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Carlos Ardohain



Un neumático en llamas
cruza el aire sobre la autopista
negro sol plebeyo
de órbita instantánea
va a morir más allá de la basura.

Un hombre vencido por el sueño
en el asiento de un colectivo
inclina la cabeza con deferencia
parece muerto, tan fuera de lugar que
la realidad pierde súbitamente sentido.

Una grieta en la pared
el tiempo que fisura la memoria
o viceversa, en todo caso
es demasiado tarde o demasiado
pronto para ignorar tu ausencia.



No te sientas demás entre tus brazos
eres tú misma quien abriga el aire
esta tarde parece mentira y
la luz se estira hasta no poder más
si te vienes si te quedas si te vas
habrás sido tú de todas maneras,
la que cambiaba las cargas
de electricidad en las miradas,
la que pasaba las horas imaginando
el lado de abajo de los árboles,
transformaciones, herejías, acrobacias,
nada de eso hay hoy aquí
y tampoco tu cuerpo.



Te gustaba hacer globitos en el tiempo
encapsular vivencias de una tarde
y echarlas a volar en dirección al río
era tu manera de desplegarte y abarcar
más superficie de la habitual
una operación matemática al revés
y era parte de tu encanto ese florecer
desparramada en semillas aéreas
resulta extraño pensar que las infinitas
motas de polvo que habitan el aire costero
conocen a fondo todos tus secretos
como si fueran expertos en las complejidades
del alma femenina.



Buscándote entre decenas
de palabras muertas que caen
de mi lapicera
transcurro la tarde en el desconcierto
de no saber qué hago aquí
ni a quién espero.



Si la lluvia ascendiera en lugar de caer
y regáramos el cielo desde el mar
y las nubes florecieran de narcisos
y las aves nadaran en el aire,
si la lluvia se atreviera a caer
al revés, y los aviones volaran
entre charcos, y el sol se embriagara
de reflejos y enredara sus rayos
formando telarañas de luz, entonces
tal vez tus lágrimas se contagiaran
y dejaran de caer para formar
parte de esa fantasía
y pusieras a un lado tu tristeza
por un día.



Las sombras suelen ser el sostén
con que los objetos y las plantas
soportan el embate de la luz
si no fuera por ese mágico respaldo
la luz asesina del verano
los tumbaría como naipes.

Las sombras son el doble del mundo
su mitad siniestra, el eco
intangible de la forma,
parecieran ser ellas la verdadera cosa
creada por el verbo, y la materia sería
su inevitable consecuencia negativa.



Lo duro se articula con lo rígido
lo blando se entiende con lo blando
y para relacionarse cuentan
con un estado intermedio de la materia
no hay pausas en el girar de la rueda
todo organismo vivo avanza en el tiempo
y en ocasiones algunas células
en ciertos individuos de una especie
engendran pensamiento.



Mantener la mirada fuera del mundo
pensar como quien camina
caminar como quien no pesa
respirar como quien no tiene cuerpo
escribir como quien no va a ser leído
vivir como si vivir no fuera importante
morir como si uno hubiera amado
la vida o algo que la represente
mandamientos para una nueva religión
que podría resultar un buen negocio.



El círculo vicioso de Narciso
ha cambiado de signo en estos días
sigue siendo su imagen lo único que mira
y lo que lo tiene ahora fascinado es el odio
que ella le provoca, como si fuera
un hombre santo y encarnara en sí mismo
todas las miserias de la época y la especie
como si fuera el último héroe con valor
para cortar los males del mundo de raíz
y asume su condena solipsista ejercitando
con cierto desdén el deporte de escupir en el espejo.



La luz oblicua que rebota en los azulejos
hipnótica como el filo de una daga
dibuja un tajo o una frontera
con aire de escenografía hospitalaria
del lado de allá mi mirada perdida
depositó la incertidumbre, el desamparo
de este lado quedó mi cuerpo con sus apetitos
sus temores y sus vicios adquiridos.

Hay un enorme desajuste entre este pasillo y yo
pero decido fingir que todo está en orden
y para probarlo comienzo a contar mis pasos
mientras miro los pies que me transportan,
uno avanza el otro sostiene,
uno sostiene el otro avanza.



No me des la espalda
ni aun así
que me sorprendas
trepando por el chorro de agua
subiendo por la columna de humo
no me quites la palabra
ni que fuera
mi discurso incomprensible
mi verbo abrumador
ya verás que no me ahogo en tu agua
ni aun así
que me respires a mí
no me camines los pasos al revés
como si fueran huellas en el viento
que no dejaron mis pies
no me digas que no
y no te lo diré yo
ni ahora
ni después.



La ciudad es un artefacto caníbal
que hace pie sobre el silencio de los muertos
por ahora tiene al tiempo de su lado
y valiéndose de la memoria
transforma los deseos más ardientes
en tibios e inofensivos recuerdos,
de esa operatoria saca su ganancia.
La ciudad se expande como un tejido
formado por células dementes
anodinando todo lo que toca.

Mi estrategia defensiva contra ella
consiste en una maniobra de distracción
aprendida de la naturaleza:
mantengo mi tesoro oculto en un lugar
y me pongo a cantar en otro lado.



Pensaba en la distancia que nos separa, pensaba en
barcos que con sus innumerables trayectos
escriben o dibujan sobre la superficie del mar
instalando en la mente de los marineros
la idea de que los amores se graban en la piel
como cartas de navegación de un cuerpo
en la envoltura del cuerpo,
como la confirmación de que los únicos viajes reales
son los que se realizan hacia el corazón de una mujer.



Afectado por al aire ostentosamente freak
de tu manera de vestir y de moverte
consideréme perdido para siempre
y comencé a revolver mis cabellos con los dedos
y a hacer agujeros en mi remera con la brasa del cigarrillo
mientras cantaba con alegría aquello de:
"porque estás hecha de plástico fino
dicen que tienes veneno en la piel"
Vos te reías de mí y de todo
tomando cerveza y bailoteando
parada junto a la barra
cruzada de vez en cuando por haces de luz
yo estaba tan elevado que podía ver
el revés de la trama, como quien dice
ver la araña y ver la tela,
de modo que supe que nunca serías mía
así que fui hacia vos y te robé un beso
necesitaba un souvenir para conservarte
en lo alto del podio hasta la próxima vez
que sufriera un deslumbramiento semejante.
Sucede que a veces para mí
algo ya es demasiado.



Cuando pensaba que podía beber tu amor
como si fueras una fuente o un manantial
me equivocaba pero no del todo
porque tu amor era líquido y brotaba a borbotones
cualquiera se hubiera ahogado de felicidad
pero yo me aparté una vez saciada mi sed
fue entonces que tu amor pasó por todos los estados de la materia;
primero se congeló, después se evaporó
y cuando por fin comprendí mi error tu amor compartía ya
la evanescencia del fluir del tiempo.



La mirada que apunta lejos
no se cansa nunca de mirar
porque en el viaje hacia lejos
descubre que el mundo es redondo
y va como reposando
en la suave curva de la tierra.

La mirada que apunta a lo próximo
en el fondo no comprende lo que mira
sufre el mareo de la cercanía
y sólo desea dejar de mirar
únicamente se calma si tiene ocasión
de poseer la forma rodeándola.

La mirada que mira lejos
tiene siempre hambre de infinito
la que mira lo que está al lado
en realidad lo único que quiere
es girar y mirar hacia adentro
y disolverse en el fondo insondable
de mi ser.



Interrumpir este simulacro de silencio
para decir que el silencio no existe en la naturaleza,
toda la creación es sonora.
Cantan las ballenas y toda criatura bajo el agua,
las aves en el aire forman un coro heterogéneo,
los árboles y el viento suenan juntos,
el trueno y la lluvia no son ellos sin sonido,
cruje la montaña, susurra la nieve, murmura el mar.
Es seguro que incluso la tierra, algo cansada,
ronca profundamente al girar cada día.
Visto así, el silencio vendría a ser
una idea inalcanzable, un concepto ideal,
quizá una homologación abstracta de Dios.



Si pudiera levitar a un metro o dos del piso durante todo un año
y permanecer inmóvil en el mismo punto del espacio
mientras la tierra completa su giro rutinario
aguardaría a que la plaza de todas las tardes
regresara lentamente a mi encuentro
cargada de vivencias desconocidas por mí.
Quizá sería de ese modo un año más joven que ella
y los árboles de siempre me parecieran extraños
y me hubiera habituado a vivir en el aire
y percibiera el vértigo sutilísimo que lo constituye y lo recorre
o comprendiera que las formas necesitan movimiento para permanecer unidas
o creyera entender que todas las cosas y todos los seres
que se desplazaron frente a mí desde que decidí detenerme
no hicieron otra cosa que cambiar todo el tiempo
para seguir siendo las mismas cosas, los mismos seres
y en algún sentido se han duplicado
afirmándose en su esencia un año más
avanzando despacio y tranquilos hacia la muerte
y mirado desde ese punto de vista
quizá yo he girado al revés, como si estuviera huyendo
hacia la infancia, eligiendo vivir continuamente en primavera.



En horas de la madrugada de pronto escuché gritar
a mi hijo que desesperado pedía auxilio por altavoz:
¡socorro, me ahogo, papá, por favor!
yo acudí corriendo, lo llevé ipso facto hasta el baño
y le dije tratando de calmarlo: escupí al Copi que tenés
metido adentro, y agachado y entre arcadas vomitó
una gran rata alterada que salió gritando:
"¡viva la revolución! estoy enamorada"
mientras escapaba por un andamio seguía gritando:
"¡aprendan el francés, hablen al revés!"
nosotros le tirábamos cascotes gritando también:
"¡andá a jugar a las rimas a lo de tu prima, rata atorranta!"
ahí nos dimos cuenta de que nos había robado
el libro de José Bianco, seguro para comérselo
pero estábamos tan desvelados que decidimos
hacer un estofado para el desayuno, nos colocamos
los barbijos y pusimos manos a la obra,
hongos de la Amazonia, maconha del Paraguay,
ajenjo fresco de Francia, Marositas di Giorgio y ajíes Pizarnik
vino de Chile Lihn y laurel para conjurar la gloria;
flor de un día, cuando estábamos por probar el manjar
volvió la rata con deseos de parlamentar:
"extraño el calor de hogar, me puedo volver a quedar?"
dicho lo cual agarró una cuchara y comenzó muy presta
a devorar, nosotros totalmente conmovidos
le dijimos al unísono al oído: "rata cruel, pobre ser desvalido
has ido demasiado lejos, más de lo permitido"
y acto seguido la empujamos de cabeza
dentro de la olla, a esta altura popular,
con el caldo hirviendo todavía, el refuerzo de calorías
hizo más nutritiva la comida, pero nosotros
perdimos momentáneamente el apetito.

Carlos Ardohain
carlosardohain@ciudad.com.ar

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