Ana Debali
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1998

EL HOMBRE QUE YO QUIERO

El hombre que yo quiero
tiene que ser como tú,
fuerte en sinceridad
apasionado en el amor
y lleno de deseo.

Ese que cada noche escribe
encendiendo en mi una hoguera...
El que me transmite su pasión
y también me ata a sus sueños...

El hombre que yo quiero
tiene que ser como tú
capaz de romper barreras
y gritar fuerte la palabra "amor"

a través de distancias,
a través de fronteras...
Para que arrulle yo mi alma
sólo con tu recuerdo.

El hombre que yo quiero
tiene que tener la fortaleza
de ser constante y permitirme
entrar dentro de su corazón
y dejarme compartir sus penas
sus proyectos, su tiempo.

Inventando cada día
una nueva palabra de amor
para mantener
la llama ardiendo...

El hombre que yo quiero
ese eres tú...
A ti te quiero.



QUIERO SER Y QUE SEAS...

Que intrincados y profundos
son los caminos del amor
que nos mantienen presos...
No con cadenas ni cerrojos
pero si con la pasión
de un sentimiento.

Hoy quisiera tenerte entre mis brazos
que seas mi sol, mi horizonte
mi universo, mi viento...

que seas el manantial de donde
brote el agua para calmar mi sed...
Que seas el panal
para beber dulzura de tu boca

Que seas camino para mi andar
con una meta a donde yo llegar
no quiero continuar
siempre tan sola.

Quisiera ser semilla y florecer
allí en tu vida
Quiero lo mejor para ti ...
Quiero quererte mucho amor...
Allí, aquí...
O donde tú me digas



NO NECESITO IMAGINARTE...

No necesito imaginarte
porque te quiero así
seas como seas...
Y ten la seguridad de que es así
porque soy yo
la que estoy enamorada de tu alma...

No necesito imaginarte
porque mi amor por ti
lo siento muy dentro de mi
y aunque es también deseo
no me importa el color de tu piel
ni el color de tus ojos
ni tu edad,
ni tu cuerpo.

Sé que cuando te encuentre
sea donde sea
te voy a poder reconocer
por ese aroma que llevas muy dentro de ti
ese que yo puedo aspirar
a través de tus poemas.

No necesito imaginarte entonces
porque te quiero así
seas como seas.



SED

Sed de amarte...
de que tus manos jueguen con mi cabello
Sed de amarte
de que tu boca beba de mi aliento
Sed de amarte
de que tus manos recorran mi cuerpo
Y que juntos podamos querernos
como te dije aquella vez...
con el ritmo perfecto ...
Latido a latido
y beso a beso.

Enamorada sí
como una tonta.
Yo ya no vuelo libre
como gaviota

Pero me encanta
esa prisión que hiciste para mi.
La del deseo, del amor, del mensaje
que tú me das todos los días
que dice que tienes, al igual que yo
la sed de amarme...


(1999)

NI SIQUIERA IMAGINAS...

Fue a ti, solo a ti
a quien yo quise
Oyelo bien.
Sólo el respeto
me apartó de tu lado
y esas palabras
que nunca pronunciaste
y que hubieran bastado
para que enraizadas en el dolor
que ambos sufrimos
se hubieran convertido
en el amor
que los dos esperábamos.
Y bajé cien estrellas de mi cielo
y las puse en tus brazos.
No las quisiste ver
pero allí estaban.
Eran tuyas.
Sólo por ti esperaban.
Y no me volví atrás.
Seguí la danza
que bailaban para mi
muchos piratas.
Sin embargo
nunca de ti mis sueños
se alejaron...
Y te esperaba,
atada a la ilusión
de que me amaras.
Poco a poco
se perdió la esperanza
como se pierden las hojas
en otoño,
en ese otoño gris
sin ti, sin mi, sin nada.
Y me quedé en mi selva,
en mi arena
en mi luna
que siempre te llamaba
esperando, con ilusión
una palabra.
La palabra amor,
que nunca pronunciabas
Sólo aquel malecón
donde rompían las olas
-¿recuerdas?-
sabe de todas las lágrimas
que volqué allí en mi almohada.
Porque nunca hubo fantasmas.
Es que ni siquiera imaginaste
que era a ti, a quien yo amaba.
Ya que más da.
No tiene vuelta atrás.
Sólo espero
Que tus canas y mis canas
Nos den tiempo algún día
para volver a soñar con el amor.
Sin conocerte
quiero decirte, que yo
te he amado siempre.



UNA VEZ...

Una gitana
bohemia y aventurera
llegó hasta un camposanto
cansada, sola y con penas.
Miró a su alrededor.
Todo era zarza y espinas.
Pero con sus manos suaves
-sólo conocían caricias-
fue convirtiendo el lugar
en un hermoso jardín
donde alojó sus tristezas.
Allí la gente del pueblo
se abocaba a echarle piedras.
Ella no leía las manos
no adivinaba la suerte
Solo veía los luceros.
le preguntaba a su luna
a su noche, a sus estrellas
el porque de ese castigo
que nunca mereció ella.
Cada vez que se acercaba
al pueblo soberbio y necio
la gente se retiraba...
Ella siempre los miraba.
No había sarcasmo, rencor
en sus ojos verde mar...
Solo ternura y tibieza.
Pero nadie se asomó
para poder ver en ellos
la inmensidad del dolor
que vivía presente en ella.
Y se asiló en su jardín
para evitar el tormento.
Ese jardín del ensueño
que brotó en el camposanto
fruto de sus manos blancas
que se llenaron de espinas
porque con su sangre roja
se alimentaron las flores
y se aliviaron sus penas.
Y aquella noche especial
trajo a su puerta un poeta
fruto de un sueño o quimera
fantasma, juego, ilusión
que con su palabra amó
compartiendo la pasión
las caricias y el dolor
que la gitana le diera.
Y el día que él se alejó
(No se sabe bien adonde,
si era sueño se fue al cielo,
si era de carne a su hogar,
si era fantasma entró al viento)
ella no sintió tristeza.
Tomó su morral de cuero
se llevó adentro su amor
junto con bellos recuerdos.
Y emprendiendo su camino
entre el desprecio de aquellos
que por ser ella gitana
solo blasfemias le dieron,
dirigió sus pies descalzos
hasta el camino del río,
y mirando el cielo oscuro
le regaló allí sus sueños
su amor, y hasta sus recuerdos
a las aguas inocentes,
las que por primera vez
llevaron en su caudal
la historia de aquel amor
que se diluyó en el tiempo.



Podríamos decidir

Podríamos decidir
los dos
desnudos en la cama
piel a piel,
poro a poro,
sueño a sueño,
como hilvanar viejos racimos
Sí, esos racimos
de lunas
de incendios del instinto,
oyendo galopar el corazón
con el elemental jinente del cariño.
Pero hace frío.
Tu cuerpo ya no abriga.
Tristeza de mujer hay en los lirios
que adornan hoy la mesa.
Mis ojos ya no brillan.
Mis manos, enmudecen caricias.
Y un reto de silencio
nos envuelve
serpentenado siluetas alejadas,
que ya no dicen nada.
¿Para qué decidir?
Ya todo esté perdido...
Soplan vientos de olvido.



Rojo

Cristal...
Iridiscente prisma
que irradia en mi pupila
el rojo fruto de las uvas
pisadas con tu amor
y mi agonía.
¿Cuál fue aquél día,
que huyó la alondra
de mi canto,
el sol redondo y tibio
se hizo a un lado,
y entró la noche
con silenciosos pasos?
Me refugio en el rojo
arrebatado.
Corre lento y seguro
por mis venas.
Me devuelve
el crepúsculo olvidado.
Tu beso abierto.
Torso denudo,
para acaricicarlo.
Rojo, bendito rojo
transformado
en el azul profundo
de tus ojos,
que se prende a mi piel,
!Puedo jurarlo!



VIENTO

Sé que está alli con ella.
Marcando sus pisadas,
sobre la misma arena
sobre la misma playa.
Hoy sangran los recuerdos
Ayer...
se ataban nuestras manos
con el verde de algas
mientras nuestras miradas
se bebían una a otra
y el blanco de la luna
resbalaba a los besos
paseando por la noche
un amor que era inmenso.
Que mi primera lágrima
inicie el aguacero.
Que enfurezcan los mares
y que tiemblen los cielos.
Viento... tú que fuiste mi amigo
hoy atrapa las nubes
y escóndeles la luna
para que no haya besos.
No permitas que se amen
aumentando mi pena,
en esa misma playa,
en esa misma arena.



LA CARACOLA

Una casa en el bosque
Hijo de campesinos
un niño de 6 años
espera bajo el pino
- adornado con frutos
y flores del camino -
la bella Navidad
que quizás hoy le traiga
el regalo elegido.
Su abuelo le ha leído
historias de piratas.
Se imagina el azul...
Se imagina la espuma...
Se imagina la playa...
Se imagina las aguas
repletas de corales
caballitos de mar
pececitos de plata.
Su padre ha construído
juguetes de madera
que estarán bajo el árbol
como todos los años.
Se levanta temprano
con aquella ilusión
para ver si los Reyes
le han dejado su barco .
Un caballo de pino
con la riendas de cuero
inmóvil todavía
lo mira con cariño.
Y con él se pasea
entre troncos inmensos
añorando el azul,
sumergido en el verde.
De pronto se detiene.
Algo brilla en el suelo.
Interrumpe el galope,
deja de ser jinete.
Es una caracola
de nácar azulado
brilla con luz de luna
entre ondas de milagro.
Caracola de mar
que quizás se ha caído
de alguna vieja alforja
que cargara en su hombro
un viajero cualquiera.
Se la lleva al oído.
Escucha por la veta
el rumor del oleaje
el canto de sirenas.
Han pasado 15 años.
El niño se ha hecho hombre.
Desde una barca vieja
va tirando sus redes
como todas las tardes
cuando el sol ya se aleja.
Luce sobre la popa
aquella caracola
que apartó de su lado
la palabra "derrota"
Siempre la mira fijo.
Ella le dió la fuerza,
el empuje, la magia
para alcanzar la meta.

Luz de la Nochebuena
entrega a los pequeños
además del regalo,
el tesón y el empeño
que ilumine el camino
para hacer realidad
aunados al cariño,
esos sueños de niño.



NOCHE NEGRA

Ebria de muerte la noche
como un filoso cuchillo
abrió ese tajo en el cielo...

Y por él cayó la furia
de las aguas
que febriles en su empeño
atraparon en sus redes
vidas, anhelos y sueños.

Corren viscosas y rápidas
por quebradas y por ríos
cambiando verdes y azules
por cintas negras de duelo.

¿En qué momento señor
se te acabaron los ángeles
y te llevaste contigo
tomándolos de la mano
tantos niños inocentes
sembrando horas tan amargas
en suelos venezolanos?

La noche ya se ha calmado
Ya todo luce sereno
veinticinco mil luceros
hoy se estrenan en el cielo...



DISTANCIAS

He puesto suficientes distancias...
Tantas,
que volver al origen
imposible sería
Se va colando en mi
una soledad tan mía
que la estreno entre amigos
abrazos y sonrisas...
Me faltan tus palabras,
aquellas que leía
Frases entre las cuales
descubría la caricia.

He puesto suficientes distancias...
Despiadada la vida
se ríe de mi, cada minuto,
cada hora, cada día
asomada a mi alma
que sueña con volver a tenerte
en el tibio calor de una poesía.



AMANECE

Amanece...
Sentada en la ventana
la noche nos regala
sus últimos bostezos
de luna desgastada
Te miro...
Desnudo allí a mi lado
Los ojos grises
tranquilos y serenos
como lagos
Y espero, ese gesto instintivo
Tu brazo, que amarra mi cintura
y me apresa a tu lado.
Manos ansiosas
que arrastran las caricias
y estimulan
el deseo
que arremete en mis venas
como río desbordado.
¡Tú me conoces tanto!
Sabes como liberar el gemido
y mis alas de pájaro
Sabes el punto exacto
donde dejo la tierra
y emprendo el vuelo alto
Y te sonríes
mientras yo me estremezco
Y amanece...
Amanece



RUEDAN LAS HOJAS

Ruedan las hojas por el empedrado
dejando el ocre impregnado en el viento
Desde hace años en el balcòn lo espero
primaveras, veranos...En otoño, en invierno.
Llega tan apurado....Los minutos contados
Hoy ni se ha dado cuenta
que he cambiado las rosas
y el jardín de la sala
està atestado de nardos...
Me desviste con prisa
Hacen nido sus manos
en mi cuerpo desnudo,
tan repleto de encantos
y un espejo refleja
mil caricias de fuego.
Fuí suya tantas veces,
que contarlas no puedo
El tic-tac del reloj,
lo aparta de mi lado
Nunca puedo decirle,
cuanto, cuanto lo quiero.
Cuando llegue el invierno
lo imagino en su casa
sentado frente al fuego
crepitando los leños...
¿Pensará algún segundo
de su ocupado tiempo
en este amor inmenso
que es piel, deseo, tormento?
¿Sabrá que por las noches
cuando nunca lo tengo
mis lágrimas son pájaros
que vuelan a sus sueños?


Ruedan las hojas por el empedrado
dejando el ocre impregnado en el viento
Amante, amante, que continúa la espera
tarde tras tarde, sin lágrimas ni quejas
por el amor de un hombre, que regala minutos
que le roba la vida y quizás no la quiera.



LAS PACIENCIAS

Es tarde. Entre los flecos
de una vieja cortina
que deja pasar un haz de luz
la luna delata su presencia.
Se oyen los cascos de un caballo.
Ha llegado su hombre,
el padre de sus hijos.
Lleva en los ojos
vetas rojas de vino.
El cuerpo
se le afloja por el miedo.
entonces... Justina se deja cabalgar
por sus paciencias.
Ellas se meten en su sangre
como un rito.
la van apaciguando...
Le van matando los temores
y las penas.
Y recibe los golpes sin sentirlos.
Se deja penetrar con saña y furia
sin que su boca deslice un solo grito.
Total... los gurises están todos dormidos.
Sus paciencias, le ponen en sus ojos
la visión de aquél gaucho
que llegó hasta la estancia,
con tres flores de ceibo
- un mes de Abril en que murió su padre -
y se llevó en la grupa del caballo,
inocentes, sus tristes quince años.
Y fue feliz en los primeros tiempos.
El la cubrió de amores y de flores
Y también en su vientre sembró hijos.
Para ser más exactos : uno por año
Y Justina no supo el porqué de aquel cambio...
quizás fue culpa de su cuerpo
que perdiera el encanto
doblado por el peso de su maternidad
practicada sin tregua ni descanso.
Pero un día se sintió el galope
casi de madrugada.
Fue el inicio del fin.
Los bolsillos vacíos,
el olor a burdel que percibía
ojos ebrios de vino,
la mirada perdida.
Justina inventó entonces sus paciencias.
Las buscaba de forma imaginaria
en el cajón de los recuerdos suyos.
Allí guardaba las espuelas, el cinto
y un facón con el puño e plata
que fueran de su padre
y que ella amaba.
El hambre y la tristeza se adueñaron del rancho.
Pero Justina recurría a sus paciencias.
Se iba hasta el pueblo, cargaba ropa ajena
que lavaba en el río.
Y entre el alboroto del canto de los pájaros
Y el juego de los niños
fabricaba Justina ese poquito de alegría
que le hacía tanta falta.
En el día... Porque en las noches
se abría la cortina, y junto con el frío
se colaba el demonio del vino
junto al hombre que amaba
que en vez de acariciarla, la vejaba
con los hilos sutiles del martirio.
Una noche, su cuerpo tan cansado
se durmió entre los brazos
de unos sueños dorados.
Despertó al griterío de gurises llorando
Era él... Se había sacado el cinto.
Con látigos de vino, los estaba matando.
¡Sus paciencias!
¿Dónde estaban sus benditas paciencias?
Corrió a buscarlas al viejo cajón destartalado.
Lo abrió. Solo el brillo del facón de plata
se mostró a sus pupilas, a sus ojos cansados.
Lo tomó de prisa y casi sin pensarlo
lo hundió en el corazón del hombre
lleno de vino amargo.

¡Defiéndase Justina! - le pide el Comisario-
Frente a sus hijos, no lo piensa dos veces.
El fue un buen hombre - le contesta -
Mientras las lágrimas le llegan a los labios.
La culpa...
la culpa la tienen las paciencias, Comisario
Porque ese día, yo no pude encontrarlas
Ellas...
Ellas me abandonaron.
Y las paciencias se ríen escondidas
en el viejo cajón destartalado.



EL GORRION

Cuando veas un gorrión
aterido y con frío
con sus alas mojadas
de escarchado rocío
apretando la rama
de un espino reseco
entre las brumas grises
en un campo desierto...
Míralo...Míralo bien
Está solo y perdido
Y sin embargo entona
quizás su último trino.
Cuando veas un gorrión
sin alegría, sin nido
míralo como tiembla
y observa...
que a pesar del destino,
no le teme a la muerte,
no le teme al olvido.

Y ese gorrión soy yo,
que ha seguido tu vuelo
desafiando el desprecio
buscándote en la flor,
buscándote en el río.

Cuando veas un gorrión,
caído al pie de un árbol,
sus alas ya cansadas
su silencio en el pico,
nunca le tengas lástima...
Ya no precisa abrigo
Y recuerda...
Recuerda...

Jamás tú sabrás cómo
ni cuánto lo has herido.
Pero a pesar de todo
su canto ha sido tuyo,
pues siempre te ha querido.



¿POR QUÉ NO OLVIDO?

Amor... ¿Por qué no olvido?
Mis sueños nunca han muerto,
se han dormido, en una noche oscura...
Pero basta una palabra , solo una...
para sentir que sigo siendo tuya.
Hoy el cielo se vistió de ceniza.
Mi mar ya no es azul,
arrastra un color tiza.
La lluvia parece no cansarse.
Con cada gota anuncia
que para mi, no existirán más lunas.

¿Recuerdas cuando nos alumbraba,
tibia la arena, los dos cuerpos desnudos?
Yo pasaba mis dedos por tus labios
y el deseo excitaba
volviéndolos más húmedos.
Y llegaban los besos, las caricias...
Tú y yo volando juntos.
En esas noches claras, amor
dejábamos el mundo.

¿Por qué no olvido?
Los cielos ahora son plomizos
y ya no tengo lunas, solo frío.
No despiertes mis sueños
no hay motivo.
Déjalos simplemente así...
Siempre dormidos.



Las Palabras...

Pueden ser infierno o cielo.
Vestidas tal vez para el engaño.
Desnudas quizás para el amor.
Disfrazadas, quizás para hacer daño.
Palabras y palabras...
Simplemente palabras.
Nunca tendrán la sorpresa del beso,
la apacible caricia de la piel,
de la mirada, el místico embeleso.
Eres prisionero de tus propias palabras.
Vives encadenado a ellas.
Palabras, cada vez más palabras.
Efímeras palabras.
Para mi... son al fin
la piel que no acariciaré,
el beso que nunca llegaré a tener.
la mirada que nunca podré ver.



Ana Debali
adebali46@yahoo.com

joldan
jldasilva@arrakis.es

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