien los da. Lo que sigue no pretenden ser consejos para dejar de fumar. Digamos que no tengo nada mejor que hacer y por ello lo escribo, de modo que si tú tampoco tienes nada mejor que hacer, poco pierdes con leerlo. Si de algo te sirve, ¡bien! y si no, sabes que no necesitas volver a pulsar el enlace que te trajo hasta aquí.

Dejar de fumar, como todo lo que empezamos y terminamos con éxito, necesita un motivo; las cosas no tienen sentido sin una motivación. La presión que ejercen quienes están a nuestro alrededor para que dejemos el cigarrillo es el peor de todos los motivos. Pensar en la salud tampoco es un buen motivo ¿no se enferma, acaso, y también muere, gente que nunca ha estado en contacto con el cigarrillo ni siquiera en forma "pasiva"? Siempre encontraremos una excusa que hará de la salud un mal motivo para dejar de fumar, aunque, sin duda, sería mejor despertar por las mañanas sin ese dolor de cabeza tan fastidioso cada vez más frecuente; y poder subir los cuatro pisos -cuando no sirve el ascensor- sin tener que descansar cada tantos escalones para tomar aliento; o, en una buena fiesta,poder bailar a buen ritmo (digamos buena salsa o buen merengue... digo, o rock 'n' roll si te va mejor) más de media hora seguida sin tener que sentarte a descansar; o poder correr y jugar con los chicos sin agitarse. Pero ya esto no tiene que ver con salud sino con subir escaleras, bailar o disfrutar con los chicos... podría servir como motivo... te propongo otros:

  • Puedes pensar en dejar de fumar porque a tus hijos, a tus padres o a tu "lo-que-sea" (gente que te sea muy querida) le gustará y se llevarán una gran alegría el día en que tú dejes de fumar. Nos consta que quien primero se alegra con la alegría que recibe un ser querido es quien la proporciona (tú en este caso); entonces, hazlo como un regalo a esa(s) persona(s) tan especial(es) para ti (no porque ellos te lo piden sino porque tú decides dárselo) y, por supuesto -como todo buen regalo es siempre una sorpresa-, se lo dirás sólo cuando el hecho esté consumado: no dirás "voy a dejar de fumar" sino "dejé de fumar". Yo, decidí hacerlo como un regalo de Navidad para mi familia; quien me dió la idea lo hizo como regalo de "día de las madres" para su mujer, en fin, cada quien deberá buscar su "día" especial.

  • Puedes pensar en dejar de fumar porque quienes están a tu alrededor (tú gente querida -no me refiero a tus vecinos ni al panadero o al compañero de trabajo y mucho menos a los desconocidos-), no tienen la culpa de tus gustos, hábitos o vicios -como quieras llamarle- y no tienen por qué sufrir las consecuencias. Puedes pensar en cosas como mantener limpio el aire que respiran tus hijos, por ejemplo. Podrías decirme que no fumas en donde estén ellos... ¡bien! eso hacía yo; ahora piensa en todo el tiempo que no pasas con ellos, sólo por poder fumar en donde ellos no están. "¿Puedo ir contigo?" "¡No!" y claro, si va contigo, ¿cómo vas a hacer para fumar sin "ahumarle" su ambiente?

  • Puedes pensar en dejar de fumar porque si sumas lo que gastas al mes en cigarrillos, te darás cuenta de que hay cosas que quieres y podrías tener pero no tienes porque ¡las conviertes en humo!; simplemente, ¡te las fumas!

Puedes usar cualquiera de esos motivos, o todos. Puedes agregar más motivos a la lista o hacer tu propia lista de motivos. Lo importante es que sean tus motivos, no míos ni de la gente que a tu alrededor te está continuamente diciendo "tienes que dejar de fumar". Son tus motivos y es tu decisión.

Una vez que encontraste tus motivos y decidiste (fíjate bien: DECIDISTE) dejar de fumar, no necesitas que sea "noticia de última hora". Con que tú lo sepas -cosa por demás estrictamente necesaria-, es suficiente. Los demás ya se enterarán y pasado el tiempo -incluso quienes pensaron que nunca lo dejarías- te dirán "oye... hace tiempo que no te veo fumar ¿lo dejaste?"

Ahora que tienes motivación y decisión, puedes apagar inmediatamente el cigarrillo que tienes encendido y deshacerte de esa cajetilla que tienes abierta (y cualquier otra que tengas a tu alcance), o tomarte las cosas con un poco menos de dramatismo... al fin y al cabo ¿cuánto hace que fumas? ¿10, 20, 30 años?... dos, tres o seis meses más, no van a hacer diferencia alguna.

Yo me lo tomé con la calma necesaria como para crear un tercer elemento: el convencimiento de que podía lograrlo. En mi opinión -no soy experto en la materia pero estoy convencido de que no hay "expertos en la materia", sólo estadísticas provenientes de estudios que a veces, incluso adolecen de seriedad porque responden a "intereses" que pagan para que los estudios den por resultado conclusiones preelaboradas que a la larga terminan siendo un gran fraude- en mi opinión, decía, el problema con el cigarrillo está más en el hábito -el condicionamiento, la necesidad de tener un cigarrillo encendido entre los dedos o en el cenicero al alcance de la mano, algo que hacer cuando no hay nada que hacer- que en lo adictivo de la nicotina en sí. En los tiempos en que trabajaba en arquitectura y no había autocad, encedía un cigarrillo, lo colocaba en el cenicero sobre la mesa de dibujo y seguía trabajando. Al rato me daba cuenta de que el cigarrillo se había consumido por completo y encendía otro; de este modo, entretenido en el dibujo, podía pasar horas sin fumar pero, eso sí, cada cierto tiempo, una mirada al cenicero y la mano que se mueve para encender un cigarrillo... ¿adicción o "acto reflejo"?.

Mi experiencia no tiene necesariamente que serle útil a nadie más, pero, por si lo fuera, aquí queda: encontré el motivo, tomé la decisión, le puse fecha y seguí fumando como hasta entonces. Cada vez que encendía un cigarrillo -y adicionalmente cada vez que me acordaba-, repetía en mi mente la decisión tomada, no como una posibilidad, sino como algo verdaderamente cierto: "el 24 de diciembre dejo de fumar" y, por supuesto, pensaba en el motivo que le daba sentido a la afirmación. No había presiones ni nadie recordándomelo. Eramos yo y yo. Si no lo lograba, nadie se enteraría siquiera de que en algún momento tuve la intención y, por otro lado, cada vez que me cruzaba por la cabeza la idea de que podía no lograrlo, la desechaba con otro pensamiento mejor: "esa opción no está planteada" ¿qué más puedo decir? Llegó el día previsto. No recuerdo el momento en que encendí el último cigarrillo que me quedaba ni cuando eché la cajetilla vacía y arrugada -como cualquier otra hasta entonces- a la basura ; lo cierto es que ya no sentí la necesidad de comprar más y ese día le dije a mi familia: "hoy dejé de fumar".

joldan
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