José L. Dasilva N.

Fragmentos de algunas cartas enviadas


(...) la poesía no la hace sólo el poeta. El poeta expresa sentimientos, pinta imagenes que surgen de algún punto en su interior y es indudable que, para ello, hace falta una gran sensibilidad pero también es indudable que hace falta una gran sensibilidad para leer esas palabras y ver en ellas algo más que símbolos gráficos aislados sobre un papel y entender que más allá de la simple expresión de una idea, hay una vivencia muy personal, propia del que escribe, íntima; un sentimiento, de dolor, de amor, de angustia, de felicidad que tiene vida propia y necesita salir a la luz. Para mi, la poesía no es una creación. Está ahí, a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos. El poeta no tiene necesariamente que ser creativo, como tiene serlo quien diseña un "spot" publicitario, un mueble o un juguete nuevo. Tanto para escribir como para leer poesía hace falta una cierta dósis de sensibilidad. (...)

3/7/97


(...) No quiero mistificar, en ningún modo, el acto de escribir pero siempre he creido que, en general, esto que tú y yo llamamos poesía, en cualquiera de sus formas, ya sea que se exprese con palabras, con imágenes o con sonidos musicales, surge de un estado interior que se activa en forma inconsciente, ante la presencia del estímulo apropiado, y que llega a abstraerte de tal manera que te deja a solas con tu ser más íntimo y sin más recurso, para enfrentarte a él, que tu capacidad primaria de expresión. El lenguaje con que se expresa, idioma, música, pintura, etc., puede ser más o menos rico, más o menos fluido, en función del conocimiento de quien lo utilice, pero el resultado, siempre será un reflejo de algo que ha sucedido muy adentro de uno mismo. Yo no he podido escribir nunca "por encargo" y, menos aún, motivado por el simple pensamiento "hoy quiero escribir algo porque hace tiempo que no escribo". Supongo que tanto tú como yo y como todos los que en algún momento nos sentamos a describir sentimientos, somos capaces de describir, objetivamente, el sentimiento que nos produce, por ejemplo, la soledad, en la misma manera en que el fotógrafo capta con su cámara la apariencia física de un paisaje o un pintor podría pintar fielmente un rostro sin ir más allá de la mera observación. El resultado final, obtenido así, en forma consciente y utilizando todo tu conocimiento acerca de la materia, podría, incluso, ser un bellísimo reflejo de la realidad y poner de manifiesto la maestría del artista en el uso de los recursos expresivos y los instrumentos que utiliza. Sin embargo, no contiene nada que lo identifique con su creador -salvo la firma-. Es muy distinto, cuando lo que describes no es el sentimiento de soledad en sí o pintas el paisaje, sino que describes o pintas el sentimiento que la soledad, o el paisaje, produce en tu interior -eso ya no puedes hacerlo en forma consciente-; en ese momento, el resultado, independientemente de su belleza, es una parte de ti. Y el punto es que, quien lo lea o quien lo vea, independientemente de que lo entienda o alcance a adivinar lo que quieres decir, se da cuenta de que ahí hay algo más que simples letras y palabras formando oraciones. (...)

3/9/97


(...) Las reflexiones no tendrían sentido si no fuesen compartidas. ¿de qué serviría pensar si nuestros pensamientos se quedasen en nosotros mismos?. ¿Qué sentido tiene gastar energía en construir un puente que nunca nadie va a cruzar? ¿ para qué componer una canción que nunca vamos a cantar?. Es el compartir lo que somos (y ello involucra acto y pensamiento) lo que nos da sentido como seres humanos. Mira, no se supone que vayamos a cambiar el mundo; seríamos unos tontos engreídos si pensáramos que podemos hacerlo pero hemos de pensar que el átomo es la parte más pequeña de la materia. Por si sólo, un átomo es algo totalmente inútil y, sin embargo, sin átomo no habría materia, en otras palabras, es más importante aún que la materia misma de la cual forma parte porque, más que parte, es su origen. Me agrada leer y oir reflexiones porque las reflexiones de los demás alimentan y enriquecen nuestras propias reflexiones. Me agrada, mucho más, estar en contacto con personas que no sólo reflexionan sino que, además, gritan en voz alta sus pensamientos sin miedo al juicio ajeno. En este mundo hay demasiada gente que calla sus propios pensamientos por temor a ser tildados de "infantiles", "sensibleros" o "cursis" -de paso, y a proposito de "infantiles", ojalá los adultos nunca hubiesemos perdido la inocencia de la niñez-. Pienso que muchas de esas personas (por no decir todas) que andan por la vida como máquinas con el único norte del bienestar material, de la casa más grande del pueblo, el coche más llamativo o la posición social, esconden tras una coraza un ser espiritual muy intenso que no aflora, tal vez, por no haber encontrado el estímulo adecuado o porque simplemente se cierran de tal manera que no permiten que el estímulo entre en ellos. Pienso, además, que vivir así debe producir una tremenda frustración que, ¿por qué no? tal vez sea el origen de la amargura de tanta gente con la que nos encontramos a diario por la calle. Hay quienes lo tienen todo y podrían dar mucho y, sin embargo, no tienen nada y menos aún pueden dar porque, en realidad, ni siquiera son dueños de su propio ser. (...)

(...) El amor para mi es, más que un sentimiento, un estado del espíritu. Como tú bien dices, «lo mejor que podemos hacer por el mundo y por todo lo que nos rodea, es dar amor» y, agrego, vivir en un estado de amor permanente. Porque es, además, lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos. En la medida en que das amor recibes amor, entendiendo el amor, por supuesto, no en ese concepto tan limitante y limitado que es común en nuestros días, que no va más allá del romanticismo y que tanta gente asocia con la relación hombre-mujer; sino entendiéndolo como un estado espiritual que te permite apreciar -y valorar- la belleza y la energía vital que hay en cuanto te rodea. (...)

(...) A fin de cuentas ¿quienes somos nosotros para juzgar la producción intelectual de los demás?; leemos, oimos, observamos, mostramos nuestro acuerdo con lo que compartimos; cuando sentimos que una idea nueva nos enriquece la asimilamos y el resto... ¡lo respetamos y punto!, a conciencia de que nadie posee la verdad absoluta. (...)

2/10/97


(...) Aún cuando ello signifique exponer nuestro pensamiento a la crítica ajena, es una forma de decirle a tanta gente que oculta sus pensamientos y sentimientos, por temor a no encajar en el mundo actual, que estamos aquí y que somos muchos los que aún valoramos lo que algunos llaman "odas baratas al espíritu humano"; los que no tenemos gríngolas en los ojos que nos impidan ver lo que hay a los lados del camino ni seguimos como "borregos" a unos "pseudolíderes" que -teniendo como único norte su propio bienestar personal- pretenden imponernos ya no sólo la forma en que hemos de vestirnos o lo que debemos comer sino, incluso, la forma en que debemos comportarnos en nuestras relaciones más íntimas. ¿Te das cuenta de que los más detractores del "espíritu humano" son precisamente aquellos que pretenden "vendernos" su propia imagen como si fuesen dueños de la verdad absoluta? Y, si no vendernos su propia imagen, por lo menos pretenden condicionar nuestro pensamiento para, al fin y al cabo, vendernos un producto y obtener un beneficio. El hombre, como hombre, tiene mucho más valor que por su capacidad de producción y, por otro lado, enfocado hacia la producción, ¿cómo puede producir a toda su capacidad quien no está satisfecho consigo mismo? ¿cómo puede un hombre decir que es libre si no es libre de exponer sus pensamientos? Pienso que todos somos capaces de adaptarnos a las restricciones materiales... pero, a mi en particular, el tener que restringir mis sentimientos -cuando he tenido que hacerlo- sólo me ha producido estados de angustia -por llamarle de algún modo- que han afectado tanto mis relaciones interpersonales como el desenvolvimiento de cualquier actividad, por muy simple que haya sido. (...)

(...) "el arte en función del comercio", es algo que encuentras en todo el mundo y que tal vez en el "mundo desarrollado" sea más fuerte aún. El concepto de desarrollo o no desarrollo -no como yo lo entiendo sino como siento que se está utilizando-, va más en función de la producción de bienes y servicios (todo aquello que puede producir riqueza material) que del ser humano. En este sentido, el artista, el creador, el ser humano en general, vale -y creo que estoy repitiendo algo que ya dije- en función de lo que pueda producir y no en función de lo que pueda aportar a la sociedad y a otros seres de su especie. Es evidente, luego, bajo este concepto de desarrollo que los paises más desarrollados son aquellos en que el hombre está más dedicado a producir riquezas -que, en su mayor parte, ni siquiera llegan a él-, a cambio de una vida sin muchas complicaciones, sin que importe mucho todo lo que le rodea. Es como si la sociedad, los amigos, los hijos, la naturaleza, no fuesen más que elementos de apoyo -y que, incluso, llegan a estorbar a veces-, destinados a satisfacer las necesidades básicas que el hombre tiene como parte de una especie animal para poder producir más y mejor; algo así como una herramienta más de la "gran fábrica". ¿No debería ser al revés?¿No debería la "producción" ser un instrumento de apoyo para el bienestar -en todos los aspectos que "bienestar" implica- del ser humano? (...) Al menos, en ese "tercer mundo", la gente tiene ideales y no se averguenza de ellos; y los grita y los defiende. El poeta, por ejemplo, escribe ¡No vende! ¡nadie le hace caso! pero cree en lo que hace y dice y sigue escribiendo aún en unas condiciones de vida precarias. El ser más "pobre", el más "miserable", ese que vive bajo techos de cartón, con todas sus limitaciones, disfruta cuando está en compañía de su familia, disfruta de la compañía de sus amigos y, todos sus problemas -que son inmensos- no le impiden reir o festejar de vez en cuando. Y son felices a su manera; más felices que muchos de los que vemos rodeados de aduladores y que no saben en que gastar lo que tienen en sus cuentas bancarias. Pregunto ¿de qué sirve a una sociedad ser altamente desarrollada si este desarrollo condiciona y limita sus valores humanos?. (...)

(...) Afortunadamente, el arte verdadero, el que nace del alma, el que, aún cuando pudiera obtener una retribución material o económica no surge como respuesta a esta necesidad ni la tiene como fin u objetivo, no es suceptible a modas y permanece ahí mientras las modas y los intereses cambian (...)

10/10/97


JOsé L. DAsilva N. Volver al índice