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Poemas
  1. Para un funeral
  2. Vi a Don Parmenio y luego se fue
  3. La Tarde
  4. Estrofa
  5. Recuérdame
  6. Sueño
  7. Mía
  8. Los Presidentes

Antonio Mateo Reyes



Los presidentes

Si los presidentes, fueran presidente,
el mundo tendría un rostro de naciente luz y progreso,
pero surgen atados, al que manda, y tal gestión deja de ser de ellos,
entonces, el presidente gobierna, para el vino y la opulencia.

El, se acomoda, porque ya dejó de ser del pueblo,
y los días cercanos al nuevo torneo, vuelve con sus discursos
demagógicos y llenos de mentiras, ofreciendo un nuevo paraíso,

Dice, que acabará con la miseria,
que el pueblo tendrá comida, salud y educación,
y la gente le cree. !Que Ironía!

Vuelve y gobierna.
Sus acólitos junto a él, toman posesión de sus nuevos cargos y
cada oficina es convertida en una empresa privada,
y pasados algunos días,
el nuevo secretario compra un lujoso carro, y una mansión construye,
porque ya no cabe en su vieja casa.

Los problemas nacionales, ya son muy ajenos
a los que él predicaba y ofrecía en campaña.
Llegado el nuevo día, vuelve y reparte las alienantes dádivas,
hijas de la mentira, del dolo y del despiadado saqueo,
al Erario Público.

!Entonces, ese pueblo, anestesiado y loco,
cambia, un día de fiesta , Moneda y Ron
por cuatro años de miseria!



Mía

Los ojos son para mirar,
y los labios, son para besar.

Mía,no te pongas celosa,
que en la vida, esas son.
las dos, Mejores Cosas.

Sabes, quien ama, no cela
y quien cela, no ama,
por eso, en vez de celar,
te cuido amada mía,
con la dulce candidez,
de cantares de palomas.



Sueño

Sueño con el canto apacible del jilguero que vive en mi,
a quien a veces le pido mejores melodías y mejores cantos.

Sueño ver una infancia de mejillas rosadas,
sin lágrimas en sus ojos,
arrullada por el abrazo feliz de la tierna madre,
que fija sus miradas en la pupila astral de un manantial de amores,
donde corretea lo perfecto, y la intangible verdad que se dilata,
en la amorosa sonrisa de la santa bondad.

Sueño ver esa infancia caer y levantarse
de la bicicleta, con rasguños en sus rodillas.
La que todos queríamos tener, para pedalear
por los aires llenos de sueños.

Sueño con jardines de juguetes en mi casa, y todas las casas.

Sueño ver muñecas en brazos de la futura madre,
ensayando la maternidad, y
el martillo del infante, aprendiendo con su juguete,
el oficio de Jesús y de su padre José, el carpintero.

Pero mi mayor sueño es,
ver a la infancia disfrutar su infancia,
y no verlos hacerse hombre o mujer, antes de tiempo,
abortando los días mas bellos y felices de sus vidas.



Recuérdame

Recuérdame amada mía, como tu más grande y mejor amor,
porque nunca puse en ti, la cruz pesada del sufrimiento.
Porque cultivé en nuestro fértil jardín,
el bello principio, de amar y ser amado.

Porque cuidé de ti, cuando mi carne fue estremecida,
por la mirada infiel de unos ojos pecadores, que insinuaban
romper la conjunción luminosa, de los que viven, una eterna primavera,
en el dulce paraíso del amor.



La tarde.

La tarde le pide a la noche
que la deje vivir un poco más.
Quiere tener entre sus brazos
los gozos eternos del sol.

Que no quiere morir a temprana edad,
sin ver las blancas nubes de las almas blancas
y las bellas canciones que entona el ave
celebrando, en su nido, su día mejor.

Entonces, la noche le pide a la tarde:
dame un descanso. Quiero mostrarte
los sueños que se tejen en la serena paz,
de una noche, amorosamente estrellada.

Mi hermana la tarde, es en mi noche,
donde la luz se ve más bella,
donde los astros titilan como pestañas
y las pupilas se dilatan, buscando más luz



Estrofa.
(A las hermanas Mirabal.)

En el jardín más puro y bello de la santa libertad,
proclama el mundo: son ustedes valientes y pulcras heroínas,
un cofre de verdad.
Y pasado todo tiempo, consagrado está, en nuestro escudo y bandera,
la real y eterna consideración,
de que son ustedes, dignas mujeres,
tres brillantes luceros, ¡en el alma misma de la nación!



Vi a Don Parmenio y luego se fue.

Vi a don Parmenio y luego se fue,
quise hablar con él de los milagros del amor,
de las flores blancas que nacen en medio de la Paz, y
del santo enjambre que prodiga miel.

De la vida del hombre de hoy,
de su bomba atómica y su germen de muertes.
Del negocio despiadado de las guerras y
del hambre que impone la industria,

Del misterio molecular
del color rojo y blanco de las rosas.
De la prodigiosa cura de una sonrisa tierna y
amorosa, en medio de la tempestad.

Del dulce canto de las aves,
y del misterio de su vuelo bello.
De lo que visten y comen sin pagar,
y de su hermosa vida, para cantar.

De los que celebran la muerte
para volver a vivir.
Del idioma de las piedras que hablan,
sin tener que abrir y mover los labios.

De la equivocada ruta, por donde transita la maldad,
y del gran misterio sanador de la bondad.

Háblame de la selva herida en su interior,
la que por represalia, sin piedad lanza por doquiera,
los letales virus, del sida y del ébola,
y otros y otros, y muchos más.

Poeta háblame del sol que preña la tierra,
sin copular con ella.
De su caminar eterno, sin coche
o nave que lo lleve.

De la blanca luna que mueve el mar.
Del viaje astral de los soñadores.
De los que ven flores donde no hay flores y
de los que viven cantando en vez de llorar.

¡Ay! se me olvidaba poeta.
Háblame de tus blancos amores allá en el cielo, y
de tus diálogos con lo divino y bello,
y de los poemas, que escribes juntos a Dios.



Para un funeral

Les pido a todos mis compueblanos
con gran ternura toquen mis manos.
Me voy de viaje a descansar
jamás mis ojos verán llorar.

Observen todos que Dios sí sabe
en cuatro tablas nada nos cabe.
Pueblo sincero que me acompaña
también ustedes vendrán mañana.

Cultiven siempre gran amistad
que sus acciones sean de bondad.
Que vivan todos siempre unidos
bajo el mandato del ¡Dios querido!

No afanen tanto por la fortuna
lleven el bien a cada cuna.
Es de los sabios sembrar sembrar
sembrar de amor todo lugar.
 

Antonio Mateo Reyes

joldan
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