AnahÝ Lazzaroni

Nació el 30 de agosto de 1957 en La Plata, provincia de Buenos Aires. Desde el año 1966 reside en Ushuaia, capital de Tierra del Fuego.Publicó Viernes de acrílico (1977), Liberen a la libélula (1980), Dibujos (Ediciones revista aldea, 1988), En esta ciudad se escribirá una novela (prosa, Ediciones Revista Aldea, 1989), El poema se va sin saludarnos (Ediciones Ultimo Reino, 1994), Bonus Track (1999). Entre 1986 y 1994 codirigió la revista "Aldea". Colabora en diarios y publicaciones del país y del extranjero. Poemas suyos han sido traducidos al francés y al coreano.
E-mail: anahil@infovia.com.ar

de "Bonus Track"
(Ediciones Ultimo Reino, 1999)

CUATRO


Poeta

Sólo piensa cómo hacer
para robarle
la voz al trueno.
Habla de la lluvia
por simple descuido.



¿Para qué publicar?

El poeta envía su material
con el sigilo de un conspirador.
Quien lo recibe
también lo sabe:
la poesía
rueda por el suelo,
cruje como las hojas secas.



Algunas cosas necesarias para la escritura de un poema

La precisión de un relojero.
El vuelo del águila.
La delicadeza de un insecto.
la zozobra del loco.
pluma o lápiz.



Sequía poética

Las palabras no se adhieren al papel,
vuelan dispersas, se distraen en el aire.
Andan como locas de atar,
como mujerzuelas
en la época de los conventos.
Padecen demencia.
Reniegan.
Hasta que un buen día
se paran en seco.



Vicisitud

Envíanos la lluvia, envíanos la lluvia
Zeus amado, sobre nuestros campos
de cultivo y llanuras.

Súplica Ateniense



Si se pudieran mojar las palabras,
¿Acaso crecerían?
No habría desierto en los papeles.
Una leve lluvia llegando desde lo alto
y los textos se clasificarían
en, al menos, dos tipos:
poemas de invernadero
y poemas salvajes.
Una leve lluvia en los papeles.



Fracaso o victoria

Pulirlo
hasta que quede limpio

Dejarlo macerar
a la vieja usanza.

Implorar por él
a los antiguos dioses.

Porque el poema
(moderno o no)
se nos resiste
hasta quedar exhausto.



Café literario

Siempre al borde de la trampa y sin escuchar los presagios
que nos trae al mar
amparas a cualquier loco que mal escribe su canción.
Lo amparas con el arte de ciertos villanos de comedia.
Lo amparas y lo dejas a su divina suerte.
Lo amparas y le permites leer sus palabras
ante un público de gentes fracasadas.
Pero en la penumbra esas palabras son tan ciegas
como todo lo que no florece a su debido tiempo.
Y ya se sabe,
porque lo dice el fuego y también lo dice el aire,
no habrá comunión posible
para quien no busque el poema,
con la misma desesperación
de un animal que escapa.


CINCO


En la casa del tigre

Cuentan grandes penas, amoríos trágicos
e historias de madres posesivas hilando la tarde.
Despliegan el dolor como si fuera un mantel
y beben alegres las copas del olvido.
Una embarcación en ruinas
navega el río de la noche,
dicen que en ella viajan
el rey mendigo y su guardia de sonámbulos.
A mediados del siglo
en una ciudad mal llamada Buenos Aires,
repiten, un niño levantaba apuestas de caballos
a espaldas de sus inmaculados padres
y más lejos otro niño loco
se inventaba solitario la llanura.
Murmuran trozos de vida
ya cubiertos por el polvo
o casi.



Por esas calles de Dios

La frágil memoria de un borracho nocturno
abraza el aire.
Para él olvidar y morir
se convierten en una sola palabra.
Nunca repite el abecedario de corrido.
Jamás ve su propia sombra.
Muy apartado de la vida
tantea y tantea
el último rayo
del
alba.



Poema sin camellos

y nos decimos que cantamos
para alejar la oscuridad

Emily Dickinson


No veré más a la lluvia dorada
pintar el mar,
ni a los pájaros del alma
beberse a cántaros el viento.
Un fulgor distinto iluminará el paisaje
y la travesía será más tenue.
En la ciudad también está el desierto.
AnahÝ Lazzaroni

joldan
Lo más reciente en PoeSite Página principal de PoeSite